Por suerte para mí
Rosa se portó como un ángel, me consoló, me explicó
que mi caso no era único, que a muchas personas les pasa parecido,
tanto hombres como mujeres. Continuó dándome ánimos
diciéndome que mi físico no está nada mal y que seguro
que un montón de chicas esperaban encontrar alguien como yo. Enfin
cosas que se dicen en esos casos.
Pasó el tiempo, Rosa
no volvió a sacar el tema hasta que llegó el verano. Y yo
continuaba como siempre. Tanto ella como yo teníamos las vacaciones
en Agosto y el último día de trabajo nos fuimos a cenar.
Evitaré los detalles de cómo sucedió, pero ella sacó
de nuevo el tema. Me preguntó si mi problema seguía sin solucionarse
a lo que yo asentí. Acabamos de cenar y nos fuimos a una terraza,
entre copa y copa empezó a explicarme que había comentado
mi caso con un amigo psicólogo. Me aterroricé solo de pensar
que alguien podía saber lo mío. Rosa me tranquilizó,
me explicó que solo había comentado el caso, en ningún
momento dijo de quien se trataba. Sorprendentemente me preguntó
si quería solucionar el problema. Me quedé bloqueado, ¿estaba
Rosa, una mujer casada proponiéndome algo?. Siguió hablando
pero en vez de tranquilizarme, cada vez me ponía más nervioso.
Rosa tenía una amiga
que vivía en Francia y que iba a venir en agosto de vacaciones.
Amparándose en la supuesta opinión de su amigo psicólogo
(después supe que no existía dicho amigo) me explicó
que lo que yo necesitaba era, 1º - una mujer con experiencia, 2º
- que ella no fuera de por aquí y 3º - que el encuentro
no se produjera de forma brusca. Me propuso salir algún día
a cenar, dijo que podíamos ir ella con su marido y yo con Natalie,
que es como se llamaba su amiga. Evidentemente Natalie tendría que
saber el problema, pero Rosa como siempre volvía a tener razón,
al no ser ella de aquí si la cosa no iba bien ella regresaría
a Francia y no la volvería a ver, además solo me pedía
que fuera a cenar, si no lo veía yo claro siempre podía volverme
atrás. Después de convencerme de que Natalie se prestaría
a desvirgarme le hice prometer que no diría nada a su marido.
Pasaron los días
y Rosa me llamó el 3 de agosto, había hablado con Natalie
y no solo estaba de acuerdo sino que según ella no sería
la primera vez que hacía algo así. En Francia según
Natalie cuando un joven llega a determinada edad, su propia madre pide
ayuda a alguna amiga de confianza para que lo estrene como dios manda.
¿Por qué no nacería yo en Francia? Me pregunté.
Fuimos a cenar a una pizzeria,
Julián el marido de Rosa no solo no sabía nada sino que además
en un momento que nos quedamos solos me dijo que “atacara” a Natalie. Estas
francesas son una bomba, me dijo. Si tu supieras, pensé yo. La cuestión
es que la francesa no solo era guapa sino que además era simpática
y se notaba que sabía el terreno que pisaba. Después de cenar
fuimos de copas y más tarde acabamos en una discoteca. La cuestión
es que no me sentí mal en ningún momento, al contrario, me
sentía tan a gusto que empecé a invitar a todos a beber,
bailamos, bebimos, bailamos, bebimos y acabé con una borrachera
que a día de hoy aún hay cosas de aquella noche que no recuerdo.
Al día siguiente me desperté en mi casa con un terrible dolor
de cabeza, al momento apareció Natalie enrollada en una toalla procedente
de la ducha. ! Ho no ¡ seguro que he solucionado el problema
y ni me he enterado. Pero no, Natalie sabía lo que se llevaba entre
manos y se había limitado a acompañarme a casa y dormir a
mi lado. Me trajo un vaso y una botella de agua y estuvimos toda la mañana
en la cama hablando.
