Experimento Nos (Nefas Oraculum Stygium)
Cyrus Llanfer
I
Aparentemente, sólo aparentemente soy un ser normal, puedo mezclarme con el resto de los seres humanos con los que comparto esta ciudad, hago casi las mismas cosas, mi vida apenas difiere de la de cualquiera de los vecinos de mí mismo edificio de apartamentos, aunque seguramente ellos me consideran un ser extraño, demasiado solitario, y poco comunicativo, pero realmente ellos no podrán nunca sospechar cuál es la misión que me obliga a convivir en esa especie de cajonera de apenas unos metros cuadrados, nunca sospecharan que los vigilo, los acoso y acecho, los controlo en cada uno de sus movimientos.
Algunas confesiones religiosas, sospechando de la verdadera naturaleza de los seres como yo, intentan justificar lo que ni siquiera podrán explicarse, para algunos el concepto espíritus, ángeles, seres de otra naturaleza y quién sabe cuántas idealizaciones más justifican esos conceptos de los que somos como yo y que de alguna manera deben de intuir, sospechar de nuestra existencia, son demasiados los acontecimientos que se les escapan a su propio control de limitados seres humanos, de cerebros de escasa capacidad para entender algo tan simple como nuestra existencia, pero realmente existimos, ya antes de la supuesta creación de ese mundo que se imaginan creado por un ser a su imagen y semejanza, qué equivocados están. Nosotros, los míos, Nos, somos anteriores a la creación de la luz, anteriores a la gran explosión, al gran Big Bang al que algunos de sus más eruditos estudiosos han sido capaces de dar fecha, ¡cretinos!, apenas atisban un principio y ya son capaces de fecharlo con los precarios datos de los que disponen. Curiosa raza ésta, que en su afán por encontrarle una explicación a todo lo que les rodea, es capaz de aventurarse en las más increíbles de las hipótesis, sin querer reparar en que la solución esta aquí, convive con ellos a diario, está tan apegada a sus formas de vida que ni siquiera son capaces de mirar dentro, aún a sabiendas que nos sienten, si vieran que somos los primeros en tomar posesión de sus débiles cuerpos apenas nacidos de las hembras de todas las especies.
Yo soy parte de ese Nos, una de las partes, una de las incontables partes y sin embargo solo una de ellas, todas las demás partes del Nos son solo una, así de simple, nada sería sin mi otro Nos, y juntos somos infinitos, somos tantos Nos como seres que nos invocan y a la vez estamos sólo en nuestro verdadero Nos.
Los humanos sospechando de nuestra existencia levantaron templos en nuestro honor, adoraron representaciones humanas o con formas animales, nombraron estrellas con nuestros supuestos nombres, celebraron fiestas en nuestro desagravio, murieron y mataron por nuestra causa, maldijeron, alabaron, recrearon supuestas historias donde sus protagonistas pretendían emularnos, nos dieron nombre, nos tradujeron a sus miles de sonidos de sus limitadas gargantas, cada uno de los idiomas en los que se comunican entre ellos tiene una definición, una palabra como ellos mismos dirían que nos pretende definir, ellos nos notan, nos perciben, saben cuándo les estamos invadiendo, y se sienten de tal forma transfigurados, que son capaces de cambiar el rumbo de sus vidas, esa es la misión del Nos.II
Permitidme que centre mi exposición en los efectos causados en la raza humana, no en vano estoy utilizando uno de sus modos de vida, asumo una identidad, y utilizo su forma de expresión, hablo, me muevo, y lo que más importante para lo que nos interesa, uso sus formas escritas, enorme esfuerzo por otro lado para expresar algo tan complejo y a la vez tan simple.
Como ya he manifestado soy parte del Nos, parte del mismo concepto y a la vez el concepto en sí mismo, Nos y mis otros Nos fuimos testigos de la creación del orbe, no había tiempo, ni espacio, ni luz como ya quedó dicho, fuimos el origen, fue la misma fusión de nosotros mismos lo que creó todo lo que se puede ver y medir, en aquel mismo momento nos conjuramos a ser responsables de aquello que nacía de nosotros mismos, ese fue el primer resultado de nuestra obra, nos sentimos obligados con nuestra creación, jamás permitimos que se nos fuera de las manos, nada de lo que ha podido acontecer nos es ajeno, todo gira en la dirección adecuada, nada es fruto de la casualidad. Sólo pequeños caprichos, pequeños matices apenas imperceptibles, uno de ellos es el hombre, ese ser algunas veces difícil de controlar, y que nos costó un ligero mayor esfuerzo.
