Sor Juana Inés de la Cruz
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Es la más grande y fina escritora que México ha dado en todos los tiempos.
Nace en San Miguel Nepantla, hoy estado de México, en 1651, y es bautizada con el nombre de Juana Ramírez de Asbaje. Aprendió a leer y a escribir desde los tres años y pasó gran parte de su infancia en la biblioteca de su abuelo. Salvo un breve periodo en la escuela donde aprendió las primeras letras, y luego unas cuantas lecciones de latín, Sor Juana se forjó a sí misma, pues fue autodidacta. Como ella misma recuerda en su "Respuesta a Sor Filotea", sus maestros fueron los libros, y su compañero el tintero. A los ocho años escribe su primera obra llamada "Loa Eucarística".

En la pubertad viaja a la ciudad de México y entra en la corte de los virreyes de Mancera, en donde es ampliamente reconocida por su talento e ingenio. Su conocimiento en diversas áreas no sólo sobrepasa con mucho al de los jóvenes de su edad (ni qué decir de las mujeres, mayoritariamente analfabetas), sino al de cualquier persona ilustrada, pues conversa de tú a tú con doctores en ciencia y humanidades. Se convierte en la favorita de la marquesa y virreina, doña Leonor.

Su confesor, el jesuita Antonio Núñez de Miranda, la incita a ingresar al convento de las Carmelitas Descalzas. Entra a los 16 años, pero tiene que salir pues enferma. Poco más tarde ingresa a la Orden Jerónima; en ella profesa a los 18 años, en 1669, y en ella muere, a los 44 años de edad.

Sor Juana defiende toda su vida los derechos de las mujeres a estudiar y a desarrollar su inteligencia y sensibilidad. Obtiene a pulso su puesto de primera poeta, y se codea y cartea con las más finas inteligencias de su tiempo. Los caminos que se le ofrecen entonces a las mujeres son sólo dos: el matrimonio o la vida conventual. Ella elige el segundo; en él puede satisfacer su ansia de saber y de relativa independencia. Y desde el convento crea una de las literaturas más hermosas y profundas que existen.

Su mejor y más prolífica época empieza en 1680 con "Neptuno Alegórico", escrita en honor de los virreyes de Laguna. En su producción literaria se encuentran sonetos, endechas, glosas, quintillas, décimas, redondillas, ovillejos amorosos, religiosos, filosóficos y satíricos, romances y composiciones; sorprende su habilidad para dominar todas las variedades de métrica y rima, llenándolos de un profundo contenido.

Escribió además comedias como "Los Empeños de una casa", "La segunda Celestina", "Amor es más Laberinto", autos sacramentales como "El Divino Narciso", "El cetro de José", "San Hermenegildo", etc.

Reverenciada y envidiada al mismo tiempo, durante toda su vida Sor Juana fue objeto de persecuciones y calumnias. Éstas arrecian en su época de madurez literaria y vienen de altos funcionarios eclesiásticos, molestos por la extraordinaria fama de la monja; éstos la instan a que sólo escriba sobre asuntos sagrados.

En 1691 Sor Juana escribe su famosa "Respuesta a Sor Filotea", brillante contestación al entonces obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz,
quien escudado en el pseudónimo de "Sor Filotea", condensa en una carta
dirigida a la monja los argumentos que desde hacía tiempo esgrimían quienes
pretendían coartar su libertad para escribir. Vale la pena leer de cabo a rabo la "Respuesta...", pues ahí la escritora defiende el derecho de las mujeres a investigar, saber y crear. Es imprescindible para conocer, de primera mano, la trayectoria y pensamiento de la monja que en su infancia abriga el ferviente deseo de seguir el camino del saber, ya que había oído decir que "había universidad y escuelas en que se estudiaban las ciencias en México". Pero las mujeres no iban a la universidad.

Un año antes de su muerte Sor Juana deja de publicar y comienza a deshacerse
de sus tesoros: libros, instrumentos científicos y musicales. Estaba, diríamos hoy, muy deprimida. Los ataques en su contra eran peores que nunca.

En un inventario levantado en el siglo XIX se encontraron en su celda 15 poemas inéditos.

Recientemente se editó un recuento de su obra de esa época llamado "La casa del placer".

En sus últimos años, Sor Juana ocupa varios puestos importantes en el convento; el último fue de contadora. A pesar de las peticiones en contrario, durante 1695 Sor Juana se dedica a atender a sus hermanas atacadas por la peste; contrae la enfermedad y muere en abril de 1695.

Objeto de admiración a lo largo de tres siglos, Sor Juana se mantiene en el gusto de lectores, investigadores y hombres y mujeres de letras. Son innumerables los textos que, en todos los idiomas, se han escrito a propósito de la llamada "décima musa". Nuestro Premio Nobel de Literatura, el ya fallecido Octavio Paz, escribió "Las trampas de la fe", un libro infaltable en la biblioteca de quien desee conocer mejor a nuestra Sor Juana.

La versión más completa y autorizada de las obras de Sor Juana se editó en 1951 ordenada en cuatro tomos por Alfonso Méndez Plancarte. Sus obras originales en facsímil fueron publicadas por la Universidad Nacional Autónoma de México en 1995, exactamente tres siglos después de la muerte de esta extraordinaria mujer.

El mejor homenaje que puede hacérsele es leerla.

 

 

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