Escribe: Dr. Waldemar Cuadri Bonino
Existen variadas definiciones de lo que es la voluntad. Están en lo cierto quienes dicen que hay una voluntad con minúscula y otra con mayúscula, siendo la primera una fuerza que nos mueve a hacer o no hacer una cosa; o la libertad para obrar, la libre determinación, el libre albedrío, el propósito, la intención firme de realizar algo...; y se dice que hay "buena voluntad" cuando se tiene la determinación de hacer bien las cosas, y "mala voluntad" cuando se experimenta antipatía hacia alguien o el deseo contrario a que se haga cierta cosa. La segunda, en cambio, relaciona a la voluntad con la razón, con la inteligencia, con la moralidad. Así, la enciclopedia define a la voluntad como la "facultad de autodeterminarse, potencia que impulsa a la acción". Y agrega que "se distingue de los instintos y de los movimientos reflejos, simples o condicionados, por la intervención de un juicio consciente, que delibera entre varias posibilidades y llega a una decisión. Ésta plantea el problema de la libertad o determinación de los actos humanos. Las corrientes deterministas ven la voluntad como una balanza, y la decisión como el lado del que está el mayor número de impulsos a obrar. Las corrientes del libre albedrío sostienen que hay un elemento irracional, irreductible al razonamiento, en las decisiones humanas. Las modernas investigaciones sobre la motivación de la conducta parecen dar la razón a los primeros, desde el ángulo psicológico, sin que esto prejuzgue las numerosas implicaciones éticas y metafísicas de la cuestión".
Para Paul Foulquier -citado por Rosa Guerrero en artículo de "El País de los Domingos" del 21-3-1999- la voluntad es "la facultad de decidirse y de obrar, comporta esencialmente un poder de impulsión vital inducido por la razón".
En el Bhagavad Gita -notable episodio de la grandiosa epopeya sánscrita "Mahabarata", calificado de "Biblia de los indos"-, el término Bhuddi, que a veces equivale a voluntad, se define como "intelecto, razón, juicio, entendimiento, conocimiento; es el poder pensante por sí mismo, independientemente de las impresiones venidas del exterior; la facultad de juzgar, discernir y resolver".
El doctor Alexis Carrel opinaba que la inteligencia, la fuerza de voluntad y la moralidad están estrechamente unidas, pero daba predominancia al sentido moral sobre la inteligencia. Decía que en los seres altamente civilizados la inteligencia y la voluntad son una y la misma función; sin embargo, creía que "el sentido moral es más importante que la inteligencia, porque cuando desaparece de una nación, toda la estructura social comienza lentamente a derrumbarse".
Otros autores, empero, piensan que si bien la voluntad es "facultad de autodeterminarse, potencia que impulsa a la acción", antes de emprenderse esa acción otras facultades tienen que contribuir a señalarle el camino, es decir, que el mismo sea bueno, ético, razonable. Porque tal vez la voluntad por sí sola no distinga las cualidades del objetivo hacia el cual está dirigida. El pensamiento (que para Lobsang Rampa, el autor de "El tercer ojo" y otros libros de infrecuente temática, "es el padre del acto: si pensáis en una cosa, ese es el primer paso para hacer la cosa"), las ideas, la imaginación, el proceso de creatividad, constituyen un acicate para la voluntad, la cual desarrollará la energía, el esfuerzo, la tenacidad y persistencia necesarios para alcanzar la meta buscada, sin que la arredren tropiezos, fracasos ni el tiempo gastado.
Es como expresa el siguiente pensamiento de autor desconocido, que, a pesar de no estar dedicado a la voluntad, muestra igualmente lo inquebrantable que la misma puede ser: "Aunque sientas el cansancio,/ aunque el triunfo te abandone,/ aunque el error te lastime,/ aunque una traición te hiera,/ aunque una ilusión se apague,/ aunque el dolor queme tus ojos,/ aunque la ingratitud sea la paga,/ aunque la incomprensión corte tu risa,/ aunque todo parezca nada... / Vuelve a empezar".
