Los comienzos de la Ciencia Ficción

Comienzos inciertos

     No es fácil definir cuándo nace el género. Existen obras de hace siglos, desde el "Viaje a la luna" de Cyrano de Bergerac, hasta el "Frankenstein" de la Shelley, que aportan elementos clásicos, como los viajes espaciales, los científicos locos, las criaturas extrañas...
     Pero, ciertamente, si hay que poner un punto de comienzo, es con el señor Julio Verne. Jules Verne, escribió en 1851, la novela "Un drama en el aire", a la que siguió, en 1864, "Viaje al centro de la tierra". Con ellas, ciertamente, la primitiva novela de ciencia ficción queda por completo definida. Más tarde, con su novela "De la Tierra a la Luna", Verne definió por completo el género espacial. Corría el año 1865, y aunque sus obras fueron tildadas de "excesivamente fantasiosas", lo cierto es que Verne era un hombre bastante racional, casi un visionario, que procuró contenerse y mostrar sólo aquellas cosas que le parecieran factibles.    El tren lunar de Verne
     De este modo, Verne se acostumbró a "proponer", a "sugerir", y siempre a medir sus explosiones de imaginación, suponemos que para no caer en el ridículo. O quizás es que, pese a su desbocada imaginación, procuró ceñirse con bastante rigidez a sus propios conocimientos científicos, intentando parecer lo más verosímil posible.
Jules Verne: todo un carácter    De hecho, reaccionó de un modo singularmente grosero y poco deportivo tras leer "Los primeros hombres en la luna", de su contemporáneo Wells, proclamando con soberbia que "Yo me sirvo de la física y de todo lo que ella inventa. Viajo a la luna gracias a un proyectil lanzado desde un cañón: nada de imaginario" . Quién sabe. A lo mejor la "Ciencia Ficción Dura", comenzó con él.
     De cualquier modo, su repercusión fue tremenda, y su influencia no tardó en dejarse notar.
    En algunos casos curiosos, como en el del ingeniero francés Albert Robida, Verne fue la inspiración que provocó toda una sarta de diseños e inventos futuristas, que este ingeniero e ilustrador galo produjo sin ningún tipo de reparo. En el año 1882, Albert Robida publica su libro "El siglo XX", una de las obras más proféticas de toda la historia de la literatura universal.   
Albert Robida: un soñador
 
 Todo está allí: la televisión, los teléfonos móviles, las radios-despertador que te despiertan con las noticias de los últimos atentados terroristas, el veloz tren subterráneo de la Bretaña Francesa a Inglaterra,  embotellamientos en las ciudades, calles plagadas de coloridos carteles publicitarios... 
    Lo cierto es que la influencia de Verne fue tan brutal, que no se concebía el género sin su toque especial, o sin su manera de presentar los asombrosos prodigios, aunque en el caso de Robida, fue en contra de la tendencia que Verne había tenido, de mostrar máquinas voladoras más pesadas que el aire. 

    Las naves voladoras de Robida son sofisticados y hermosos dirigibles. Todo el mundo tiene uno, según su novela futurista. Puede que hoy en día, algunas de sus propuestas hayan demostrado ser poco viables, pero contra una de esas, encontraréis cinco que sí lo han sido, y que teneis al lado en este instante.

     Con el nacimiento de los pulps, a finales del siglo XIX, el género de la ciencia ficción (aún no se llamaba así), dió sus primeros y tímidos pasitos en las primeras revistas de pulp, como es el caso de la mítica Argosy, que publicó obras de Frank Aubrey/Fenton Ash, cierto número de "romances científicos" que comenzaron con "The devil tree of El Dorado" (1896), o su "Queen of Atlantis" (1899), un serial de "razas perdidas". Park Winthrop escribió sobre un pueblo en el interior de la tierra en "The Land of the Central Sun," (1902) en un claro precedente del Pellucidar de Burroughs, y William Wallace Cook creó a los "robots" en 1903, en su serial para Argosy "A round trip to the year 2000; or a flight through time". Con el paso del tiempo, desde su fundación a finales del siglo XIX, Argosy se convirtió en el primer "All-Fiction Pulp", aunque sus páginas servían un poco de cajón de sastre. En Argosy, y su filial All-Story, se estrenarían, años más tarde, autores fantásticos, del calibre de Abraham Merrit y Edgar Rice Burroughs.
 
     Pero los casos aislados no impulsan un género. Es necesaria una figura inspiradora -como lo fue el propio Verne-, o una revista puntera, para que nazca y se defina. La figura literaria que ostenta el honor de haber creado la Ciencia Ficción moderna es el archiconocido H.G. Wells, que fue más allá de Verne, internándose en "terra incógnita". Podríamos decir que Wells "se mojaba".   H. G. Wells. Tenía que ser un tipo majo...
     No tenía miedo al ridículo ni a resultar "demasiado fantasioso". Mientras los héroes de Verne sobrevolaban ligeramente la luna, y en un momento dado "creían ver" extrañas formas o construcciones, los personajes de Wells aterrizaban en la luna, la describían con detalle (una luna, por cierto, habitada), y corrían aventuras junto a los selenitas.
 
