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Lucia Valdez
INTRODUCCION Me
preguntaba: ¿ qué es lo que lleva a una persona a matar a otra? ; ¿implica
un acto sin significación o puede ser pensado?¿cuál es la lógica de
sentido intrínseca al mismo?. En
este sentido es que me propongo trabajar un caso que me “atrapó” desde
que lo comencé a indagar (en Antropología Filosófica) la vida de Louis
Althusser, quien en 1980 a los 62 años de edad asesina a su mujer. Este hecho
conmovió y dejó sin respuestas a muchos pensadores de la época, así como
también a amigos, discípulos y allegados a él. Lo
que nos llamó la atención en Althusser, fue la diversidad de vivencias
significativas desde su temprana infancia hasta el momento de su muerte. Fue
un hombre abatido y movilizado por “fuertes” experiencias que datan desde
el momento mismo de su nacimiento, o incluso desde antes de nacer. En el
recorrido que fue tomando su vida, transcurrió
por diversos caminos (muchos de ellos sinuosos): la filosofía, el comunismo,
el cautiverio, la locura, el éxito, el crimen, entre otros; que hacen a la
riqueza e intensidad de una
historia compleja y atrapante. Pensar
a Althusser, implica entonces una gran complejidad, es un filósofo, un
militante político comunista, un depresivo, un homicida, etc. . Para
pensar su crimen vamos a abocarnos a reseñar brevemente algunos aspectos de
su vida que consideramos significativos. SU
HISTORIA... Louis
Althusser nació el 16 de octubre de 1918 en la Ciudad de Birmandréis, barrio
de Argel en la actualidad. “Cuando
vine al mundo mi padre se encontraba ausente desde hacia nueve meses”. Acerca de su nombre...
Los
abuelos Berger (maternos) de Louis, conocieron a los Althusser, ambas familias
eran emigrantes recientes, por lo que entablaron una estrecha relación. El
matrimonio Berger tenía dos hijas y los Althusser dos hijos varones, que
coincidían casualmente en edades. Tiempo después decidieron casarlos, a
Louis (el menor) con Lucienne y a Charles (el mayor) con Juliette. Louis
era un muchacho tranquilo, de gran inteligencia, interesado por la literatura,
con proyectos para ingresar en la Nórmale Supérieure. Era el preferido de la
familia, a quien se le brindaban las posibilidades de estudio. Su hermano
Charles por el contrario a la edad de 13 años tuvo que empezar a trabajar. Lucienne
se encontraba muy a gusto con el hombre que le había sido designado y con el
tiempo los prometieron. Cuando Louis tuvo que ir a la guerra de 1914,
mantuvieron una estrecha correspondencia. Tiempo después Louis murió en un
avión en la guerra. A
consecuencia de dicha tragedia Charles le propone a Lucienne “ocupar
junto a ella el puesto de Louis”.
Ella acepta y en el mes de febrero de 1918, se unen en matrimonio. Cuando
tuvieron su primer hijo lo bautizan con el nombre de Louis. “Un
nombre que durante mucho tiempo me ha provocado literalmente horror”. ¿Cómo
podemos pensar la elección de este nombre por Charles y Lucienne?, ¿qué
significó en la vida de Althusser este particular bautismo al que se refiere
con horror?. El
reconocimiento de las cosas, conlleva la posibilidad de nombrarlas, de
distinguirlas y de diferenciarlas. El nombre de las personas, trae consigo una
intención, una elección que por lo general trae acarreado un deseo. Deseo de
lo que se espera de ese hijo o de lo que se deposita en él.
