KIWICHA NOMADE ANDINA

Magazine Cultural de las provincias del Noroeste Argentino

 Año II n° 8 - Junio de 1998

Y un resumen de lo publicado en los números anteriores


 

contenidos 

¿Qúe es la Kiwicha?

Notas de los números anteriores de la revista

Inti Raymi en Tiawanaco

Fotografías

Literatura

Plantas medicinales

STAFF

mailto:j_siga_98@yahoo.com

 

 Planta amarantácea de rápido crecimiento, con hojas y tallos y flores morados, rojos y dorados. Los granos son ligeramente mayores que las semillas de amapolas y aparecen en grandes cantidades. La Kiwicha crece en Perú y en las regiones altas de Ecuador, Bolivia y la Argentina. Con la harina del grano de Kiwicha se hacen pan ázimo, tortillas y chapatís. Con la harina del grano entero o tostado pueden hacerse panqués, cereal de desayuno, panes y panecillos. Las semillas contienen de un 13 a un 18% de proteínas y un alto nivel de lisina, aminoácido esencial para la nutrición. La Kiwicha es cada vez más popular en los Andes, y probablemente sea mucho más atractiva como producto de exportación. Es posible que el trabajo de investigación en los Andes beneficie la expansión de la Kiwicha en otros países. Esta planta se adapta fácilmente a muchos ambientes distintos, tiene un tipo eficiente de fotosíntesis, crece rápidamente y no requiere mucho mantenimiento.

 

LA KIWICHA: ¿Un Supercultivo del Futuro?

Por Paul Lees, en el n° 7 de Kiwicha Nómade Andina

 Pese a los grandes avances tecnológicos de la agricultura, el mundo todavía se enfrenta a grandes problemas de hambre y desnutrición. Muchos científicos sostienen que para mejorar esa situación debemos aprovechar cultivos totalmente ignorados por el agricultor moderno. Al dar más atención a esos cultivos se diversificará el sistema agrícola establecido, que así se tornará menos vulnerable a las plagas y enfermedades.

Si uno de los criterios para escoger esos cultivos olvidados es su "edad", el amaranto ofrece una gran ventaja. Este cultivo "nuevo" tiene por lo menos 8.000 años, y el que haya sobrevivido como planta útil es prueba de su gran capacidad para adaptarse a ambientes nuevos y variados.

Los indios Mayas de México fueron quienes lo adaptaron como cultivo de alto rendimiento. No obstante, para los Aztecas tuvo aún más importancia, pues formaba parte de sus tradiciones y ceremonias religiosas. Durante la conquista y el coloniaje español el cultivo casi se extinguió y desde entonces se supo poco sobre él.

El resurgimiento del amaranto comenzó en 1973, cuando el editor norteamericano Robert Rodale visitó al Dr. John Robson, catedrático de nutrición de la Universidad de Michigan. En base a esa visita, el Sr. Rodale y una publicación especializada en jardinería orgánica promovieron estudios de nutrición y auspiciaron un viaje a México en busca de suministros de semilla.

Ese entusiasmo original derivó en un programa en gran escala para el desarrollo del amaranto, que abarca mejoramiento, genética, estudios culturales, conservación de germoplasma y evaluación de sus características nutritivas. Toda esa actividad tiene lugar en el Centro de Investigación sobre Agricultura y Jardinería Orgánica (OGFRC) de Pennsylvania, Estados Unidos. Al mismo tiempo, el Departamento de Información sobre el Amaranto, promovió el cultivo distribuyendo información impresa y semilla a los interesados. Una vez que se difundió la información por todos los Estados Unidos, se iniciaron proyectos de investigación, especialmente en universidades y en Centros de Investigación del Departamento de Agricultura.

En poco tiempo quedó establecido que el amaranto, cuyas espigas llenas y gruesas son parecidas al sorgo, tiene numerosos atributos de gran valor.

Primero, la planta es de buen valor nutritivo pues tiene contenidos altos de proteínas de buena calidad y de minerales esenciales. El grano es excepcionalmente rico en lisina, uno de los aminoácidos esenciales, generalmente ausente en las proteínas vegetales.

