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El
fenómeno OVNI es, sin lugar a dudas, una de las materias
paranormales que más interés ha despertado, y por consiguiente,
objeto de abundantes estudios, algunos arduos y rigurosos. Sin
querer pronunciarnos en este momento sobre las explicaciones
ofrecidas sobre su naturaleza, vamos a analizar en estas líneas la
faceta más llamativa que nos ofrece la casuística ufológica: los
encuentros en la tercera fase.
En
demasiadas ocasiones, repartidos por los cinco continentes,
testigos, en ocasiones de solvencia contrastada (descartando los
casos de vividores o alucinados), han declarado haber
contactado con los "tripulantes" de esas "naves
espaciales" (si realmente de eso se trata)... ¿Quíenes
son y cual es su naturaleza?.
Llama
la atención un pequeño, pero trascendental, detalle: todo el que
se haya acercado con un mínimo de interés y objetividad a la
fenomenología OVNI en sus diferentes manifestaciones habrá quedado
intrigado por la gran cantidad de formas y colores que poseen los
supuestos tripulantes de esas artefactos... ¿Realmente la Tierra es
visitada por cientos de miles de civilizaciones extraterrestres?, ¿qué
despierta tanto interés sobre este planeta?, ¿o hay otra explicación
más pausible?.
Examinemos
algunos casos contrastados de encuentros en la tercera fase, donde
veremos esa inexplicable abundancia racial...
Un
caso atípico de encuentro se produjo el 27 de septiembre de 1954, a
las 8:30 de la tarde, en la localidad francesa de Prémanon, cuando
cuatro niños jugaban en el pequeño patio de la granja del padre de
uno de ellos, escucharon los ladridos del perro que guardaba la
finca. Acudieron a investigar contemplaron una criatura
rectangular, "como un terrón de azúcar" que se sostenía
sobre uno de sus lados. Uno de los ninos se acercó a ellos e
intentó tocarla, pero fue repelido por una fuerza invisible.
Tras ello, huyeron despavoridos. En su camino, en una colina
próxima encontraron una esfera roja y brillante balanceándose
sobre la hierba. Al día siguiente los gendarmes encontraron
una circunferencia de hierba aplastada de unos cuatro metros de diámetro.
Ese
mismo año, el 9 de octubre, también en Francia (concretamente en
Poitiers) un peón circulaba con su bicicleta a las 7 de la tarde
por un camino rural cuando se encontró con una extraña criatura
que parecía llevar un "equipo de submarinista". A
través de ella se podía distinguir una masa de cabellos y
unos ojos brillantes. El ser anduvo unos minutos por el
camino, y después se perdió entre los árboles.
Siguiendo
con esa oleada de avistamientos el año 1954, el 10 de octubre, en
Pournoy la Chétive, tres niños que jugaban a las 6 de la tarde
vieron aterrizar una máquina "muy brillante", de la que
descendió "una especia de hombre" de muy poca estatura,
vestido con una "especie de sotana" negra. Según
afirmaron, su rostro era muy velludo y ojos grandes y luminosos.
Llevaba una "linterna" que deslumbró a los niños, y
pronunció palabras que los niños no entendieron. Asustados,
se alejaron a toda prisa, y cuando miraron atrás, vieron que la máquina
se elevaba rápidamente.
El
11 de octubre, tres hombres que circulaban por Tapignac, en la costa
atlántica francesa, contemplaron un resplandor rojo en los
campos y el cielo sobre las 7:30 de la tarde. Tras detener el
coche, y descender de él, observaron un objeto elipse con una cúpula
roja a unos 250 metros de distancia, flotando a 10 metros del terreno
Los hombres cogieron una linterna y se acercaron al objeto, que a
los pocos minutos, aterrizó. Cuatro seres de aproximadamente
un metro de estatura trabajaban bajo la nave. Al verlos, los
pequeños humanoides desaparecieron dentro del disco que, tras
cambiar rápidamente de color, despegó a toda velocidad.
Cambiemos
de escenario: a primera hora del 12 de octubre de 1963, Eugenio
Douglas, que circulaba en ese momento con su camión cerca de Córdoba
(Argentina) quedó deslumbrado por una luz brillante. Pensando
que se trataba de un accidente, aparcó en la cuneta y se dirigió a
pie al lugar. Pudo ver entonces un objeto metálico, del que
descendieron cuatro objetos de aspecto metálico, "parecidos a
robots". Douglas disparó varias veces contra ellos y
después huyó. El objeto emitió un zumbido, y se elevó.
En su huída, afirma haber sentido un escozor en la espalda, tras un
análisis médico, se encontraron extrañas quemaduras en ella.
Con
estos pocos ejemplos, que continuaremos en el futuro, se hace
evidente la diversidad de conductas y apariencia: se encuentran
documentados encuentros con seres altos, bajos, desgarbados,
saltarines, bellos, espantos, con trajes transparentes, enanos sin
brazos, algunos con trajes de submarinista, criaturas rectangulares,
monstruos peludos de ojos brillantes. También se ha informado
de seres amistosos que daban golpecitos en el hombro, o que
ignoraban al testigo, otros que arreglaban las "averías de su
nave" o lanzaban piedras sobre un lago. Bastante alejado
de la visión uniforme que nos ofrece el cine y la televisión.
En
algunas ocasiones, tanto los artefactos como sus ocupantes son
portadores de haces de luz o rayos, o hacen ostentación de alguna
fuerza invisible Además, han mostrado el poder de aparecer o
desaparecer de forma instantánea, o han atravesado paredes.
En ocasiones incluso se les ha llegado a ver atravesar paredes... ¿podrían
ser algunas de estas apariciones figuras holográficas en lugar de
cuerpos físicos?.
Se
ha comprobado que en muchas ocasiones los tripulantes de los OVNIS
seleccionan cuidadosamente a sus testigos entre sujetos
clarividentes o fácilmente hipnotizables. En este sentido, C.
Maxwell Cade, en la revista Flying Saucer Review ha
establecido una respuesta al enigma: estos seres podrían captar los
temores del testigo, y amplificarlos para que contemplase lo que
realmente quería ver. Efectos parecidos se han conseguido en
laboratorio induciéndose a través de drogas (como el LSD) o la
irradiación de ondas de alta frecuencia, lo que hace bastante
pausible la hipótesis. |