Nos, en un momento de debilidad decidimos hacer una pequeña recreación del nos mismo, apenas unas gotas de nuestra misma materia, lo suficiente para poder recrear en un ser insignificante un modelo en el que poder apreciar nuestra individualidad y a la vez nuestra uniformidad, todos iguales, todos diferentes, de siempre ha sido nuestra primera batalla, ya desde el comienzo de sus primeros pasos por este planeta ha sido la mayor lucha a la que hemos tenido que poner batalla, ello nos obligó a crear un sentimiento de liderazgo, con el fin de aglutinar, de mantener algo que no fuimos capaces de inculcar a nuestra obra, el sentimiento de unidad, temerosos quizá, de haber creado una forma capaz de volverse contra sus creadores, no les dotamos de la capacidad de fusión, los siglos han demostrado lo acertados que estuvimos, varios milenios de luchas entre sí, aún no les ha hecho ver lo fuertes que podrían ser si actuaran por los mismos principios de unidad que rigen el Nos.
Pero de qué les puede servir facilitarles tantas pistas, acaso serían capaces de entender estas explicaciones, nada de lo que acaecerá en este episodio que sucederá en esta última fase de mi misión tendrá otra explicación que no sea la habitual, posiblemente ni siquiera será primera página en los periódicos locales, un acontecimiento más, por cierto se me olvidaba, en este idioma rico en matices, a mí me llaman terror.
La mañana transcurría tediosa, como todas las mañanas de aquella estación fría y brumosa, todo estaba dispuesto, los actos se desarrollaban según el antiguo plan, aquel plan diseñado al principio de los tiempos, ya cada personaje de la historia que se tenía que representar estaba cargado de sus dosis de odio, ya estaba escogida la víctima, y sus ejecutores, la fecha estaba señalada, faltaban apenas dos días, sería el modelo tradicional, la xenofobia que tan buenos resultados nos había proporcionado, el miedo a lo diferente siempre nos daba buenos resultados.
La planta baja del edificio la ocupaba una familia diferente, no estaba claro si por motivos políticos o sencillamente económicos aquella gente se había instalado desde hacía unos meses en aquella parte de la ciudad, aquella familia resultaba más ruidosa, más bulliciosa que el resto del vecindario, eran pobres pero no por ello se sentían con la necesidad de esconder su pobreza, es más, hacían alardes innecesarios de lo poco que tenían, sus pequeños revoloteaban por todos aquellos espacios comunitarios sin el mas mínimo respeto a las normas establecidas. Aquello ya de por sí resultaba indecoroso a los ojos de los convecinos, el respeto, estaba faltando ese respeto al que el resto estaba acostumbrado, y aquellas mujeres de la familia, vestidas de aquella forma tan poco usual en las costumbres del barrio, siempre tan tapadas y a la vez con aquellos colores tan chocantes, se imponían en cualquier lugar donde aparecían, imponían una presencia indeseada, la gente de la zona trataba de evitarlas, al principio con un cierto desdén, ahora ya de la manera más visible, se les culpabilizaba de todas las acciones de mala nota que ocurrían en el barrio, se especulaba sobre su forma de vida, ya incluso se les reprochaba abiertamente haber traído la degeneración a una zona a la que se consideraba tranquila hasta la llegada de aquella gentuza.