Desde antes de nacer se generan en la familia expectativas de lo que se
quiere de ese hijo, que van a repercutir luego, en la conformación de la
identidad del niño. Este orden simbólico e imaginario que nos codetermina,
precede a nuestro nacimiento. En
el caso de Althusser, lo denominaron Louis, nombre que correspondía a su tío
muerto, primer prometido de su madre, al cual ella amaba. Lucienne y
Charles, tal vez, fue la modalidad que encontraron para transitar el duelo de
su ser querido, aunque probablemente este “acting” hable de una dificultad
en sepultar a la figura de Louis (hermano-amado). A
su vez si bien Charles ocupó (le quitó?) el lugar de su hermano, tuvo que
poner a Louis (al menos en forma simbólica) entre él y Lucienne. Formándose
de esta manera una triangulación, que va a acarrear particulares
connotaciones a lo largo de la vida de Althusser. Qué
lugar viene a ocupar Althusser al mundo? El lugar de un muerto, que a su vez
era el amado de su madre; quedará cargado con el peso de hacerse cargo de los
deseos insatisfechos de su madre?. Althusser
bajo este significante, llevaba consigo (desde antes de su nacimiento) un
mandamiento (un destino), una identidad, un deseo que había sido truncado, el
deseo de su propia madre. El mismo en su libro “El porvenir es largo”, da
cuenta de cómo esto lo afectó y lo determinó, siendo conciente de su
peculiar significación. “Ante
este doloroso horror, yo debía sentir sin cesar una inmensa angustia sin
fondo, así como la compulsión de dedicarme en cuerpo y alma a ella, de
ofrecerme sacrificadamente a socorrerla para salvarme de una culpabilidad
imaginaria y salvarla a ella de su martirio y de su marido, con la convicción
inextricable de que esa era mi razón suprema y mi suprema razón de vivir” [1]. Este
bautismo significó para él una “marca” primitiva, y porque no una carga,
que lo acompañó en el correr de
su vida, conformando su subjetividad, su personalidad y su peculiar motivo de
existencia: hacerse cargo del deseo insatisfecho de su madre, ideal y por lo
tanto imposible de colmar. Sus
abuelos eran originarios del Morván (Francia), campesinos pobres. Su padre,
Charles, se puso a trabajar a los 13 años, no había emprendido estudios y
posteriormente se acomodó en un Banco. Antes de casarse Lucienne (su madre),
había sido maestra e institutriz, abocándose luego exclusivamente a las
tareas propias del hogar. La
familia de Louis, perteneciente a la pequeña burguesía, estaba compuesta por
su madre, su padre y su hermana menor. Los roles parentales (en esta familia)
estaban bien diferenciados, el padre era el encargado del trabajo y el dinero
para mantener a la familia, la madre se ocupaba de la educación de los hijos
y las tareas domésticas, Louis por su parte debía cuidar a su hermana menor
y en ocasiones a su propia madre. Charles
era un hombre autoritario, de carácter fuerte y de pocas palabras. La madre
era una mujer muy temerosa, hipocondríaca y represora, que influyó en la
infancia de Louis. No le permitía jugar al fútbol, juntarse con los niños
de la calle y ensuciarse; nada de lo que todos los niños hacían. Dice
Louis “Sufría en mi cuerpo y en mi libertad la ley de las fobias de mi
madre” [2].
El control de la madre sobre Althusser, era exhaustivo, al punto de no
dejar expresar su cuerpo libremente, de no permitir el deseo de todo niño, el
deseo de jugar. Poco a poco la madre se fue encargando de coartar el deseo de
su hijo y promulgar el de ella. La identidad de Althusser era abatida por su
propia madre desde antes de su nacimiento, donde se lo ubica en el lugar de un
Otro (muerto), idealizado, con la misión de llevar a cabo ese ideal de amor. “...al no tener existencia propia, existencia auténtica,
dudando de mi hasta el punto de creerme insensible, sintiéndome por este
hecho incapaz de mantener relaciones afectivas con cualquiera, me veía
reducido para hacerme querer (puesto que querer requiere ser querido) obligado
en consecuencia a artificios de seducción y de impostura” [3]. Este
niño desde pequeño luchó por llevar adelante su propio deseo, esfuerzo que
fracasó en reiteradas oportunidades, quizás por la fuerte imposición de su
madre. Él terminaba por aceptar ese lugar adjudicado, intentando seducir a su
madre para ser querido, lo que acarreaba como brutal consecuencia la
no-existencia, la no-identidad, el sentirse
nada, o por lo menos nada de lo que él deseaba. Louis
se describe a sí mismo como un niño flaco, juicioso y puro, tal como su
madre lo deseaba (tranquilo, ordenado, limpio y estudioso) y acorde
(curiosamente) con la descripción de
su tío Louis. ¿Qué
pasaba entonces con el deseo de Althusser? Su deseo era opacado por el de su
