El precio


Brown Jenkin

Yo lo sé todo, o, por lo menos, puedo saberlo todo. Sí, sí, lo sé todo; soy un hombre muy afortunado pero, al mismo tiempo, desgraciado.
Desde que me adentré en lo desconocido, ya no soy el mismo. Se me han revelado, durante sueños, secretos aborrecibles y prohibidos. Siempre observo, sí, sí, lo observo todo, todo lo que no debo conocer, tan detalladamente como lo conozco yo.

He soñado místicas ciudades ciclópeas, de irregulares construcciones y formas; ciudades olvidadas para toda la eternidad.

He oído relatos antiquísimos de débiles voces, que se pierden en el lejano horizonte de esos vastos parajes. He contemplado horrorosas
visiones futuristas, y recuerdos demoníacos del pasado. Me he elevado hasta regiones angelicales y descendido a regiones infernales, donde abundan las tinieblas y la oscuridad. Lo sé todo, ¡ja, ja, ja!, todo.

Pero esto tiene un precio, un precio demasiado elevado para mí. Siempre me lo pide, siempre. Se me aparece al final de cada sueño, cuando caigo sin salvación por un oscuro abismo, donde nada existe, sólo los débiles lamentos de las almas perdidas.

Y cuando creo que el horrible foso se termina, al fin, se presenta. Se apodera de mí y no puedo escapar, esa cosa me atrapa y me arrebata el alma, cada vez más.

 

 

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