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Los
seguidores de la ufología, y todos aquellos que sin serlo, prestan
un poco de atención cuando se habla del fenómeno OVNI conocerán
los acontecimientos ocurridos en la población de Nuevo México,
Roswell durante el mes de julio de 1947, según los cuales un
platillo volante fue encontrado por militares, y sus tripulantes
capturados para su posterior estudio, y que han sido
objeto de peregrinaciones, reportajes escritos, novelas,
documentales e incluso una serie de televisión.
Tal
y como nos hemos establecido como meta en El Exodo, expondremos
todos los puntos de vista: los más proclives a creen en presencias
extraterrestres y aquellos que se muestran escépticos, con todos
los argumentos posibles a favor y en contra, para que pueda ser el
lector quien decida, con total conocimiento de causa, cual es la
teoría correcta desde su punto de vista.
(Sitúe
el cursor sobre las ilustraciones para ver su descripción)
Cuenta
la historia que durante la noche del 4 al 5 de julio de 1947 el
granjero Mac Brazel oyó durante una tormenta una fuerte explosión,
que le llamó la atención por la virulencia con la que se produjo.
Testigos presenciales luego consultados afirmaron haber visto
entre los relámpagos luces zigzagueantes que poco o nada tenían
que ver con éstos.
A
la mañana siguiente, Mac, junto con su hijo Timothy Proctor, de
siete años, encontraron una serie de piezas metálicas rígidas de
color rosado o morado metálico, de muy poco peso, algunas de las
cuales mostraban símbolos desconocidos para ellos, esparcidas por
su finca que guardaron en su camión para enseñar posteriormente a
sus vecinos y amigos (Floyd y Loretta Proctor).
Comentado
el incidente con las autoridades locales, varios miembros del
departamento de policía y los bomberos de la población de Roswell
registraron las tierras colindantes en busca de señales de lo que
parecía ser una catástrofe aérea.
Junto al rancho de Brazel se encontraba una base aérea del
ejercito, por lo que los militares, conocidos los hechos, también
iniciaron sus pesquisas.
Los
curiosos que acudieron al lugar del accidente afirman haber visto un
extraño disco estrellado contra el terreno, junto al cual yacían
varios cuerpos sin vida, y un extraño ser aun con vida dando tumbos
alrededor del objeto, observando los desperfectos y a sus acompañantes.
Al poco tiempo llegó un contingente militar que expulsó a
los civiles, aun así, pudieron ver como el “extraterrestre” con
vida fue detenido, mientras que los cadáveres fueron colocados
dentro de bolsas y conducidos en ambulancia al hospital militar de
Roswell.
Glen
Dennis era el dueño de la funeraria de Roswell en aquel momento.
Según ha afirmado en varias entrevistas, recibió llamadas
telefónicas desde la base en las que se le cuestionaba sobre el
mantenimiento de cuerpos en estado de descomposición, y si tenía
ataúdes herméticos del tamaño de un niño.
El
día siguiente, Mac Brazel enseño al sheriff de la población,
George A. Wilcox las piezas que había recogido del lugar del
accidente, que informó al oficial de inteligencia de la base
militar Jesé Marcel. Este,
acompañado por el capitán Sheridan Cavitt acudió inmediatamente
para inspeccionar los materiales, que fueron recogidos y enviados al
General Mayor Clements McMullen, en Washington.
El
día siete de junio, según se ha desprendido de algunas
filtraciones militares, los cuerpos encontrados y fragmentos del
artefacto fueron también enviados por aire a Washinton.
El dueño de la funeraria, G. Dennis, ha explicado que una
amiga suya, enfermera del club de oficiales de Roswell, le contó
que había asistido el día anterior a dos médicos que practicaron
la autopsia a dos seres pequeños, de aspecto bastante diferente al
humano. Le llamó
especialmente la atención el hedor que desprendían y su buen
estado, a pesar del accidente.
Tras esta entrevista, la testigo fue transferida a
Inglaterra, sin que se tengan más detalles de su declaración.
El
coronel Blanchard ordenó que la información se hiciera pública,
de manera que al día siguiente, en ediciones especiales, en grandes
titulares, se informó del accidente extraterrestre y de la captura
de los cuerpos de sus ocupantes y los restos de la nave.
Naturalmente acudieron periodistas de todo el país de
forma masiva. Sin
embargo, a las pocas horas el ejercito contradijo esta noticia,
informando de que lo encontrado en Roswell era un globo meteorológico
accidentado, y no un “platillo volador”.
Precisamente Jesé Marcel posó ante las cámaras de la
prensa con los restos de uno de estos globos.
El día 9 de julio la Asociación de Prensa publicó un boletín
mundial en el que se hacía eco de la información en la que se
descartaba el accidente extraterrestre.