Segundo, el amaranto pertenece a un grupo muy raro de plantas de crecimiento rápido y fotosíntesis ultraeficiente. Estas plantas (C4) requieren menos de dos terceras partes de la humedad que absorben las plantas corrientes (C3). Esta característica de resistencia a la sequía podría resultar muy valiosa en áreas donde la falta de agua limita permanentemente la producción agrícola.

Otro de los atributos principales es que la familia del amaranto ofrece una fuente abundante y diversa de características genéticas. Por esa razón, los fitomejoradores podrán lograr mejoras sustanciales de una planta que, incluso en su estado actual relativamente poco desarrollada, muestra cualidades tan extraordinarias.

La planta en sí es una especie anual de hojas grandes color magenta, que puede alcanzar hasta dos metros de altura. Las semillas son pequeñas pero muy abundantes. Los granos al ser sometidos al calor revientan y dan un producto parecido a las rosetas o palomitas de maíz (pochoclo), que en México se llaman "alegrías" y en Paquistán "laddoos". Los granos también pueden molerse para dar una harina rica en glutén y de buenas características de panificación. El pan de harina de amaranto tiene sabor suave a nueces. En México el grano molido se mezcla con harina para hacer tortillas y otros alimentos básicos.

Muchos tipos de amaranto tienen hojas comestibles y nutritivas que pueden consumirse hervidas como la espinaca. Sin embargo, a diferencia de la espinaca que requiere clima templado, el amaranto prospera bien en pleno verano. Las hojas se cosechan 30 días después de la siembra, lo que permite por lo menos tres buenas cosechas al año.

El follaje del amaranto puede producir grandes cantidades de proteína por hectárea. Algunos experimentos han mostrado que varias especies del amaranto dan semillas adecuadas para alimentar el ganado, pero todavía es necesario efectuar más investigación debido a ciertos factores que podrían afectar la palatibilidad del grano y el rendimiento de los animales.

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El Pollo de Albión

Novela interactiva, cap. 4, por Jorge Siga

  El Aeroclub "Las cortaderas" era uno de los tres más importantes de la provincia de Jujuy. La sede social lucía sobre su frente una enorme hélice, y allí se reunían los pilotos y aficionados, y aquellos que soñaban volar, algún día, emulando a los acróbatas que se atrevían con los cielos de la Quebrada. Hoy, en Tilcara, no quedan muchos que hayan sido testigos de las reuniones en donde la acrobacia aérea era el centro de convocatoria.

La pista de aterrizaje y despegue se hallaba a la vera del río Grande, hacia el norte, en las tierras pobladas de "cortaderas", y debido a la falta de espacio su recorrido era sinuoso e intrincado. Los pequeños aviones de una y dos plazas, que llevaban al público a sobrevolar los cerros, "viboreaban" por entre los filosos bordes de las plantas. La reunión semanal era los sábados, y los fanáticos del vuelo, curiosos y familias enteras, se congregaban en los alrededores de la pista para ver volar a aquellos hermosos aparatos piloteados por esas águilas del cielo tilcareño...

Don Manuel Corte está sobrevolando el río a bordo de un P-11. Rugen los motores a su máxima potencia, porque no cualquiera se animaría a levantarse en este aire tan poco denso, de vientos imprevisibles y paredes montañosas que se pueden tocar con las manos. Pero para Manuel Corte, piloto admirado y meteorólogo del Aeroclub "Las Cortaderas", es solo un paseo, otro gozoso fin de semana en Tilcara. En el suelo, maravillados, están los Alvarez (padre e hijo), el ingeniero García del Río, los Sánchez de Bustamante, el matrimonio Cummings, el pequeño Eduardo Cabrera, Cochinoca, el poeta precoz "Churqui" Coquevilca, y muchas otras personas (adultos y niños) del pueblo. El avión está tocando tierra, zigzagueando con pequeños saltos en la pista irregular. Los niños corren a ver la máquina, a tocar al piloto que luce brillante en su ropa de cuero. Es mediodía y se hace un alto para el pic-nic reparador.

Los Cummings están esperando al piloto que les ha prometido un paseo por las nubes. Cochinoca ha preparado el buffet que consiste de pollo y ensalada.