En el libro "Las enseñanzas de los grandes maestros" se describe el camino que deben recorrer los adeptos para compenetrarse de la doctrina de Buda y pretender liberarse -como éste hizo- del dolor que implica el proceso de la vida. Ese camino es muy duro, arduo, exige al hombre que venza sus impulsos instintivos, que vaya en contra de las tendencias y tentaciones de la vida. Le pide que elimine de sí todo afecto, todo amor, le pide que renuncie a las alegrías derivadas de las debilidades humanas. Para superar ese dolor a que está sometido, sólo le queda al hombre la solución dolorosa de forzar su naturaleza y debe acentuar su soledad congénita en un aislamiento construido con el desapego y la renuncia, poniendo distancia entre él y los demás seres. Esta solución, esta elección es un remedio heroico. De ahí surge la insistencia, marcada por el budismo, de desarrollar la energía, el esfuerzo, el empeño, el tesón, las únicas armas con las que la voluntad cuenta para vencer los infinitos obstáculos que se le oponen en el camino de la liberación del espíritu. Y esta debe ser la más noble conquista que la voluntad le permite alcanzar al hombre.
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Años atrás leímos una información periodística que mantuvimos en la memoria: el instituto policial de Paysandú estaba llevando a cabo una campaña para proteger al chajá de la saña de los cazadores que amenazaban terminar con esa especie tan criolla. Hoy en día, por lo menos una radioemisora de la capital exhorta repetidas veces a lo largo del día a salvar del mismo peligro al ñandú, la gran ave corredora en otros tiempos característica de nuestros campos.
Históricamente el ñandú fue siempre perseguido por su pluma, indispensable para la fabricación de plumeros y diversos ornamentos femeninos. Pero esa extracción se practicaba sin sacrificar al animal, que era "boleado" y luego, una vez despojado de su plumaje más codiciado, puesto en libertad para que continuara integrando el circuito de la producción.
Más modernamente los "gourmets" han decidido que la carne de ñandú constituye un bocado digno de su paladar (como lo fue la lengua del bisonte americano, al que muchas veces se mataba con el único propósito de cortársela), y así nació la comercialización -y exportación- de la carne de ñandú. Ahora el ñandú está siendo criado en establecimientos, como cualquier otro animal productor de divisas...
Recorriendo hace ya unos años el zoológico del cerro Pan de Azúcar -una verdadera y ejemplar reserva- encontramos abundantes letreros indicadores y explicativos. Uno, en particular, reseñaba la acción depredadora del hombre, citando el número alarmante de especies animales extinguidas, sobre todo en las dos centurias últimas, como directo resultado de la misma. Por aquellos días se calculaba en unas 200 las especies aniquiladas por el hombre, de propósito (por comercio, deporte, uso indiscriminado de cebos tóxicos...) o en forma indirecta, inconsciente (empleo de insecticidas y otras sustancias tóxicas destinadas a combatir las plagas del agro, que envenenan insectos, peces y el agua; los animales -especialmente las aves- mueren al ingerirlos o se infertilizan progresivamente).
Por otro lado, las grandes talas de bosques, destruyendo el hábitat de las aves y motivando su migración, son causa de una tremenda proliferación de insectos depredadores de las cosechas, de los cuales aquellos se alimentan.
En un congreso de Ecología Vegetal efectuado en julio de 1981 en Recife, Brasil, un profesor de la universidad de Brasilia formuló una severa -y quizá profética- advertencia sobre las consecuencias que acarreará la devastación de la selva amazónica: "puede traer pestes incontrolables en la agricultura y epidemias virósicas capaces de exterminar en pocos días poblaciones enteras".
No es necesario insistir sobre otros aspectos nefastos derivados del proceso de deforestación y erosión, agravada esta última por cultivos o riego inapropiados y maltrato de la tierra, que la tornan infértil y árida. La desertización -su consecuencia más grave- avanza a pasos agigantados en África, Asia y América. La ruptura del equilibrio que debe mantenerse entre los reinos de la naturaleza no ocurre sin que sobrevengan serios trastornos con directa repercusión sobre el ser humano, mismo en su espiritualidad.
Al hombre, terrícola por excelencia, no parece importarle mucho el destino del más grande animal actual: la ballena. Desde hace años, científicos y ecologistas manifiestan el temor de que las ballenas sean extinguidas debido a la caza despiadada de que aún son objeto por razones comerciales.
