Milagros

El ermitaño del Líbano: hombre de milagros

Se le conoce como el "ermitaño del Líbano" y todavía ahora, al cabo de 102 años de su muerte en 1898, es objeto de gran estimación. Su nombre: Charbel Makhlouf. La iglesia católica se convenció de su santidad por los milagros que sucedían en su nombre después de su muerte y como resultado de ello fue oficialmente beatificado.

Según la tradición, Charbel ofreció amplias pruebas a lo largo de su vida sobre sus extraordinarios dones. Tanto fue así que, por ejemplo, fue capaz de salvar a unos monjes compañeros suyos del ataque de una serpiente venenosa, simplemente diciéndole al animal si le importaría marcharse. También hay historias sobre clarividencia y curaciones relacionadas con su nombre. Incluso en el momento de su muerte, el 24 de diciembre de 1898, quedó apuntado en el registro del monasterio que se esperaba que permanecería activo después de su muerte. En una de sus dedicatorias se describió su obediencia como "más angélica que humana".

La expectación de que el mundo seguiría escuchando a Charbel pronto se cumplió: su tumba fue inmediatamente rodeada de una "brillantez extraordinaria", según un libro producido por el monasterio sobre su hijo más famoso. Al final esa luz sólo se desvaneció al cabo de 45 días, aunque el interés del público continuó luciendo sin cesar: los peregrinos incluso intentaban robar partes de sus restos mortales, razón por la cual las autoridades abrieron la tumba. Se encontró que el cuerpo flotaba en barro pero sin signos de deterioro, "como si hubiera sido enterrado ese mismo día". Se dieron cuenta de que un "líquido parecido a la sangre" exudaba de su cuerpo – un fenómeno que todavía ahora puede apreciarse. El líquido queda recogido en un trozo de tela y, según el monasterio, ha sido el responsable de curaciones durante todos estos años. En este siglo su tumba se ha abierto cuatro veces, la última fue en 1955, y cada vez "se notaba que su cuerpo sangrante todavía conservaba su flexibilidad como si estuviera vivo".

La beatificación de Charbel siguió a la curación de una monja, la Hermana María Abel Kamari. Padecía graves problemas intestinales, no podía retener los alimentos, y había permanecido en cama durante 14 años. Ya había recibido el sacramento de la extremaunción tres veces. En 1950 fue llevada a la tumba de Charbel y mientras rezaba sintió de pronto un impulso de energía que le permitió ponerse de pie sin la ayuda de nadie. Desde ese momento la Hermana María Abel Kamari quedó libre de sus anteriores males.

Más recientemente, en 1992, algunos de los "milagros" de Charbel llegaron a la prensa occidental. Los periódicos suecos y el periódico británico The Guardian, publicaron la historia de Samira Hannoch, de 15 años de edad, quien decía haber tenido una visión de Charbel en su casa cerca de Estocolmo. Desde entonces ha emanando aceite de un retrato de Charbel, guardando relación con una serie de curaciones.

Al cabo de dos meses, en enero de 1993, ocurrió otro incidente, esta vez en el Líbano, siendo Nuohad El-Chami, de 59 años de edad, la principal protagonista. Nouhad, madre de 12 hijos, quedó de repente inválida como resultado de un estrechamiento de las arterias en un estado muy avanzado.

El 21 de enero de 1993 Nouhad tuvo un "sueño". "Dos monjes se acercaron a mi cama. Uno de ellos, San Charbel, se acercó aún más, destapó mi cuello, puso su mano sobre él, y dijo: 'He venido a operarte'. Yo me giré para ver su rostro, pero no podía, porque la luz procedente de su cuerpo y ojos era demasiado cegadora y poderosa. Estaba tan confusa que le pregunté: 'Padre, ¿por qué quiere operarme? los médicos me dijeron que no hacía falta.' Pero San Charbel respondió: 'Definitivamente, necesitas una operación, y yo, el Padre Charbel he venido a hacértela'. Yo miré hacia la estatuilla de la Virgen, que tengo cerca mío, y dije: 'Santa María, ayúdame por favor; ¿cómo van a operarme estos monjes sin anestesia o suturas?' Luego me di cuenta de que la estatuilla de la Virgen estaba de pie entre los monjes.

De pronto, sentí un dolor terrible por debajo de los dedos de Charbel, que estaban friccionando mi cuello. Cuando San Charbel acabó la operación, el otro monje se acercó, me hizo sentar, colocó una almohada detrás de mi espalda. Me alcanzó un vaso de agua, puso su mano por detrás de mi cabeza y dijo: 'Bebe el agua'. 'No puedo beberla sin una cañita', le dije. Y El contestó: 'Te hemos operado, y ahora beberás el agua; entonces te levantarás y andarás.