Manuel Corte se acerca despacio, rodeado de niños, casi "irreal" envuelto en luminosidad: la misma que envuelve a toda la escena en "Las Cortaderas", la misma luz que baña a Tilcara desde siempre. Mrs. Cummings sonríe y saluda al piloto con británico acento. Don Manuel contesta con idéntica cortesía, e inicia una conversación sobre los climas del hemisferio norte y la habilidad de los pilotos ingleses.

Armando Alvarez, Eduardo Cabrera, el "Churqui" y otros changos están desarmando el avión con la mirada y el pensamiento, y hablan de su mecánica como grandes expertos. El P-11 es, a sus ojos y sueños, una carroza de los dioses. Años más tarde, uno de ellos haría realidad su sueño, convirtiéndose en piloto.

Ha terminado el frugal almuerzo y Don Manuel y Mrs. Cummings se dirigen hacia el avión. Este sábado sólo se podrá realizar un paseo más y es Mrs. Cummings quien tendrá el privilegio de acompañar al piloto. Se ha levantado un fuerte viento del sur y las condiciones son inestables. El avión levanta vuelo enfrentando el viento, pero luego hace una gran curva y se lo ve girando, tocando, casi, la cima del cerro Cono; acelera hacia el norte y sobrevuelan Los Amarillos y Yacoraite, para luego volver bordeando el cerro Negro y pasar por encima de la concurrencia, mientras Mrs. Cummings, loca de alegría, agita un pequeño pañuelo blanco desde su asiento.

En pleno siglo 20 esta pequeña aldea descubría el tren, el avión, el automotor, apenas unos años después de que estos adelantos aparecieran en el mundo. Eran los años "gentiles", "nobles". La historia del "Aeroclub Las Cortaderas" merecería un relato aparte, con todos sus nombres y anécdotas, que aún hoy se siguen contando.

Muchos otros "Ases del Aire" se convocaban cada fin de semana en Tilcara, pero la memoria de esta época dorada se va diluyendo. Ya casi no sobrevuelan aviones sobre la quebrada, y el ruido del motor del P-11 ha quedado como una añoranza en la memoria de unos pocos...

 Capítulo 5

El pollo de Albión está tomando vuelo y la interactividad tan promocionada resultó algo serio. En el pueblo de Tilcara se sigue la novela capítulo a capítulo, leída en la intimidad o públicamente a través de Radio Pirca. Los autores se van sumando con diferentes propuestas y adelantan románticos finales, a todo pulmón, con propuestas que incluyen desde una visita al cementerio y a las tumbas de los Cummings (que es otro misterio), hasta la repatriación de Cochinoca a bordo de un P-11, desde El Palomar hasta Tilcara sin escalas. Estamos analizando esto de los finales interactivos, pero mientras tanto, y como quien no quiere la cosa, la novela sigue viniendo hacia nosotros...

Semana Santa de 1998. La tradicional peregrinación congrega gente de todas partes del mundo. El lunes anterior al feriado religioso, de noche y siempre con una luna enorme, el pueblo peregrina los 38 km. que separan Tilcara del Abra, para honrar a la Virgen de Copacabana del Abra de Punta Corral. Entre 30 y 50 bandas de sikuris suben tocando y tocando, cada una de treinta integrantes (mas o menos), y literalmente se llega a tocar el cielo con las manos, entre precipicios y paisajes nunca soñados. Año a año se van sumando peregrinos y visitantes de todo el país y también del exterior.

Por cuestiones de trabajo me tocó estar en Tilcara esta Semana Santa, pero sin subir a los cerros, como había hecho los tres años anteriores. Para paliar un poco el déficit de mi trabajo de cronista, decidí meterme a mozo en una conocida parrillada. A pesar de no tener experiencia alguna en el rubro creo que lo he realizado con éxito. Allí, entre lomos de cerdo, cabritos, corderos, chorizos y morcillas, vino de la casa y ensaladas varias, vino a buscarme otra vez la novela, cuando menos lo pensaba. Fue el sábado, cuando había terminado la veda de carne y la parrilla estaba en todo su esplendor, que llegó un caballero acompañado de una dama española, despertando la curiosidad de todo el personal. Habían terminado de almorzar y charlaban animadamente, Kiwicha en mano. Por los gestos del caballero, de inconfundible ascendencia inglesa, el tema de la conversación tenía algo que ver con la revista. Yo los observaba sin ánimo de interrumpir (no corresponde a un mozo), pero la curiosidad llegó más lejos que la educación.

