El lenguaje de la piel

Colaboración de Klaudia, en esta pagina nunca han faltado tus lindos pensamientos muchas gracias :)


La necesidad de tacto es tan vital como la del alimento. Tiene beneficios en el sistema inmune, levanta el ánimo y acerca a las personas.“Lo más profundo del hombre es la piel”, escribía el poeta francés Paul Valery. “Tus manos son mi caricia”, recita Benedetti, y “mi piel como mi lengua”, es la sentencia de Jaime Sabines. Pero en realidad no se necesita ser poeta para descubrir todo el lenguaje que guarda la piel, ese inmenso órgano que dice más que un diccionario porque su comunicación es universal. ¿Cuántas palabras se nombran en una caricia? Miles, quzás incluso las que no existen. Tocar y sentirse tocado es una necesidad innata, como la de la comida, el agua o el abrigo. Una caricia simple, genuina y espontánea tiene efectos más duraderos y profundos en la memoria que las mismas palabras porque la piel es, tal vez, el órgano más sensible de todos. Pero para que el tacto se exprese en toda su dimensión es preciso educarlo. Los niños que desde el comienzo de sus días han sido tocados por padres que se expresan a través de la caricias, crecen capacitándose en una destreza emocional que hará que puedan disfrutar plenamente del amor y el afecto de las demás personas. Responder al tacto y comunicarse a través de él tiene además que ver con la sensibilidad física propia de cada uno. Por eso, pueden verse personas más receptivas al contacto, que lo sienten y lo disfrutan. Pero las menos sensibles huirán a un simple roce, quizás porque han privilegiado otros sentidos y la piel se torna menos comunicativa que el verbo y la imagen. Un sentido muy primitivo La importancia del tacto está presente en todo mamífero. Se nace con eso, Aún desde el vientre materno el tacto se convierte en parte fundamental de todo el proceso de estimulación intrauterina y es el sentido que primero se desarrolla porque con él se empieza a descubrir el mundo. Pero a medida que se modernizan las sociedades, se nos dice que debemos dejar las manos para nosotros mismos. Es curioso que entre más civilizadas son las culturas, el tacto pierde su valor y lo visual y auditivo se hace más poderoso. Las sociedades más elementales tienen menos temor a tocarse porque no todo lo resuelven vía Internet o teléfono; por eso, en los pueblos la gente está más cerca una de la otra y pueden rozarse entre sí, porque allí aún no ha llegado la alta tecnología, esa que en otros países más desarrollados permite el olvido del sentido del tacto y aísla, individualiza y profundiza la soledad de las personas. Manos al rescate Poder tocar o dejarse tocar es ante todo una muestra de cercanía, de estamos compartiendo ese límite que es la piel. Permitir el contacto es llamar al afecto, es decirle al otro: ‘yo estoy aquí, pero puedo estar muy, muy cerca de ti’. No obstante, el tacto asusta a muchos porque sus barreras con los otros son demasiado grandes o sus creencias de lo que significa ser tocado rayan en lo prohibido. Las mujeres son más táctiles que los hombres porque a ellas la historia siempre las puso al lado del afecto. Entre hombres no pasa lo mismo. Hoy se habla de la necesidad el tacto entre las personas. Desde temprano se les está diciendo a los papás que acaricien a sus hijos, que los abracen constantemente porque así se enriquece su inteligencia emocional. Cada día salen libros que hablan de abrazoterapia y del poder de los masajes. Lo importante es no dejar perder un sentido tan primario pero colmado de significado, un don de la naturaleza.




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