Abstract

   

 

Abstract   

Convertinos en tu página de inicio    Agregar a Favoritos      
Principal Biografias Abstract Alternativa Erotika Autores Lokisea

 

 

 

                                                                                           Lucia Valdez 

 INTRODUCCION

Me preguntaba: ¿ qué es lo que lleva a una persona a matar a otra? ; ¿implica un acto sin significación o puede ser pensado?¿cuál es la lógica de sentido intrínseca al mismo?.

En este sentido es que me propongo trabajar un caso que me “atrapó” desde que lo comencé a indagar (en Antropología Filosófica) la vida de Louis Althusser, quien en 1980 a los 62 años de edad asesina a su mujer. Este hecho conmovió y dejó sin respuestas a muchos pensadores de la época, así como también a amigos, discípulos y allegados a él.

Lo que nos llamó la atención en Althusser, fue la diversidad de vivencias significativas desde su temprana infancia hasta el momento de su muerte. Fue un hombre abatido y movilizado por “fuertes” experiencias que datan desde el momento mismo de su nacimiento, o incluso desde antes de nacer. En el recorrido que fue tomando su vida,  transcurrió por diversos caminos (muchos de ellos sinuosos): la filosofía, el comunismo, el cautiverio, la locura, el éxito, el crimen, entre otros; que hacen a la riqueza e intensidad  de una historia compleja y  atrapante.

Pensar a Althusser, implica entonces una gran complejidad, es un filósofo, un militante político comunista, un depresivo, un homicida, etc. .

Para pensar su crimen vamos a abocarnos a reseñar brevemente algunos aspectos de su vida que consideramos significativos.

SU HISTORIA...

Louis Althusser nació el 16 de octubre de 1918 en la Ciudad de Birmandréis, barrio de Argel en la actualidad. “Cuando vine al mundo mi padre se encontraba ausente desde hacia nueve meses”.

Acerca de su nombre...

Los abuelos Berger (maternos) de Louis, conocieron a los Althusser, ambas familias eran emigrantes recientes, por lo que entablaron una estrecha relación. El matrimonio Berger tenía dos hijas y los Althusser dos hijos varones, que coincidían casualmente en edades. Tiempo después decidieron casarlos, a Louis (el menor) con Lucienne y a Charles (el mayor) con Juliette.

Louis era un muchacho tranquilo, de gran inteligencia, interesado por la literatura, con proyectos para ingresar en la Nórmale Supérieure. Era el preferido de la familia, a quien se le brindaban las posibilidades de estudio. Su hermano Charles por el contrario a la edad de 13 años tuvo que empezar a trabajar.

Lucienne se encontraba muy a gusto con el hombre que le había sido designado y con el tiempo los prometieron. Cuando Louis tuvo que ir a la guerra de 1914, mantuvieron una estrecha correspondencia. Tiempo después Louis murió en un avión en la guerra.

A consecuencia de dicha tragedia Charles le propone a Lucienne “ocupar junto a ella el puesto de Louis”. Ella acepta y en el mes de febrero de 1918, se unen en matrimonio.

Cuando tuvieron su primer hijo lo bautizan con el nombre de Louis. “Un nombre que durante mucho tiempo me ha provocado literalmente horror”. ¿Cómo podemos pensar la elección de este nombre por Charles y Lucienne?, ¿qué significó en la vida de Althusser este particular bautismo al que se refiere con horror?.

El reconocimiento de las cosas, conlleva la posibilidad de nombrarlas, de distinguirlas y de diferenciarlas. El nombre de las personas, trae consigo una intención, una elección que por lo general trae acarreado un deseo. Deseo de lo que se espera de ese hijo o de lo que se deposita en él.  Desde antes de nacer se generan en la familia expectativas de lo que se quiere de ese hijo, que van a repercutir luego, en la conformación de la identidad del niño. Este orden simbólico e imaginario que nos codetermina, precede a nuestro nacimiento.

En el caso de Althusser, lo denominaron Louis, nombre que correspondía a su tío muerto,  primer prometido de su madre, al cual ella amaba. Lucienne y Charles, tal vez, fue la modalidad que encontraron para transitar el duelo de su ser querido, aunque probablemente este “acting” hable de una dificultad en sepultar a la figura de Louis (hermano-amado).

A su vez si bien Charles ocupó (le quitó?) el lugar de su hermano, tuvo que poner a Louis (al menos en forma simbólica) entre él y Lucienne. Formándose de esta manera una triangulación, que va a acarrear particulares connotaciones a lo largo de la vida de Althusser.