Terminé de atender las últimas mesas, mientras la dama (catalana, por su acento) fue a dar un paseo por el parque y quedó el hombre solo, leyendo nuestra revista. Tomé valor y me acerqué. Le pregunté si le resultaba interesante la publicación, y dijo que sí (sin mucho entusiasmo, como corresponde a un inglés, después de todo: ¿qué interés podía tener en conversar con un mozo?) pero mi curiosidad pudo más aún y le dije que era el director. Cambió su mirada y me prestó algo más de atención. Le conté entonces que estoy escribiendo una novela sobre la historia del pueblo, y ahí sí que abrió los ojos bien abiertos, con algo de nostalgia, perdiendo una superficial flema inglesa, para contarme que durante gran parte de su vida había veraneado en Tilcara y que había regresado esta Semana Santa, después de muchísimo tiempo. Me invitó a sentarme en su mesa.

La tarde comenzaba a distenderse. El sol sobre el cerro Cono arrojaba el pálido resplandor dorado de un incipiente crepúsculo. El caballero inglés leyó delante de mí el capítulo que contaba sobre el aeroclub "Las cortaderas", momento de la historia de Tilcara del que había sido testigo. Recordaba a Mr. Cummings como a un hombre altísimo, de más de dos metros, flaco; también recordó el nombre de pila de Cummings: Peter. De Mrs. Cummings nada recordó. Mientras recordaba aquellos tiempos, sus ojos claros se iban tiñendo de una nostalgia total: los aviones, los pilotos, la gente del pueblo... volvieron a su mente en forma clara, leyendo nuestra revista. ¡Ah! Exclamaba a cada frase leída, encontrando sorpresivamente que lo contado correspondía con la realidad pasada. Le advertí que la novela estaba infestada de fantasías, pero no me creyó. Continuaba encontrando su infancia en "El pollo de Albión". Ahí se reencontró con los Alvarez, con Corte, con el Ingeniero García del Río, con "Pirata" y el "Juje", con las chicheras y con aquel hermoso tren que traía vida al pueblo. Luego su mirada volvió sobre el presente. Le pregunté si este Tilcara de ahora se correspondía con sus recuerdos, me dijo que no, que todo se había empobrecido notablemente. Que aquella Tilcara que yo proponía en la novela correspondía a una época dorada, a tiempos idos. Y verdaderos.

Me dejó su número telefónico para encontrarnos a tomar un café y seguir charlando sobre la historia de Tilcara. Había cerrado el primer turno de la parrilla y debíamos comenzar a trabajar para la noche.

La Semana Santa era cada vez más popular, como la misma Tilcara. Y los visitantes actuales y futuros no sabían del pasado de este pueblo, gustaban, simplemente de esta versión turística de la quebrada. No está tan mal, pensé, esta Tilcara: yo no conocí otra mejor. ¿Qué se ha perdido? Algunas manifestaciones de la cultura popular han crecido notablemente. Se ha perdido cierto aire aristocrático, se ha ido una generación que gustaba de la gentileza. Algunas grandes familias del Noa ya no acostumbran veranear en Tilcara, prefieren Florianópolis, Río, Punta del Este o Miami. Pero mucha otra gente está descubriendo esta parte de la Argentina, y al mismo tiempo la está inventando, cultivando, ignorando que hay quienes piensan que hubo tiempos mejores, con una poesía inherente a las cosas de esta tierra que desbordaba de historias ahora desconocidas...

