Cosmovisión de los Huachipaeris
Entre los Huachipaeri el mundo donde habitamos,
denominado Wandari, ya estaba ahí antes que aparezcan las personas y tenía
una forma similar a la actual, pero existía también un mundo encima del
nuestro llamado Kurundari, y un mundo debajo denominado Seronhaihue,
además de otros lugares míticos inalcanzables por los
humanos.
Existían también distintas entidades espirituales y
personajes míticos que se relacionaban con las personas como los seres del
río llamados Wuaneri y los seres del bosque denominados Numberi, los
cuales podían ser espíritus buenos (Oteri) o espíritus malos (Asito), o
buenos y malos a la vez, dependiendo del comportamiento de las personas
hacia ellos.
En el caso de los animales, estos poseían una
dimensión espiritual, y cada especie se hallaba sometida a al autoridad de
un espíritu jefe Wuantupa, quien controlaba la utilización de la carne de
los animales por las personas. Cuando los cazadores lo encontraban, este
podía brindarles un mayor acceso al mundo de los espíritus, o causarles
enfermedades como castigo.
Tradicionalmente los Huachipaeri creían
en Amana, una gran roca sagrada, la cual curaba sus enfermedades y a la
cual formulaban sus pedidos respecto a todo lo que les hacia falta, a
través de una conversación efectuada por los ancianos del grupo. Sin
embargo, en algún momento vinieron personas extrañas que profanaron el
lugar y tocaron a la gran roca, luego de lo cual ésta se perdió todas sus
propiedades benéficas.
Las personas poseían un espíritu inmortal,
el cual después de la muerte se dirigía a deambular por el bosque, los
ríos y los caminos, tomando ocasionalmente la forma de animales, plantas o
remolinos en el agua, y al ser molestados por las personas vivas podían
tomar distintas represalias.
Los ancianos cuentan que antiguamente
algunas cosas eran diferentes, pero llegó una gran catástrofe de la cual
sólo lograron sobrevivir unas pocas personas y animales, que son las que
actualmente existen. Esto se relata en el mito del Wanamei.