Y sólo por estas razones fueron demorándose aquellas medidas drásticas que asegurasen su conservación; llimitarse a ir disminuyendo de tanto en tanto el número de cetáceos que se autorizaba matar, no era sino soslayar el problema. En opinión de los expertos, solamente la supresión radical de los permisos de captura puede preservar la especie y evitar que, en un plazo bastante breve, desaparezca para siempre de los mares.
En otro lugar de la escala zoológica se encuentran las aves, esos ingrávidos seres tan caros al hombre, quizá por simbolizar con su vuelo la libertad sin restricciones, la aventura de los horizontes desconocidos e ilimitados, la esperanza en cuanto que, producto del pensamiento alado, también va por los aires hacia otras conquistas y otros cielos...
Entre todas las aves una, la golondrina, es preferidda por los hombres de todo el mundo. Los científicos tratan de descifrar el misterio de sus vuelos migratorios; los poetas -de todas las épocas; recordemos solamente a Becquer- la adoran, la glorifican y la han inmortalizado; los niños, los adolescentes, en fin, esperan todos los años su retorno como se aguarda el cumplimiento de una ilusión: con ellas entra la primavera a las almas...Pero las golondrinas están desapareciendo. Por causas imprecisas -todas atribuibles a la actividad humana-: acción de los insecticidas sobre los insectos de que se alimentan, provocándoles intoxicación, muerte o infertilidad, o causando su alejamiento -desacostumbrado- en busca de comida; hostilidad de las viviendas modernas, que ya no ponen a su disposición, para anidar, techos con aleros convenientes ni canaletas para el agua de lluvia...Hoy millones de golondrinas europeas están incapacitadas para efectuar la migración anual que antes cumplían con toda regularidad. Hace unos años varios centenares de miles de estas aves fueron llevadas por avión desde Suiza hasta países de clima más benigno. Pronto dejarán de anunciar, con puntual anticipación, el cambio de las estaciones... También el búho europeo, símbolo de la sabiduría para los antiguos griegos, está en camino de extinción. Esta gran ave rapaz nocturna se alimenta de roedores y resulta, junto con sus hermanos menores, los mochuelos y lechuzas, muy beneficiosos para la agricultura y, por consiguiente, para el mantenimiento natural del equilibrio biológico.
¿Resulta posible concebir un mundo sin animales? En verdad que es difícil imaginarlo. Sin embargo, en caso de continuar la indiferencia y el proceder actuales hacia los animales, es probable que las generaciones futuras se vean enfrentadas con tan desolado-ra perspectiva. Y entonces puede ocurrir que, como expresó de modo profético y conmovedor el jefe indio Seattle, también el hombre muera por soledad de su espíritu...
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Enemigos Enigmáticos
Pocos años atrás un aluvión de informaciones, de distintas procedencias, sembró la alarma en el mundo médico al dar cuenta de otro flagelo que caía sobre la humanidad: la llamada "bacteria asesina" o "bacteria carnívora". Se trata del estreptococo, un viejo conocido del hombre; una bacteria frecuentemente inocua que se aloja en la garganta de muchas personas pero que, al parecer debido a una mutación originada por transferencia de ácido desoxirribonucleico (ADN) virósico, adquiere tal virulencia que puede acarrear gravísimas consecuencias a la persona atacada. La invasión de este estreptococo "A" es, en algunos casos, fulminante y lleva a la muerte en pocos días o, incluso, en 24 horas. La bacteria provoca un proceso infeccioso que es conocido con el nombre de "fascitis necrosante"; invade y devora tejidos y sólo mediante una amplia remoción de las zonas afectadas -y aun amputaciones- es posible evitar el desenlace fatal. Puede dar lugar también a un verdadero choque tóxico, con grave caída de la presión arterial y falla de órganos, por todo lo cual es indispensable que el médico esté alerta acerca del origen del mal y establezca, lo más temprano posible, el diagnóstico y tratamiento correctos, única forma de evitar o reducir al mínimo las complicaciones señaladas.Casos aislados o pequeños focos de infecciones provocadas por el estreptococo "A" fueron comunicados en los más diversos países: Gran Bretaña, España, Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Estados Unidos, Japón, Brasil, Perú, Chile..., y en el nuestro. Varios de los casos reportados ocurrieron en personas previamente sometidas a alguna intervención quirúrgica, o que habían experimentado heridas -de cualquier entidad-, o cuando por alguna causa se encontraban con el sistema inmunitario debilitado.
