Homenaje a la © Nueva Logia del Tentáculo I Aniversario Enero 2002

El Horror Despierta

© Brown Jenkin


El Horror © Dr. Cyrus Llanfer

Debía escapar. Corría desesperado, con una terrible angustia. No sé cómo llegué a realizar lo que tenía en mente, pero eso ya no importaba: lo había hecho; junto con el maldito de Jack. ¡Oh, ese bastardo! Su descontrolada codicia lo condujo a su propia muerte.

Corrí como el viento, huyendo de la antigua catedral. Estaba gravemente herido. Bajé deprisa por Berton Street, y, sin ninguna complicación, tomé la peligrosa curva de Marshall. La noche era realmente aterradora. La temida lluvia que se anunciaba desde hacía días, se había desatado esa misma medianoche. Nada de esto me importaba en esos momentos de pavor. Debía escapar. Tomé la pronunciada Slot Street, donde empecé a descontrolarme más.

Llegué a la lamentable posada en donde me encontraba hospedado. Me extrañó no encontrar a la vieja Wilma jugando a las cartas a tales horas, en compañía de las ancianas que le acompañaban habitualmente en sus partidas.

Me introduje rápidamente en esta desolada habitación; me encerré y aún continúo escribiendo. Todas las razones que me causan este temor dieron inicio hace apenas unas horas.

Estacionamos el viejo automóvil frente a esa catedral. Era una construcción digna de admirar. Se encontraba desierta. La pasiva población de este pueblo comentaba que se remontaba a tiempos antiquísimos. El único dato del que disponían por seguro los habitantes era que había sido mandada a construir por un anticuado millonario, cuyo nombre se desconoce.

Subimos lentamente por los fríos peldaños de esa escalinata, admirando la magnífica arquitectura. Una leve brisa nos acompañó durante todo ese trayecto. Nos acercamos a la inmensa puerta, cuando retrocedí sobresaltado al verla. Era una gárgola horrorosa, que custodiaba la entrada. Se encontraba sobre un enorme pedestal.

Jack me comentó, intrigado, sobre los extraños grabados de la base. Me di cuenta enseguida de que estaban en latín, y, en mi mente, traduje la frase, que no consigo olvidar del todo; la frase decía: Draco Mortuo Similis In Tenebris Jasens (*).

Le supliqué a mi amigo que olvidáramos lo que nos proponíamos, que era apoderarnos de las riquezas de la catedral. Mi amigo rió sarcástico e igualmente abrió la puerta por la fuerza.

- "¡Lo sabía! Esos malditos sacerdotes con quienes te criaste te llenaron la cabeza de vulgares mentiras. ¡Sé muy bien que también deseas el oro, tanto como yo!" - gritó furioso al verme acobardado.

Yo quedé montando guardia, porque había tomado muy en serio la frase grabada en el pedestal. El no sabía acerca de su significado espeluznante.

Jack se introdujo en el oscuro interior del edificio. Encendió con cuidado su linterna y alumbró el entorno. Se encontraba en una estancia gigantesca y valiosa. Las pinturas, al estilo arcaico, permanecían inmóviles entre las sombras. Contempló el diseño anómalo de la cúpula, sin perder detalle alguno de sus tesoros. Sin pensarlo, sonrió y con entusiasmo se abalanzó sobre el deseado oro.

En esos momentos, me encontraba demasiado tenso como para tranquilizarme. Estaba realmente nervioso. Revisé mis bolsillos y no encontré los cigarrillos; los había olvidado en el auto. Bajé deprisa la escalinata y abrí la pesada portezuela del vehículo. El paquete estaba sobre el descosido asiento.

Encendí un cigarrillo tratando de calmar mi estado de nervios y..., de repente, oí un rugido estruendoso que provenía del interior de la catedral. Oí también unos gritos desesperados. Corrí hacia la enorme puerta y quedé petrificado a mitad de la escalinata, lanzando un sofocado grito de horror. El pedestal estaba vacío. Y, de pronto, surgió del interior de la lúgubre construcción el reflejo de una sombra deforme, ¡era la sombra de la maldita gárgola!

Bajé a los saltos por los peldaños y corrí desesperado por la calle, en dirección a la lastimosa posada. La sentía detrás de mí, ¡estaba persiguiéndome! Me oculté en la oscura Rock Street, pero la volví a presentir. Esta vez corrí más rápido que nunca en mi vida. No miraba atrás, no quería hacerlo.

En una callejuela cerca de Jenkin Street, cayó bruscamente sobre mí, causándome una profunda herida en el brazo derecho. Peleé como un salvaje, pateando, golpeando con un desesperado instinto de supervivencia. Logré deshacerme de ella y seguí corriendo alocadamente.

Como dije antes, llegué a la posada y me encerré en esta sórdida habitación. Me busca, no me dejará. Sé que no debo salir de este cuarto miserable. No me sacará de aquí. No sé cuánto resistiré, no creo que mucho. La siento... volar, cerca de aquí. Oigo sus incansables aleteos y presiento su presencia.

¡Un momento! Juro que acabo de oír un rugido sobrehumano... ¡oh Dios! ¡Está detrás de la puerta! ¡Está aquí!... ¡Esa horrorosa garra que destroza la puerta!... ¡Qué hemos hecho! ¡Hemos despertado a ese horror...

Imagen de la Portada del Homenaje

 

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