Qué lugar viene a ocupar Althusser al mundo? El lugar de un muerto, que a su vez era el amado de su madre; quedará cargado con el peso de hacerse cargo de los deseos insatisfechos de su madre?.

Althusser bajo este significante, llevaba consigo (desde antes de su nacimiento) un mandamiento (un destino), una identidad, un deseo que había sido truncado, el deseo de su propia madre. El mismo en su libro “El porvenir es largo”, da cuenta de cómo esto lo afectó y lo determinó, siendo conciente de su peculiar significación.

“Ante este doloroso horror, yo debía sentir sin cesar una inmensa angustia sin fondo, así como la compulsión de dedicarme en cuerpo y alma a ella, de ofrecerme sacrificadamente a socorrerla para salvarme de una culpabilidad imaginaria y salvarla a ella de su martirio y de su marido, con la convicción inextricable de que esa era mi razón suprema y mi suprema razón de vivir” [1].

Este bautismo significó para él una “marca” primitiva, y porque no una carga, que lo  acompañó en el correr de su vida, conformando su subjetividad, su personalidad y su peculiar motivo de existencia: hacerse cargo del deseo insatisfecho de su madre, ideal y por lo tanto imposible de colmar.

Sus abuelos eran originarios del Morván (Francia), campesinos pobres. Su padre, Charles, se puso a trabajar a los 13 años, no había emprendido estudios y posteriormente se acomodó en un Banco. Antes de casarse Lucienne (su madre), había sido maestra e institutriz, abocándose luego exclusivamente a las tareas propias del hogar.

La familia de Louis, perteneciente a la pequeña burguesía, estaba compuesta por su madre, su padre y su hermana menor. Los roles parentales (en esta familia) estaban bien diferenciados, el padre era el encargado del trabajo y el dinero para mantener a la familia, la madre se ocupaba de la educación de los hijos y las tareas domésticas, Louis por su parte debía cuidar a su hermana menor y en ocasiones a su propia madre.

Charles era un hombre autoritario, de carácter fuerte y de pocas palabras. La madre era una mujer muy temerosa, hipocondríaca y represora, que influyó en la infancia de Louis. No le permitía jugar al fútbol, juntarse con los niños de la calle y  ensuciarse; nada de lo que todos los niños hacían.

Dice Louis “Sufría en mi cuerpo y en mi libertad la ley de las fobias de mi madre” [2]. El control de la madre sobre Althusser, era exhaustivo, al punto de no dejar expresar su cuerpo libremente, de no permitir el deseo de todo niño, el deseo de jugar. Poco a poco la madre se fue encargando de coartar el deseo de su hijo y promulgar el de ella. La identidad de Althusser era abatida por su propia madre desde antes de su nacimiento, donde se lo ubica en el lugar de un Otro (muerto), idealizado, con la misión de llevar a cabo ese ideal de amor.

“...al no tener existencia propia, existencia auténtica, dudando de mi hasta el punto de creerme insensible, sintiéndome por este hecho incapaz de mantener relaciones afectivas con cualquiera, me veía reducido para hacerme querer (puesto que querer requiere ser querido) obligado en consecuencia a artificios de seducción y de impostura” [3].

Este niño desde pequeño luchó por llevar adelante su propio deseo, esfuerzo que fracasó en reiteradas oportunidades, quizás por la fuerte imposición de su madre. Él terminaba por aceptar ese lugar adjudicado, intentando seducir a su madre para ser querido, lo que acarreaba como brutal consecuencia la no-existencia, la no-identidad, el  sentirse nada, o por lo menos nada de lo que él deseaba.

Louis se describe a sí mismo como un niño flaco, juicioso y puro, tal como su madre lo deseaba (tranquilo, ordenado, limpio y estudioso) y acorde (curiosamente) con la descripción  de su tío Louis.

¿Qué pasaba entonces con el deseo de Althusser? Su deseo era opacado por el de su madre. Para Althusser el abuelo materno cumplió un lugar muy importante en su vida, más precisamente en su adolescencia, donde pasaba veranos enteros viviendo con él. Porqué tan importante? Por que le permitió ser él mismo, liberase (aunque parcialmente) del destino que traía marcado, cumpliendo la función paterna de separarlo de la madre y ofrecerle otra alternativa identificatoria a través de las actividades que juntos realizaban, una existencia propia, singular, una propia identidad.

