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Elecciones del 2000
"LA DEMOCRACIA NO SE PUEDE DAR SIN TI"
(Mensaje del Espiscopado Mexicano al Pueblo de Dios)
Ante la actual coyuntura política, los
Obispos de México, en nuestra condición de pastores de la Iglesia y ciudadanos
preocupados por el bien de nuestra nación, en un momento tan importante de la vida
nacional, nos sentimos obligados a decir a todos los mexicanos una palabra de aliento y
esperanza desde la fe, ofreciendo nuestra reflexión a todos los hombres y mujeres de
buena voluntad. Una vez más lo decimos: la iglesia no se
identifica con ningún partido político y ningún partido político podría pretender
representar a la Iglesia. La Iglesia ofrece a los fieles católicos principios y criterios
que dimanan del Evangelio para que ellos con plena libertad decidan sus opciones
políticas. Es más, una misma fe puede dar lugar a diversos compromisos políticos
con los que la Iglesia como institución jamás debe asociarse (Carta Past. 287). No
nos debe extrañar, por tanto, que los católicos libremente se afilien a diferentes
partidos políticos, conforme a su conciencia. Importancia del voto En un país donde se aspira a vivir la
democracia, los ciudadanos disponen del voto para participar e influir en la conducción
de los asuntos públicos. Es también un medio para que los ciudadanos manifiesten su
aprobación o desaprobación a sus gobernantes, a los partidos políticos que los
respaldan y a los programas que dichos partidos ofrecen.
El voto es al mismo tiempo un derecho y
una obligación que se deben ejercer con gran responsabilidad y cuidado. Por disposición
constitucional, el voto es personal, secreto, consciente y razonado. Cada ciudadano es
libre de votar conforme a lo que le dicte su conciencia. No basta, sin embargo, emitir
libremente nuestro voto. Para hacer una elección responsable es necesario tener criterios
que orienten tal decisión. El voto, como se ha dicho, es libre y no
puede inducirse a cambio de dádivas o de ofrecimiento de beneficios posteriores. No se
compra ni se vende. Tampoco puede ser corporativo, es decir, no puede ser
comprometido en bloque por los líderes o los sindicatos. Ya es tiempo de superar las prácticas
viciosas del voto clientelar o corporativo. Menos aún puede ser obtenido a base de
presiones o de prácticas intimidatorias o coercitivas, por amenazas o represalias. Todo
lo que de alguna manera constituya una forma fraudulenta de obtener el voto es deshonesto,
censurable, y constituye una falta moral grave, pues se manipula a la persona, hiriendo su
dignidad, tanto más cuando se especula con la pobreza e ignorancia de las personas. Esta
práctica además está sujeta a sanciones penales por parte de las autoridades
correspondientes. Para votar responsablemente es necesario
conocer y valorar no sólo los programas o plataformas políticas de los partidos, sino la
calidad moral de cada candidato; sus antecedentes, su capacidad profesional, su compromiso
con los grandes ideales de la nación, su experiencia, su honestidad y la rectitud de su
vida personal y familiar. En la hipótesis de que un candidato sostenga políticas
contrarias a los principios de la ética y la moral, un católico no puede, en conciencia,
darle su voto. Hay también algunos asuntos que son fundamentales para el bien de un país y sobre los que es importante saber qué proponen los candidatos para decidir si se les apoya o no con el voto; por ejemplo, si reconocen o no el deber moral de garantizar el derecho inalienable a la vida, desde la concepción hasta la muerte Natural; si van a brindar apoyo a la calidad de la enseñanza y garantía efectiva del derecho de los padres a escoger el modelo de educación integral que desean para sus hijos; si aplicarán políticas que favorezcan la libre iniciativa social, oportunidades de trabajar para todos y la moralidad en la vida económica, con una especial |
atención a los más desfavorecidos de la
sociedad: pobres, inmigrantes, ancianos, enfermos. Serían éstos también criterios para
emitir nuestro voto de una manera responsable. Cuando los Obispos hablamos sobre
los distintos problemas sociales que afectan a nuestro pueblo insistimos en que nuestra
labor es prioritariamente La Iglesia
tiene como misión, como derecho y como deber, enunciar los principios
éticos básicos que regulan los cimientos y el correcto funcionamiento de la sociedad, en
la que los hombres y mujeres peregrinan hacia su destino final (Juan Pablo II en su
Mensaje a la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, n.1.). Por tanto, la participación
de la Jerarquía en el proceso electoral se limita a iluminar las conciencias, invitando a
la población a vivir los valores de la democracia. Llamado a los diferentes sectores de la
Sociedad A los Sacerdotes y Religiosos les
recordamos que, como pastores, nuestra misión es la de ser signo de unidad y
reconciliación en medio de las tensiones políticas. Por otra parte, aún antes de la ley
civil que prohibe a los ministros de culto cualquier actividad política partidista, la
legislación canónica de la Iglesia nos compromete a ello (canon 287). A los Colegios y Universidades les pedimos
que se empeñen más para fomentar los valores morales tan necesarios para una convivencia
social justa y armónica, especialmente educar a las nuevas generaciones en una cultura de la democracia participativa que se funda en esos valores. A los Dirigentes Políticos los exhortamos
a tener presente que la actividad política es un servicio indispensable para la vida
democrática del país y la construcción del bien común. Su dedicación al servicio
generoso y desinteresado de la sociedad, especialmente de los más desprotegidos, es una
tarea muy notable y meritoria. Les invitamos por ello a comprometerse en la vida pública
como auténticos constructores de la civilización del amor. A los Medios de Comunicación Social los
invitamos a realizar su servicio informativo de una manera profesional y apegada a la
ética, informando de una manera objetiva, honesta, equitativa y eficaz, cuidando de no
convertirse en propaganda manipuladora, que busque favorecer sólo, intereses de grupo a
costa de los intereses superiores de la nación. A todas nuestras hermanas y hermanos mexicanos, que tienen derecho a votar, les pedimos que el próximo 2 de julio acudan a las urnas a depositar su voto, sabiendo que de esta manera están contribuyendo al bien de todos y cada uno de los mexicanos. Actúen con libertad,
siguiendoúnicamente lo que les dicte su conciencia Invitamos a todas las
comunidades parroquiales a emprender desde ahora una campaña de oración para Pedimos a Santa María de Guadalupe, bajo
cuya protección está puesto el pueblo de México, que por su intercesión maternal nos
alcance buscar el progreso de la patria por caminos de justicia y de paz. México, D.F., mayo de 2000 |