Años
después, la esposa de George Wilcox, Ines Wilcox explicó a su
nieta, Barbara Dugger que la familia había recibido amenazas de
muerte para mantener en secreto los incidentes ocurridos esos días
y de los que tenían conocimiento.
Sin embargo, el oficial del inteligencia que se ocupó del
caso en primer lugar, Jesé Marcel habló en diversas ocasiones con
investigadores y medios de prensa afirmando que el objeto encontrado,
en sus propias palabras "…no era un globo meteorológico,
no era ni un avión ni un misil (...) no se podía incendiar… esa
cosa no pesaba nada. Era muy delgada, no era mas gruesa que el plástico
cobertor de un paquete de cigarrillos. Traté de doblar esa cosa y
no pude. Tratamos de hacer perforaciones con un martillo de dieciséis
libras, y ni siquiera un rasguño."
Resulta
sorprendente que un experto en energía nuclear, miembro del
servicio de inteligencia realice estas afirmaciones.
Su hijo, Jessé Marcel, practicante y piloto de la Guardia
Nacional recuerda aquellos acontecimiento, en los que el también
participó, y afirma que el globo junto al que posó su padre no
eran los restos encontrados en Roswell.
A
todo esto, investigadores escépticos han negado la autenticidad de
estos hechos, y han descalificado cada una de las pruebas mostradas.
En primer lugar, alegan que ni siquiera existe unidad entre
los ufólogos y testigos a la hora de establecer una cronología de los
acontecimientos. La que
aquí hemos mostrado se corresponde con la ofrecida por algunos
informes, pero en otros casos se producen extraños bailes de
fechas. Así, por
ejemplo, mientras el investigador español Javier Sierra sitúa los
incidentes en los primeros días de julio, un par de semanas después
de las míticas observaciones de platillos volantes de Kenett Arnold
(de las que un día nos ocuparemos), Brazel indicó a “The
Roswell Daily Record” que había encontrado los restos el 14 de
junio.
Por
otro lado, se argumenta que prácticamente todas las afirmaciones
provienen de fuentes indirectas o individuos cuya naturaleza o
existencia no ha
podido ser demostrada, o que han preferido permanecer en el
anonimato. Si la
historia del platillo fuese cierta, la forma más sencilla de evitar
represalias sería darse a conocer abiertamente: resultaría imposible
actuar contra alguien que está en el punto de mira de la
opinión pública y los medios de comunicación.
Los
pocos testigos que realmente presenciaron los acontecimientos
coincidieron en declaraciones a la prensa a la hora de describirlo
como “pedazos de madera de balsa y algo parecido al papel de
aluminio”. En algunos
casos se alude a la presencia de sujetos “extraterrestre”,
mientras que en otros no constan en las declaraciones. Extraño que
algo tan importante pase desapercibido....
Además, es curioso que los restos descritos tengan
semejanzas con los que podrían proceder de un auténtico globo
sonda. A la hora de la
verdad, las únicas declaraciones con contenido que permanecen, son
las de Marcel y Bracel, junto a las del dueño de la funeraria, Glen
Dennis, ninguno de los cuales hablaron en sus primeras palabras de los “sujetos extraterrestres”.
El
acontecimiento de Roswell ha supuesto la prosperidad para una pequeña
población situada en una zona desértica que, de otra forma, habría
seguido subdesarrollada. Millones
de turistas acuden a la población, se alojan en sus numerosos
hoteles y compran souvenirs en las muchas tiendas creadas
especialmente para ellos. Todo
el acontecimiento ha supuesto una fuente de ingresos tremenda para
los habitantes de este pequeño pueblo de Nuevo México, hasta el
punto de que Glenn Dennis, el dueño de la funeraria intentó
comprar los terrenos donde ocurrió el accidente, y cuando no pudo
conseguirlo, cambió la descripción de los hechos, situándolos en
un lugar que si pudo comprar.
Ante
estas argumentaciones contrarias al punto de vista de los ufólogos,
el investigador José Guijarro se cuestiona si detrás de todo esto
no hay “ un intento de desprestigiar el incidente de Roswell con
la táctica de provocar primero la creencia de que había [seres] en el
interior de la nave extraterrestres, algunos incluso vivos, y luego
'desvelar' la verdad para desánimo de quienes aceptaron la historia
inventada como auténtica, consiguiendo así que luego nadie acepte
tampoco que, en efecto, se recuperaron los restos de una nave
extraterrestre?”.
Estos
son los hechos y todas las opiniones. En todo caso queda un
inquietante misterio lleno de interrogantes sin resolver, que
plantean todo tipo de especulaciones que, por separado, no resultan
determinantes.
El lector, como siempre, tiene la última palabra.
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