Transfiguración © Henry Armitage

Transfiguración

Henry Armitage


Nos © Cyrus Llanfer

"... ellos nos notan, nos perciben, saben cuándo les estamos invadiendo, y se sienten de tal forma transfigurados, que son capaces de cambiar el rumbo de sus vidas, esa es la misión del Nos." Cyrus Llanfer


I

Estaba confundido. Tenía problemas de identidad. En ocasiones me sentía como un estuche vacío. Primer problema: Mi nombre. Al escuchar diferentes nombres, volvía la cabeza. O no lo hacía con ninguno. Un estuche vacío y sin etiqueta. Segundo problema: las fronteras de mi cuerpo. No podía saber dónde acababa yo y donde empezaban los demás.

II

Todo empezó en la Biblioteca de la Universidad de Miskatonic. La arcana biblioteca sería el escenario de extraños acontecimientos. Allí emprendí una labor de investigación sobre sofrología aplicada a ciertos desequilibrios del genio artístico. El Dr. Armitage dio el visto bueno y su salvoconducto me permitió el acceso a todas las secciones de la biblioteca. De esta manera, pude incluso bajar a los fondos de los sótanos y consultar manuscritos e incunables. Había libros sorprendentes en lenguas desconocidas para mí: Grimorios de dudosa autenticidad y biblias sacrílegas. Allí entre el polvo y la humedad me encontré con una especie de misal, parecido a esos que llevan los niños en su Primera Comunión. Llevaba un cierre metálico y estaba encuadernado con una cierta elegancia, en terciopelo granate muy oscuro. El título me llamó la atención. Se podían leer las palabras latinas Nefas Oraculum Stygium en letras doradas, pero su significado escapaba a toda posible traducción. A pesar del título, el libro estaba escrito en una lengua romance de difícil identificación. Las palabras se sucedían sin nexos, sin hilo argumental, sin que una sucesión de ideas pudiera hilvanar pensamientos con un mínimo de sentido. Empecé a pasar las páginas. Me detuve en algunas ilustraciones con formas geométricas de carácter evidentemente cabalístico, hasta que llegué a una imagen donde se podía reconocer una efigie más o menos humana. De pronto, bajo mis pies se dejó sentir un temblor casi imperceptible. Las luces se hicieron mucho más mortecinas, lo que me obligó a acercar la vista a la extraña ilustración. En ese momento me envolvió una ráfaga de viento, que levantó una pequeña nube de polvo blanco desde la página que estaba mirando. Me restregué los ojos y, cuando volví a mirar en el libro, la página estaba completamente en blanco. Había desaparecido la imagen y el texto que la acompañaba.

III

De pronto, me caí redondo. Cuando desperté, me encontré inexplicablemente en mi habitación. No recordaba nada, como si hubiera caído en un profundo sueño. Me llamó la atención que la noche hubiera caído a mis pies, convirtiendo los dedos largos y polvorientos del sol en las lechosas barbas trenzadas de la luna que se asomaba por el marco de la ventana. Los ruidos de la calle se empezaron a amortiguar y las paredes de la habitación parecían acolchar la animación de los niños en las escaleras y la agitación de las mujeres en las cocinas. Callaron las bocas y empezaron a crujir las maderas de los muebles. Presté atención a un sonido que parecía estar fuera de lugar, una especie de resoplido que se colaba por las rendijas de la puerta de entrada. La abrí y hundí mi cabeza en una extraña oscuridad fosforescente. A mi derecha pude adivinar los escalones torcidos de la escalera, que bajaba huyendo hacia las habitaciones inferiores y enfrente, salpicada con la escasa luz de mi habitación, bostezaba la puerta abierta que daba paso a la escalera que se empinaba hacia la buhardilla. Todos los sonidos habían desaparecido para definir más claramente el resuello que bajaba ondulante desde la buhardilla. La curiosidad me empujó hasta el origen del misterio y me llevó hasta una extraña sala de techo muy bajo, de tal manera que me tuve que poner de rodillas para acercarme a una de ventanas abuhardilladas que daban al exterior. Allí pude incorporarme y, aunque supuse que podría ver la lengua plateada del Miskatonic, sólo encontré un mar de tejados entre los que navegaban a la deriva los mástiles de las chimeneas. Volví a agacharme para inspeccionar el resto de la buhardilla y comprobé que el ruido se iba apagando poco a poco a medida que me acercaba a la ventana más alejada de la entrada. Allí, entre las tinieblas, mis manos toparon con algo blando, que pude identificar como una especie de colchón. Sonó algo metálico y luego algo húmedo me salpicó en la mano. Igual que antes pude incorporarme frente a lo que parecía ser otra ventana. Estaba cerrada. Palpé la madera y estaba fría como la escarcha. A mi izquierda una voz desalentada formó aros de sonidos que parecían unirse para pronunciar unas palabras familiares: Nefas Oraculum Stygium.

IV

La voz venía de una figura humana de apariencia extraña. Se parecía a la ilustración que había visto en el libro de la Biblioteca. De pronto empezó a comunicarse conmigo, pero había dejado de utilizar palabras. Utilizaba su propio cuerpo. Tenía la piel muy clara, diáfana, casi translúcida. Era un hombre de mediana edad, pero parecía tener el cuerpo de un niño. En ese momento me di cuenta de que estaba completamente desnudo. Y, casi sin pensarlo, advertí todo aquello de su anatomía que no acababa de encajar. Aún así no me dio mucho tiempo para demasiadas especulaciones, ya que dio un paso, se acercó a mí y parecía que su cuerpo vaporoso iba a atravesarme, pero no fue así. Se quedó en el mismo sitio donde yo estaba. Lo sentí dentro de mi, apropiándose de mi persona. A partir de ese momento, "Nosotros Nos sentimos Uno".

 

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