Es común denominador en los discursos oficiales, obviar el tema: nos referimos al que tiene directa relación con la pobreza rural, no de los hacendados, de los productores o de los terratenientes: nos referimos al peón rural, a su familia y a los minifundistas que viven en situación de extrema miseria.
A sus necesidades básicas insatisfechas, a la explotación en que muchas veces se ven obligados a vivir, le agregamos otro aspecto fundamental en que se está retrocediendo, y que afecta grandemente la propia existencia del peón rural y su familia: es el concerniente a la educación en el medio rural.
Referente a las Escuelas Rurales, precisamente, se sostiene desde la reforma educativa actualmente en curso que al disminuir la población rural debe acompañarse el proceso cerrando escuelas.
Parece desconocerse el enorme impacto social y de desarrollo que provoca la escuela en el medio rural, que trasciende al número de niños que efectivamente cursan cada año. La solución ofrecida, en algunos casos, consistente en trasladar a los niños en vehículos hasta otros puntos parece ser planteada con un desconocimiento de la realidad rural, de los caminos existentes, de los arroyos crecidos y en particular de su cultura.
Por su parte, en relación a las Escuelas Agrarias, pese a que se cuenta con una red de ellas a nivel nacional, se asiste a un proceso de involución, de desuso de la capacidad instalada, al utilizarse solo parcilamente este recurso. Estas escuelas fueron en otros momentos un lugar ideal de capacitación de hijos de peoqueños productores y de hijos de asalariados rurales, pero esto tiende a decrecer.
En general, dentro de la conceptualización de pobreza, el adjetivo rural le agrega algunas peculiaridades, donde sobresale la distancia a los centros de servicios, localizados en su gran mayoría en los centros urbanos y más especialmente en las capitales departamentales. Se asume como pobreza a la situación de carencias múltiples que afectan la calidad de vida restringiendo la potencialidad individual y social.
Dentro de esta situación se puede establecer que la pobreza rural está más desprotegida aún de las polítcicas sociales que la pobreza urbana, lo que suele ser uno de los motivos que contribuyen al incesante éxodo rural que desde hace más de treinta años cuenta con un promedio de tres familias por día que
son expulsadas del medio rural hacia el urbano.
Entre esas situaciones de pobreza está el caso de los peones rurales y sus familias así como los productores familiares minifundistas.
Sabido es que los peones rurales nunca tuvieron ningún tipo de vínculo con ninguna organización gremial. Están dispersos, aislados, solos o en pequeños grupos. Como regla general, rige el criterio de trabajar «de sol a sol».
Según investigaciones realizadas, más de la mitad de las familias delos peones viven bajo la línea de pobreza. El caso de los peones zafrales es particularmente más grave, porque al residir fuera del predio pierden los ingresos en especie, además de la discontiuidad de los ingresos por los perí9dos en los que permanecen sin trabajo y sin ningún tipo de seguro o apoyo compensatorio. No hay políticas específicas significativas que velen por este grupo social, por lo que no se visualizan cambios que humanicen la forma de vida de estos trabajadores.
En el contexto de profundos cambios que son la expresión a nivel nacional de fenómenos mundiales, es hora de quecomiencen a definirse nuevas formas de mirar la realidad, nuevos enfoques que reubiquen los centros de atención sobre esos aspectos.
Debe mencionarse, además, que la población rural que no asiste, o nunca asistió a establecimientos de enseñanza es muy alta, lo que nos da una aproximación a la realidad del drama en que viven.
También en ese aspecto, y en forma primordial, habrá que mirar hacia el campo, pensando en la viabilidad de reincorporar a ese núcleo de habitantes del país, porque también ellos forman parte de esta sociedad y hasta que no se contemplen estas situaciones no estará realmente integrada.
Hasta el momento siguen operando en ella un conjunto de mecanismos de exclusión, de prácticas discriminatorias, de violaciones a la reciprocidad, de los intercambios impuestos por la fuerza. Es en esta sociedad donde habrá que reconstruir as relaciones sociales sociales de todos para desmontar los mecanismos de exclusión y hacer viable un proyecto de vida diferente para los sectores que en este momento se encuentran vulnerados en sus derechos.
La pobreza rural importa a todos, constituye un asunto comunitario, para cuyo tratamiento se requiere una integración efectiva, que permanece invisible cuando sólo se mira la realidad con la perspectiva de los indicadores macroeconómicos, y no se perciben valores tales como sensibilidad, afectividad, en un marco de decoro a que tiene derecho la población rural, los peones, los minifundistas, es decir lo más importante: el capital humano, hoy tan ignorado.
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No queremos volver en estos momentos a analizar lo positivo y negativo de la Reforma, sólo repasaremos someramente algunos detalles. Es indudable que, en un país que vive y respira política por sus poros, el hecho de alargar los procesos electorales, hace esto es innegable- que el Uruguay se nos presente poco menos que como "paralizado". Recordemos los argumentos de quienes se opusieron a la Reforma: precisamente, ampliar el proceso electoral, hecho que conspiraría contra la normal actividad del país principalmente en el área legislativa-, la mayor ingerencia de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, hasta argumentos de orden político referentes a que el nuevo sistema de segunda vuelta, poco menos que aseguraría la permanencia a "perpetuidad" de los partidos tradicionales en el poder.
Sobre estos puntos concretos, no vamos a referirnos y no haremos un juicio de valor al respecto. Sí, consideramos que el nuevo sistema tiene sus contrapesos importantes. El fundamental, a nuestro entender, es que como decía el Dr. Tarigo hace un tiempo, se trata de un balotaje "a medias" porque no asegura la mayoría parlamentaria para poder gobernar con el respaldo necesario del legislativo. Es, a nuestro entender, una falencia importante que ha quedado consagrada constitucionalmente.
Pero queremos referirnos concretamente a lo que aconteció el pasado domingo. La ciudadanía demostró una vez más su elevada cultura cívica, marcando un importante nivel de participación en una elección en la que no era obligatorio votar (tampoco entendemos esta determinación, ya que pensamos que son las elecciones más importantes, como lo hemos explicitado en anteriores ediciones de AREQUITA). Tras el proceso de facto, se ha desarrollado, como resulta obvio suponer, un gran deseo por participar, por opinar y por votar, por supuesto. Esta es una actitud saludable que sin duda afianza nuestro sistema democrático.