El marco ideal: La noche en que faltó Adela. Todos y cada uno de los vecinos miraban con ojos de sospecha a la vivienda de la familia, no estaba clara la relación, pero en el fondo cada uno argumentaba unos motivos diferentes y todos ellos conducían directamente a aquellas ventanas semicerradas, nadie les preguntó si habían visto algo, todos daban por sentado que tendrían algo que ocultar. Hasta que apareció el cuerpo, aun se mantenía la esperanza de que Adela hubiera tenido uno de sus repentinos ataques de mal humor y se hubiera largado de su casa solo con la intención de jugarle a su madre una mala pasada, evidentemente fue una mala pasada, la última que recibiera su madre de la inconstante Adela: Sus restos aparecieron esparcidos a lo largo de la canalización de aguas residuales, reconozco que fue un trabajo bastante desagradable, nunca me gustó el trabajo manual, hubiera preferido una cosa limpia, práctica, aséptica, pero la ocasión requería de mucho atrezzo, debería impresionar a los fácilmente a los impresionables habitantes del barrio. Por supuesto que todos los indicios apuntaban a nuestra familia, podía tratarse de un acto criminal gratuito, o sencillamente ritualizado, no faltaba quien viera en ello una reminiscencia de las conductas de aquella gente tan extraña, nadie entre sus vecinos había reparado en la pobre Adela, hasta que fue encontrado su cadáver, a partir de esto, se convirtió en un dechado de virtudes, en una vecina ejemplar, una hija modelo y amante de los niños, nadie podía comprender cómo a una persona de tan buen talante se la hubiera ocurrido morirse de semejante manera, en un acto tan desagradable y que ponía el barrio en la picota, por supuesto la familia fue investigada a la luz de las sospechas, pero con el más exquisito de los cuidados, en esos momentos aun se trataba de ponerla como ejemplo para una conducta racista y xenófoba, la prensa se cuidaba mucho de achacar cualquier acto delictivo a un colectivo en concreto, además nada podía relacionar aquel acto con la familia de emigrantes, nada excepto lo sórdido del crimen, aparentemente sin móvil alguno, lo que lanzaba todo tipo de motivaciones sobre alguien sin el más mínimo sentido de la piedad ni la justicia, quién mejor que aquella gente venida de Dios sabe dónde y que apenas acataba los principios de la civilización establecida. El primer acto estaba concluido.
III
Del siguiente ya no hube de ocuparme yo, fueron los chismorreos de las vecinas, los propios miedos, los recelos. Todo el mundo se sintió amenazado, el rechazo de un principio se volvió verdadera hostilidad. Uno de los pequeños de la familia enfermó súbitamente y después descubrieron veneno en el cuerpo de la criatura, como si le hubiesen querido matar como a un animal molesto. La reacción de la familia fue acorde con los acontecimientos previstos, el odio se generalizó, la familia emigrante ya no adoptaba la actitud amilanada de antes de los sucesos. Se mostraban desafiantes, retadores, mis trabajos estaba dando sus frutos, aquellos seres venidos de otras latitudes se sentían acosados, víctimas que se sentían en peligro y actuaban a la defensiva, ya no tenía más que esperar, aquel edificio respiraba odio, se palpaba, el ambiente era tenso, empezaron a aparecer las primeras pintadas en el tiro de la escalera, algunas invocando a la muerte, otras solamente de carácter racista, cruces gamadas con alusiones al holocausto. La mañana en que apareció el perro de la del cuarto clavado sobre el soporte de los buzones, con las entrañas abiertas, ensangrentando todo el portal. Nadie dudó quiénes podrían ser los autores, "realmente aquellos individuos descendían directamente de la estirpe de Vlad, el Empalador, no podían ser más que ellos los autores de aquella barbaridad", afirmaba uno de los vecinos más leídos que los demás, él suponía que eso formaría parte de algún rito de venganza.
