El Pastor del Barranco

Pastoreo de Cabras y Ovejas

Los lectores fieles y reincidentes de las historias de Lovecraft tenemos la tendencia a buscar en nuestro propio entorno los referentes, que este auténtico mago de la ambigüedad y la insinuación dejó latente en su obra. En la inmensidad pavorosa del mar, buscamos la amenaza real de ballenas asesinas, pulpos gigantes y tiburones sanguinarios y le damos el nombre de Cthulhu. Tras la cotidiana aventura de las expediciones nocturnas por el mundo de los sueños y las pesadillas, adoptamos inevitablemente el papel vicario de Randolph Carter o de Walter Gilman, que sueña en la buhardilla de la casa de la vieja Keziah. Y los parajes agrestes, donde la naturaleza muestra o bien su desolación desértica o su exhuberancia salvaje, creemos descubrir en algunos matorrales las huellas del dios Pan, los cánticos de las criaturas de los arroyos o, cuando amenaza tormenta y los animales empiezan a barruntar peligros ocultos, nos viene a la mente figuras sobre las que Lovecraft quiso cargar las tintas, y llegamos a sentir miradas que nos apuñalan las espaldas y le damos el extraño nombre de Shub-Niggurath, la Cabra Negra de los Bosques con Sus Mil Crías.

Con todo este bagaje lovecraftiano llegué a la terraza natural, que domina el Barranco del Infierno. Pero, la naturaleza mostraba su cara más amable en un escenario de singular belleza, iluminado por un sol mediterráneo complaciente y generoso, suavizado por la brisa que llegaba desde el mar. Allí me encontré con cabras y ovejas, que pastaban en un ambiente cercano a las armonías pastoriles, que se describen en los textos grecolatinos o renacentistas. Es más, el Macho Cabrío con la blancura de su pelaje y su barba me pareció un animal francamente soberbio. Nada podía llevarme a pensar en los pliegues oscuros de la naturaleza, que Lovecraft siempre se empeña en revelarnos a través de sus relatos.

Refugio de Pastores

Este cuadro casi bucólico se completa con el perro, siempre atento al rebaño, y el pastor de piel curtida por el sol y una mirada de desconfianza ante extraños como yo, que curiosean por estos parajes y se los arrebatan con una cámara de fotos. Después de intercambiar con él saludos y el típico diálogo convencional, este hombre que he llamado el Pastor del Barranco me dijo su nombre, cuando le pregunté por las iniciales O.B. que estaban pintadas en negro, con una caligrafía casi perfecta, sobre la enorme roca, donde estaba sentado.

- Mendigüan L'Obdulio Banimaureid com'ol pobla - su habla valenciana estaba cargada de vocales oscuras y guturales, que apenas pude identificar y que después intenté reproducir por escrito.

Ante mi cara de extrañeza, el pastor acabó hablando en un castellano igualmente contaminado de sonidos extraños, pero al que poco a poco acabé por acostumbrarme. Me explicó que su nombre era Obdulio, como su padre, el padre de su padre y to'os los agüelos que vivieron antes. Todos los hijos eran varones, no había jembras en la familia Banimaureid, pues con una curiosa mueca me explicó que se llamaban como el pueblo. La explicación me tranquilizó un poco, porque ese nombre, Obdulio Banimaureid, inmediatamente me trajo a la mente el personaje de Lovecraft, el árabe loco, Abdul Alhazred.

Informe de la Expedición elaborado por Henry Armitage

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Pastor Pastor

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