madre. Para Althusser el abuelo materno cumplió un lugar muy importante en su
vida, más precisamente en su adolescencia, donde pasaba veranos enteros
viviendo con él. Porqué tan importante? Por que le permitió ser él mismo,
liberase (aunque parcialmente) del destino que traía marcado, cumpliendo la
función paterna de separarlo de la madre y ofrecerle otra alternativa
identificatoria a través de las actividades que juntos realizaban, una
existencia propia, singular, una propia identidad. En
ocasiones cuando ambos padres discutían, su padre se levantaba
de la mesa y desaparecía por la noche, regresando al hogar luego de un
tiempo. Althusser lo recuerda “se
apoderaba de nosotros una angustia atroz: había abandonado a mi madre, nos
había abandonado” [4]. “...cada
vez que salía, lanzaba para mi, ante mi madre silenciosa, una simple frase
que no exigía ni comentario ni respuesta: “¡¡ hazla feliz ¡¡”... ” [5]. Recaía
de esta manera la felicidad y el cumplimiento de deseos insatisfechos de su
madre en Louis, quien pasaba a ocupar el lugar del Otro (Luis) del cual su
madre estaba enamorada y era el encargado de hacerla feliz (antes de su
muerte). Responsabilidad que
Louis llevó sobre sus hombros
durante toda su vida. Realizó
sus primeros estudios en Argel donde recibió una formación cristiana que
marcó su juventud. En el año 1939 Louis ingresa en la Escuela Normal
Superior de Paris, la cual va a pasar a ser su segundo hogar, donde incluso va
a vivir muchos años. Unos
meses después es movilizado a la guerra, es tomado prisionero, quedando en
libertad en 1945 (cinco años después). El
cautiverio curiosamente no significó para Althusser (como para muchos otros),
una experiencia difícil y de gran sufrimiento, debido a que él encontró allí
protección y seguridad, tanto con sus propios camaradas como en la propia
cautividad. Por el contrario, fue al salir del cautiverio, donde se encontró
en la soledad más profunda, desamparado e inseguro. En
el mismo año de su libertad comienza a presentar síntomas depresivos por lo
que debe ser hospitalizado. Lo diagnosticaron en un primer momento como
demencia precoz y luego como una psicosis maniaco depresiva. Esta va a ser la
primera internación de varias que se van a suceder a lo largo de toda su
vida. Su enfermedad en ciclos, va a originar períodos de estabilidad,
alternados por episodios de desequilibrio maniaco y depresivo. En
1948 culmina sus estudios con el título de agregado en filosofía. En el
mismo año comienza a dictar clases de filosofía en la Ecole Nórmale y se
afilia al Partido Comunista Francés. Estaba muy comprometido con la política,
con el partido y con la filosofía; constituían para él una gran pasión. Fue
un excelente docente, reconocido por sus discípulos por su inteligencia
majestuosa. Un maestro que dedicó gran parte de su vida a los estudios,
incluso siguió produciendo hasta poco antes de su muerte. Luego
de la guerra conoce a Helene vive muchos años y se casa en el año 1968. No
tuvieron hijos. EL CRIMEN Descripción del
homicidio: “...he
aquí la escena del homicidio tal y como lo viví. De pronto me veo levantado,
en bata, al pie de la cama de mi apartamento de l’ Ecole Nórmale. Una luz
gris de noviembre –era el domingo 16, hacia las nueve de la mañana- entra
por la izquierda, por una ventana alta, encuadrada desde hace años por unas
cortinas muy viejas, rojo Imperio, desgarradas por el tiempo y quemadas por el
sol, e ilumina los pies de mi cama. Frente
a mi: Helene, tumbada de espaldas, también en bata. Sus
caderas reposan sobre le borde de la cama, las piernas abandonadas por la
moqueta del suelo. Arrodillado
muy cerca de ella, inclinado sobre su cuerpo, estoy dándole un masaje en el
cuello. A menudo le doy masajes en silencio, en la nuca, la espalda y los riñones:
aprendí la técnica de un camarada de cautiverio, el amigo Clerc, un
futbolista profesional, experto en todo. Pero
en esta ocasión, el masaje es en la parte delantera de su cuello. Apoyo los
dos pulgares en el hueco de la carne que bordea lo alto de l
esternón y voy llegando lentamente, un pulgar hacia la derecha, otro un poco
sesgado hacia la izquierda, hasta la zona más dura encima de las orejas. El
masaje es en V. Siento una gran fatiga muscular en los antebrazos: es verdad,
dar masajes siempre me produce dolor en el antebrazo. La
cara de Helene está inmóvil y serena, sus ojos abiertos, miran al techo. Y,
de repente, me sacude el terror: sus ojos están interminablente fijos y,
sobre todo, la punta de la lengua reposa, insólita y apacible, entre sus
dientes y labios. Ciertamente,
ya había visto muertos, pero en mi vida había visto el rostro de una
estrangulada. Pero ¿cómo?. Me
levanto y grito: ¡He estrangulado a Helene!