Como hace tiempo no se conocen informaciones al respecto, ignoramos qué ha sucedido con el "estreptococo asesino": si produjo solamente un "empuje", una arremetida esporádica o si, felizmente, se encontró un antibiótico específico que lo controló, quizá con la ayuda de rigurosas medidas de asepsia. Tal vez no fue sino otro "mensaje" de los microbios para que la ciencia médica no se confíe ni se descuide...
Pero también el denominado "mal del legionario" había originado anteriormente una gran preocupación en las autoridades sanitarias de los Estados Unidos, nación en la cual se presentaron los primeros casos y donde el mismo fue "bautizado". En 1976 este mal causó la muerte de 29 personas y enfermó gravemente a otras 180, todas ellas asistentes a un congreso de ex combatientes de la Legión Norteamericana, realizado en Filadelfia, circunstancia de la cual derivó el nombre aplicado a la enfermedad. Ésta se presentó bajo la apariencia de una gripe grave, pero con una característica infiltración masiva y rápida de los pulmones, a veces mortal. La bacteria culpable, identificada en 1977 -y a la que se llamó "legionella"-, parecería ser la misma que originó en el pasado brotes epidémicos inexplicados, que se presentaban en lugares bien circunscritos, con síntomas semejantes a los descritos, para desaparecer luego tan misteriosamente como había llegado.
La "legionella" apareció más tarde en otros estados norteamericanos, en Gran Bretaña, España, Holanda y Francia, obligando en ocasiones a evacuar parcialmente modernos hospitales para proceder a la limpieza y desinfección de los sistemas de aire acondicionado, en los cuales las bacterias parecen medrar a gusto. A pesar de que, según se ha dicho, la "legionella no se parece a ninguna otra bacteria patógena conocida", se ha logrado determinar el antibiótico específico que la combate. Empero, siguieron apareciendo casos de vez en cuando y muriendo personas por su causa.
Hay, por cierto, numerosos casos más de extrañas enfermedades, cuyas causas con frecuencia se desconocen y que suelen tener resurgimientos periódicos. Entre estas enfermedades (aparte del SIDA, definitivamente establecido en todo el mundo), cabe destacar: las tres fiebres hemorrágicas -una de ellas el conocido Ebola- muy contagiosas y de gran mortalidad, aparecidas en distintos países africanos; los herpes; el "mal de Nápoles", epidemia que cobró la vida de 70 niños de esa ciudad italiana, atrapados por un virus desconocido - o combinación de varios virus-, y agravada por el estado de pobreza en que vivían las víctimas; un brote infeccioso en un hospital boliviano, causado por un agente identificado como bacteria «klebsiella», falleciendo 30 niños recién nacidos; proliferación de infecciones por hongos, mismo en países de alto desarrollo, como Alemania, capaces de conducir a la muerte al causar violentas infecciones pulmonares, en particular en personas con defensas deficientes; el ataque de un virus inidentificado en un municipio de Colombia causó 200 muertes, 150 niños y 50 adultos, y afectó a otros 500 habitantes del lugar...
Considerando las causas por las cuales algunos microbios -que con anterioridad eran saprófitos o tenían escasa agresividad hacia los humanos- muestran una gran virulencia, a la par que manifiestan resistencia o multirresistencia frente a antibióticos que antes provocaban su destrucción o les impedían desarrollarse, cabe reconocer la influencia que ha tenido el uso indiscriminado de antibióticos (tal como referimos en anterior nota). A dicha influencia cabe atribuir, también, las mutaciones registradas entre esos microbios, que en ocasiones les hace parecer diferentes, no tanto en las características morfológicas como debido al distinto comportamiento y a la capacidad de reaccionar ante los agentes terapéuticos empleados para combatirlos.