En estos últimos meses, y con más intensidad en la recta final, hemos asistido a un proceso de "fanatismo" sectorial. Luchas dialécticas entre los can-
didatos de un mismo Partido que plantean muchas dudas.
Es innegable que en el Partido Nacional se planteó la disputa más feroz en estas internas. Uno se pregunta qué ideales mantienen a esos rivales ocasionales dentro de un mismo Partido, bajo una misma bandera. El discurso de Ramírez fue monotemático, no fue a favor de sus ideas, sino en contra de Lacalle. Y las denuncias de corrupción, entendemos que, más allá de exponerlas frente a la ciudadanía para lograr determinado fin político (cosa que no consiguió), deben ser presentadas a la Justicia, sin especulaciones de ninguna índole.
Ese discurso repetido hizo las veces de "boomerang", ya que desde hace mucho tiempo, las encuestas indicaban un claro triunfo de Lacalle, circunstancia que quedó plenamente confirmada.
Dentro del clásico "zapping" que la oferta televisiva propone, y sin que signifique una identificación partidaria que jamás buscamos y que nuestros lectores saben distinguir en nuestras páginas dado el tenor plural y objetivo de nuestra publicación, asistimos a una lección de coherencia del Partido Colorado, con dos candidatos de indudable prestigio como el Dr. Jorge Batlle y el Prof. Luis Hierro López que llegaban a esta instancia en un "empate técnico" según las empresas encuestadoras. Demostraron que, dentro de un mismo Partido, jamás pueden haber "vencedores ni vencidos".
Tampoco hubieron sorpresas en el Frente Amplio, donde el Dr. Tabaré Vázquez superó ampliamente al Cr. Danilo Astori, confirmando su liderazgo dentro de filas encuentristas. Dos candidatos diferentes pero con gran idoneidad para liderar a la coalición de izquierda. Lo que sí llama la atención fue la poca participación de los frenteamplistas en este acto electoral, seguramente determinado por el hecho de que la elección ya estaba resuelta.
El actual senador Rafael Michelini, mientras tanto, veía cómo sus simpatizantes le acompañaban a través del sufragio, en un caudal suficiente como para que el líder nuevoespacista quedara satisfecho, mientras que otros precandidatos, como Volonté, Alvaro Ramos, Alem García, Vaillant, Bouza, Cabrera, quedaban irremediablemente por el camino...
Para cerrar esta nota, decimos que fue una jornada ejemplar, como nos tiene acostumbrado nuestro pueblo, augurando que en los meses venideros el Uruguay encauce nuevamente su línea de acción, de actitud motora. En definitiva que la política nos de un descanso a todos... La sonrisa del hombre del carro de basura Me dispongo a sortear este cruce sin semáforos hacia las Tres Cruces, como a las 11 de la noche de un día cansador. Los autos pasan como bólidos y, entre ellos, un carro de marcha parsimoniosa que lleva cargadas unas bolsas gigantescas. Lo conduce un ser humano señalado como indigente.Se intuye que viene de lejos. Que va lejos. Con rostro distendido y piernas estiradas, sonríe y charla con su acompañante, como dando la espalda al stress de los que dentro del sistema nos sentimos cansados.
Todos los pensamientos que genera un instante... Justicia social y felicidad acuden por si solas a surcar mi mente.
Los demás no sonreímos. El hombre del carro sí. Tranquiliza a los que defendemos otras riquezas.
Una segunda lectura me conduce a los porqué de la sonrisa y ya se me complica el panorama. Casi siempre se complica cuando nos disponemos a profundizar.
Me pregunto: "¿Por qué sonríe?" y me respondo que es debido a que no pudo educarse para luchar por cambiar. Porque lo empujaron a tener que sobrevivir. O será que se cansó de luchar y se dio cuenta que de nada le sirve un rostro de resentimiento... El sistema es un monstruo que lo condena a formar parte de esa clase de los que nunca van a salir. Está condenado por ser sub-americano. Integra un sector tangencial al trabajo.
¿Dónde quedó la frase de Varela: "La educación, como la luz del sol, puede y debe llegar a todos"? No llega luz a sus oscuridades. No aprende que tiene en teoría los mismos derechos. Aprendió, eso sí, que la realidad es un enemigo demasiado poderoso. Ignora que existe otro mundo, que no es "del otro mundo", pero que es mejor y que él podría formar parte de él.
La respuesta que tal vez él no conciba ni presienta, esa respuesta que grite que puede cambiar su destino, debe partir de los que, aún sin sonreír demasiado, vivimos materialmente mejor.
El Estado debe asegurar más cosas que la propiedad privada. No puede dar respiro en la lucha por mejorar este perfectible "menos malo de todos los gobiernos" llamado democracia. Debe ser justo siendo parcial, un juez y un padre volcado a liquidar la desigualdad de oportunidades. Si no hay justicia social en "Los más infelices serán los más privilegiados" ¿dónde la hay?
Hay quienes piensan que el hombre del carro elige vivir en un cantegril. O creen que no es inteligente como ellos, o que es un masoquista incurable. Olvidan que para elegir hay que saber que existen otros caminos y tener la posibilidad de transitarlos con éxito.
Que comprenda que no fue expulsado de paraíso de civilización alguno debe ser tarea de la educación y de los gobiernos. Deben aportarle los medios materiales para concretar el cambio que esta gente necesita y merece. Tanto gobierno como educación, si pretenden ser buenos, deben tener raíces profundas en una solidaridad fraternal, tan real como impostergable. Balotaje sincretista El sincretismo es la coalición de dos adversarios contra un tercero.Al margen de constituir una etapa en la evolución psicológica del ser humano tema hermoso del cual nos podemos ocupar en otro momento- resulta perfectamente aplicable el significado de este término a la hora de visualizar nuestro presente y nuestro futuro político cercano.
¿Qué es el balotaje sino un sincretismo? No lo decimos solamente nosotros. Está en la calle el comentario: se tratará de una coalición de dos adversarios contra un tercero. Siguiendo con la voz de la gente, se prevé que sea el Encuentro Progresista ese adversario frente al cual se unirán blancos y colorados.
Desde ya se insta por parte de los líderes de los partidos tradicionales a votar a su otrora rival de todas las horas por utilizar un término futbolero- antes que cometer el terrible e irreparable error según ellos- de sufragar en favor de la izquierda.
