Lovecraft y Borges

 

Lovecraft y Borges

El 7 de diciembre de 1967, Jorge Luis Borges se encontraba en Providence, Rhode Island, en su segundo ciclo de conferencias por el país. Esa misma noche le invitaron a pronunciar unas palabras en una sociedad secreta de la Universidad de Brown llamada La Esfinge, que se dedicaba a debates sobre temas intelectuales de carácter general. Allí se discutía, entre otros temas, sobre Poe, ya que se trataba de un autor con claras conexiones con Providence. Entonces, se le preguntó si conocía a otro maestro de la literatura fantástica, que había vivido y muerto en esa misma ciudad. Sorprendentemente, la respuesta fue que no, que no estaba familiarizado con las obras de H.P. Lovecraft. Y resulta sorprendente, porque Borges había incluído a Lovecraft en su Introducción a la Literatura Norteamericana, publicada en Buenos Aires ese mismo año y basada en sus conferencias como Profesor de Literatura Inglesa y Americana en la Universidad de la Capital. En el capítulo 13 de la Introducción, en el que analiza Los relatos detectivescos, ciencia ficción y del lejano oeste, Lovecraft ocupa en el estudio de Borges tanto espacio como autores tan importantes como F. Scott Fitzgerald:

Howard Philips [sic] Lovecraft (1890-1937) nació en Providence, Rhode Island. Muy sensible y de salud delicada, fue educado por su madre viuda y sus tías. Como a Hawthorne, le gustaba la soledad y aunque trabajaba de día lo hacía con las persianas echadas.
En 1924 se casó y fijó su residencia en Brooklyn; en 1919 se divorció y volvió a Providence, donde volvió a su vida de soledad. Murió de cáncer. Detestaba el presente y sentía un gran apego al Siglo XVIII.
Le atraía la ciencia; su primer artículo trataba de astronomía. En vida publicó un solo libro; después de su muerte, sus amigos reunieron en volúmenes su obra considerable, antes dispersa en antologías y revistas. Estudiosamente imitó el estilo de Poe con su prosa sonora y patética. También escribió pesadillas cósmicas. En sus relatos nos topamos con seres de remotos planetas y de épocas antiguas o futuras que habitan en cuerpos humanos para estudiar el universo o, inversamente, almas de nuestro tiempo que, durante el sueño, exploran mundos monstruosos, lejanos en el tiempo y en el espacio. Entre sus obras recordaremos The Color from Space [sic] (El color que cayó del cielo), The Dunwich Horror (El horror de Dunwich), The Rats in the Wall [sic] (Las ratas en las paredes).

A la vista de estos comentarios, es evidente que Borges había leído no solo algunas de las obras principales de Lovecraft (The Shadow out of Time, en concreto), sino también algunos apuntes sobre su vida y alguna reseña crítica sobre él.

En 1978, Borges hablaba sobre "historias de terror en general" y declaraba:

Me gustan las historias de terror de Lovecraft. Sus argumentos son muy buenos, pero su estilo es atroz. Una vez le dediqué un relato.

El destino que, según es fama, es inescrutable, no me dejó en paz hasta que perpetré un cuento póstumo de Lovecraft, escritor que siempre he juzgado un parodista involuntario de Poe. Acabé por ceder; el lamentable fruto se titula There Are More Things.

Estas palabras se encuentran el el epílogo del Libro de Arena y son muy propias de un Borges siempre amigo de la provocación y la polémica, ya que se mostraba injusto no solamente con Lovecraft, sino consigo mismo, puesto que There Are More Things, no se encuentra ni mucho menos entre los peores cuentos del escritor argentino. La actitud de Borges con respecto a Lovecraft se podría describir en términos de un síndrome de atracción-repulsión, una estética de polaridades extremas o una metafísica de la paradoja.

Borges y Lovecraft tenían muchos puntos en común. Como Lovecraft, de joven alimentó su soledad con obras de Poe, Las Mil y Una Noches y la Mitología Clásica. Lovecraft escribió a los ocho años El Poema de Ulises, o la Nueva Odisea, igual que hizo Borges, leyendo versiones infantiles de Homero, cuando no contaba más que seis o siete años. Ambos escritores se dedicaron a la cultura nativa y a localismos de gran colorido, sobre todo a Providence y Buenos Aires respectivamente. Bastaría con recordar el primer libro de poemas de Borges, Fervor de Buenos Aires, y la inscripción que aparece en la tumba de Lovecraft podría resumirlo en una sola frase: "I am Providence".

Hay otras muchas similitudes entre los dos autores, incluso en el contenido mismo de sus obras. Por ejemplo, la relación entre el Trapezoedro Resplandeciente de Lovecraft y el Zahir de Borges

En cambio se refiere con frecuencia al Trapezoedro Resplandeciente, al que califica de ventana abierta al tiempo y al espacio, y esboza su historia en líneas generales desde los días en que fue tallado en el enigmático Yuggoth, muchísimo antes de que los Primordiales lo trajeran a la tierra. Al parecer, fue colocado en aquella extraña caja por los seres crinoideos de la Antártida, quienes lo custodiaron celosamente; fue salvado de las ruinas de este imperio por los hombres-serpientes de Valusia, y millones de años más tarde, fue descubierto por los primeros seres humanos. A partir de entonces atravesó tierras exóticas y extraños mares, y se hundió con la Atlántida, antes de que un pescador de Minos lo atrapara en su red y lo vendiera a los cobrizos mercaderes del tenebroso país de Khem. El faraón Nefrén-Ka edificó un templo con una cripta sin ventanas donde alojar la piedra, y cometió tales horrores que su nombre ha sido borrado de todas las crónicas y monumentos. Luego la joya descansó entre las ruinas de aquel templo maligno, que fue destruido por los sacerdotes y el nuevo faraón. Más tarde, la azada del excavador lo devolvió al mundo para maldición del género humano.

(El Morador de las Tinieblas, H.P. Lovecraft)

El Zahir de Borges es una moneda demoníaca, que posee la terrible propiedad de ser inolvidable y cuya imagen conduce a la locura.

Los nombres impronunciables de Lovecraft como Cthulhu y R'lyeh, los cánticos intraducibles, quizá podrían rivalizar con algunos trabalenguas de Borges como Tlön o Uqbar. La importancia de los libros y las bibliotecas es una coincidencia más que hay que anotar en la lista de aficiones comunes, que no solamente forman parte de sus intereses perosnales, sino que forman parte fundamental de sus materiales narrativos.

Para terminar, hay que acabar diciendo que Borges ha sido un factor decisivo en el reconocimiento de Lovecraft como gran maestro de la literatura fantástica y que ha impulsado el interés por el autor en la Argentina, desde las primeras traducciones hechas en castellano hasta la dedicación que muchos argentinos dedican a la vida y a la obra del escritor de Providence.

Henry Armitage

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