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entrevista
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"El periodista debe ser un intelectual"
La literatura es subjetiva y del periodismo se
dice que debe aspirar a la objetividad...
Ése es otro de los puntos del libro. El dogma de la objetividad.
Tienen que revisarlo.
Pero ese debate ya está superado. La objetividad
pura no existe; desde el mismo hecho en que se escoge una noticia como
tal, ya hay subjetividad.
Sí.
Sin
embargo, debe haber una aspiración a la objetividad.
Tiene que haber una aspiración a mostrar el hecho desde sus
múltiples facetas. Es la búsqueda de la verdad, que es una
entidad bastante difícil de asir. Inasible, en algunos momentos.
Pero una de las cosas que significaba el Nuevo Periodismo, que creo que
todavía puede tener vigencia en algunas secciones, es esa reivindicación
de la subjetividad.
La literatura es un texto discursivo que ordena
la "realidad ficticia", porque es demasiado...
Caótica, desordenada...
Y, para el periodismo, es igual con la realidad
"real".
Claro, con lo realmente existente. Ahí están los nexos
entre el texto literario y el texto periodístico. En el desorden
de la vida, crean –por selección y combinación de elementos–
una nueva realidad. Ambas dan cuenta de distinta manera de la realidad.
Es la dosis de ficción la que las separa. El texto periodístico
crea una realidad, pero lo que se aspira y se espera de él, es que
no haga una ficción.
La mayoría de antologados latinoamericanos
en tu libro, son literatos que se han metido al periodismo. Están
García Márquez, Vargas Llosa, Valdelomar. Ninguno es periodista
de profesión...
Mira, García Márquez empieza como periodista. Y deriva
en narrador. Y Vargas Llosa es, bueno, periodista y escritor de radionovelas
a la par que se iba formando como novelista.
Pero las aspiraciones de ambos siempre fueron
literarias.
Claro.
A lo que iba es que la literatura aporta al periodismo
y es muy raro el caso contrario.
No. El periodismo también aporta a la literatura. Hemingway,
por ejemplo. García Márquez y esa necesidad de la contundencia
de una frase breve. "El Olor de la Guayaba", es una serie de entrevistas
que le hace un narrador -un amigo suyo, Plinio Apuleyo Mendoza- a García
Márquez. Ahí le da cuenta, por ejemplo, de algunos detalles
en "Cien Años de Soledad" que son posibles porque él viene
del periodismo y en éste siempre debe ser creíble la historia,
tienes que dar detalles. Cuando Remedios la Bella se va al cielo hay un
elemento de lo más cotidiano: ella no levita, se va al cielo porque
está sacudiendo unas sábanas.
Que son las que "se la llevan"...
García Márquez dice que ese tipo de recursos se los ha
brindado el periodismo. Detalles que hagan creíble un relato. Lo
que pasa es que estamos muy marcados por los que son los ideales del periodismo
anglosajón, fundamentalmente el norteamericano. Pero tú ves
en el periodismo francés -en el periodismo europeo en general- mayor
libertad de los redactores.
Menor
dosis de tiranía del hecho, del facto, y mucha más importancia
a la creación de atmósferas, a un incisivo ingreso a la interioridad
de los afectados por un suceso. En mi libro, he tratado de llamar la atención
sobre esas posibilidades -que algunos están ejerciendo- y que pueden
refrescar la actividad del periodismo escrito en nuestro país, donde
las frases manidas abundan, como muy bien lo dijo Bruno de Olazábal
el día de la presentación (del libro).
El país donde todos los incendios son dantescos...
Y el Palacio de Gobierno siempre será la Casa de Pizarro; el
agua, el líquido elemento, ése tipo de cosas. Es que, por
otro lado, aprender la fórmula lo haces en una semana de trabajo
intenso. Aprender a coger la realidad con sensibilidad demanda un poco
más de tiempo, un cultivo permanente del comunicador social. A eso
también apunta el libro. No más periodistas ignorantes, conocedores
solamente de la fórmula y del manejo de un instrumento mecánico.
La cámara, la computadora y todo eso, perfecto, pero si está
siendo comandada por un sujeto bien formado, informado, sensitivo, capaz
de brindar –con la información- un servicio a la comunidad.
Es interesante que justo los periódicos
chicha son los que tienen una redacción mediocre, correcta hasta
cierto punto, pero mediocre. ¿La estética es un asunto de
ética, como decía Ribeyro?
Mira, lo bueno siempre es bello. Yo postulo lo bueno bello. Bello en
el sentido de armonioso. Y en el caso del periodismo escrito, la posibilidad
de darle profundidad a las experiencias. Una de las cosas en las que quiero
insistir es que debemos hacerle frente a ese manejo de todos los medios
de comunicación que está tendiendo a que todas las experiencias
sean superficiales.
Vargas Llosa dice que la televisión ha
convertido al mundo en un reality-show.
No hay lugar para el discernimiento. Y es peligrosísimo. Porque
el discernimiento es lo que nos separa del mundo zoológico. Estamos
dejando de lado al raciocinio y la sensibilidad, en aras de la espectacularidad.
Ésta es una sociedad de la inmediatez.
En la revista virtual donde va a salir esta entrevista, un texto no puede
tener más de dos pantallas, porque la gente se aburre y se va.
El tema del aburrimiento contemporáneo es tremendo. Y el miedo
a aburrir. No lo dije en la presentación del libro, lo dije ayer
en la entrevista con Marco Aurelio: es grave que el comunicador salga a
cubrir la información intimidado con no aburrir. Ya sale a enfrentar
la realidad, buscando qué elementos de espectacularidad va a presentar
para que no aburra. El enorme fantasma, el monstruo es "no, aburro". Tiene
que ser espectacular, sangriento, colorido, tiene que ser ficcionado.
¿No es algo utópico esperar tanto
de la palabra escrita, en esta sociedad en que la imagen es lo que prima?
Hasta en El Comercio han reducido el espacio de texto...
Otro elemento que debe servir de acicate. ¿Por qué cederle
tanto espacio –en esta sociedad de la imagen– solamente a la imagen, a
esa representación concreta? La representación concreta malacostumbra
a la gente a dejar de usar las abstracciones. La palabra escrita es una
realidad que se presenta a través de las abstracciones, pero es
enriquecedora, es estimulante. Abdicar a esa posibilidad de la palabra
escrita es grave. Di, si quieres, que es utópico, pero de todas
maneras hay que señalarlo, ¿no?