En ocasiones cuando ambos padres discutían, su padre se levantaba  de la mesa y desaparecía por la noche, regresando al hogar luego de un tiempo. Althusser lo recuerda “se apoderaba de nosotros una angustia atroz: había abandonado a mi madre, nos había abandonado” [4].

“...cada vez que salía, lanzaba para mi, ante mi madre silenciosa, una simple frase que no exigía ni comentario ni respuesta: “¡¡ hazla feliz ¡¡”... ” [5].

Recaía de esta manera la felicidad y el cumplimiento de deseos insatisfechos de su madre en Louis, quien pasaba a ocupar el lugar del Otro (Luis) del cual su madre estaba enamorada y era el encargado de hacerla feliz (antes de su muerte). Responsabilidad  que Louis  llevó sobre sus hombros durante toda su vida.

Realizó sus primeros estudios en Argel donde recibió una formación cristiana que marcó su juventud. En el año 1939 Louis ingresa en la Escuela Normal Superior de Paris, la cual va a pasar a ser su segundo hogar, donde incluso va a vivir muchos años.

Unos meses después es movilizado a la guerra, es tomado prisionero, quedando en libertad en 1945 (cinco años después).

El cautiverio curiosamente no significó para Althusser (como para muchos otros), una experiencia difícil y de gran sufrimiento, debido a que él encontró allí protección y seguridad, tanto con sus propios camaradas como en la propia cautividad. Por el contrario, fue al salir del cautiverio, donde se encontró en la soledad más profunda, desamparado e inseguro.

En el mismo año de su libertad comienza a presentar síntomas depresivos por lo que debe ser hospitalizado. Lo diagnosticaron en un primer momento como demencia precoz y luego como una psicosis maniaco depresiva. Esta va a ser la primera internación de varias que se van a suceder a lo largo de toda su vida. Su enfermedad en ciclos, va a originar períodos de estabilidad, alternados por episodios de desequilibrio maniaco y depresivo.

En 1948 culmina sus estudios con el título de agregado en filosofía. En el mismo año comienza a dictar clases de filosofía en la Ecole Nórmale y se afilia al Partido Comunista Francés. Estaba muy comprometido con la política, con el partido y con la filosofía; constituían para él una gran pasión.

Fue un excelente docente, reconocido por sus discípulos por su inteligencia majestuosa. Un maestro que dedicó gran parte de su vida a los estudios, incluso siguió produciendo hasta poco antes de su muerte.

Luego de la guerra conoce a Helene vive muchos años y se casa en el año 1968. No tuvieron hijos.

EL CRIMEN

Descripción del homicidio:

“...he aquí la escena del homicidio tal y como lo viví. De pronto me veo levantado, en bata, al pie de la cama de mi apartamento de l’ Ecole Nórmale. Una luz gris de noviembre –era el domingo 16, hacia las nueve de la mañana- entra por la izquierda, por una ventana alta, encuadrada desde hace años por unas cortinas muy viejas, rojo Imperio, desgarradas por el tiempo y quemadas por el sol, e ilumina los pies de mi cama.

Frente a mi: Helene, tumbada de espaldas, también en bata.

Sus caderas reposan sobre le borde de la cama, las piernas abandonadas por la moqueta del suelo.

Arrodillado muy cerca de ella, inclinado sobre su cuerpo, estoy dándole un masaje en el cuello. A menudo le doy masajes en silencio, en la nuca, la espalda y los riñones: aprendí la técnica de un camarada de cautiverio, el amigo Clerc, un futbolista profesional, experto en todo.

Pero en esta ocasión, el masaje es en la parte delantera de su cuello. Apoyo los dos pulgares en el hueco de la carne que bordea lo alto de

l esternón y voy llegando lentamente, un pulgar hacia la derecha, otro un poco sesgado hacia la izquierda, hasta la zona más dura encima de las orejas. El masaje es en V. Siento una gran fatiga muscular en los antebrazos: es verdad, dar masajes siempre me produce dolor en el antebrazo.

La cara de Helene está inmóvil y serena, sus ojos abiertos, miran al techo.

Y, de repente, me sacude el terror: sus ojos están interminablente fijos y, sobre todo, la punta de la lengua reposa, insólita y apacible, entre sus dientes y labios.

Ciertamente, ya había visto muertos, pero en mi vida había visto el rostro de una estrangulada. Pero ¿cómo?.