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INTI RAYMI EN TIAWANACO

BOLIVIA - 21 de junio

Los 21 de junio, día del solsticio de invierno, la cita es en Tiawanaco, donde las comunidades Quechua y Aymara esperan la salida de un nuevo sol. Las ceremonias que allí se realizan interpretan los signos y señales del nuevo año Aymara, según se realiza tradicionalmente, y es la congregación a los pueblos del Sol de América. Este año se reunirán allí representantes de la mayor parte de comunidades indígenas de América, quienes acudirán desde Argentina, Colombia, Chile, Uruguay, México, Paraguay, Perú, Ecuador finalizando allí las Jornadas de Paz y Dignidad 1998-Ruta Sur. Convocadas estas jornadas por la Confederacoón del Aguila y del Cóndor, se trata de una carrera que cruza el continente americano, siendo hombres y mujeres que corren sin competir, expresando las más arraigadas tradiciones de nuestro continente. La primer carrera se llevó a cabo en 1992, al cumplirse el quinto centenario de la conquista de América, y se volvió a repetir en 1996.

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POESIA

RODOLFO ALONSO

 

Como sus minerales,

sedientos de la luz,

quizá también aún duerme

Jujuy en el subsuelo.

 

Tanto fulgor agreste

y generoso se derrama,

tanto cielo relumbra,

tanta flor, tanto pájaro,

que aunque tan mal resulte

partida la pobreza, tan

injustamente repartida,

toda agüita se canta.

 

(Y te canta el adobe

con que tus manos cantan,

ebrio jazmín de novia

bajo una lluvia abierta,

estrellerío cercano,

valles de sauce y álamo

con mejillas de piedra,

gente callada y sola

al parecer, desierta

como la arisca Puna,

pero encendida adentro

con rescoldos de Inca.)

 

Despertará, algún día,

de golpe, finalmente,

cuando despierten todos.

(Que sigas siendo, entonces,

diferente, la misma.)

0 tal vez lo está haciendo

poco a poco, a pasitos,

para que nadie sepa.

0 quizá siga así,

presa de una fotografía

de turista, de su propia

tonada y su paisaje.

 

Luz donde mi país

empieza y no termina,

marca donde mi patria

se vuelve más América,

el mirlo y la retama

vigilan tu vigilia.

 

Rodolfo Alonso nació en Buenos Aires, pero se sintió desde temprano ligado con Jujuy. Llegó a escribir allí en la legendaria revista Tarja, y hoy lo hace habitualmente en El Duende o Pregón. Hasta se casó con una jujeña, la Negra Rebaudi. Por otro lado, fue el miembro más joven de¡ grupo de vanguardia Poesía Buenos Aires. Publicó más de 25 libros propios, la mayoría de poemas pero también de ensayo y narrativa. Tradujo a numerosos autores de diversos idiomas. Dirigió su propia editorial. Antologías de su obra poética fueron publicadas en Bélgica, España, México y Colombia. Entre otras distinciones, acaba de recibir -con Juan Gelman- el Premio Nacional de Poesía. Durante el mes de enero, volvió a pisar Maimará, Tilcara, Humahuaca y Purmamarca. Por eso nos manda esta colaboración para Kiwicha, que reencontró allí mismo, en lo de Ferrán, después de Visitar nuevamente el Museo dedicado a Eduardo Casanova, quien fuera su profesor en el Colegio Nacional de Buenos Aires.

 

NESTOR GROPPA

ALGO DE ESTE NORTE

 

Este es el Norte, casi ausente, de mi patria.

Esta es la provincial heredad ensimismada,

el desdibujado imperio

que es preciso rastrear por las soledades

y en la memoria.

Aquí reposa la nostalgia del oro,

el halo de su renombre.

Aquí muchas cosas también fueron la poesía.

Desde siempre

prosperó más la soledad que el hombre,

mientras su corazón

soportaba inclemencias del cielo y de la tierra.

 

Como una hormiga

que oye repicar las desiertas torres de la cordillera,

vive el hombre.

Y entre bosques y ramos de bosques floridos,

cual una ofrenda que muda sus otoños y coronas

al pie de cumbres vacantes,

al pie de fabulosos pedestales sin nadie,

el hombre transita.

Recorre límites terrenales

-solitarios y litigados límites-

por los que tropieza con su don de pasado y descendencia

y con aquella tormenta de canciones

que no calmará la secreta sed de otras cosas.