Sin apartarnos un instante de ese saber popular asombrosamente consciente de nuestro presente, se trata de un sistema ideal para los partidos tradicionales, y poco más que la debacle para el Encuentro. "Está pensado para que no gane el Frente", se escuchó la otra noche en un bar del centro. Y no hablaba un izquierdista.
En 1836 se le ocurrió al Presidente Oribe la idea de eliminar el cargo de Comandante General de la Campaña, ocupado por Rivera. Coexistían dos gobiernos dentro de un mismo país, dado el ascendiente de Rivera en el medio rural. Tan es así que para el hombre de campo "el Presidente Oribe se ha sublevado contra el General Rivera". Por aquellos días don Frutos hacía frente a las denuncias de despilfarro de los dineros del Estado durante su presidencia y no le pareció acertada la medida tomada por el Presidente de excluirlo de su medio ambiente natural, el campo. A partir de ahí nacieron blancos y colorados y, a lo largo de 163 años, la rivalidad ha sido el común denominador entre partidos que con el tiempo dejaron las luchas armadas pero no las luchas ideológicas.
Ahora el sistema empuja a ir contra esa realidad. Son generaciones las que, acertada o desacertadamente, pero siempre convencidas, vieron dentro del Partido y solo dentro del Partido las ideas y el espíritu mejores para el bien de la Patria.
Hoy los que se unen no lo hacen por convencimiento, por el bien del país. Duele, pero es para que no gane el Encuentro Progresista. Después de tantas disputas, de tantas veces que se encargaron de aclarar diferencias irreconciliables en la visión de
país de cada uno, de convencer a propios y extraños de que eran dos caminos bien diferentes, resulta que todo eso queda de lado por este sincretismo del que hablamos. Dos adversarios contra un tercero. Un tercero que debería ser considerado tan adversario como el partido tradicional de la vereda de enfrente.
¿Cómo puede sentirse un anciano, de los tantos que quedan aun fervorosos defensores de las divisas, cuando su líder les diga en su momento: "Voten a las colorados", o "Voten a los blancos"? ¿Qué fundamentos le darán? ¿Cuál es el fundamento? ¿El miedo? Parece que frente a esa postura de nada le sirve al Encuentro haber demostrado que no tiró Montevideo por la ventana desde que accedió a la Intendencia Municipal. Un Encuentro que también comete errores, por supuesto: quedaron expuestas debilidades internas, aun no se ha lanzado a la conquista del interior, etc.
"¡Comuniiiistas!" decía Mecha Bustos en Decalegrón. Hasta el día de hoy nos causa gracia, por un lado, y también bronca al ver que esa broma de Mecha, que ilustra tan bien la actitud de muchos, se transforma en bandera de lucha actualizada por otros tantos en una especie de "abrir el paraguas". Es la vieja y para nada querida estrategia del miedo. "¡Comuniiiistas!" , al margen de la eterna discusión sobre el comunismo discusión que deberíamos comenzar e entablar con tranquilidad para terminar con eso de que hay malos y buenos- significaba "subversivos", "vende patrias", "asesinos" y cuantos adjetivos se le ocurrieran, por ejemplo, a los fanáticos de "Sea Ud. Juez por un Minuto", la audición de Heber Pinto.
¿Cuándo un uruguayo, hace no tanto, soñaría con que un colorado exhortase a los suyos a votar a un blanco? Y viceversa. Solo hasta que el Encuentro Progresista se transformó en amenaza.
Además impera en el país un concepto de tradición bastante particular, por el cual aún sin tanta presión de los líderes, la gente, sobre todo en la campaña, igualmente y rezongando iría a votar a su rival tradicional antes que a los "¡Comuniiiistas!"
Parece que nunca saldremos del pozo hasta que comprendamos que somos todos uruguayos y que debemos construir un país diferente, más justo, sin subestimar la inteligencia de los ciudadanos. Siempre recordamos y citamos a Wilson. Wilson actuaría diferente. Aunque suene utópico, no podemos dejar de soñar con un país sin mentiras. Que debe empezar por el ejemplo que hay que dar desde adentro. Primero y por lógica no odiarse en casa, y luego mirar al contrincante con calma, sin sentir ni infundir un miedo que no nos hará crecer.
No podemos ni debemos- resignarnos- El verano, tiempo de distensión, de descanso y esparcimiento, no nos puede hacer olvidar que todos debemos ocuparnos de los problemas del país. Todos, el abogado, el militar, el ama de casa, la peluquera, el periodista, el almacenero... Todos.¿A quién escapa la responsabilidad sobre la educación? No informarse bien y tomar partido luego, es una falta de seriedad, de madurez, que como buenos ciudadanos, no podemos permitirnos.
Preguntemos, averigüemos, sepamos. Hablemos con maestros y profesores del Partido Colorado, del Partido Nacional, del Encuentro Progresista, del Nuevo Espacio, o "apolíticos". Solo así podremos tener una visión de la afligente situación de nuestro sistema educativo en la actualidad. Es preciso hablar con ellos, y cersiorarnos bien de que no se nos brinde una información parcializada, torcida, partidizada políticamente. Probemos todos. Empapémonos de la situación. Nos sentiremos mejores ciudadanos.
Frente a la gran reestructura de que habla un CODICEN renovado -en algunos nombres solamente- se nos plantean las mismas dudas, los mismos interrogantes, los mismos temores. Se acercan las elecciones... ¿Qué harán los triunfadores con la educación? ¿Variará en algo? ¿Es posible variarla? A esta altura del partido, confesamos -por si quedaba alguna duda- que por encima de quien reciba la confianza de la mayoría en las urnas, por encima del Partido que triunfe, en AREQUITA ansiamos desesperadamente sentirnos triunfadores al ver que del gobierno del color que sea emanen cambios serios, consensuados, democráticos, en los que participen los docentes. No como hasta ahora. ¿Quién en sus cabales no se sentiría triunfador en un Uruguay así?
Mientras tanto, aunque sea pleno verano, tomemos conciencia que en este 1999 no podemos dejar a los docentes solos. Ellos piden intervenir en la discusión por un futuro mejor. Han planteado propuestas y se los ha dejado de lado burdamente. ¿Es mucho pedir al CODICEN que no se menosprecie a los docentes, de todos los partidos, que han manifestado sus discrepancias?
Aunque no tengan prensa, la inmensa mayoría de los educadores de este país se plantea la necesidad de un sistema
- al servicio de la condición humana;
- contra la competitividad que envenena la convivencia;
- por la solidaridad que potencia lo mejor de cada uno;
- contra el egoísmo que llena de pelusa el ombligo individual;
- por la racionalidad y la participación, anverso y reverso de la condición ciudadana.
