Las cartas de Howard Phillips Lovecraft
A la Sra. Anne Tillery Renshaw
598 Angell St.
Providence, Rhode Island
1 de junio de 1921Querida Sra. Renshaw:
Estoy contestando cartas con rapidez estos últimos días, porque carezco de la voluntad y la energía para hacer nada más pesado. La muerte de mi madre el 24 de mayo me provocó un shock nervioso extremo y encuentro que la concentración y el esfuerzo continuado me resultan bastante imposibles. Soy, desde luego, supremamente no emocional; y no lloro ni me entrego a cualquiera de las demostraciones lúgubres del vulgo: pero el efecto psicológico de un desastre tan vasto e inesperado no es por ello menos considerable, y no puedo dormir mucho, ni esforzarme con ningún espíritu ni éxito especial.
A pesar de la enfermedad nerviosa de mi madre y su presencia en un sanatorio durante dos años, la enfermedad fatal fue completamente distinta y no relacionada: un problema digestivo de brusca aparición que necesitó una operación. No se esperaba un resultado grave hasta el día anterior a la muerte, pero entonces se hizo evidente que sólo una constitución fuerte podría causar la supervivencia. Nunca fuerte ni vigorosa, mi madre no pudo recobrarse. El resultado es causa de amplia y profunda pena, aunque para mi madre fue sólo un alivio del sufrimiento nervioso. Durante dos años había deseado poco más: así como yo deseo el olvido. Como yo, ella era una agnóstica sin creencias en la inmortalidad, y deseaba la muerte mucho más porque significaba la paz y no una eternidad de aburrida conciencia. Por mi parte, no creo que espere una muerte natural, porque ya no me queda ningún motivo especial por el que debiera existir. Durante la vida de mi madre fui consciente de que la eutanasia voluntaria de mi parte le provocaría inquietud, pero ahora es posible para mí regular el término de mi existencia con la seguridad de que mi fin no provocaría a nadie más que una molestia pasajera... por supuesto mis tías son infinitamente consideradas y solícitas, pero la muerte de un sobrino rara vez es un acontecimiento portentoso. Posiblemente encontraré cosas interesantes suficientes para leer y estudiar como para postergar mi ahorcamiento indefinidamente, pero no pienso soportar el aburrimiento más allá de cierto límite. Es mejor ser como uno era en la eternidad antes de haber nacido. Mi madre era, con toda probabilidad, la única persona que me comprendió por entero, con la posible excepción de Alfred Galpin. Era una persona de encanto fuera de lo común y fuerza de carácter, consumada ejecutante en literatura y las bellas artes; una erudita en francés, música, y pintora al óleo. No es probable que vuelva a conocer una mente tan admirable en todo sentido.
Créame
Su más obediente servidor
H. P. Lovecraft
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