Los
aficionados a la lectura de las obras de Lovecraft han acabado
por acostumbrarse a diferentes portadas, según la época
en que empezaron a leer a Lovecraft. Desde las primeras ediciones
de Hispanoamérica, se han ido sucediendo varias editoriales:
Bruguera, Acervo, Caralt y más recientemente Siruela,
Alianza y Edaf, hasta llegar a la incorporación más
reciente de la Editorial Valdemar. El auge de la obra de
Lovecraft ha obligado a las editoriales a escarbar en sus archivos
y hacer reediciones de sus fondos. Acervo recupera sus
antologías encuadernadas con un nuevo formato con tapas
duras plastificadas, utilizando como reclamos títulos sugerentes
como Historias Alucinantes, Macabras o Inquietantes. Alianza
se suma a la renovación, agrupando en colecciones sus
autores e incluye a Lovecraft en la Biblioteca de fantasía
y terror. Apenas se aprecian cambios en la trasformación,
pero en cuanto a las portadas, hay que hablar de un antes y un
después. El antes lo marcan las portadas de Daniel Gil,
al que necesariamente se echa de menos al comprobar que las nuevas
cubiertas de los libros resultan chocantes, unas veces cargadas
de colores estridentes y otras de un gusto bastante dudoso. Edaf
va a hacer una apuesta segura: Agrupa las obras según un
nuevo criterio, según el rigor cronológico y no
el impuesto por las primeras ediciones de August Derleth en la
Editorial Arkham House; busca un nuevo traductor, que no
mejor, para dar un aire nuevo a las traducciones de Rafael Llopis
y Francisco Torres Oliver; crea de primeras la Biblioteca de H.P.
Lovecraft y, por último y no menos importante, utiliza
la baza segura de H.R.
Giger para las portadas.

Detalle
de la Venus durmiente de Paul Delvaux
La
editorial Caralt también se ha sumado a este negocio redondo
de la reedición, pero sus fondos siempre han sido bastante
escasos: Los dos volúmenes que recogen las colaboraciones
de Lovecraft con otros autores, Horror en el Museo y
Muerte con alas, que se completa con una excelente selección
de textos que se publicó con el nombre de La maldición
de Sarnath. En esta recuperación de un Lovecraft, que
en aquel entonces resultaba un autor poco menos que insólito,
la editorial Caralt con pocos alardes de imprenta ha utilizado
un cuadro del pintor belga Paul Delvaux, en el que se muestra
una mujer que parece dialogar con un esqueleto. En este caso resulta
curioso no la elección de la totalidad del cuadro, sino
un detalle mismo.

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Se
trata de la Venus durmiente, que recoge la iconografía
típica en este pintor surrealista, con toda la carga onírica
y metafórica con contenidos eróticos y freudianos.
El tema de las figuras femeninas desnudas y acostadas en un diván
son habituales en sus cuadros, como podemos ver en El Elogio
de la Melancolía que preside el Salón
de Pinturas de la Logia o el cuadro llamado Voz pública

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Un
aspecto curioso que resalta la portada de Caralt es ese
enfrentamiento dialéctico de la mujer rigurosamente vestida
de la cabeza a los pies frente a su propia imagen durmiente desnuda
y quizá su propia imagen representado por un esqueleto
desnudo de ropa y carne. La idea de este enigmático enfrentamiento
no es original de Paul Delvaux, sino que es un motivo que ya encontramos
en la pintura del pintor romántico y también belga
Antoine Wiertz.

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La Belle Rosine, 1847. La misma imagen que se ha utilizado para
ilustrar la Guía de la Universidad Miskatonic, de la
Factoría de las Ideas.
Es
muy posible que la elección del cuadro de Paul Delvaux
para Horror en el museo de H.P. Lovecraft no sea casual,
ya que una de sus pinturas más famosas es Museo de Spitzer,
donde se repite una escena muy similar.

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Es
posible que todo este encadenamiento de hechos no sea más
que una sucesión de casualidades, también cabe dentro
de lo probable que nos encontremos ante una serie de asociaciones
oníricas tan del gusto de los pintores surrealistas o simplemente
que el azar y el caos lovecraftiano y editorial se ha ordenado
sin que Azathoth pudiera hacer nada para remediarlo.
Henry
Armitage