Los bancos -cualquiera de ellos en el sistema capitalista- se inventaron para ganar dinero. Ningún banco se fundó con otro sentido. El Banco Mundial también. Es perverso y corrupto abandonar el pensamiento creador, transformador, para colocar el discurso pedagógico al servicio de la concepción banquera.
A pesar de la lucha cruel contra una indiferencia tan difícil de derrotar, no debe pensarse en la resignación, porque la capacidad de indignación y la voluntad de resistir, viven. Esta sana y aconsejable lucha por lo mejor de lo nuestro constituye un homenaje público a los que resistieron, a los que rechazaron el soborno bajo cualquiera de sus formas, a los que eligieron una pobreza digna a pesar de las tentaciones del "poder y la gloria". Para los que no pudieron resistirlo, y fueron obligados a poner en primer lugar el comer y después el pensar, no puede haber ni habrá resentimientos.
Los educadores no son el sistema, pero son los portadores del sistema. No hay educación capaz de realizarse sin el educador que la conduzca. Si este concepto es el último madero flotando tras el naufragio, habrá que abrazarse a él conscientes de que es imprescindible hacerlo con firmeza. Con esa fuerza que emana no ya de la pedantería intolerante, sino de la verdad.
Toda vez que la democracia fue mortificada, se atacó al sistema público de enseñanza, atacando a los educadores. No permitamos que se nos ataque a la democracia, mientras nosotros nos quedamos mirando, así como así, de brazos cruzados, al borde del camino. Nadie exhorta a tirar bombas, ni a ir construyendo trincheras, sino a hacernos fuertes interiormente, para no olvidar que, pese a que la lucha no es fácil, nos respalda un íntimo convencimiento.
No permitamos que la desidia, la indiferencia y la inconsciencia que muchas veces se perciben, -increíblemente estos tres defectos provienen de casi toda la clase política- acerca de las consecuencias nefastas y -por ahora muchas veces imperceptibles- de la aplicación de esta reforma educativa, nos transforme en culpables del futuro de nuestros hijos.
No permitamos que crezca una injusticia. Hagámosla visible, denunciándola, tomando partido, viviendo, uniéndonos por encima de banderías. De este modo, podremos, -sí, podremos- ir de a poco venciendo la pulseada.
Es un gran motivo para que un buen día miremos hacia el pasado satisfechos de haber entregado nuestro granito de arena en la historia de esta hermosa tierra de Artigas.
Vía Crucis de los Uruguayos Mercedes al 1880 de nuestra antigua tacita del Plata. Edificio bastante obsoleto. Adentro, cientos de personas hacinadas. De diez ventiladores de techo, alguno anda...¿En qué anda, precisamente, esta gente, que promedia los 70 años? En busca de algún peso prestado de la Caja Nacional.
Son pasivos. De magras jubilaciones. Malgastan sus menguadas energías. El poco tiempo que les va quedando. Intentando, cuando vencen las barreras de los requisitos, llevar a sus hogares una cantidad ridícula para sus necesidades. Pero que les permitirá recibir a sus nietos. A sus yernos. O a sus nueras. Con algún pan dulce. O alguna sidra de las más baratas. En cualquier festividad. Que de tal le va quedando únicamente el nombre... Son escenas patéticas que pueden ocurrir a fines o principio de año, como la narrada, pero también en semana santa o carnaval.
Una anciana se nos acerca. Nos señala una hoja de papel. Un "comunicado" del BPS. Que pende de destartalada pared. A una altura que ella ni remotamente puede acceder.
"Señor, ¿usted puede decirme cuánto pago por mes si pido la cantidad que pienso pedir, pero además estoy debiendo ocho cuotas del préstamo vigente?"
La hoja amarillenta de tiempo le dice que para acceder a la cantidad que ella aspira la cuota será de 732 pesos. Se la van a descontar en cada recibo. Palmo a palmo. Veinte veces. Mes a mes. Con intereses que no se asemejan a un "préstamo social".
-¿Tanto? Pero, además, 20 meses para mí es mucho tiempo. ¿Y en 10?
-En diez meses, señora, le van a descontar casi 1.300.
-Qué horrible... Tampoco puedo, si yo estoy cobrando l.850..."
Y se retira, apesadumbrada. Con el alma encogida, desgarrada. Dramas que se repiten. Sin solución de continuidad. A diario, miles. Es el caos de la mal llamada previsión social, el camino de todos. Lo más horrible es que no le pasa solo a esta señora. Le pasa a esta señora y a todos los pasivos.Y ocurrirá con los pasivos de mañana. Final de una carrera. Sinónimo del comienzo de una borrascosa etapa. La última, desgraciadamente.
Tres empleados trabajan y otros tantos se alimentan y toman té. Y se ríen de todo y de todos. No
parece importarle la gente arracimada, como implorando asistencia. No los culpo. No a ellos. Sí al sistema, a la burla, a la inercia. A las promesas de más de cuatro politiqueros que pueden algún día, es tan variable todo, tener que vivir esta odisea. A los empleados, no. Para atender a cientos, a miles de desposeídos, demasiado hacen.
La impaciencia hace levantar la voz a los ancianos, formándose un eco de voces gastadas de tiempo. Cual clamor triste, en este recinto de pesadilla.
Veteranos que hablan y hablan. Principalmente de la carestía, de Peñarol, de la crisis. Obligado, uno escucha de todo: los hay que recitan la formación aurinegra del 47, nombrando uno por uno: Máspoli, Hugo, Possamai, Colture, Obdulio, Prais, Ortiz, Gelpi, Riephof, Schiaffino, Vidal. Otros, siempre con el tema fútbol, hablan de la plaga que fueron y son "todos" los dirigentes.
Que a Aguerre, campeón mundial con Peñarol, lo agarró un camión ahí en la esquina y se marchó en pleno apogeo, tras larga agonía, olvidado de todos.
Que, viniendo a los días que vivimos, Bengochea ha sido mejor que Ruben Paz y que Venancio, pero tiene que largar. Hinchas de Nacional parece que no hubieran, faltaron sin aviso a este conglomerado de antiguos hinchas. De Bella Vista, sí, alguien se acuerda ( nada halagüeño, por cierto): que tiene 100 hinchas y que son unos tránsfugas con suerte...