   Mientras los personajes de Verne tenían un encontronazo con un monstruoso pulpo gigante, que Verne introducía casi con timidez, Wells dedicaba toda una obra a hablarde monstruos marinos, y se quedaba tan ancho. Wells iba más allá. 
    Y sin prestar tanta atención a la posible justificación científica, daba rienda suelta a su imaginación, y presentaba historias absolutamente increibles, dedicando, además, un profundo interés hacia el componente humano, alejándose de la "cierta frialdad" de la que a menudo se ha tachado a Verne.
 Ilustración de Frank R. Paul para La Guerra de los Mundos, publicada en Amazing Stories en 1927

     No obstante, el caso de Wells, aunque muy influyente, no fue sino otro caso aislado, en medio de otros autores contemporáneos que también abordaron cierta temática fantástica, como Arthur Conan Doyle o Henry Rider Haggard. Era necesario que alguien se centrara en ese tipo de material, lo recopilara, y averiguara sus puntos en común para así definir un género nuevo. Y ese alguien fue Hugo Gernsback.

Hugo Gernsback

     Hugo Gernsbacher nació en Luxemburgo en 1884. Se formó en escuelas técnicas de toda Europa, aprendiendo las nuevas técnicas de telecomunicación eléctrica y telefónica. Emigró a America en 1904, y fundó una compañía llamada Electric Importing Company, que acabaría por convertirle en editor de la publicación Modern Electrics, en 1908. También fundó una emisora de radio, WRNY, en 1925 y comenzó a desarrollar la prehistoria de la televisión.   Parecía un señor muy estricto...
     Electric Importing era distribuidora de Radio Shack, y se dedicaba a vender equipo de radio por correo. Fue, precisamente, el catálogo de la compañía lo que acabó convirtiéndose en la publicación Modern Electrics, en 1908.
     En 1911, escribió una de las primeras novelas de ciencia ficción: "Ralph 124C 41+" que describía una humanidad futura que se servía de aeronaves como medio de transporte. Curiosamente, esta obra la firmó con un  speudónimo que coincidía con el título de la novela.

     En 1913 comienza a publicar "Electrical Experimentor", que acabaría convertiéndose en el famoso "Science and Invention" en 1919; y en 1920 lanza "Radio News". "Science and Invention" era el rival de "Popular Science Magazine", pero además contenía novelillas cortas de ciencia ficción. El enorme interés generado por esas historias cortas, acabó por llevar a Gernsback a aventurarse a publicar el que sería el más famoso de todos los pulps de Ciencia Ficción.... Amazing Stories, en 1926. Y fue un éxito inmediato, aunque la mayoría de las historias eran reimpresiones de trabajos de H.G.Wells, Jules Verne, Edgar Allan Poe y otros autores menores. El primer número, con fecha de Abril de 1926, era una mezcla entre magazine y pulp.
 
    En 1913 se había fijado en Frank Rudolph Paul, cuyas creaciones tecnológicas futuristas encajaban a la perfección en las cubiertas de estas revistas científicas. Los intrincados diseños de Paul y su increible visión en el futuro del viaje espacial le convirtieron en uno de los más populares portadistas de la época. Con el paso de los años; ilustró centenares de cubiertas e innumerables ilustraciones interiores para las publicaciones de Gernsback. Fue bastante lógico que Paul se convirtiera en el portadista habitual de los primeros números de Amazing, y es muy posible que sin sus diseños de portada, la revista no tuviera tanto éxito.   Curiosa portada de Paul sobre The moon pool de Merrit, relato que reimprimía la revista en ese número
     Amazing Stories fue un éxito inmediato y se convirtió en una de las revistas más vendidas. No es de extrañar que los autores cuyo trabajo se publicó en el interior de este mítico pulp, hayan terminado por convertirse en auténticos clásicos. Las cubiertas de Frank Paul, además, resultaban tan atractivas que ayudaban a estimular la imaginación de los lectores. Pues bien: acababa de comenzar la edad de oro de la Ciencia Ficción. El mismo Gernsback había acuñado el nuevo término, (debajo de los titulares de Amazing se leía : "The magazine of Scientifiction"), y había impulsado aquel tipo de relato con la creación de su mítica revista.

Se abre la veda

     En el siguiente artículo hablaremos con más detalle sobre "Amazing Stories". Mientras tanto, conviene decir que no se quedó sola: siguiendo la iniciativa de Gernsback surgieron multitud de editores intentando hacerse un hueco en el nuevo campo de la ci-fi. La editorial más notable fue la Clayton Publications, con su legendario título "Astounding Stories". Astounding fue el primer pulp de Ciencia Ficción en utilizar autores de la época: Ray Cummings, Donald Wandrei, E.E.Smith, Otis Adelbert Kline, A.Hyatt Verrill, Jack Williamson, Arthur Burks y muchos otros. Como resultado de ello, acabó por ser el pulp de Ciencia Ficción más popular desde los años 30 hasta los 70.
    Con el paso del tiempo, y tras perder Gernsback -por enrevesados motivos de política editorial- la dirección  de "Amazing Stories", "Astounding" asumió el rol dominante, imponiéndose a su predecesora -que comenzaba a quedarse algo estancada- e incluso a los nuevos intentos de Gernsback: "Air Wonder Stories" y "Thrilling Wonder Stories". La Ciencia Ficción había nacido, y crecía a ojos vista. Mientras tanto, el que había sido su padrino, Hugo Gersback, acabó apartándose del género que había creado. Falleció en el Hospital Roosevelt de Nueva York, en 1967.   
     En el momento de su muerte, era propietario de 80 patentes, había sido condecorado por la Archiduquesa Carlota de Luxemburgo en 1954, por su servicio a la ciencia, y había fundado la "Science Fiction League" en 1934, que es considerada el primer club dedicado al fandom.

     Reconocido como el "Padre de la Ciencia Ficción" en 1960, la Convención Internacional de Ciencia Ficción llamó a su premio "el Hugo", que aún continúa siendo el más prestigioso premio de dicho género.
 

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