La Utopía Autoritaria

Escribe: R. Doria

La lucha de las ideologías se ha hecho hoy algo más opaca con la finalización de la guerra fría hace unos 10 años, hecho contemporáneo con la caída de la URSS y la desmistificación de la utopía autoritaria del marxismo-leninismo que en 70 años se mostró altamente ineficiente desde el punto de vista económico y terriblemente déspota y cercenadora de las libertades individuales.

La permanencia de un tirano sangriento como Stalin, sólo pudo producirse en un régimen que admitía la hegemonía de un solo partido y dentro de él, de un solo hombre.

La dictadura del proletariado que había pensado Marx, quedó sustituida en la revolución bolchevique de 1917, por la dictadura de un partido y de un hombre omnipotente.

Los marxistas parecen no poder separar la teoría original de Marx, de sus arreglos leninistas, de Lenin mismo y sus desviaciones del pensamiento original de Marx.

H. Marcuse, un filósofo contemporáneo, severo crítico de la sociedad occidental capitalista, ha escrito "El marxismo soviético", un excelente libro donde muestra que la ex URSS se convirtió en un aparato burocrático-militar que subordinó a las necesidades de ese aparato, todas las reales necesidades del pueblo ruso. Y la prueba está en los hechos; mientras la izquierda pasó décadas anunciando el derrumbe del imperio norteamericano, sucedió exactamente al revés.

La utopía no soportó las exigencias de la realidad y explotó en mil pedazos.

¿Cómo es posible plantear como alternativa de cambio un modelo que probó, en la mejor de las exigencias, que es la realidad, que es absolutamente ineficiente y cruel?.

La China roja sigue oficialmente proclamando su ideología marxista-leninista, pero en los hechos, todos los días da un paso hacia la apertura económica –no política- y hacia la economía de mercado.

Las utopías autoritarias, aunque ya son prehistoria, permanecen aún en la mente de mucha gente, porque prometen soluciones a los problemas que afligen a la gente y para escapar al dolor, muchos siguen soñando, a costa de permanecer enajenados, alienados, es decir, perdidos de sí mismos y de la propia realidad.

El efecto de estas utopías es similar al de las drogas: permiten escapar de la realidad, pero van matando el cuerpo y el alma. Hay que erradicar las tremendas desigualdades que sufre la sociedad, pero ello no se logra ni se logrará metiendo preso al que piensa diferente, eliminando la oposición, dirigiendo el pensamiento de las personas, aprisionando el libre albedrío de los ciudadanos.

Una cosa es el derecho a soñar, el cual nos permite elevarnos por sobre las barreras de la cruda realidad. Pero el sueño tiene su tiempo, y hay que despertar.

Hay políticos, verdaderos brujos modernos, que pretender sustituir la realidad por los sueños, y tal cosa seguramente no producirá más que dolor y mayor angustia.

Es hora de despertar.

Montevideo, mayo de 1999.

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La Financiación Política

En lo que respecta a la financiación de la campaña política hay cruzadas acusaciones. En una reciente reunión, Tabaré Vázquez acusó especialmente a Hierro y a Lacalle por el alto costo de su publicidad. El senador forista Hierro replicó acusando al Frente de haber recibido ayuda de la ex Unión Soviética, noticia que publicó un diario de la capital hace algunas semanas.

De todas formas, sería bueno que todos dieran cuenta de sus gastos y detallaran precisamente el origen de las donaciones recibidas.

Al Partido Comunista del Uruguay se le acusó siempre, incluso desde la izquierda independiente, su demasiada estrecha colaboración y relación con la URSS.

De ahí a afirmar que el PC recibiera financiación rusa y por su intermedio el resto del Frente, es algo que no podemos, por lo menos nosotros, afirmar con seriedad porque no tenemos pruebas.

Quien debería ser más explícito es el diario "El País", quien lanzó la imputación de la financiación soviética al comunismo criollo.

De todas formas, el gran negocio lo está haciendo especialmente la televisión y lo seguirá haciendo seguramente durante el resto del año.

Por una parte, uno desearía que no se gastara tanto y el dinero invertido en publicidad fuera vertido para fines más urgentes, aunque se podría decir que el gasto forma parte de la campaña democrática y no hay derecho a entrometerse.

En fin, parece que en definitiva es una cuestión de sensibilidad más que de normas jurídicas.

También se puede argumentar que es preferible una campaña larga y costosa que una ausencia de lucha electoral como sucede en los sistemas dictatoriales.

De todas formas el tema del gasto electoral está ahí, presente en la polémica y seguramente seguirá instalado en los próximos meses, quizás hasta mayo del año 2000. De cualquier manera, solo hay cruces de acusaciones aunque faltan pruebas que es lo que se requiere siempre para darle fundamento a las imputaciones, del tipo que sean.

Es mucho más lamentable, aunque económica o financieramente no haya relación, el tema del diputado Ruben Díaz, que todos conocemos, que está probado y que merecería su expulsión del partido colorado y su renuncia a la banca que ocupa en diputados. Parece un tema menor pero es grave porque demuestra la inconsciencia a la que pueden llegar algunos hombres en su afán de lograr votos. El "juego sucio" es siempre repudiable, venga de donde venga.