Hasta que llega el grotesco. Cuando empieza a atender mostrador una gorda. En actitud de sargento primero. Llamando por su número al "rebaño", digo a los pasivos (no se escucha nada por aquel eco triste que sigue y sigue); una anciana se le acerca con algo envuelto y créase o no, la gorda desenvuelve el paquete delante de todos, que le llega en pago de algún favor recibido, no lo rechaza, simplemente responde a la viejita, con su voz varonil, un "No se hubiera molestado" de compromiso.
El paquete, ¿qué puede contener? Dos huevos de avestruz. Hasta los cascados rostros que esperan desde hace horas -siempre están esperando-, tienen fuerzas para largar la carcajada. La gorda, sorprendida in fraganti, corrupta ella, en épocas donde abunda esta especie, no sabe dónde ponerse. Si reír o llorar...
Todo esto y mucho más lo vivimos antes de las últimas navidades en el vetusto edificio de Mercedes al 1880 en la otrora "tacita del Plata", dentro de ese edificio obsoleto donde van (como dice el tango) los que tienen perdidas su fe. Y disimulan su drama por unos días con un préstamo, un mendrugo que tal vez se digne otorgarle, si no falta alguna firma, la bendita Caja Nacional...
La libertad es sólo el primer pasoDurante toda dictadura, por definición, la libertad es cosa del pasado. Se la extraña y valora, desde fuera o desde dentro del país. Desde 1973 a 1985, las fuerzas armadas uruguayas -tal cual sucedió en varios países de nuestra América- se enfrentó a los subversivos, decidiendo quedarse en el poder "por el bien de todos".
En 1985, afortunadamente, la Democracia volvió -esperemos que para quedarse-, con sus banderas de libertad, flameando esperanzadas, sin olvidar que se trataba de un regreso concidionado.
Hoy contamos con esa libertad que asegura el mejor de los gobiernos conocidos. Con libertad se nos abre un horizonte diáfano, para soñar con un pequeño gran país.
Siempre fue nuestro compromiso transitar un sendero no condicionado por los enemigos de la libertad, a la cual asignamos el trascendente papel de significar el primer paso hacia los grandes logros.
Lo que no podemos tolerar es que en nombre de la libertad se estén olvidando otras metas tan caras a los orientales.
Desgraciadamente, el concepto de libertad se ha relativizado, en el sentido de que no ha alcanzado ese significado abarcador, amplio, total, al que debemos aspirar. Decimos que nuestra libertad es parcial debido a que el crimen campea y avanza. Si caminan entre nosotros los criminales más alevosos, que al otro día de cometer sus aberraciones -comprobadas- vuelven a sus hograres tranquilamente... Si se le falta el respeto a la voluntad de la gente, imponiéndole unas torres de alta tensión que atentan contra su integridad... Si nuestra educación será reformada sin el consentimiento de los docentes, que por encima de partidos se han opuesto al autoritarismo... Si los hogares humildes no pueden ver, gratuitamente, por los canales de aire, los goles del fútbol uruguayo, vendidos a la televisión por cable en detrimento de los más pobres... Si algunos quieren monopolizar la cultura... Coincidiremos en que en estos ejemplos aislados -los primeros que nos vienen a la mente- la libertad falta sin aviso.
Pero imaginemos que estos ejemplos no se han dado, que convivimos en estado puro de libertad, decimos que de nada sirve esa libertad si no constituye sólo el primer paso, si es el único paso con el que se llenan la boca los defensores de una democracia tan libre como estéril.
La libertad debe ser para la democracia un componente más, trabanjando codo a codo con los restantes. Trabajando codo a codo con ese componente llamado justicia. Justicia, en general, y particularmente justicia social. Que sirva de base para que los más infelices sean los primeros en ser tomados en cuenta. No es concebible un país libre sin una enseñanza libre. Sin una economía que apunte directamente y con urgencia a "los nadies" -como los llama Galeano-. Sería una libertad teórica. ¿Sería LIBERTAD?
Si es la letra muerta de los discursos calientes, y se diluye tras el frío escritorio de un gobernante olvidadizo, la libertad -que nunca debe faltar- no nos colma, y nos convierte en un país "libre pero triste", desesperanzado y sin gracia, que remite su libertad a votar cada cinco años al candidato menos malo.
En nuestras manos está hacer de esta democracia un motivo más vital, más cálido, más justo -además de libre-, para seguir creyendo en nuestras fuerzas.
Partidos partidos Tenemos que decirlo. Quedamos debajo de una enorme ola de incertidumbre, que nos embota y decepciona.Más allá de las felices excepciones, demasiados políticos no reparan siquiera en la más mínima coherencia. Con el correr de los años, esto será seguramente destacado por la historia.
No abogamos por una perfección idealizada, y menos para este ecléctico mundo postmoderno, pero sí todavía- nos animamos a pedir a la clase política que nos muestre otro camino, una esperanza.
En todas las épocas, naturalmente, los políticos se encargaron de aclararles a propios y extraños, en forma indirecta, que sus respectivos sectores eran los más aptos para gobernar, los más capacitados para responder a las necesidades del tan mentado "pueblo".
Pero nos asombra que hoy dichos mensajes se transmitan en forma tan directa. Ahora parece que cada uno de los sectores, de los tantos que existen, fuera el honesto, el único derecho, el más unido, el mejor.
¿Cómo sobrevivir a la falacia? ¿Cómo se vuelve, lo más ileso posible, del viaje sin retorno a la tierra de la incoherencia?
¿Cómo nos harán olvidar las acusaciones gravísimas, las estrategias desestabilizantes, las descalificaciones entre co-rre-li-gio-na-rios? ¿Con una foto a las risas y abrazos?
Es muy probable que no falte quien se dedique a recopilar agravios en alguna voluminosa y exitosa- obra.
El país no necesita de los políticos que hablan de éxito partidario refiriéndose a las veces que ganaron las elecciones. No se trata de un deporte. Los éxitos deberían medirse por los logros alcanzados en pro de todos, sin exigir militancias, y no se gobierna para todos sino apelando a las sanas intenciones de los "hombres de buena voluntad". Todavía los hay, y están en todos los partidos. Solamente hay que saberlos encontrar.
Creemos en la cooperación, en la coparticipación, en la gran concepción wilsonista de la gobernabilidad, pero debe hablarse de otra coalición, de una nueva, total, abierta, sin compromisos excluyentes.