Me
precipito y, en estado de intenso pánico, corriendo con todas mis fuerzas,
atravieso el apartamento, bajo la escalerilla con pasamanos de hierro que
lleva al patio delantero con rejas altas y me dirijo, siempre corriendo, hacia
la enfermería donde sabía que podía encontrar al Dr. Etienne, que vive en
el primer piso. No me cruzo con nadie, es domingo, la Ecole está medio vacía
y aún duerme. Siempre gritando, subo la escalera del médico de cuarto en
cuarto: “!He estrangulado a Helene”. “
Aquí todo se me nubla. Me “despertaría”,
sé cuando, en Sainte Anne” Pág.27. Relación con Helene
Para
pensar este homicidio nos debemos preguntar: ¿qué significaba Helene en la
vida de Althusser?. Helene era una francesa de origen judío, ocho años mayor
que él. Cuando Althusser la conoció (luego de la guerra), contaba con un
pasado bastante oscuro y vivía en la miseria más absoluta. Sus
padres habían fallecido de cáncer; cuando nada se podía hacer el médico le
indico a ella que los inyectara. Estaba muy sola, había perdido a la mayoría
de sus amigos, que habían caído combatiendo, a su vez se sentía culpable,
estaba viva. “A
partir de aquel momento experimenté un deseo y una oblación exaltantes:
salvarla, ayudarla a vivir. Nunca en toda nuestra historia y hasta el final de
ésta, abandoné aquella misión suprema que no cesó ser mi razón de ser hasta
el último momento” [6].
Althusser
se ubica en el lugar del misionero, del salvador, del responsable de la
felicidad de esta mujer, así como en otro momento, lo hicieron cargo de la de
su madre. En esta ocasión es él mismo quien se ubica en este rol, nuevamente
su deseo era el deseo de un Otro. Luego
de tener relaciones sexuales con ella, Louis cayó en una depresión y tuvo su
primer internación psiquiátrica. “Naturalmente
pensaba (fue la primera pero no la última) que si estaba enfermo era
por culpa de Helene” [7]. Podríamos
pensar que Helene causó en él una suerte de maldición, tanto como su madre,
otra mujer de la que se tendría que encargar por el resto de la vida?. Luego de
restablecido se encontró con Helene, la cual lo había visitado durante la
internación. Ya no tenía más miedo a las relaciones sexuales, tiempo después
se fueron a vivir juntos. “Si
era y me sentía por fin tan joven, era porque Helene resultaba a la vez para mí
una buena madre y también un buen padre: mayor que yo, de forma muy distinta
cargada de experiencia y de vida, me quería como una madre a un hijo y, al
mismo tiempo, como un padre, un buen padre al fin, porque se limitaba a
iniciarme en el mundo real, aquel mundo infinito en el que no había podido
entrar (salvo y aún por fractura, salvo en cautividad); me iniciaba también
por el deseo que tenía por mi, patético, en mi papel y en mi virilidad de
hombre: ¡me amaba como una mujer ama a un hombre!...”[8].
“He
dicho que me sentía incapaz de amar, como insensible a los otros a su
amor...Con toda seguridad era que el amor impersonal de mi madre, puesto que no
se dirigía a mí, sino detrás de mí a un muerto, me había hecho incapaz de
existir tanto para mí como para los otros, en especial para las otras...me sentía
como impotente...era como sí me hubieran
suprimido lo que habría podido construir mi integridad física y psíquica...”
