Y TODAS ESAS COSAS Y TODAS ESAS COSAS

 

Afuera las ventanas adelgazan
devoran una nube decapitada y grave
como una mujer de estopa que se escapa.

Adiós.

Aquí navego iluminada
sin saber si le importa a este muchacho de trigo
que ordena mis huesos como un montón de hojas.

Los hijos le abultan las venas satinadas
los ramales morenos y nutricios.

Es un fantástico pan.

Carina Sedevich
de «UNA NUBE DECAPITADA
Y GRAVE» (1998)
MI TIA HIZO LA TORTA


no vino nadie
las flores de azúcar (que me comí enseguida)
y las velas
que no voy a comerme
los quince
desde la nuca
el ombligo y la espalda
entre las piernas
cuando sé tus besos nunca
y soy tan gorda

Diego Ignacio Gimenez
(20/06/1992 Mi prima)
de «BREVE MUESTRA DE POESIA CONTEMPORANEA del RIO DE la PLATA»,1995.

BALADA
   
    para Héctor Zambrano

Quien dice fuego
ha sentido la brasa lacerante,
ha palpado con certeza la plenitud.
Quien dice soledad
ha habitado los mundos prohibidos,
la distante comarca de las sombras.
Quien dice melodía ha navegado
en cada ola de los océanos perdidos.
Quien dice ceniza lo ha visto todo
y sin embargo
sueña con restituir
el paraíso que perdió en la infancia.
Quien dice siempre
vuelve a chocar contra las rocas,
ve su cabeza rodar hacia lo más bajo
y todo vuelve al orden, al fuego,
a la soledad, la melodía y la ceniza.
Sólo entonces sabrá reconocer su rostro
en la grieta que el tiempo abrió
dolorosa y sangrante,
aferrada al sueño, al llanto,
como herida exacta en mitad de la noche.
 

Gregory Zambrano
(Venezuela, 1963. De Revista
“Casa de las Américas”.
Nº 210, enero-marzo de 1998)

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Afuera la noche respira,
parece una ballena cansada.
        En el cuarto,
el Juicio se abre:
    No mataste pájaro alguno,
de tus labios no salió jamás
maldición alguna contra la lluvia;
no es suficiente,
te faltó arribar, por ejemplo,
una tarde a Estambul,
no encontrar a quien debía esperarte en el puerto,
andar por un laberinto de calles
repitiendo a gritos un nombre,
acabar en una cama de pensión y tener sueños
de tejas rotas, de cigarras muertas,
de mercados en llamas.
            Y también
descender por una ladera escarpada
hasta el estrecho valle
donde las aguas se juntan
y, entre olas de amor, de odio, de pena,
de duda, de desesperación,
de angustia, encontrar por fin una llave
o un nuevo nudo de sogas.
            Afuera
cada cosa se abandona a un ciego azar,
cada ser entra descarnado al olvido.
Adentro, una aguja fina
penetra la débil defensa de quien escucha,
interesa su centro,
lo perfora.


Carlos Barbarito
(1955, Pergamino, Pcia. de Buenos Aires.
De “La luz y alguna cosa”, Bs. As., 1998)

El pájaro mata a picotazos al árbol,
el árbol envenena la tierra.
Un chico atropella a un auto
y se lo condena a muerte;
otro, padece de niñez hasta que muere.
Introduzco una mano en lo nada
y de ahí extraigo un signo de interrogación;
a cambio, mi mano se transforma en nada.
Alguien cae,
cae como un pétalo incendiado de orfandad
hacia esta hoja;
madre-flor, útero-tallo, raíz suelta.
Levanto mis ojos
y sólo un sol escupiendo sangre.
Aunque, el más niño entre los llantos del hombre,
no mata la poesía, mata el mundo.
Ese fantasma con ojos de madre
que cura ese llanto a bofetadas;
que hace del precipicio, de la caída, del pozo:
un dolor único y su doble filo.
¿Y cómo se detienen los descensos gratuitos?
¿No será como pedirle al pájaro que perdone al árbol?

Alguien, en la noche desigual,
dijo lo que tenía que decir
y volvió a la cama hecho cenizas.


Luis Pizzani
Primer Premio Concurso Revista «Plagio»

PRESS DE BANCA

La redondez de la palabra a cada extremo de la barra
se parece al día con su noche suspendida:
como dos extremidades
alzando sólo el aire y un pedazo
de humo ante el espejo.

Cada mañana, subo por la plaza roedora de bellotas
al templo redondeado de cristales
y como un rezo duro
entono mi cantito regresivo:
de treinta para abajo
una musculatura
insuficiente, de treinta
para arriba el esfuerzo
parece una palabra suspendida
en la punta del verso más hermoso:

ofrecido para nada y para nadie
y por todos los ojos respirando.

José Antonio Mazzotti
(Lima, Perú, 1961. De Revista “Aérea”,
Año I, Nº 1, Santiago de Chile, Bs. As., octubre de 1997)

LITERAL

Todo remite
definitivamente
a todo.
Y aburre.
La lluvia al cielo derramado.
El cielo al deseo sin nombre.
El deseo al ojo de la sed.
La sed al fracaso de la lluvia.
Mejor hacé de cuenta
que cada cosa no tiene par,
que todavía el mundo está por suceder,
que el porvenir de la palabra
es el olvido de la palabra.
Esa debe ser tu estrategia:
un poco menos de lenguaje,
un poco menos de realidad.
Que a la metáfora
la busquen
otros.


José Di Marco


DISTANCIAS

El festivo mundo de las comparaciones
quiebra las distancias entre el bien y el mal,
las expone, localiza, enyesa y sienta en una sola silla.

La misma realidad confunde gato con ratón,
la heladera un dinosaurio que no llega a despertar,
la mujer un gran amor, un gran amor / un gran amor.

El hombre ya no es lo que dice o hace,
es cualquier otra cosa, la sorpresa o un dulce fraude;
la mente los separa, analiza y divide
pero la marea inagotable de los hechos
los aparea antes que doblen la esquina
y aparece el ladrón travestido en gobernante,
un presidente en general de la injusticia,
un cantante naif en ídolo patrio, guardabosque,
torturador honoris causa... y así,
hasta agotar el teorema de las comparaciones
y transformar este planeta en risueños paraísos
que acortan las distancias entre el bien y el mal.

Marcelo Fagiano
TACOS ALTOS

Todo el mundo tiene
demasiadas razones para ser feliz,
demasiadas razones para naufragar en la tragedia,
para asir lo imposible, en la palma de la mano,
aún el viento blanco, como una fiera que no para de llorar.

Todo el mundo tiene que pagar el alquiler.
arropar a los hijos, esquivar coches, bocinazos,
colectivos que atropellan la ciudad.
Tolerar imbéciles,
vagar con la miseria de un lado hacia otro lado.

Todo el mundo escapa a la imagen del sillón,
que nos advierte sobre lo implacable de la muerte,
y todos queremos mirar como un voyeur
un poco más allá, como los chicos, sin ser vistos.

En fin, todo el mundo tiene derecho a ser feliz,
pero yo no, pero yo no.

Porque vivo en este criadero de murciélagos
y vos te fuiste y no sé nada de ti.
Y el cielo está estrellado,
y mis manos tienen cerradura,
y no puedo abrir los ojos ni dormir,
ni acostumbrarme a respirar,
bajo la dulce memoria y la ginebra
de vos yirando por el mundo.

Te veo,
a mil kilómetros por hora
en una habitación oscurecida
menstruando amor.


Ernesto San Millán

wpeC.jpg (7107 bytes)Pablo Picasso "Dibujo de un solo trazo"

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