No creemos en el sincretismo forzado de los que implantan el pánico sobre la presuntamente apocalíptica posibilidad de que determinado candidato llegue al gobierno.
Para el que camina ya sin ataduras inconducentes, y espera en libertad la mejor propuesta, el panorama político actual es una red de incoherencias y agresiones que conduce a un descreimiento cuidadosamente alimentado, en forma diaria, por tanto interés personalista.
Confiamos en una revalorización de la profesión política, en la que los "grandes candidatos" den el ejemplo, para que elegir no sea un triste compromiso sin ilusiones, para que el tablero se contamine menos de arribistas, para que el progreso de cada uno, y por ende del país, sea una obra real en la que trabajemos todos.
Tristemente lógico
"ARTIGAS VOLVERÁ. RAMA NO CREO"
, rezaba un grafitti cuya fotografía apareció en EL PAÍS el 22 de este mes. La leyenda de la imagen decía: "PARA LA COLECCIÓN. Otro grafitti para la colección del profesor Germán Rama. Esta vez no fue el Frente Amplio, sino que la autoría le corresponde a la Lista 250 del Partido Nacional, del sector Propuesta Nacional". Aunque para muchos puede parecer un tanto tediosa la aclaración, la sabemos necesaria a la luz de que no todos saben a ciencia cierta que la actual política educativa de consecuencias graves para el país, como lo hemos venido señalando- es rechazada por la inmensa mayoría diríamos la casi totalidad- de los uruguayos que la conocen en profundidad, aunque no siempre esté bien acompañados por la clase política.Es más, el Frente Amplio, a juicio de los propios docentes, no ha tomado en su momento la posición esperada. Y en el caso de la Lista 250, seguro que se aguardaba este tipo de reacción no tan cercana a las elecciones.
En fin, lo cierto es que comienzan los pronunciamientos.
Volviendo a Artigas, el destierro de que es objeto tal vez por ser bandera de coherencia- de los textos de Ciclo Básico, nos hace repensar los porqué nunca retornó del Paraguay. Tal vez fuera por los que quedaron.
Daniel Corbo, ex director de Secundaria, y actualmente diputado, compartió las denuncias del herrerismo y descubrió que en los programas de Primaria sucede lo mismo. Le envió una carta al Presidente de la Cámara de Representantes, Ariel Lausarot, pidiendo que el Ministro de Educación y Cultura retire "de nuestras escuelas un texto que desvirtúa y desmerece la estatura del primer Jefe de los Orientales y de la gloriosa epopeya de nuestro pueblo, así como establecer las responsabilidades que pudieran corresponder".
Se pretenden borrar de la memoria las Asambleas Orientales, la doctrina de la Soberanía Particular de los Pueblos, la Oración de Abril ante el Congreso de 1813. Nada menos.
En las Asambleas Orientales el pueblo comenzó a definir profundamente su perfil, eligiendo continuar con la lucha por la libertad, eligiendo a Artigas.
Creyendo en la soberanía particular de los pueblos, Artigas evidenciaba no perseguir ambiciones de dominio autoritario.
Dejó en claro que no era partidario de las imposiciones cuando en la Oración de Abril vale la pena recordarlo- pronunció su célebre: "Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana". Puso su poder sobre la mesa, para que se lo quitaran inmediatamente si pensaban que no era digno de él, o simplemente que había llegado la hora de ser conducidos por otra persona. Si tan solo siguiera el ejemplo el Profesor Rama...
Es evidente que estos ejemplos debían desterrarse. La soberanía popular inaugurada en las Asambleas, la confianza en la gente para que se gobierne y elija en forma libre, sin imposiciones, la conciencia de que el poder deriva de la gente, y un sin fin de principios como por ejemplo no vivir sometidos a los intereses de los países poderosos, son incompatibles con este presente antidemocrático de nuestra educación.
Quienes tienen la sartén por el mango aplican medidas en forma inconsulta. Nada tiene que ver con el espíritu de las ideas del Padre de la Patria.
De acuerdo a sus intenciones antidemocráticas, borrar del mapa a Artigas es lógico. Tristemente lógico.
Los niños de la calle
Niños que ya no esperan nada del mundo de los grandes. Ya se han cansado. Viven a la intemperie total, expuestos en piel y alma, experientes en golpes, caminan sin apuro, total, no tienen a dónde regresar. Y la sociedad que sigue mirando para el costado. Como si no pasara nada. Preguntas que no tienen respuesta. Lo cierto es que, cuando se deben cuidar sus sueños, velar por ellos, resguardarlos del fracaso, ya han sido condenados. Miradas perdidas, casi siempre enfocadas al piso, hilos de voz que mendigan oportunidades. Es que la niñez se hizo añicos, en una fría noche, cuando se sintieron el mundo no los abarcaba. El viento y la lluvia los sorprendió demasiado temprano, cuando aún no estaban preparados. Sólo saben de sufrimiento, de pérdidas y ausencias. Sin embargo, no maldicen su suerte porque en el fondo, muy en el fondo, todavía esperan que sólo se trate de una pesadilla.
Parcelas de poder
-¿No le dije ya?, venga después de las 9... - "ladraba" la joven detrás del mostrador.
-Muy bien, señorita, pero no me trate así, que estoy haciendo un trámite, nada más, sino no puedo cobrar esos pesitos... - contestaba la anciana, y se disponía a bajar lentamente las escaleras.
Frialdad, prepotencia, aires de superioridad, son moneda corriente de muchos que ostentan una parcela de poder, un instante de "importancia" que traducen en alarde y pedantería.
Hagamos un poco de memoria. Veremos que son muchos los ejemplos de soberbia distinguibles a diario. Uno muy común es el de los árbitros de fútbol que pretenden ridiculizar al jugador con sus retos y amenazas fuera de lugar, a la vista de todos, cuando deben manejarse con tarjetas si es que piensan que se están violando las reglas del juego.
Piensan que justifica el maltrato: tener un trabajo, conocimientos adquiridos, mucho dinero... Nada lo justifica.
Tener trabajo -hoy por hoy, y más allá de cuánto se gane- es una bendición, no un motivo para mirar por arriba del hombro. Demasiada gente lo hace. Veneran al superior, desprecian al que no les pueda dar un ascenso, y todo es muy egoísta y superficial.