A mediodía se las
apañó con lo que encontró por la cocina para hacer
una comida ligera, mi cabeza parecía un timbal pero ella estaba
tan fresca. Después nos fuimos a la playa, aparcamos en la cochera
de su apartamento y ella subió a por el bañador y de paso
a dar señales de vida por casa.
Instalamos la sombrilla
y nos tendimos en las toallas. Me quedé dormido durante unos minutos,
más tarde nadamos y volvimos a la arena, hablamos y hablamos hasta
que se fue el sol paseamos y finalmente recogimos y volvimos a mi casa.
En ningún momento hicimos planes todo iba saliendo sobre la marcha.
Me sentía tan a gusto con Natalie que me olvidé del propósito
de nuestra amistad. Llegamos a casa y fui a guardar la sombrilla, mientras,
ella fue a la habitación. Cuando llegué yo, ella estaba ya
desnuda y al tiempo que caminaba en dirección al baño me
dijo mientras pasaba por mi lado que ahora que ya me había recuperado
de la resaca me esperaba en la bañera para que le frotara la espalda.
Me quedé pensativo, el dolor de cabeza evidentemente había
pasado pero no estaba con ganas de mucha marcha después de todo
lo ocurrido. No tardó en llamarme de nuevo y no tuve más
remedio que ir al baño, la puerta estaba abierta, entré,
ella se estaba duchando con la cortina apartada dejando al descubierto
su cuerpo. Frotaba con las manos sus pechos y sus muslos con jabón
de forma insinuante una y otra vez. Le dije que había una esponja
si la quería utilizar, ella estiró el brazo y me ofreció
su mano, yo me acerqué. ¿No te quitas el bañador?
me preguntó. Me desnudé, mientras, ella cogió el gel
y me lo ofreció para que le frotara la espalda, mi pene estaba casi
erecto.
Entré en la bañera
le froté la espalda y después lentamente pasé a frotarle
sus pechos al tiempo que acercaba mi cuerpo al suyo y restregaba mi pene
por sus muslos. Con mi boca empecé a besarle el cuello cuando de
repente, me retiró las manos y me dijo, ahora me toca a mí.
Cogió el gel se lo puso por las manos y me pidió que me volviera,
empezó a frotarme por la espalda bajó por los muslos y volvió
a subir hasta mi pecho. No lo podía creer estaba acariciando mis
pezones con las manos jabonosas y eso me excitaba mucho, se puso más
jabón y me preguntó si el gel era del bueno. Del más
caro de la farmacia, conteste. Sus manos fueron directas a acariciar mis
testículos mientras besaba mis espaldas. Con la mano izquierda cogió
mi pene y estiró hacia atrás poniéndolo más
duro aún si cabe. Con los dedos anular e índice de la otra
mano, que aún estaba jabonosa, empezó a recorrer toda la
superficie desde la punta hasta la base una y otra vez. Cerré los
ojos. Mientras la mano izquierda apretaba la base la mano derecha se soltó
de momento y empecé a notar algo frío en el glande, me estaba
tirando el gel por el pene, de repente su mano volvió a su trabajo.
Nunca en la vida me habían masturbado de una manera tan salvaje,
sus finos dedos subían y bajaban junto al jabón incrementando
la velocidad paulatinamente, la mano izquierda dejó de apretar y
empezó a acariciarme salvajemente el escroto. Restregó su
sexo por mi cuerpo y su boca empezó besarme morderme y lamerme pequeñas
zonas de mi espalda al tiempo que soplaba sobre la saliva depositada en
mi piel, no pude soportarlo más y me corrí.
