Robert
E. Howard se muestra con los brazos cruzados en actitud
desafiante, lo mismo que su héroe con la gran
espada al cinto. El autor y su personaje mantienen una
gran afinidad, pero parece separarles el gesto, el primero
mira de frente con los labios fruncidos da una sensación
de tristeza, mientras que el segundo presenta su figura
de perfil en el que se descubre una sonrisa sardónica.
Los dos guerreros que enmarcan a Howard parecen enfrentados
y dispuestos al ataque, aunque las armas están
en estado de tensa espera.