Carta de H.P. Lovecraft sobre la muerte de su madre y la inmortalidad

por Henry Armitage

Esta carta de H.P. Lovecraft es la traducción que Elvio E. Gandolfo hizo para la Editorial Losada (1998) y que apareció en el libro La ciudad sin nombre, cuentos y cartas (1916-1922) y que corresponde a la carta Número 76 procedente del primer volumen de Selected Letters, editado por la casi mítica Arkham House.

Obras escritas por Howart Philipe Lovecraft [sic]
Errata incomprensible en una edición tan cuidada

La carta habla de la muerte de su madre y de las ideas que ambos compartían sobre sus creencias religiosas, también menciona a uno de sus mejores amigos, Alfred Galpin.

Ante la muerte de su madre, Lovecraft se muestra con una actitud ambigua, como siempre que le ocurre al tener que hablar de sus propios sentimientos. Por un lado, se manifiesta un hijo desolado:

La muerte de mi madre el 24 de mayo me provocó un shock nervioso extremo y encuentro que la concentración y el esfuerzo continuado me resultan bastante imposibles [...] el efecto psicológico de un desastre tan vasto e inesperado no es por ello menos considerable, y no puedo dormir mucho, ni esforzarme con ningún espíritu ni éxito especial.

Por otro, aparece el Lovecraft frío y calculador, que analiza científicamente sus emociones:

Soy, desde luego, supremamente no emocional; y no lloro ni me entrego a cualquiera de las demostraciones lúgubres del vulgo.

pero Lovecraft no parece poder afrontar el futuro, sin la protección materna, y piensa seriamente en el suicidio, que es la misma idea que al parecer su madre pudo acariciar en alguna ocasión,

Por mi parte, no creo que espere una muerte natural, porque ya no me queda ningún motivo especial por el que debiera existir. Durante la vida de mi madre fui consciente de que la eutanasia voluntaria de mi parte le provocaría inquietud, pero ahora es posible para mí regular el término de mi existencia con la seguridad de que mi fin no provocaría a nadie más que una molestia pasajera...

aunque se consuela con el recuerdo de sus tías, que acabarán sustituyendo a su madre, como años más tarde lo hará su mujer Sonia Green.

A pesar de que Lovecraft va a cargar las tintas sobre su futuro sin su madre (1921), la sobrevivirá unos quince años más y, después de esta carta, escribirá miles de cartas más que quedarán recogidas en los cinco volúmenes de sus Selected Letters.

Uno de los aspectos más interesantes de la carta es cuando habla de las ideas que su madre y él mismo tenían con respecto a Dios y a la vida en el más allá.

Como yo, ella era una agnóstica sin creencias en la inmortalidad, y deseaba la muerte mucho más porque significaba la paz y no una eternidad de aburrida conciencia.

En esta ocasión se declara agnóstico, es decir una actitud más filosófica que religiosa o ideológica, como sería el caso de calificarse de materialista o decididamente ateo. El agnóstico es aquel que se considera incapaz, humanamente incapaz, de entender las nociones de lo absoluto.

Termina la carta con un recuerdo casi apasionado por su gran amigo Alfred Galpin, al tiempo que hace una descripción de su madre, que la ambigüedad (en este caso de la traducción) nos haría pensar que se estaba refiriendo a él.

Era una persona de encanto fuera de lo común y fuerza de carácter, consumada ejecutante en literatura y las bellas artes; una erudita en francés, música, y pintora al óleo. No es probable que vuelva a conocer una mente tan admirable en todo sentido. (She was a person... en la versión original)

En conclusión, estamos ante una carta que pone de relieve algunas muestras del auténtico Lovecraft: Sus pensamientos, creencias y sentimientos.

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