[9]. “Así
me sentía siempre y me sentí delante de Helene a través de la agresión íntima
de mi madre: como un hombre incapaz del menor verdadero don de amar auténtico
hacia ella, y por ella y por quienquiera, encerrado en mi mismo y lo que
denominaba mi insensibilidad” [10]. De
esta manera la imposibilidad de la madre de Althusser de amar auténticamente,
era reproducida por él hacia Helene. Cuando discutían Helene se iba, al igual
que el padre, lo que generaba en él
terror al abandono y a la pérdida de su frágil integridad. Althusser tenía
siempre una reserva de mujeres, y provocaba constantemente a Helene haciéndole
saber esto. Nunca pudo realizar nada sin la aprobación explícita de su mujer. “Felices
depresiones...que me ponían al abrigo de todo exterior y me lanzaban a la
infinita seguridad de no tener que luchar más, ni siquiera contra mi deseo” [11]. La
enfermedad era vivida como un abandono de la búsqueda del deseo propio y una
entrega al destino fijado; a su vez se le prestaban cuidados especiales y
desaparecía el riesgo de abandono, como cuando fue prisionero. La personalidad
de Althusser estaba atravesada por una inestabilidad anímica, con frecuentes
recaídas en estados de profunda angustia y exaltación, que por lo general
desembocaban en internaciones. La esposa, se encargaba de sus cuidados, vivía
presa de una gran inseguridad y con temor a sus posibles recaídas. Helene,
según él, no constituía una madre castradora, sino que lo aceptaba
como era, según su propio deseo. Momentos
previos Para
poder pensar este complejo homicidio, que nos aventuramos a plantearlo como un
verdadero pasaje al acto, creemos necesario profundizar en los momentos
significativos previos a este hecho. Tal vez sea posible rastrear algunas
huellas de “locura” que sean antecedente de este fatal desenlace. En
palabras de Lacan “...una sóla huella
de formulación de ideas delirantes anterior al crimen debe ser tenida por un
complemento del cuadro clínico.” [12] Consideramos
que estos momentos que vamos a enunciar están lejos de contestar la
interrogante central, pero tal vez sirvan como disparadores para pensar tan
compleja historia: 1-
A fines de 1979 Althusser comenzó con dolores ensofágicos y vómitos. Por lo
que el Dr. Etienne lo decide operar. Luego de que el mismo Louis aplaza en dos
oportunidades la operación diciendo que “la anestesia lo trastornaría
todo”, es operado. Si bien la operación técnicamente transcurrió bien, se
levantó de la anestesia preso de una profunda angustia. La depresión esta vez
fue de carácter melancólico, llegando en momentos a la confusión mental. 2-
Dentro de su delirio, la temática que lo invadía era la persecución suicida.
Unos hombres querían matarlo, era condenado a muerte y amenazado de ejecución.
A tal creencia, la única solución que encontraba
era el suicidio. Él llega a decir por primera vez que no sólo debía
destruirse a sí mismo, sino a todo lo que con él tenía que ver: sus libros,
sus escrituras, a la Ecole y suprimir incluso a la propia Helene. 3-
Cuando Althusser sale de la clínica en septiembre de 1980, Helene decide
dejarlo, abandonarlo. Esta decisión provoca en Althusser un efecto de horror,
desencadenante de la desesperación que lo acompañó los días previos al
asesinato. El miedo al abandono y a la soledad, marcaron su inseguridad a lo
largo de su vida, estando en la mayoría de los casos vinculado a sus
progresivas internaciones. Desde su pequeña infancia temía ser abandonado por
su padre, cuando este se iba por la noche. Lo mismo le pasó con su esposa
cuando discutían; pero siempre eran amenazas. En esta oportunidad era una
realidad, Helene se iba, lo dejaba sólo y desamparado. Tal vez este miedo a ser
abandonado tenga que ver con la pérdida de su frágil identidad y de su
precaria existencia. 4-
Helene le confiesa (ya estando en casa) su deseo de matarse, ya que no encuentra
otra salida, no sintiéndose capaz de abandonarlo. Reiteradamente
le manifestaba los medios posibles y le decía que elegiría el medio y la hora
sin avisarle. A su vez Althusser destaca “Me
decía que yo tenía demasiados ejemplos detrás de nosotros, y que en el fondo
ella estaba demasiado ligada a mi, me amaba con un amor visceral tal que sería
incapaz de pasar al acto” [13]. 5-
Un día directamente ella le pide que la mate, ya que ella no se siente
capaz. Durante este período posterior al egreso del hospital, ambos se
encontraban encerrados sin recibir visitas, en la más profunda soledad y en la
más profunda locura. El acto Consideramos
que este acto puede ser catalogado como lo que Lacan llama pasaje al acto, que
se diferencia del acting out. El pasaje al acto implica una forma impulsiva de
actuar, una salida de la escena, tal vez al vacío, que no produce
transformaciones en la posición subjetiva del sujeto. En
primer lugar constituye un acto impulsivo, donde la mediatización de la
palabra, del pensamiento y sobre todo de la fantasmática simbólica no tienen
lugar; como si la posibilidad de elaborar con otros recursos no fuese posible.
