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El Arte Contemporáneo mantiene unos esquemas abiertos que dejan a un lado posturas tan inflexibles como la disciplina de lo concreto, la dictadura de la técnica o el patrimonio de la mimética realidad; por el contrario, abre unas perspectivas infinitas por donde pasa la luz diáfana de lo creado con el impulso vital, con el juego puro de la expresión, con el simple desarrollo colorista, en definitiva, con la espontaneidad de la forma plástica.
La exposición que nos ocupa es el reflejo de un trabajo que, lejos de credos estéticos, de predicamentos plásticos interesados o de simples desenlaces comerciales, sólo busca dar forma artística a una desmedida ilusión. Son obras que surgen, sin estridencias compositivas, de lo más íntimo, que exteriorizan la más absoluta pureza, el germen natural que contribuye a la formación final de un asunto que se pretende lleno de artisticidad.
Franco Policastro, artista curtido en mil batallas, heredero de una tradición vieja y sabia e inmerso en un espacio geográfico lleno de inquietante espiritualidad, ha ideado una experiencia que busca dar forma artística a unos elementos plásticos. Con ello se pretende que una serie de objetos cotidianos, cosas ajenas a la realidad artística, manifiesten sus muchas posibilidades estéticas. Los materiales, de variada y dispar naturaleza, mínimamente manipulados, provocan las más inesperadas acciones. El artista da pistas, abre caminos, deja entrever los muchos resquicios de una obra de arte y lanza inquietantes guiños a un espectador del que se espera su contribución.
Y es que esta exposición, además de presentarnos el esclarecedor trabajo de un artista en ejercicio, sirve para un buen fin. El dinero recaudado de las obras vendidas pasará íntegramente a Cáritas, en un afán solidario que conjuga nobles espíritus.
La muestra nos va a permitir encontrarnos, de nuevo, con la obra de un artista que sabe mucho y bien de la naturaleza viva de una plástica abierta que permite los más inesperados encuentros. Sabremos de las muchas posibilidades de los objetos cotidianos que, en un afán esclarecedor, dejan de manifestar su arbitraria realidad artística diaria para adoptar una nueva función mucho menos prosaica y acceder a los postulados de la emoción artística.
Franco Policastro volverá a recrear el sentido final de la materia, sentará las bases de un nuevo objeto artístico, potenciará la naturaleza plástica de las cosas y acentuará las muchas posibilidades de lo más inmediato.
A todo ello se necesita, ahora más que nunca, la complicidad de los espectadores.
Bernardo Palomo
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