Dormí toda la noche de un tirón, al día siguiente me desperté, aún virgen, pero feliz. Natalie dormía todavía, fui a preparar el desayuno lo puse en una bandeja y volví a la cama. Mientras desayunábamos me contó que en un par de ocasiones había desvirgado a los hijos de dos amigas suyas, ! tal y como me dijo Rosa ¡. Dijo que el proceso en realidad lo solía dividir en varias jornadas ya que se trataba de chicos muy jóvenes y para no agobiarlos realizaba la aproximación por etapas. Contigo es diferente eres un hombre maduro y con dos días seguidos ha sido suficiente, dijo. ¿Suficiente con dos días?, no es por nada pero yo aún soy virgen, protesté. Ella contestó que el segundo día aún no había acabado, al tiempo que se levantaba y caminando se acerco al bolso de donde extrajo un vibrador. Me pidió que me pusiera de pie al borde de la cama, retiró la bandeja de la cama, puso la almohada doblada en el centro y reclinando la espalda sobre el cabezal se sentó. Abrió sus piernas y empezó a masturbarse. Lo único que quiero es que no me toques hasta que no te lo pida, me dijo mientras se acariciaba con el consolador. Este segundo día creo que va a ser largo, pensé. La visión de sus movimientos me estaba excitando, empecé a tocarme los testículos, mi pene se ponía erecto y ella me pidió que me masturbara. Cuando te vengan ganas de eyacular dejas de masturbarte, me dijo, coges el pene con una mano lo inclinas hacia arriba como si fueras a pegarlo a la barriga, cierras los ojos y dejas la mente en blanco, cuando te pasen las ganas, la erección continuará y podrás seguir masturbándote. En la vida había estado tanto tiempo seguido masturbándome tuve tres orgasmos sin necesidad de eyacular. Acércate y olfatéame la entrepierna, pero sobre todo no me toques. Así lo hicé, después dejó el vibrador en la mesilla de noche y me dijo, ahora voy a olerte yo, cierra los ojos. No se como pero cuando me di cuenta tenía puesto un preservativo. Ella se puso a cuatro patas y me pidió que la penetrara. No hay palabras para explicarlo, sentí un gran placer y una alegría inmensa, estuve penetrándola durante más de media hora, la temperatura subía y cada vez sudaba más. Ella empezó a gemir y gemir, no pude aguantarme y finalmente eyaculé. Rápido, aprieta la base del condón y sácala. Retiré el pene me quité el preservativo y le hice un nudo. Natalie me besó en la boca y volvimos a acostarnos, suerte que aún estaba la botella del agua al lado de la cama porque no pensaba moverme en un par de horas y después de sudar tanto necesitábamos recuperar líquido.
Prácticamente pasé
todo el mes de agosto con Natalie, cuando ella se fue quedamos que nos
volveríamos a ver, pero al verano siguiente yo ya tenía novia
oficial, María. Con ella estuve cinco años, María
era virgen cuando la conocí y aplicando las “técnicas francesas”
más otras nuevas que aprendí, le proporcione a mi novia un
desvirgue como dios manda.
Evité ver a Natalie
en estos años y ahora que he roto con María, he sabido por
Rosa que ya hace dos años que veranea en la costa azul. Rosa que
como ya dije es un ángel, no para de presentarme amigas que están
solteras y vamos de cena los cuatro. Con algunas he acabado en la cama,
con otras no. Pero lo mas gordo me pasó el otro día cuando
vino a cenar con nosotros Ana, tiene un rostro bellísimo, sus ojos
negros son grandes y su sonrisa angelical, su cabello largo y liso, su
forma de vestir es tan elegante como su andar. Ana es de Madrid, me dijo
Rosa y ha venido a pasar unos días, ¿te atreves a desvirgarla?
tiene 28 años y es aún virgen, situación que le proporciona
una inseguridad muy fuerte.
No tienes que explicarme
nada, ¿que le has dicho que tienes un amigo psicólogo?.
No, contestó Rosa,
le he dicho que tengo un amigo que es experto en solucionar casos como
el suyo.
Mujer, de poder ayudar a
ser un experto....
El desenlace os lo podéis
imaginar, Ana quedó muy satisfecha, tanto que me presentó
a una amiga suya a la que también ayudé. Y ahora estoy aquí
haciendo nuevamente caso a Rosa, ofreciendome a través de esta web
a mujeres que lo puedan necesitar.