Un género: La "Space Opera"
Seguramente, a los profanos en la materia, este término les parecerá bastante extraño. Lo cierto es que en todos los géneros, conforme se van desarrollando, comienzan a surgirles nuevas corrientes, lo que denominaríamos "subgéneros".
Y así como en la novela policiaca, podemos distinguir claramente la elegante novela detectivesca clásica "al estilo inglés" de la ruda "novela negra"; o en el caso de la fantasía aparecen una verdadera multitud de "subgéneros" ("espada y brujería", "cuentos de hadas y fantasía tradicional", "Sword&Planet", "Fantasía histórica"...); pues bien, el caso de la Ciencia Ficción no es un caso aparte. Comenzó, con Verne y Wells, con un estilo que hoy en día se conoce como "Edisoniano", aprovechándose de las nuevas proezas tecnológicas de los inventores de entonces. En aquellas novelas primitivas, el escritor, que solía tener una sólida formación científica, partía de un importante descubrimiento ficticio por parte de un sabio, que solía intentar explicar con los datos que hasta el momento se tenían sobre aquel campo. Años más tarde, muy entrada la era "pulp" (y casi en su cenit), surgió la rama denominada "Hard" o "Ciencia Ficción Dura", que, heredera directa de la edisoniana, pondría un gran interés en la explicación concienzuda de todos aquellos factores científicos que afectaban a la historia. Se ponía, entonces, un cuidado enorme en "no meter la pata", presentando en la novela unos hechos que la ciencia consideraba ya obsoletos o imposibles. La mayoría de sus autores (Clark, Asimov), eran científicos, y solían mezclar el relato con larguísimas explicaciones técnicas, e hipótesis y justificaciones científicas. Bien, lo cierto es que la Ciencia Ficción ha evolucionado bastante por ese camino, pero no siempre fue así.
Porque, la verdad, si uno no ha leído nunca Ciencia Ficción, y agarra de primeras uno de los libros de Lem o Clarke, puede acabar bastante escaldado. La "Space Opera", en cambio, divierte, engancha y crea afición.
En plena Época Dorada de los Pulps, lo que importaba era la historia, la acción y la aventura. Aunque algunos de sus autores tenían una considerable formación científica, solían saltarse a la torera todos los fundamentos científicos conocidos, en pro del desarrollo de la historia. Esa falta de rigor científico, hizo que muchos autores se rasgaran las vestiduras, y pretendieran darle al género un enfoque mucho más serio y respetable, provocando el nacimiento de la fundamentalista "Hard Science Fiction", en la que uno debía demostrar lo mucho que sabía, aunque aburriera a los demás.
La "Space Opera", sin embargo, indiferente a las miradas condescendientes de estos grandes científicos, ha continuado hasta hoy día, divirtiendo y haciendo soñar, y -por qué no admitirlo- creando cada vez más aficionados a la Ciencia Ficción.
¿Cómo la definiríamos? ¿Cómo podríamos saber si una novela que estamos leyendo es de "Space Opera"? En cuanto a esto, hay muchas opiniones. Los más estrictos, señalan que en la "Space Opera" debe haber elementos de cierto arcaicismo mezclados con otros ultramodernos; por ejemplo: imperios galácticos formados por duques, condes, reyes y emperadores, con una estética barroca, en los que aún se usa el arma blanca junto a la pistola de rayos, y en los que el héroe se enfrenta a diabólicas conjuras de la nobleza. En este sentido, "Flash Gordon" de Raymond, o "Dune" de Frank Herbert, por poner sólo dos ejemplos, se inscriben de lleno en este campo. Pero dicha definición es demasiado esctricta, pues el campo del "Space Opera" es mucho más amplio. Veamos qué es necesario para que, según la mayoría de aficionados, un relato o novela pertenezca a este subgénero:
-Suele haber imperios galácticos, así como distintas razas que suelen mantener una pugna constante entre sí (este concepto de "guerra galáctica" se dá desde la serie "Skylark" de E.E. "Doc" Smith, hasta la saga de los Aznar, de Pascual Enguídanos, pasando por las cinematográficas "Star Wars" o "Star Trek").
-Ha de haber un héroe (Llamémosle Captain Future o Capitán Rido), o heroina (o ambos), o un grupo de ellos (tres amigotes como en "La legión del Espacio" o un grupillo, como Han-Luke-Leia en la saga de "Star Wars", o la misma tripulación del Enterprise).
-Las razas alienígenas suelen ser humanoides (no importa que sean verdes, tengan un sólo ojo, o sean muy feas), respiran oxígeno y suelen hablar un perfecto inglés (bueno, en ocasiones merced al manido "traductor universal").
-Se suelen obviar una serie de hechos, científicamente probados, que restarían emoción a la novela. Por ejemplo: Hay grandes explosiones en el espacio cuando una nave es destruida, y se escucha el fragor de la explosión, sobrecogiendo al protagonista.
-Los viajes espaciales: la teoría de la relatividad se ignora por completo. Si tienes una nave molona, te puedes plantar en Alfa-centauri en el tiempo que uno tarda en irse a Murcia. Algunas veces intenta justificarse esta flagrante mentira utilizando los términos "hiperespacio", "plegar el espacio", "agujero de gusano"... Pero lo cierto es que, al final, los protagonistas viajan años luz, y al regresar las cosas están igual que cuando se fueron.
-Los combates, claro está. Ya sea con armas de rayos, con espadas laser o con cualquier otro artilugio inventado por el autor, el o los protagonistas han de proporcionar muchas escenas de acción.
-Y los combates siderales: eso es impepinable, y no puede faltar. Ya sean grandes batallas entre dos enormes flotas de naves de imperios enemigos (uno suele ser bueno y el otro malo), o bien puede darse el caso de que nave del "prota" sea perseguida por los malosos, y tenga que echar mano de sus potentes cañones de protones, esconderse tras un asteroide y ¡Zas! lanzarse contra el enemigo, haciendo estallar su nave.
Pues sí, básicamente es eso. Supongo que por ese motivo, los lectores españoles solíamos llamar a estas novelas (que de ciencia tenían bastante poco): "Novelas del Espacio".
¡Qué divertidas eran!
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