Aquella misma mañana convocaron una reunión de urgencia, había que echar a aquella gente de allí, hasta yo mismo participé de aquella reunión de vecinos, aquellos que nunca me dirigieron la palabra reclamaban mi punto de vista sobre las actitudes de los extranjeros, imponían su punto de vista alzando el tono de voz por encima de los pusilánimes, de los confusos, de los inseguros, las opiniones en contra de tomarse la justicia por su mano eran acalladas con los mismos argumentos de siempre, "la policía no hace nada, éstos se creen que tienen todos los derechos, hay que darles un escarmiento". Aquella gente estaba oyéndolo todo, no en vano su vivienda daba directamente al lugar del portal donde se estaba celebrando aquella reunión; seguramente fueron ellos mismos los que avisaron a la comisaría del distrito, ya que al poco tiempo se personaron dos agentes. Aquel que se arrogaba la mayor representación vecinal se dirigió de inmediato a los guardias, les explicó el motivo de aquella asamblea, les describió con pelos y señales cuál era la situación provocada sin duda por aquellos incómodos vecinos, los dos agentes miraban descreídos a las personas que les rodeábamos y como si la única opinión que les sirviera fuera la mía, me miraron directamente, yo simplemente asentí: Esa era mi principal aportación, de inmediato y con el arma en la mano se dirigieron a la puerta de la familia y con tono amenazante les conminaron a abrir la puerta, dentro sólo se oían los llantos de los niños, y los chistidos de sus mayores conminándoles a callar, al fin y cuando ya casi derribaron la puerta, ésta se abrió y detrás una de las mujeres con un pañuelo que prácticamente solo dejaba ver unos ojos asustados, y hablando un idioma del que nada podían entender todos los que allí se congregaban les franqueó la puerta absorta en la placa que les mostraban los dos hombres uniformados, dentro los gritos de los niños subían de tono, la escena me recordaba enormemente otras que ya había yo propiciado en muchas ocasiones, en la Alemania a principios de siglo, en la Francia revolucionaria, en la España de la Inquisición, tantas veces que prácticamente ya no conseguía impresionarme, el fuerte, la autoridad misma del lado de los fuertes, perplejos, ante la imposibilidad de poder comprender nada de lo que aquella mujer decía, los agentes se miraron uno a otro, comentaron algo que no fue oído por la gente que a una distancia les observaban, "llama a comisaria, esto no hay quien lo entienda, al menos que venga alguien que sepa entender a esta gente, procura que no salga nadie y echa a todos estos mirones, sólo faltaba que les dé por entrar a la fuerza aprovechando que estamos aquí". Antes de una hora aquello parecía una romería de gentes que entraban y salían de aquel portal, asistentes sociales, intérpretes, policías, más policías, y no tardó en llegar la prensa local que como siempre se dedicó a dar el discurso oficial sobre la intransigencia de los vecinos, y lo poco integradores y xenófobos que se mostraban, sea como fuera el día se fue agotando sin que al parecer nadie diera una solución satisfactoria a la situación que se les estaba planteando a aquellos expertos, parece ser que la única que encontraron fue montar un servicio de vigilancia las 24 horas delante del portal, con el fin de evitar nuevos incidentes. Llegaba la noche, llegaba mi tiempo.
Desde mi apartamento podía oír perfectamente el golpe de las puertas, el correr de los cerrojos, había un miedo que se colaba libre por las escaleras de aquel edificio, ni siquiera la presencia del coche policial tranquilizaba a aquellos habitantes, algo les hacía temer que ni siquiera aquella vigilancia seria suficiente para lo que se les avecinaba. Yo lo tenia todo controlado, todo estaba bajo el influjo del Nos, me dispuse a tomar mi verdadera forma.
IV
Siempre había odiado esa forma humana, reconozco que en un principio lo hicimos de una manera diferente, era algo más aceptable para mi parte del Nos, no quisimos crearlo con unas defensas visibles, quizá en la desconfianza de que nuestra creación se volviera contra nosotros, pero esto ya era demasiado, tanto el macho como la hembra habían ido transmutando de una manera progresiva, casi todos los miembros de la especie mostraban sus pieles desnudas en un espectáculo abominable, habían perdido aquella capa de vello de la que les dotamos no se sabe en función de qué, posiblemente se tratara de alguna degeneración, ahora eran más altos, pero en su afán por distinguirse de sus parientes mas próximos, caminaban de una forma grotesca, demasiado erguidos para su propia constitución, usaban unos artilugios para cubrir sus pies a los que además les dotaban de alzas y tacones, con lo que sus andares los hacía aún más cómicos, habían estandarizado tanto sus formas que realmente todos seguían un mismo patrón, figuras flacas poco dotadas, frágiles, lejos de nuestra creación inicial, curiosa forma de evolución que los alejaba de su propio poder como raza, dado que además gastaban mucha energía en debilitar sus cuerpos hasta ese grado de vulnerabilidad, sin duda estabamos asistiendo al final de aquel experimento, como entender aquel progreso inverso, los hicimos fuertes, y mínimamente inteligentes, ahora eran débiles y se empecinaban en gastar parte de aquella inteligencia en debilitar la única fuerza que les dimos.