Me levanto y grito: ¡He estrangulado a Helene!   

Me precipito y, en estado de intenso pánico, corriendo con todas mis fuerzas, atravieso el apartamento, bajo la escalerilla con pasamanos de hierro que lleva al patio delantero con rejas altas y me dirijo, siempre corriendo, hacia la enfermería donde sabía que podía encontrar al Dr. Etienne, que vive en el primer piso. No me cruzo con nadie, es domingo, la Ecole está medio vacía y aún duerme. Siempre gritando, subo la escalera del médico de cuarto en cuarto: “!He estrangulado a Helene”.

“ Aquí todo se me nubla. Me “despertaría”,  sé cuando, en Sainte Anne” Pág.27.


Relación con Helene

Para pensar este homicidio nos debemos preguntar: ¿qué significaba Helene en la vida de Althusser?. Helene era una francesa de origen judío, ocho años mayor que él. Cuando Althusser la conoció (luego de la guerra), contaba con un pasado bastante oscuro y vivía en la miseria más absoluta.

Sus padres habían fallecido de cáncer; cuando nada se podía hacer el médico le indico a ella que los inyectara. Estaba muy sola, había perdido a la mayoría de sus amigos, que habían caído combatiendo, a su vez se sentía culpable, estaba viva.

“A partir de aquel momento experimenté un deseo y una oblación exaltantes: salvarla, ayudarla a vivir. Nunca en toda nuestra historia y hasta el final de ésta, abandoné aquella misión suprema que no cesó ser mi razón de ser hasta el último momento” [6].

Althusser se ubica en el lugar del misionero, del salvador, del responsable de la felicidad de esta mujer, así como en otro momento, lo hicieron cargo de la de su madre. En esta ocasión es él mismo quien se ubica en este rol, nuevamente su deseo era el deseo de un Otro.

Luego de tener relaciones sexuales con ella, Louis cayó en una depresión y tuvo su primer internación psiquiátrica.

“Naturalmente pensaba (fue la primera pero no la última) que si estaba enfermo era  por culpa de Helene” [7].

Podríamos pensar que Helene causó en él una suerte de maldición, tanto como su madre, otra mujer de la que se tendría que encargar por el resto de la vida?. Luego de restablecido se encontró con Helene, la cual lo había visitado durante la internación. Ya no tenía más miedo a las relaciones sexuales, tiempo después se fueron a vivir juntos.

“Si era y me sentía por fin tan joven, era porque Helene resultaba a la vez para mí una buena madre y también un buen padre: mayor que yo, de forma muy distinta cargada de experiencia y de vida, me quería como una madre a un hijo y, al mismo tiempo, como un padre, un buen padre al fin, porque se limitaba a iniciarme en el mundo real, aquel mundo infinito en el que no había podido entrar (salvo y aún por fractura, salvo en cautividad); me iniciaba también por el deseo que tenía por mi, patético, en mi papel y en mi virilidad de hombre: ¡me amaba como una mujer ama a un hombre!...”[8].

“He dicho que me sentía incapaz de amar, como insensible a los otros a su amor...Con toda seguridad era que el amor impersonal de mi madre, puesto que no se dirigía a mí, sino detrás de mí a un muerto, me había hecho incapaz de existir tanto para mí como para los otros, en especial para las otras...me sentía como impotente...era como sí me  hubieran suprimido lo que habría podido construir mi integridad física y psíquica...” [9].

“Así me sentía siempre y me sentí delante de Helene a través de la agresión íntima de mi madre: como un hombre incapaz del menor verdadero don de amar auténtico hacia ella, y por ella y por quienquiera, encerrado en mi mismo y lo que denominaba mi insensibilidad” [10].

De esta manera la imposibilidad de la madre de Althusser de amar auténticamente, era reproducida por él hacia Helene. Cuando discutían Helene se iba, al igual que el padre, lo que  generaba en él terror al abandono y a la pérdida de su frágil integridad. Althusser tenía siempre una reserva de mujeres, y provocaba constantemente a Helene haciéndole saber esto. Nunca pudo realizar nada sin la aprobación explícita de su mujer.

“Felices depresiones...que me ponían al abrigo de todo exterior y me lanzaban a la infinita seguridad de no tener que luchar más, ni siquiera contra mi deseo” [11].

