CIUDADES, PAISAJES Y LUGARES DE ENCANTO 
Belén de
ESCOBAR
Capital Nacional de la Flor
Provincia de Buenos Aires
ARGENTINA

 
 
Plaza
 
 
 
Jardines del predio de exposiciones de la Fiesta Nacional de la Flor
 
 
Exposiciones en sector cubierto
 
 
CAPITAL NACIONAL DE LA FLOR
    Hay una ciudad entre las ciudades, donde la flor tiene su santuario. Ahí están las flores nativas que crecen en los campos cercanos, reunidas con las embajadoras procedentes de los más distantes lugares del planeta.
    Quiso Natura que cada región tuviera sus colores y perfumes. Pero algún lugar debía existir para la convergencia de toda esa belleza dispersada en polen a los cuatro vientos. ¿Las plantas hablaban entre ellas, diciéndose unas a otras: "Hagamos una reunión mundial de nuestras flores, que sea nuestra fiesta"? ¿Alguien lo escuchó con su sexto sentido y convocó a los floricultores a reunión festiva? Quién sabe cómo fue. Quién sabe por qué en la ciudad bonaerense de Belén de Escobar. Pero algún lugar debía existir. Fue allí, y las abejas creyeron tocar el Paraíso con sus alas. Los colibríes gozaron de un "tuti-fruti" de néctares, como en un fantástico parque de diversiones, probando sabores jamás reunidos, en tan increíble cocktail.
    Gracias a la idea de que el Reino Vegetal reuniera todas esas manifestaciones de su arte, con la belleza expresada en variadísimos colores y formas, floricultores y admiradores tenían su jardín ecuménico. Pero no podía faltar una anfitriona para tan majestuoso acontecimiento: ¿cómo no iba a estar, entre las flores vegetales, la flor de los humanos? Pues la belleza toma forma y se expresa, floreciendo en una planta o en una persona. Y allí, coronada, la bella reinando entre la belleza. ¿Y el futuro? ¿Quién lo representaría en los pimpollos que en el mañana se abrirían? Y allí, para eso, la pequeña Reina Infantil del Capullo.
    La flor y la mujer. Quién sabe por qué allí, por qué en Belén de Escobar. ¿Será que la femineidad, representada en la flor, marcó el destino de la ciudad desde su fundación? Eugenia Tapia de Cruz, la iniciadora de esta única ciudad argentina fundada por una mujer, ¿será la explicación de este misterio? ¿Heredó de ella la ciudad, el femenino gusto por las flores? ¿Quedó vibrando una energía "Yin" en el ambiente?
    Más allá de lo artístico que los ojos puedan disfrutar, más allá de los néctares y aromas, la reunión tiene algo mágico, algo que pertenece a los planos del alma. Quizá una música armoniosa y un coro en concierto planetario. La orquesta y el canto de las flores sonando con todos los instrumentos y voces imaginables. Pero demasiado inimaginable todo para la mente racional. Quizá valiéndose de la parte intuitiva, de los sentidos trascendentes a lo físico, el visitante de la Fiesta Nacional de la Flor lo perciba y se sienta en un santuario, un templo sagrado que enriquece el espíritu.
    Allí no hay imágenes místicas, ídolos para acercarse al Ser Superior: ése es el santuario sin más intermediario que la belleza misma para elevarse al Cielo. Así como unos peregrinan a los santuarios de Vírgenes para conectarse con lo celestial, otros logran la conexión sin darse cuenta, con sólo pretender dar un paseo por ese jardín. Porque donde está la belleza, está el Paraíso. ¿Lo habrán olvidado las ciudades que descuidan los canteros de sus plazas? Tal vez; y tal vez reaccionen al recordarlo. Cada primavera, esa ciudad floral se lo recuerda a todas las ciudades.
 
Claudio Omar Rodríguez
Escritor platense
1994
 

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