No hay premeditación, ni planeamiento
de cómo podría ser efectuado el crimen, es un acto. Pensamos que no hay una
sistematización del crimen; él no puede encontrar una explicación posible,
aunque para nosotros sea incompartible. Si
bien a lo largo del libro él demuestra horror con lo que sucedió, no pudimos
percibir un claro sentimiento de culpa, un hacerse cargo del homicidio. Pero
hacerse cargo, no en el sentido “yo la mate”, que sí lo reconoce; si no más
bien, nos da la sensación que se hace responsable de un acto de otro, tal vez
sea él, pero no se reconoce, no se vive como él. Este aspecto, probablemente,
nos está hablando de una disociación de su persona, por lo menos en el momento
del crimen. O tal vez, podrá tener que ver, con el no ser él, no tener
existencia propia, no tener destinada una propia identidad desde el momento de
su nacimiento; o sea del deseo del otro que él fuese otro?. Esta
dificultad de reconocerse, vivirse y sentirse como el actor de tal trágico
homicidio, está en estrecha relación con el salirse de la escena y de la
historicidad, característico del pasaje al acto. Cuando él relata como vivió
el homicidio, es como si lo despojara de toda sensibilidad, como si él
estuviera fuera y se lo hubieran contado. El
hecho de haber sido filósofo, político y docente, nos habla de una lucha y
conquista de su propio deseo, que en cierto sentido podemos decir que lo hacían
existir y ser alguien, incluso reconocido; pero a su vez la idea de no existir y
cumplir u ocupar el deseo del otro tuvieron incluso mayor peso durante toda su
vida. Hecho que estuvo presente en el significado que traía consigo su nombre y
en el deseo de su madre desde antes que viniera al mundo, con el cual él luchó
durante su vida con su abuelo, con sus mujeres, con sus vocaciones (filosofía,
política y docencia). Indudablemente su sensación de no sentirse alguien, de
no existir (su destino), tuvieron más peso, abatiéndolo y acompañándolo drásticamente
en sus últimos tiempos. Este
mandamiento que trajo consigo desde su nacimiento, se materializó en su
melancolía y en su progresiva autodestrucción. Destruyendo a Helene también
se estaba destruyendo a sí mismo, de hecho cumpliendo con su propio destino: el
de un muerto. El matar a Helene significaba matar una parte de él, a la vez de
cumplir con el deseo de ella (abandonarlo) el cual siempre fue uno de los
motivos de su existencia, hacerla feliz y realizar sus deseos. Significó para
él una muerte, en tanto el abandono iba enraizado con la destrucción de sí
mismo, dentro de su propia lógica. El terror a ser abandonado por su esposa fue
autorrealizado por él quitándole
la vida, lo cual refiere una autodestrucción de sí mismo. También
podemos pensar hipotéticamente que Althusser tras este acto, está actuando el
deseo del Otro, en este caso de Helene, de su propia muerte. Esta suerte de hipótesis
para poder comprender el porqué del crimen, intentan tan solo ayudar a pensar
tan compleja tragedia. No consideramos ninguna de ellas certezas o afirmaciones,
no es incluso la intención de tan humildes líneas, sino más bien, consiste en
un paso más, a aprehender a pensar en la complejidad y en la incertidumbre. BIBLIOGRAFIA
Althusser, Louis. “El porvenir es
largo. Los hechos”, Ed. Destino, Barcelona, 1992. Bafico, Jorge. “Entre líneas:
lecturas del pasaje al acto”, Revista Acheronta Nº 5, 1997. http://www.acheronta.org Bafico, Jorge. “Algunas
cuestiones sobre la psicosis”, Revista Acheronta Nº 5, 1997. http://www.acheronta.org Capurro, Raquel; Nin, Diego.”Extraviada”,
Ed. Edelp, Argentina, 1997. Roudinesco, Elisabeth. “Lacan:
esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento”, Ed.
Fondo de cultura económica de Argentina, Bs.As, 1994.
[1] Althusser, Louis “El porvenir es largo. Los hechos”, Ed. Destino, Barcelona, 1992. pág. 56. [2]
Idem anterior. Pág.73 [3]
Idem . Pág.121 [4]
Idem. Pág. 64. [5] Idem. Pág. 70. [6]
Idem anterior. Pág 156. [7]
Idem. Pág. 167. [8] Idem anterior. Pág. 176. [9] Idem. Pág. 182. [10] Idem. Pág. 184. [11] Idem. Pág. 189.
[12]
Lacan, Jacques, “Motivos del crimen paranoico, Ed. Siglo XXI, México,
1976. [13] Althusser, Louis. “El porvenir es largo. Los hechos”, Barcelona, 1992. Pág. 336. |
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