
Mensaje del Papa a los participantes de la Sexta Sesión |
La Libertad que la Iglesia promueve
sólo se desarrolla plenamente aceptando la verdad.
a Academia pontificia de las Ciencias
Sociales, instituida por el Papa Juan Pablo II en 1994 celebró su sexta sesión plenaria
la última semana de febrero. El tema fue “Democracia, realidad y
responsabilidad”. En diciembre de 1996 tuvo lugar una mesa
redonda para organizar los trabajos de la Academia en este campo Se comenzó reflexionando sobre el
magisterio del Papa acerca de la democracia y analizando las situaciones en un mundo que
se está globalizando. El debate se centró en las relaciones
preparadas por los miembros de la Academia, y para algunos temas, se invitaron también a
expertos externos, con lo cual se amplió la discusión. Su Santidad les envió un mensaje en
inglés, cuya traducción publicamos a continuación. A los participantes en la VI sesión
plenaria de la Academia Pontificia de ciencias sociales: 1-. Me alegra saludarlos en ocasión de la
VI sesión plenaria de la Academia pontificia de ciencias sociales. Agradezco a nuestro
presidente, profesor Edmond Malinvaud, y a todos vosotros, miembros de la Academia,
vuestra dedicación y vuestro compromiso en la labor que realizáis por el bien de la
iglesia y de la familia humana. Como bien sabéis, la doctrina social e la
iglesia quiere ser un medio para anunciar el Evangelio de Jesucristo en las diferentes
situaciones culturales, económicas y políticas que afrontan los hombres y mujeres de
nuestro tiempo. En este preciso ámbito, la Academia pontificia de ciencias sociales da una contribución muy importantes: como
expertos en las diversas disciplinas sociales y seguidores del Señor Jesús, tomáis
parte en el diálogo de la fe cristiana y la
metodología científica que busca respuestas auténticas y eficaces a los problemas y dificultades que afectan a la familia humana.
Como decía mi profesor el Papa VI: “Toda acción social implica una doctrina”
(populorum progessio, 39), y la Academia contribuye a asegurar que las doctrinas sociales
no ignoren la naturaleza espiritual de los seres humanos, su profunda aspiración a la
felicidad y su destino sobrenatural, que trasciende
los aspectos meramente biológicos y materiales de la vida. La iglesia tiene como misión,
como derecho y como deber, enunciar los principios éticos básicos que regulan los
cimientos y el correcto funcionamiento de la sociedad, en la que los hombres y mujeres
peregrinan hacia su destino trascendente. 2.- El tema elegido para la VI sesión
plenaria de la Academia, “Democracia, realidad y responsabilidad”, es de suma
importancia para el nuevo milenio. Si bien es verdad que la iglesia no ofrece un modelo
concreto de gobierno o de sistema económico (cf. Centesimus annus, 43), aprecia el
sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos
en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y
controlar a sus propios gobernantes, o bien, la de sustituirlos oportunamente de manera
pacífica” (ib; 46). |
![]() En el umbral del tercer milenio, la democracia afronta un problema muy serio. Existe la tendencia a considerar el relativismo intelectual como el corolario necesario de formas democráticas de vida política. Desde de esta perspectiva, la verdad es establecida por la mayoría y varía según la tendencias culturales y políticas pasajeras. Así, quienes están convencidos de que algunas verdades son absolutas e inmutables son considerados irrazonables y pocos dignos de confianza. Por otra parte, los cristianos creemos firmemente que “si no existe una verdad última, la cual guía y orienta la acción política, entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder. Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia”. Así pues, es importante ayudar a los
cristianos a demostrar que la defensa de las normas morales, universales e inmutables
constituyen un servicio que no sólo prestan a las personas , sino también a la sociedad
en su conjunto: dichas normas “constituyen
el fundamento inquebrantable y la sólida democracia”( veritais esplendor, 96). En
efecto, la democracia misma es un medio y no un fin, y “el valor de la democracia se
mantiene o cae con los valores que encarna y promueve” (Evangelium vitae, 70). Estos
valores no pueden basarse únicamente en una opinión cambiante, sino únicamente en el
reconocimiento de una ley moral objetiva, que es siempre el punto de referencia necesario. |
4-. No cabe duda que en el nuevo milenio
continuará el fenómeno de la globalización, el proceso por el que el mundo se convierte
cada vez más en un todo homogéneo. En este marco es importante recordar que la
“salud” de una comunidad política se mide
en gran parte según la participación libre y
responsable de todos los ciudadanos en los asuntos públicos. De hecho esta participación
es “condición necesaria y garantía segura para el desarrollo de todo el hombre y de todos los hombres”
(Sollicitudo rei socialis,44). En otras palabras, las unidades sociales más pequeñas,
naciones, comunidades, grupos religiosos o étnicos, familias o personas no deben ser
absorbidos anónimamente por una comunidad mayor, de modo que pierdan su identidad y se usurpen sus prerrogativas. Por el contrario,
hay que defender y apoyar la autonomía propia de cada clase y organización social, cada
una en su esfera propia. Esto no es más que el principio de subsidiariedad, que exige que
una comunidad de orden superior no interfiera en la vida interna de otra comunidad de
orden inferior, privándola de sus funciones legítimas; al contrario, el orden superior
debería apoyar al orden inferior y ayudarlo a coordinar sus actividades con el resto de
la sociedad, siempre al servicio del bien común (cf. Centesimus annus,48 ). Es necesario
que la opinión pública adquiera conciencia
de la importancia del principio de subsidiariedad
para la supervivencia de una sociedad verdaderamente democrática. Los desafíos globales que debe afrontar
la familia humana en el nuevo milenio sirven
también para iluminar otra dimensión de la doctrina social de iglesia: su lugar en la
cooperación ecuménica e interreligiosa. En el siglo que acaba de terminar hemos asistido
a un enorme profreso en la defensa de la dignidad humana y en la promoción de la paz,
gracias a múltiples iniciativas. Es preciso proseguir dichos esfuerzos en la era que
estamos comensando: sin la acción concentrada y conjunta de todos los creyentes, y
también de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, poco puede hacerse para que la
democracia genuina , basada en los valores, se convierta en una realidad para los hombres
y mujeres del siglo XXI. 5.- Distinguidos y estimados académicos,
os expreso una vez más mi aprecio por el valioso servicio
que prestáis iluminando cristianamente las áreas de la sociedad moderna
donde la confusión sobre los aspectos
esenciales a menudo oscurece y ahoga los nobles ideales arraigados en el corazón humano. Orando por el éxito de nuestro encuentro,
os imparto cordialmente mi bendición apostólica, que complacido extiendo a vuestras
familias y a vuestros seres queridos. Vaticano, 23 febrero de 2000. |