La enfermedad era vivida como un abandono de la búsqueda del deseo propio y una entrega al destino fijado; a su vez se le prestaban cuidados especiales y desaparecía el riesgo de abandono, como cuando fue prisionero. La personalidad de Althusser estaba atravesada por una inestabilidad anímica, con frecuentes recaídas en estados de profunda angustia y exaltación, que por lo general desembocaban en internaciones. La esposa, se encargaba de sus cuidados, vivía presa de una gran inseguridad y con temor a sus posibles recaídas.

Helene, según él,  no constituía una madre castradora, sino que lo aceptaba como era, según su propio deseo.

Momentos previos

Para poder pensar este complejo homicidio, que nos aventuramos a plantearlo como un verdadero pasaje al acto, creemos necesario profundizar en los momentos significativos previos a este hecho. Tal vez sea posible rastrear algunas huellas de “locura” que sean antecedente de este fatal desenlace. En palabras de Lacan “...una sóla huella de formulación de ideas delirantes anterior al crimen debe ser tenida por un complemento del cuadro clínico.” [12]

Consideramos que estos momentos que vamos a enunciar están lejos de contestar la interrogante central, pero tal vez sirvan como disparadores para pensar tan compleja historia:

1- A fines de 1979 Althusser comenzó con dolores ensofágicos y vómitos. Por lo que el Dr. Etienne lo decide operar. Luego de que el mismo Louis aplaza en dos oportunidades la operación diciendo que “la anestesia lo trastornaría todo”, es operado. Si bien la operación técnicamente transcurrió bien, se levantó de la anestesia preso de una profunda angustia. La depresión esta vez fue de carácter melancólico, llegando en momentos a la confusión mental.

2- Dentro de su delirio, la temática que lo invadía era la persecución suicida. Unos hombres querían matarlo, era condenado a muerte y amenazado de ejecución. A tal creencia, la única solución que  encontraba era el suicidio. Él llega a decir por primera vez que no sólo debía destruirse a sí mismo, sino a todo lo que con él tenía que ver: sus libros, sus escrituras, a la Ecole y suprimir incluso a la propia Helene.

3- Cuando Althusser sale de la clínica en septiembre de 1980, Helene decide dejarlo, abandonarlo. Esta decisión provoca en Althusser un efecto de horror, desencadenante de la desesperación que lo acompañó los días previos al asesinato. El miedo al abandono y a la soledad, marcaron su inseguridad a lo largo de su vida, estando en la mayoría de los casos vinculado a sus progresivas internaciones. Desde su pequeña infancia temía ser abandonado por su padre, cuando este se iba por la noche. Lo mismo le pasó con su esposa cuando discutían; pero siempre eran amenazas. En esta oportunidad era una realidad, Helene se iba, lo dejaba sólo y desamparado. Tal vez este miedo a ser abandonado tenga que ver con la pérdida de su frágil identidad y de su precaria existencia.

4- Helene le confiesa (ya estando en casa) su deseo de matarse, ya que no encuentra otra salida, no sintiéndose capaz de abandonarlo.

Reiteradamente le manifestaba los medios posibles y le decía que elegiría el medio y la hora sin avisarle. A su vez Althusser destaca “Me decía que yo tenía demasiados ejemplos detrás de nosotros, y que en el fondo ella estaba demasiado ligada a mi, me amaba con un amor visceral tal que sería incapaz de pasar al acto” [13].

 5- Un día directamente ella le pide que la mate, ya que ella no se siente capaz. Durante este período posterior al egreso del hospital, ambos se encontraban encerrados sin recibir visitas, en la más profunda soledad y en la más profunda locura.

El acto

Consideramos que este acto puede ser catalogado como lo que Lacan llama pasaje al acto, que se diferencia del acting out. El pasaje al acto implica una forma impulsiva de actuar, una salida de la escena, tal vez al vacío, que no produce transformaciones en la posición subjetiva del sujeto.

En primer lugar constituye un acto impulsivo, donde la mediatización de la palabra, del pensamiento y sobre todo de la fantasmática simbólica no tienen lugar; como si la posibilidad de elaborar con otros recursos no fuese posible. No hay premeditación, ni  planeamiento de cómo podría ser efectuado el crimen, es un acto. Pensamos que no hay una sistematización del crimen; él no puede encontrar una explicación posible, aunque para nosotros sea incompartible.