 

Fue tejedor de lunas y de ríos;

ordenador de años y semillas;

arriero de luceros y estrellas dobles.

Acató la tierra

y obedeció devotamente sus mandatos, esas labranzas que lo perpetúan.

Cumplió las leyes contra él.

Rastreó los esquivos enigmas de los altos

y ensayó guiar las parameras

hacia un yacente surtidor de gracias.

Y fue héroe, traidor, y proscripto venerable:

 

tuvo los dones y la culpa que su tierra sabe.

Siempre esperó -espera siempre-

y pircando fechas en un tiempo baldío,

a la par de sus labores,

veló por la dignidad amenazada del terruño.

Vigiló esta bandera cuando se habló de patria,

y así, desde las primeras galas de los árboles minerales

-arroyo del aroma que se perdió en el aire-,

hoy los hijos de los hijos

llevan el subversivo y anónimo apellido de pueblo

bajo una avalancha de constelaciones y ofrendas.

De perennes ofrendas,

enclavadas en un suelo

que puede ser cielo increíble.

 

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Plantas medicinales 

El Molle

Historia. - Los antiguos Peruanos cultivaron el árbol de] "Mulli" o "Molle" como se dice ahora, por el aspecto particular de las arboledas de esta planta. Por los frutos con los que hacían una bebida fermentada alcoholizada que hoy llamamos "chicha de molle", la que preparaban restregando los frutos maduros, suavemente, entre las manos en agua caliente, hasta que el agua tuviera sabor dulzaino, procurando no disolver el amargo de estos, este líquido era filtrado en un lienzo, y dejado fermentar durante 3-4 días, esta chicha se bebía sola, o mezclada con la chicha de maíz, se bebía de ordinario, en vez de la chicha de maíz, principalmente en los lugares que no había maíz, emborrachándose también con ella, también se bebía porque se le atribuía propiedades medicamentosas "para males de urina, hijada, riñones y vejiga" (Garcilaso de la Vega "Comentarios Reales de los Incas"); esta chicha también la preparaban y consumían los "Araucanos" (Medina José Toribio - "Los aborígenes de Chile", Santiago, 1882), quienes también conocían a esta planta con el nombre de "Mulli" (Keshua), planta llevada a Chile por alguna de las expediciones que los antiguos peruanos hicieron a ese territorio; con el líquido resultante de restregar los frutos entre las manos, en agua caliente, hasta que esta tuviera sabor dulce, y después de bien filtrado en un lienzo, preparaban por simple evaporación hasta que el residuo tuviera la consistencia de jarabe espeso, una miel de la que gustaron mucho, de manera similar a la preparación de la chicha de molle, llevando más lejos la fermentación, preparaban un vinagre. Las ramas tiernas, las empleaban para limpiarse los dientes y "apretar las encías". E cocimiento de las hojas, se empleaba en el tratamiento de muchas enfermedades de la piel, y de úlceras antiguas. De las ramas preparaban mondadientes. Del látex recién extraído, se empleaba para extirpar las nubes de los ojos; el látex desecado, que constituye la llamada resina de molle, se empleaba en emplastos como resolutivo, se empleaba también para favorecer la cicatrización de las heridas; la resina desleída en agua se tomaba como purgante, la resina, según opinión de Cobo (Cobo Bernabé - "Hlstoría del Nuevo Mundo" (1653), Sevilla, 1890) se empleaba en los embalsamamientos, pero no hay ninguna prueba al respecto. La resina puesta a manera de supositorio se empleaba como antiparasitario intestinal. La corteza del tronco se empleaba en cocimiento para deshinchar las piernas.

Al "molle", se le encuentra además de cultivado, semi-silvestre en muchas quebradas templadas de la región interandina.

Como secreto para combatir la ictericia recomiendan: ir muy de mañana al pié de un molle y "dando la espalda al sol", orinar sobre un algodón y con el algodón en la mano dar tres vueltas alrededor. de la planta (Arequipa).

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 FOTOGRAFIAS DE NUESTRO ARCHIVO

 Kiwicha 

 

 

 

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