Para entender el sentido de este sacramento es preciso volver al acontecimiento de PENTECOSTÉS. Reunidos en oración los discípulos recibieron al ESPÍRITU SANTO y como eran temerosos empezaron a:
Y se lanzaron a la conquista del mundo para Cristo.
Lc. 24, 49-53: "Ahora yo voy a enviar sobre ustedes al que mi Padre prometió. Por eso, quédense en la ciudad hasta que hayan sido revestidos de la fuerza que viene de arriba. Jesús los condujo hasta cerca de Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y, mientras los bendecía, se alejó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos se postraron ante él y volvieron muy alegres a Jerusalén, donde permanecían constantemente en el Templo alabando a Dios".
El Señor resucitado, antes de su Ascensión al cielo, exhorta expresamente a los apóstoles a que no salieran de Jerusalén, sino esperaran la promesa del Padre. Sólo la fuerza del Espíritu Santo los capacitaría para su función apostólica de testigos.
El sacramento de la CONFIRMACIÓN se administra por la unción del crisma en la frente, y que se hace por la imposición de las manos.
"RECIBE POR ESTA SEÑAL EL DON DEL ESPIRITU SANTO".
El Obispo es ministro ordinario de este sacramento.
Cristiano bautizado en estado de gracia antes de recibirlo.
Para poder ser bautizado, se necesitan los siguientes requisitos:
Asistir a pláticas quince días antes de la fecha de la celebración el confirmante, sus padres y padrino(a) en la Parroquia.