Ser patrón no significa descargar inseguridades en los empleados. Muchos creen que por unos pesos -por estas fechas todos los necesitamos- pueden utilizar como terapia a la gente, humillándola para sentir las riendas en la mano. Nunca más aplicable que en el presente la visionaria frase de nuestros padres: "Estudien, para depender de ustedes mismos".
Si se utilizan los conocimientos adquiridos para subestimar a los demás, de nada sirven. Mejor es que no se hubieran obtenido. Si se olvida el para qué de las cosas, todo pierde sentido. Con tener buena memoria y dedicación, cualquiera puede alcanzar un título. La formación es otra cosa.
¡Y cómo se ufanan los que andan cerca de los que tienen dinero! Es tan común que nos hemos acostumbrado. Debemos repasar el concepto de éxito que manejemos. Muchos respetan realmente solo a los que llegan al éxito material. Ayudan al desagradable juego los muchos que creen que gozar de un buen pasar es contagioso. Por eso los siguen, los alaban. Son los obsecuentes, los alcahuetes del poder de turno.
Es mejor respetar a todos por igual.
Quien tiene la posibilidad de dar órdenes, debería experimentar el gusto de no hacerlo cuando no sea imprescindible.
Quien tiene dinero y se siente vacío, porque solamente éste lo define como persona, debería experimentar lo que se siente dando.
El que tiene conocimientos, no puede olvidar que los tiene para internamente enriquecerse y enriquecer, para ser mejor y ayudar a que los demás estén mejor.
Todos debemos colaborar, dándonos el lugar que merecemos, que no está en un escalón superior o inferior al de la persona que tenemos enfrente. Sea quien sea.
Los maravillosos años escolares Nostalgia sin tristeza...Cuántos recortes de memoria serpentean en el recuerdo cuando retornamos a nuestra infancia y volvemos a instalarnos en las aulas que un día fueron nuestras, a caminar por aquellos pasillos, situarnos en el patio central, una prolongación de nuestro hogar, donde también podíamos sentirnos seguros. La Escuela, esas estructuras que nadie podrá negar que tienen vida, porque no se asemejan a nada y pareciera que abren sus brazos, sus acogedores brazos, para año a año recibir nuevas historias, vida únicas e irrepetibles, para proteger a los hombres y mujeres del mañana.
Cada doce meses, con el comienzo de clases, como que la vida se renueva, se refresca en cada túnica, en cada llanto cruel e imparable de quienes se resisten a quedarse en las aulas, hasta que empiezan a sentir que también es de ellos, que son la vida de aquellas muros, de aquellas ventanas, de aquellos pizarrones que recibirán sus sueños, hasta los más escondidos, y los guardarán para la eternidad.
El primer día de clases. ¿Quién no lo recordará? El comienzo de una nueva etapa, cuando recién se han vivido los primeros cinco años. Hasta que llega el momento de pisar por primera vez aquellas baldosas, pasitos desconfiados, inocentemente desconfiados, los últimos llantos de despedida, los ojos grandes para ver lo nuevo. Y allí está la maestra de Jardinera, esperando, como todos los años y tan diferente a los anteriores. Vidas que se ponen en sus manos, nada menos. Aproximarse a otras realidades, cuidar, atesorar, resguardar aquella pureza, aquella inocencia, conservarla, enriquecerla. Y pasan los días, y el acto se hace costumbre, recorrido no exento de llantos, y rabietas.
En la Escuela, la vida se compendia en esos seis años que sirven como resumen de nuestra existencia, de nuestros progresos, pequeños pero seguros, de nuestros avances. Seguramente, todos recordaremos con cariño a nuestras maestras. Algunas las aprendimos a querer desde el primer día, otras nos habrá costado más tiempo y esfuerzo pero lo cierto es que todas dejaron su huella indeleble en nosotros.
Hasta que llega el día de la despedida, del adiós a nuestros bancos, nuestras aulas, nuestro uniforme, y de seguro alguna lágrima se habrá asomado con el convencimiento de que de ese nido que nos albergó durante la mayor parte de nuestra existencia, saldremos preparados para enfrentar el mundo, para asumir nuevas responsabilidades, con la alegría de que esos mismos bancos, esos mismos salones, recibirán con los brazos abiertos a nuevos niños, nuevos llantos y alegría, renovando a cada instante mágicos e inolvidables momentos que, estoy confiado, quedarán grabados en sus memorias para toda la vida.
Los riesgos de la DemocraciaLa Democracia, ese bendito régimen de gobierno, tiene una serie de riesgos -que asumimos por cierto-, encerrados en el ejercicio de las libertades que pregona y cumple.
Gracias a ella, todos podemos expresar nuestras ideas sin más trámite, sobre cualquier tema. La libertad que emana de ella, se transforma en maravillosa oportunidad para conocernos, desarrollarnos, crecer, intercambiando pareceres con otras mentes y espíritus.
Pero la teoría, como tantas veces, es demasiado color de rosa.
En nuestros días, cada vez más, asistimos a un concierto de opiniones que en lugar de ser armónico, se transforma en un caos insoportable de opinadores profesionales, y nos obliga a apagar el televisor, la radio, o a pasar volando las páginas de los periódicos.
Brindar opinión, es un ejercicio que, bien realizado, nutre a quien la expresa y a quien la interpreta.
Pero hay opiniones, razonamientos, mentalidades, ideologías, para todos los gustos.
Lo que notamos -demasiado seguido para nuestro gusto- es la escasa profundidad en los razonamientos, a la que estamos acostumbrados en todos los ámbitos de la vida.
Como que otrora, con otro respeto, las inquietudes se vertían con mayor propiedad, tratando de apuntar a un razonamiento lo más posible de acuerdo con los hechos. Como que ya no ocurre lo mismo.
Analizar los factores sería tarea ardua, pero nadie puede dudar del excesivo libertinaje en materia de opinión. Los medios tecnológicos nos alcanzan vertiginosamente el acontecer, y asistimos con vergüenza ajena al triste espectáculo de la desvergüenza a la hora de hablar.
La situación mejoraría si usáramos las palabras cuando realmente estemos convencidos de que hemos llegado a elaborar un pensamiento con base seria... Puede parecer un anhelo demasiado pretencioso, pero no es más que la esperanza de que se vuelva a no tener miedo de decir "no sé". Por aquello de hablar para decir algo, y no decir algo por hablar. Nadie pide una inefabilidad que estaría en desacuerdo con nuestra naturaleza humana. Nadie pide perfección, pero sí sería deseable manejarnos con otra actitud, primero hacia nosotros mismos, para acostumbrarnos a no tapar el sol con una mano, y luego por el prójimo.