Me desperté y sentí cómo pasaba agua por mi garganta, estando sentada en la misma posición en la que me había colocado el Padre. De pronto sentí una quemazón en mi cuello, e inconscientemente puse mi mano ahí, para saber lo que estaba ocurriendo. Luego me di cuenta de que mi mano paralizada había vuelto de nuevo a la normalidad; sentí que mi pie [paralizado] se movió normalmente bajo la sábana. Salí de la cama en un estado semi-inconsciente y me arrodillé ante un retrato de San Charbel y la estatuilla de la Virgen, para darles las gracias. Me dirigí al baño y me miré al espejo; vi dos heridas de doce centímetros cada una, a ambos lados de mi cuello.

Fui a la habitación de mi marido y encendí la luz. Mi marido me miró y gritó: '¡Mujer! ¿Cómo llegaste sola hasta aquí? ¡ahora perderás el equilibrio, te caerás y una nueva catástrofe se seguirá a otra!' Yo levanté mi mano paralizada y le dije: 'No temas, San Charbel me operó, y ahora puedo andar'".

Esta historia, descrita en un segundo libro publicado por el monasterio en el que Charbel vivió, no se acaba ahí: después de otro sueño, en el que Charbel se aparecía de nuevo a la mujer, esta descubrió que fluía aceite de un retrato del Santo. Esto ha continuado hasta la fecha, tal como nuestro colaborador en el Líbano, Nabil Matraji, pudo comprobar por sí mismo: "Es algo asombroso", dijo. No obstante, no es sólo el retrato de Charbel en casa de Nouhad el que rezuma aceite curativo. Está ocurriendo el mismo fenómeno con el aceite que fluye del retrato de un santo del siglo IV – el fundador de la orden Maronita, San Maron (la referencia en los libros ingleses y americanos aparece como San Maro) que da nombre a la orden. El mismo Maron, tal como Nouhad supo en un sueño posterior, fue el segundo monje que la ayudó en la operación que la curó.

Una de las cosas que se le dijo, según informa Nabil Matraji, fue que Charbel había bendecido un roble de su jardín y que los enfermos podrían curarse utilizando sus hojas.

En un artículo de Al-Anwar del 10 de septiembre de 1996, Nadia Sader describe lo que le ocurrió cuando bebió el extracto de hojas de roble del árbol de Nouhad. La enfermedad de Nadia había progresado rápida y agresivamente y en poco tiempo quedó totalmente paralizada; sufría un dolor terrible y esperaba morir en cualquier momento. Su suegra le sugirió que probara las hojas de roble que habían sido bendecidas por San Charbel – una idea a la que sólo accedió después de mucho tiempo hasta que lograron convencerla.

"Mientras bebía el líquido caliente, sentí una quemazón en mi interior", relató a Al-Anwar."Era horrible, indescriptible. Me dolía todo desde la cabeza a los pies. No paraba de chillar de dolor pero también de miedo. De pronto presencié la escena más maravillosa de mi vida: vi el corazón de Jesús, rojo como la sangre, latiendo. Todo el corazón estaba rodeado de luz y mis hijos estaban a su alrededor. Luego perdí el conocimiento... Las personas que estaban junto a mí veían cómo mi pie derecho hacía movimientos violentos, arriba y abajo con una fuerza increíble. Yo no recuerdo nada de todo esto. [Luego] los allí presentes vieron cómo mi pie izquierdo hacía los mismos movimientos violentos como lo había hecho antes el pie derecho. Fueron tan violentos que me caí al suelo. Mi pie continuó sus movimientos drásticos con más fuerza de la que ni tres hombres podían contener. Yo todavía seguía inconsciente. Permanecí en cama, débil, hasta la mañana del tercer día, cuando mi hijo pequeño me despertó; sólo entonces supe que había sido curada, y que podía volver a caminar otra vez con normalidad y servir a mi familia".

Nadia Sader todavía no sabía qué pensar de todo eso, oscilando entre creérselo o no, incluso después de varias apariciones más que ella tuvo de Charbel y Jesús. "Te he salvado en tu lecho de muerte, ¿y todavía no crees?" le dijo Jesús. La casa de Nadia se convirtió en un lugar de peregrinaje donde los iconos de Jesús, la Virgen María y San Charbel exudaban aceite, pero la misma Nadia continuaba oscilando entre la fe y el temor, especialmente después de que una médium le dijera que el aceite era de origen maléfico y que era producto del demonio.

Sólo después de repetidas apariciones de Jesús, Nadia admitió finalmente que estaba convencida. Posteriormente empezó a recibir mensajes de Charbel. A continuación se citan partes de estos mensajes: "Pide siempre por la curación del alma, y no temas la enfermedad del cuerpo". "Reza por los vivos, porque la mayoría de vivos están muertos, y los muertos están vivos". Raymond Nader, un ingeniero electromecánico libanés, lleva consigo pruebas bastante espectaculares de las actividades de Charbel: en un brazo tiene marcadas cinco huellas dactilares literalmente quemadas en su piel. Estas huellas ya se han renovado por si solas seis veces.