Si bien a lo largo del libro él demuestra horror con lo que sucedió, no pudimos percibir un claro sentimiento de culpa, un hacerse cargo del homicidio. Pero hacerse cargo, no en el sentido “yo la mate”, que sí lo reconoce; si no más bien, nos da la sensación que se hace responsable de un acto de otro, tal vez sea él, pero no se reconoce, no se vive como él. Este aspecto, probablemente, nos está hablando de una disociación de su persona, por lo menos en el momento del crimen. O tal vez, podrá tener que ver, con el no ser él, no tener existencia propia, no tener destinada una propia identidad desde el momento de su nacimiento; o sea del deseo del otro que él fuese otro?.

Esta dificultad de reconocerse, vivirse y sentirse como el actor de tal trágico homicidio, está en estrecha relación con el salirse de la escena y de la historicidad, característico del pasaje al acto. Cuando él relata como vivió el homicidio, es como si lo despojara de toda sensibilidad, como si él estuviera fuera y se lo hubieran contado.

El hecho de haber sido filósofo, político y docente, nos habla de una lucha y conquista de su propio deseo, que en cierto sentido podemos decir que lo hacían existir y ser alguien, incluso reconocido; pero a su vez la idea de no existir y cumplir u ocupar el deseo del otro tuvieron incluso mayor peso durante toda su vida. Hecho que estuvo presente en el significado que traía consigo su nombre y en el deseo de su madre desde antes que viniera al mundo, con el cual él luchó durante su vida con su abuelo, con sus mujeres, con sus vocaciones (filosofía, política y docencia). Indudablemente su sensación de no sentirse alguien, de no existir (su destino), tuvieron más peso, abatiéndolo y acompañándolo drásticamente en sus últimos tiempos.

Este mandamiento que trajo consigo desde su nacimiento, se materializó en su melancolía y en su progresiva autodestrucción. Destruyendo a Helene también se estaba destruyendo a sí mismo, de hecho cumpliendo con su propio destino: el de un muerto. El matar a Helene significaba matar una parte de él, a la vez de cumplir con el deseo de ella (abandonarlo) el cual siempre fue uno de los motivos de su existencia, hacerla feliz y realizar sus deseos. Significó para él una muerte, en tanto el abandono iba enraizado con la destrucción de sí mismo, dentro de su propia lógica. El terror a ser abandonado por su esposa fue autorrealizado por él  quitándole la vida, lo cual refiere una autodestrucción de sí mismo.

También podemos pensar hipotéticamente que Althusser tras este acto, está actuando el deseo del Otro, en este caso de Helene, de su propia muerte. Esta suerte de hipótesis para poder comprender el porqué del crimen, intentan tan solo ayudar a pensar tan compleja tragedia. No consideramos ninguna de ellas certezas o afirmaciones, no es incluso la intención de tan humildes líneas, sino más bien, consiste en un paso más, a aprehender a pensar en la complejidad y en la incertidumbre.

BIBLIOGRAFIA

Althusser, Louis. “El porvenir es largo. Los hechos”, Ed. Destino, Barcelona, 1992.

Bafico, Jorge. “Entre líneas: lecturas del pasaje al acto”, Revista Acheronta Nº 5, 1997. http://www.acheronta.org

Bafico, Jorge. “Algunas cuestiones sobre la psicosis”, Revista Acheronta Nº 5, 1997. http://www.acheronta.org

Capurro, Raquel; Nin, Diego.”Extraviada”, Ed. Edelp, Argentina, 1997.

Roudinesco, Elisabeth. “Lacan: esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento”, Ed. Fondo de cultura económica de Argentina, Bs.As, 1994.

 


[1] Althusser, Louis “El porvenir es largo. Los hechos”, Ed. Destino, Barcelona, 1992. pág. 56.

[2] Idem anterior. Pág.73

[3] Idem . Pág.121

[4] Idem. Pág. 64.

[5] Idem. Pág. 70.

[6] Idem anterior. Pág 156.

[7] Idem. Pág. 167.

[8]  Idem anterior. Pág. 176.

[9]  Idem. Pág. 182.

[10] Idem. Pág. 184.

[11] Idem. Pág. 189. 

[12] Lacan, Jacques, “Motivos del crimen paranoico, Ed. Siglo XXI, México, 1976.

[13] Althusser, Louis. “El porvenir es largo. Los hechos”, Barcelona, 1992. Pág. 336.

 
 

Envianos un mail

                                                                                 delirio@movinet.com.uy

Diseñado por
                                                       
STARMEDIA        CERRAR