Deberían, por lo menos para el futuro, establecerse normas claras para el control de los gastos de los partidos políticos. No se trata de acusar de antemano a nadie, pero sería una buena forma de darle transparencia al sistema y de aventar fantasmas de intervenciones de terceros que nada tendrían que ver con los actos electorales.

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Los Pretendidos Monopolios

La peligrosa idea del monopolio de la ética y de la moralidad, se ha extendido peligrosamente en estos tiempos de campaña electoral. Desde algún sector ha partido la peregrina idea de que los demás, salvo "nosotros", son campo propicio para la deshonestidad, lo cual además por supuesto de ser un error, una falsedad, es una estrategia de corto plazo.

El próximo gobierno, sea cual sea su color, no tendrá las mayorías parlamentarias para gobernar, lo cual exigirá al menos un acuerdo sobre planes de gobierno con sectores de otros partidos.

La estrategia de insistir en el monopolio de algo, en este caso de la honestidad, es muy peligrosa porque además, como dijimos, de ser falsa, conduce al aislacionismo, lo cual sería una bomba de tiempo.

No hay fiscales de la patria que defiendan aislada y heroicamente la probidad pública; no hay grupos cristalinos y grupos maldecidos por la maldad.

La propia gente ya no cree en salvadores iluminados, poseedores de una virtud especial que los hace estar más allá del bien y del mal. El respeto elemental en una sociedad democrática indica que las denuncias, con pruebas al respecto, deben dejarse en manos de la justicia y no en el amarillismo sensacionalista de los titulares periodísticos.

La demagogia es un mal latente en las escaramuzas o en las batallas por el poder; esperemos que la mayoría de la población esté vacunada contra este tipo de patología que tanto mal nos

hiciera en el pasado y que está tratando de hacerlo en el presente.

La historia de la democracia tiene mucho que ver con la historia de la corrupción. En las sociedades cerradas la corrupción es imperceptible y abundante; en una sociedad abierta, democrática, la corrupción se detecta y se denuncia ante los poderes independientes del Estado.

Por supuesto que mucho corresponde a la escrupulosidad de los gobernantes, pero detectar, prevenir y sancionar la deshonestidad, solamente puede hacerse en un sistema abierto, pluralista, en definitiva, democrático.

Es buena cosa la lucha contra la corrupción; lo que es pernicioso es la fijación en el tema y en atribuirse, como expresamos al comienzo, el monopolio de la ética.

Los monopolios no son buenos, ni en la economía ni en la política ni en ningún sitio. El monopolio es una forma de dictadura, porque no permite la diversidad, que es esencial en una sociedad libre.

Esperemos, dado, entre otras razones que la gente está cansada del discurso monotemático, que se bifurquen como en un cuento de Borges, los caminos de la discusión, dado que el país enfrenta muchos tipos de problemas como todos sabemos y sentimos.

No hay constitución que sirva, digámoslo al pasar, si hay gente que no cree real y verdaderamente, en la libertad como elemento esencial para vivir en sociedad. He aquí el dilema.

La Verdadera Oposición

En realidad la discutible separación en "derechas" e " izquierdas" opera frecuentemente, para uno y otro lado, como una forma perversa de descalificación moral e intelectual del eventual adversario.

En materia económica, todo es discutible y se puede estar más de acuerdo con una política de mercado abierta o por el contrario simpatizar más con políticas más proteccionistas o con una mayor intervención del Estado.

Tales enfoques son pertinentes y discutibles pero no encierran en sí mismos criterios morales. Ni Adam Smith, ni David Ricardo, ni Marx, por pensar como pensaban en materia económica, eran, por solo eso repetimos, malas personas o carentes de ética.

La verdadera distinción no está, para nosotros por supuesto, en la visión económica que los hombres tengan acerca del mundo, sino, por lo menos esencialmente en sus criterios sobre el valor de la libertad.

Vaz Ferreira distinguía entre almas liberales y almas tutoriales, es decir entre quienes aman a la libertad para, a partir de ella, construir lo necesario en materia social, y quienes sueñan siempre con la autoridad que les indique qué hacer. Y lo peor, extienden ese sueño autoritario a los demás y al mundo.

No por etiquetarse y permitir que lo etiqueten, alguien se convierte en bueno o malo, útil o inútil.

No hay teoría que, en la práctica, haya podido conciliar equilibradamente la justicia y la libertad.

Hay dictaduras que le han quitado la libertad a la gente con la ilusión de la justicia o la igualdad. También es cierto, con la ilusión de la libertad se ha tergiversado el tema de la justicia. La democracia, decía Churchill es un sistema malo, pero no hay otro mejor. Solamente desde la visión democrática de la vida puede plantearse la conjunción entre libertad y justicia.

Las dictaduras, del lado que sean, solo han servido y sirven para esclavizar al hombre, de una u otra manera, de forma más o menos sofisticada, pero esclavitud al fin.

Por supuesto que la libertad no se refiere solo al campo del pensamiento, sino que el hombre libre es aquel que puede pensar sin coacción y se ha independizado también de las necesidades materiales.

Es por lo dicho que de un régimen de partido único jamás se podrá esperar la real liberalización de la especie humana. Solo en la multiplicidad es posible crecer; solo en la diversidad es posible la vida.

R. Doria

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