Me sentí liberado cuando desde fuera de aquel cuerpo con forma humana pude contemplar el pequeño recinto donde había estado ya para mi gusto demasiado tiempo, me acerqué al ventanal de mi cuarto, cerrando la ventana, ya que alguno de esos policías de abajo podría ver mi propia luz que lo inundaba todo, necesitaba ya expandir mis sentidos, por un momento me sentí inundado por las imágenes de mi entorno, acostumbrado a ver solo por esas minúsculas aberturas que los humanos utilizan, pude ver toda la panorámica de mi cuarto a un tiempo, pude ampliar la visión de todo el resto de apartamentos, localizando a todos los que hasta ese momento habían compartido aquella jaula de cemento y cristal, sus sonidos llegaban analizados, sincronizados, podía detectar a cada uno de los que los producían y desarrollar su significado, actuaría con mentalidad humana, despacio, cautelosamente, sádicamente, curioso término ése, hubo de nacer ese petimetre para dar nombre a algo que ya los humanos habían desarrollado por si sólo desde los primeros momentos de su existencia, esta vez algo me hizo rectificar los planes iniciales, recordé aquel tipo listo de la reunión, recordé los métodos de Vlad, el Empalador. Sí esta vez rememoraría aquella vieja historia, tendría todos los ingredientes, dolor, terror, y sobre todo sangre, mucha sangre. Mi primera víctima fui yo mismo, aquel cuerpo que me había servido durante aquel tiempo fue mi campo de pruebas.
Busqué el objeto más adecuado, desnudé aquella réplica humana y lo colgué de la cadena de la lampara de mi dormitorio situando el objeto puntiagudo justamente en la entrada del ano, cargué todo el peso del cuerpo que me había servido sobre aquella especie de lanza, con precisión, con destreza. Vi cómo el objeto penetraba llevándose por delante todas aquella repugnantes vísceras, lástima, al llegar a la altura del cuello la punta se desvió saliendo por un lateral, un borbotón de sangre manaba desde el boquete abierto en él, sin duda un ser vivo tardaría más en ser atravesado, había que contar también que decididamente no se mostrarían tan colaboradores como mi despojo. Sí, efectivamente aquella sería una noche inolvidable.
La finca se vio rodeada de multitud de coches, cada uno de ellos mostrando unas destellantes luces de diferentes colores, la parafernalia de siempre, los personajes de siempre, los comentarios; ésos no eran los de siempre, gentes supuestamente expertos en el manejos de situaciones límite salían de aquel recinto llevándose las manos a la boca, conteniendo sus ganas de vomitar, con los ojos desorbitados por el horror que acababan de presenciar, los amigos de la prensa intentando recabar datos de lo que allí había ocurrido, sin dar crédito a lo que iban conociendo, una venganza, una venganza calculada, como podían haber podido mantener a toda aquella gente inmovilizada, en silencio, mientras los ejecutaban de aquella manera tan cruel, y dónde estaban los responsables, cómo habían desaparecido estando la finca sometida a la vigilancia de la pareja de policías, no había nada de extraordinario en aquello, si entendemos por extraordinario un hecho sin fácil explicación, sin duda sólo se trataba de una venganza, un ajuste de cuentas, desmesurado, brutal, pero fácilmente explicable, nada que se pudiera achacar a los seres de otro mundo, a no ser que esos seres de otro mundo fueran aquellos infelices extranjeros que nadie había visto salir aquella noche de allí.
He de reconocer que aquella noche tomé partido, salvé del horror a aquella familia, por esta ocasión están a salvo, es posible que repita el esquema en otra ocasión, resulta cómodo no tener que estar ingeniando nuevas fórmulas. Ésta misma me puede servir, hay otras muchas comunidades humanas que responderán al método empleado, de momento forman parte de mí, los tengo en el Nos, incluso es posible que alguno de sus cuerpos me sirva para mi próxima misión.
Copyright © 2001