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¿Es
posible poder curar enfermedades simplemente recurriendo a técnicas
mentales? ¿Se podrán evitar largos periodos de sufrimiento
simplemente aplicando técnicas de control mental?
Incluso
en nuestra vida cotidiana hemos podido comprobar cómo la mente
puede influenciar y controlar las funciones corporales (por ejemplo,
y como veremos luego, a través de la autosugestión).
Sin embargo, desde los años sesenta la ciencia ha dedicado
grandes esfuerzos en redefinir el concepto de “mente”.
Ya
en el ámbito de la filosofía clásica se planteó la teoría de
que, si la mente era susceptible de abarcar un amplio abanico de
emociones, también podía abarcar la ejecución de “milagros”,
gracias a un intangible “poder mental”.
Desde este punto de vista, se recurría a un método de
curación, un tanto arriesgado, consistente en poner al enfermo en
trace... proceso que solía terminar con el enfermo convulsionado.
Así, en esta línea, en los Evangelios podemos leer que el método
de curación empleado tantas veces por Jesucristo parecía apoyarse
en el mismo principio de tratamiento de choque, aunque en su caso no
era precisa la inducción al trance.
Alrededor
del año1880, Emile Coué (Nancy, Francia) se hizo popular por su
actividad como químico, realizando grandes aportaciones en ese
campo. Es conocido el
hecho de que Coué era un gran asistente a las sesiones de
hipnoterapia del profesor Bernheim, donde, entre otras experiencias,
se provocaba la curación de algunos pacientes enfermos administrándoles
simplemente agua coloreada, cuando ellos creían que estaban tomando
algún tipo de medicina. Se
trata de uno de los primeros casos documentados y probados de
autosugestión.
En
estos casos, los enfermos realmente no decidían curarse, puesto que
no estaban realizando ningún acto consciente, ni empleando una
inimaginable fuerza de voluntad.
Según Coué, lo que se había activado era su imaginación.
Así,
afirmaba que la inmensa mayoría de las personas necesitan ayuda
para que su imaginación se active hasta los límites de enmascarar
las enfermedades. Siguiendo
esta línea, durante los años veinte hizo célebre el dicho
“todos los días, en todos los sentidos, me siento cada vez
mejor”.
Sin
embargo, en esa época la oficialidad médica rechazó las teorías
de Coué y sus “patrañas”.
Irónicamente, cuando este planteamiento revolucionario de la
mente humana iba cayendo en el olvido, dos jóvenes cardiólogos
británicos, William Evans y Clifford Hoyle, demostraron, de forma
involuntaria, su acierto. El
descubrimiento tuvo lugar, como en tantas ocasiones, por casualidad:
Evans y Hoyle intentaban probar la eficacia
de varias marcas de medicamentos empleados para el
tratamiento de las anginas. Para
asegurarse de la corrección de las pruebas, dividieron a los
sujetos del experimiento en dos grupos, y comentaron con todos que
estaban tomando el mismo medicamento.
Sin embargo, a algunos pacientes se les administró
simplemente bicarbonato sódico, que naturalmente no tenía ningún
efecto curativo en este caso. Sin
embargo, estos pacientes evolucionaron tan bien, o mejor, que los
otros.
La
respuesta a esta curiosa situación es que estamos ante un caso del
conocido “efecto placebo”, el mismo que apreció Coué en
enfermos que aparentemente sanaban al tomar agua coloreada.
Actualmente,
en Texas, los profesores Carl y Stephanie Simonton han empleado técnicas
de autosugestión en la que han llamado “terapia de visualización”.
Según sus teorías, practicadas con enfermos de cáncer, se
debe imaginar de forma muy intensa que sus células enfermas están
siendo dispersadas y destruidas.
En
ningún caso, estos doctores, y otros que emplean técnicas
similares, presumen de haber conseguido curas milagrosas, ni
resultados radicalmente espectaculares.
Pero si se ha comprobado que muchos de los pacientes
sometidos a este tratamiento han sobrevivido más de lo que habían
previsto sus médicos, y han afrontado sus enfermedades con otro ánimo.
Desde
los años setenta existe una gran proliferación de grupos que
intentan aprovechar, con diferentes intenciones, los beneficios de
la autosugestión. Algunos,
como los basados en el adiestramiento autogénico, los usan
directamente. Otros, en
cambio, se han convertido en cultos casi religiosos.
Es el caso del grupo de control de Silvia Mind, los cientólogos
y la Iglesia de la Unificación.
Desgraciadamente, como cualquier sistema eficaz de control
mental, puede ser usado para el bien o para el mal.
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