¿Cuántas veces nos hemos topado con que los más equivocados son los que más desacreditan, y los más ubicados los que, también por respeto, y a pesar de contar con la razón, se la guardan, o la dicen para quien la quiera escuchar y evaluar como corresponde?.
Y ahora, para ilustrar este aspecto, que por negativo, no nos hace claudicar, pasamos a unos cuantos ejemplos.
Son riesgos, por ejemplo, sin ir más lejos, prender la televisión y encontrarnos, en un programa deportivo, con un espectador al que le parece que Lavalleja anduvo mal en el Campeonato del Este por un jugador que no jugó.
Hablando de fútbol, ¿cuántas veces escuchamos que el fútbol uruguayo no tiene nada, y juega al "pelotazo"? Nuestro fútbol, por su prestigio de otrora, merece una discución más profunda. Sinceramente, ¿acaso nos ha servido de algo que los uruguayos seamos tres millones de técnicos?
Nos parece que el camino, como en tantos casos en los que los opinadores pululan, estaría por el lado de tomar de la historia las tantas lecciones que ésta nos brinda a cada paso.
Se nos puede decir que es terreno férteil para la subjetividad y la discusión interminable, tan amplia como inconducente. Contestamos que si nos cuesta ver la realidad, la historia tiene un recurso muy claro, nos guste o no nos guste: los números, las estadísticas, la historia, fría, y no tanto.
Otro ejemplo: en una entrevista realizada en Postdata a Ricardo Espalter, el actor decía que en Decalegrón dijo: "no me jodas", y recibió llamadas que le decían que les extrañaba que una persona como Espalter pronunciara semejante grosería.
O estamos muy errados, o es preciso encontrar el antídoto, el mecanismo para escuchar determinados disparates sin que nos afecten, que entren y salgan por nuestros oídos.
Ejemplos sobran de razonamientos estrechos y sin perspectiva. Escuchamos a cualquiera, sin autoridad, tocando cualquier tema. La educación del uruguayo -familiar, institucional- debe reafirmarse, o formarse sólidamente, para saber reaccionar correctamente frente a los que no ven más allá de sus narices.
Si podemos reconocer que hace no muchos años la gente se equivocaba también, pero no tan explícita y asombrosamente en temas no tan complejos, aventurándose en terreno desconocido, como ahora, nos queda la esperanza de que nunca es tarde para levantar la mira, y preocuparnos por lo de fondo.
Aquí también es necesario volver a las fuentes. No tenerle miedo a pensar.
No es fácil sobrellevar estos "riesgos" de la democracia, aunque después de todo son preferibles a los tiempos de las voces silenciadas.
Es ideal no tener miedo a expresarnos.
Pero deberíamos, en democracia, gracias a Dios, tener cierto pudor, y ahora que podemos, pensar un poco más, y escuchar un poco más, y saber interpretar un poco más, con un espíritu más amplio, que nos permita acercarnos a nuestra realidad, tan compleja, frente a explicaciones simplistas que no son más que tapar el sol con una mano.
Sobre los accidente de tránsito La irresponsabilidad culposaAl abrir un diario o en los titulares de los informativos televisivos, vemos que, entre las principales noticias de la jornada, las que figuran en los sumarios y en lugares destacados, hay espacio reservado para el (o los) "accidente nuestro de cada día". Escenas de cruel realidad, vidas truncadas, hierros retorcidos, vehículos irrecuperables, familias mutiladas, la desolación de la muerte que gana nuevas batallas.
Se ha transformado en una desagradable costumbre pero en los últimos tiempos este fenómeno ha recrudecido. Coincidiendo con la etapa estival, los accidentes son un común denominador y hacen que las ansiadas vacaciones de tantas familias queden enlutadas. Diversos serán seguramente los factores que incidirán en este fenómeno, lo cierto es que la situación aparece como que se ha escapado de las manos.
La tan mentada prevención sigue siendo inútilmente postergada ya que no vemos campañas capaces de hacer retroceder este fenómeno. Mientras tanto, nuevas muertes siguen engrosando estadísticas y, en los primeros 19 días del año, el promedio indicaba dos muertes cada 24 horas, una cifra alarmante. No se deberían escatimar esfuerzos en procura de concientizar a quienes se sientan frente al volante dispuestos a todo: a no respetar señales, dictaminar, por reflejo de su imprudencia, la muerte de otras personas e incluso la suya propia. Pensamos también que este tipo de conducta constituye en sí una manifestación de desprecio hacia la vida, porque, a diferencia de los "video juegos" aquí no hay segundas oportunidades. Una maniobra imprudente, una "canchereada" puede sellar hacer concluir nuestro paso por el mundo.
Estamos de acuerdo en que se deberían intensificar los controles, hacer un seguimiento más estricto a aquellas personas que han sido autorizadas a manejar, observar si en realidad están en condiciones de hacerlo, adiestrar de otra forma a quienes manejan para que no arriesguen la vida a cada instante. Por supuesto que también es un tema cultural, de educación, de respeto por la vida que será difícil que pueda cambiarse de la noche a la mañana, sino que este cambio de mentalidad será parte de un proceso que entendemos debería comenzar cuanto antes, incluso, desde en los primeros años, donde nos enseñan a que las reglas han sido establecidas para ser cumplidas, se debería incluir la temática del tránsito, con ejemplos concretos, dejando bien en claro que vida y muerte están separadas por un delgado hilo que la imprudencia, la inconsciencia y la irresponsabilidad, suelen cortar con alarmante frecuencia.
Vasta con prestar atención al tránsito de cualquier ciudad, a las maniobras imprudentes en cualquier ruta nacional y podremos comprobar que la relación entre las conductas suicidas y los accidentes que se verifican sigue siendo baja. Es decir, el stress, la tensión o vaya a saber qué factores, hacen que en cada curva, en cada acelerada diera la impresión que fuera la última. Y los jóvenes, los que tienen toda una vida por delante, son los que peor se comportan, trasuntando su agresividad atrás de un volante.
Un vehículo, por obra y gracia de su conductor, se convierten en peligrosas armas capaz de desatar tragedias en cualquier momento.
La vida justifica por sí sola extremar nuestros cuidados por mantenerla y no arriesgarla por llegar dos minutos antes a nuestro destino porque éste puede cambiar en un instante.