Manuscritos Pnakóticos |
Estos Manuscritos de forma muy fragmentaria proceden de la distante y helada Lomar.
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En las Montañas de la Locura |
En una carta a Richard F. Searight, del 13 de Febrero de 1936, Lovecraft escribe:
"No se conoce la fecha exacta de los Fragmentarios Manuscritos Pnakóticos. Fueron elaborados en Hiperbórea por una secta secreta (relacionada con la conservación del Libro de Eibon) y escritos en el lenguaje secreto de Hiperbórea, pero existe el rumor de que los citados Fragmentos son la traducción de algo infernalmente más antiguo, traído de las tierras de Lomar, que incluso allí se consideraban de una antigüedad fabulosa. Es frecuente comentar en voz baja que son anteriores a la raza humana. Se han establecido curiosos paralelismos entre ellos y los Fragmentos de Eltdown, como si ambos textos procedieran de una fuente inconmensurablemente anterior al nacimiento de este o de cualquier otro planeta."
En el relato Los Otros Dioses, Lovecraft menciona repetidas veces los citados Fragmentos, integrándolos en el desarrollo de la narración.
En Ulthar, más allá del rio Skai, vivía una vez un anciano que deseaba contemplar a los dioses de la tierra; este hombre conocía profundamente los siete libros crípticos de la Tierra y estaba familiarizado con los Manuscritos Pnakóticos de la distante y helada Lomar. Se llamaba Barzai el Sabio, y los lugareños cuentan cómo escaló una montaña, la noche del extraño eclipse. [...]
Barzai y Atal salieron de Hatheg hacia el pedregoso desierto, a pesar de los ruegos de los campesinos, y charlaron sobre los dioses de la tierra junto a su fogata, por las noches. Viajaron durante muchos días, hasta que divisaron a lo lejos al altísimo Hatheg-Kla con su halo de lúgubre bruma. El décimo tercer día llegaron al pie de la solitaria montaña, y Atal confesó sus temores. Pero Barzai era viejo, sabio, y no conocía el miedo, asi que marchó delante osadamente por la ladera que ningún hombre había escalado desde los tiempos de Sansu, de quien hablan con temor los mohosos Manuscritos Pnakóticos. [...]
Ahora se dice en los mohosos Manuscritos Pnakóticos que Sansu no descubrió otra cosa que rocas mudas y hielo, la vez que escaló el Hatheg-Kla en la juventud del mundo. Sin embargo, cuando los hombres de Ulthar y de Nir y de Hatheg, reprimieron sus temores y escalaron ese día esa cumbre encantada en busca de Barzai el Sabio, encontraron grabado en la roca desnuda de la cima un símbolo extraño y ciclópeo de cincuenta codos de ancho, como si la roca hubiese sido hendida por un titático cincel. Y el símbolo era semejante al que los sabios descubrieron en esas partes espantosas de los Manuscritos Pnakóticos tan antiguas que no se pueden leer. Eso encontraron.
De una carta que Lovecraft escribe a E. Hoffmann Price (20 de diciembre de 1932):
"Los Manuscritos Pnakóticos hablan de el abismo subterráneo de Zim, pero todos los eruditos en la materia desde Galimatias y Zu Dumkopf coinciden en que realmente se trata de una referencia a las Bóvedas de Zin, tan bien conocidas a todos los especialistas en Alhazred y Von Junzt"
Y en las colaboraciones Horror en el Museo y El diario de Alonzo Typer
Los Fragmentos Pnakóticos, también llamados Manuscritos Pnakótikos se consideran de origen prehumano. George Rogers afirma haberlos leído. Se dice que el Octavo Fragmento contiene un largo ritual que transportó a Rogers desde Fort Morton, Alaska, hasta Lomar. Alonzo Typer encontró una copia en el ático de la Mansión de Van der Heyl.
La habilidad de Lovecraft para manejar la verosimilitud mezclada con la pura ficción literaria se encuentra en esa técnica, que posteriormente utilizarán autores contemporáneos como Jorge Luis Borges. Sería suficiente con mencionar el ejemplo que aparece en El caso de Charles Dexter Ward, donde uno de los personajes, el Dr. Wilett cita Tierra Baldía de T.S. Eliot. Poema éste que tuvo una profunda influencia en la literatura del Siglo XX y que contenía referencias a los saberes ocultos del Tarot.
Henry Armitage
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