Raymond Nader relató su historia a principios de este año, en abril de 1997, delante de las cámaras de televisión.

El 9 de noviembre de 1994 él pasó una noche en la ermita donde Charbel había vivido durante 23 años. Quería meditar y encendió cinco velas. Era una noche tranquila y fría. "De pronto", contó a la cadena de televisión Murr, "sentí calor a mi alrededor en esa noche fría, y un viento fuerte y cálido empezó a soplar. No obstante, comprobé con gran asombro que las llamas de las velas no se habían apagado y no se movían. Intenté encontrar una explicación científica, pero pensé que debía estar soñando o alucinando. De pronto perdí mis cinco sentidos. Ya no había ni más calor, ni viento ni llamas. Me encontraba en un mundo distinto, un mundo bañado en luz. No la luz normal que todos conocemos, sino blanca, pero transparente como agua cristalina. La luz no venía de una dirección específica, sino de todas partes. Era mil millones de veces más brillante que la luz del Sol..."

"En esa luz sentí una Presencia, no la podía ver, pero era consciente de ella. 'No, no estás soñando, ESTAS MAS DESPIERTO QUE NUNCA'. La Voz parecía no venir de ningún sitio y de todas partes a la vez. La pude oír en todos los rincones de mí mismo, aunque no con mis oídos físicos. Se expresaba no con palabras, no con sonidos. La Presencia se mostraba como un 'sentimiento' de profunda paz, alegría y amor. En cierto momento sentí que esta experiencia había llegado a su fin. Yo quería que esta alegría y paz duraran para siempre, y que si la Presencia no podía quedarse, deseaba que al menos me llevara consigo; pero El me dio a entender que El está siempre aquí."

Gradualmente Nader regresó a su conciencia normal. "Observé las velas con asombro: se habían consumido totalmente. Mi reloj indicaba que habían transcurrido cuatro horas en un abrir y cerrar de ojos. Me marché de la ermita, y dirigiéndome a mi coche sentí calor en el brazo. Pensé que se trataría de un rasguño, o una picadura de insecto. Pero el calor era cada vez más intenso. Me saqué el jersey, y con la luz del coche pude ver las cinco huellas dactilares en mi brazo, mostrando cada detalle de un dedo humano, incluyendo los pliegues y las uñas. Estaban muy calientes, pero no me dolían en absoluto, sólo me picaban. Durante cinco días rezumó sangre y agua.".

El Dr. Nabil Hokayem, uno de los cirujanos plásticos más famosos del Líbano, confirmó que se trataba de una quemadura de segundo grado.

Con motivo de la festividad del Día de Charbel, el 15 de julio de 1995, Raymond Nader tuvo una nueva y extraordinaria experiencia mientras visitaba el monasterio de San Maron.

"De camino a la ermita de Charbel, vi a una procesión delante mío. Yo reconocí a los monjes del monasterio, pero al final de la procesión había un sacerdote muy viejo. Me dirigí a él para hacerle unas cuantas preguntas. Cuando ya estaba cerca suyo, todo cambió a mi alrededor. Todos los sonidos desaparecieron, pero la voz del anciano sacerdote resonaba dentro de mi cabeza."

Fue entonces cuando Nader escuchó uno de los seis mensajes que él atribuye a Charbel. Con cada mensaje las huellas de su brazo se renovaban. Lo que sigue son citas de estos mensajes:

"El Señor ha creado a cada ser humano para que brille, que ilumine el mundo; sois la luz del mundo. Cada hombre es un farol hecho para brillar; el Señor ha proporcionado un cristal claro y transparente al farol, para permitir que la luz brille e ilumine el mundo; pero ellos se ocupan del cristal y se olvidan de la luz; se ocupan del tamaño del cristal, añadiéndole color y decorándolo, hasta que se vuelve grueso, opaco, no permitiendo que la luz brille, y de este modo el mundo está inmerso en la oscuridad. El Señor insiste en iluminar el mundo. Vuestro cristal debe ser transparente de nuevo. Os deberíais dar cuenta del motivo por el cual habéis nacido en este mundo".

"Cristo sabe lo que está en vuestros corazones, y es vuestros corazones lo que quiere. No busquéis la verdad fuera del Cristo; cuando conozcáis al Cristo, conoceréis la Verdad y seréis libres. El Cristo quiere que seáis libres. No temáis, y estad seguros de que el Cristo ha vencido al mundo".

"La Iglesia del Cristo es una roca en la que rompen las olas del mal. Cristo es el camino. Las cruces de luz inundarán la Tierra."

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