Ahora bien, recurriendo en cierta medida a la imaginación, puede intentarse dilucidar una cuestión que supone algo más que la simple curiosidad. Conocido el poder de resistencia y mutación de los microbios, ¿qué sucede con aquellos microorganismos cuya acción patógena ha sido impedida por medio de la vacunación? ¿Qué ha ocurrido, por citar un ejemplo clásico, con el virus causante de la viruela? En 1980 la OMS certificó la erradicación de esta enfermedad; ¿qué se hizo, pues, de su agente etiológico? Se dice que los últimos ejemplares que quedan en el mundo se encuentran a buen recaudo en laboratorios de los Estados Unidos y Rusia. Pero, ¿habrá desaparecido realmente, o perdió su virulencia, la actividad patógena específica que tenía sobre el ser humano? ¿O habrá experimentado una mutación, adoptado tal vez otras características, una adaptación genética? ¿No será actualmente alguno de esos virus "inidentificados" que dejan perplejos e indefensos a los investigadores?
Aunque las anteriores interrogaciones parezcan descabelladas, quizá resulte de interés encontrarles respuesta. Los microorganis-mos, los contrincantes más pequeños del hombre, que éste, en cierto momento, creyó dominar, han demostrado ser mucho más poderosos e "inteligentes" de lo que se pensaba.
Quizá la ciencia equivocó el camino al emprender una batalla a ultranza en contra de ellos, declarándoles culpables de casi todas las enfermedades que agobian a los humanos. En la escueta información que se da a conocer con respecto a los extraños males citados, se pone de relieve "el estado de pobreza", "los organismos debilitados", "las defensas deficientes" como condiciones capaces de agravar la evolución de la enfermedad -o, acaso, de determinarla o favorecerla-. Probablemente, como escribió Alexis Carrel, la ciencia tendría que haberse empeñado en hacer a las personas "naturalmente" resistentes a las enfermedades. Por el contrario, tornó resistentes y virulentos a los agentes que las causan. Y no es posible volver atrás. Pero la imaginación y el poder creativo del hombre son portentosos e inagotables sus recursos. Es legítimo, pues, esperar que a la brevedad encuentre la forma de superar las raras enfermedades que hoy nos afligen. Aunque no se trata sólo de vencer a la enfermedad, sino de encontrar la verdadera salud, que es mucho más que eso.
Salud y Justicia Social La salud es el mayor de los bienes inherentes a la naturaleza humana. Se la considera también un derecho fundamental, concepto que algunos discuten por considerar que no se trata de un servicio o de una condición social libremente disponible, o que se puede alcanzar u otorgar. De la salud, argumentan, no se puede decir tal cosa; por el contrario, puede no haber posibilidad de alcanzarla ni de concederla. Declarar que la salud es un derecho es, hasta cierto punto, algo así como tratar de abolir la enfermedad por decreto.Quienes rechazan el aserto de que la salud es un derecho universal, estiman que sería mucho más prudente y razonada la afirmación de que el acceso a la atención sanitaria es un derecho. Pero este derecho conlleva una obligación: la responsabilidad personal, el deber de cuidar y defender la propia salud. Para posibilitar el cumplimiento de este deber, las autoridades sanitarias tendrán que poner en ejecución campañas permanentes de información y educación de la comunidad, pues sólo una comunidad bien informada se sentirá suficientemente motivada para participar en la planificación de la atención de salud.
La propuesta de 1980 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de "Salud para todos en el año 2000", consideraba primordial la atenció primaria de salud como clave para alcanzar aquella meta. El Dr. Halfdan Mahler, entonces Director General de la OMS, explicó ante la Asamblea Mundial de la Salud reunida en Alma-Ata, que dicha aspiración no estaba dirigida sólo a los grupos sociales económicamente débiles. "Contrariamente a ello, lo que se pretende es confirmar las relaciones existentes entre la salud y los sectores sociales y económicos, de modo que la salud quede íntimamente incorporada a la calidad de vida, como el denominador común de todas las actividades políticas, sociales y económicas".
Mahler insistía en que para alcanzar los humanitarios objetivos recomendados por la OMS, era menester poner en juego la voluntad política capaz de introducir las reformas sanitarias pretendidas; y también una buena dosis de altruismo que, traduciendo el espíritu de la justicia social, permita concretar "una combinación de idealismo y realismo, de modo que lo que el idealismo social ponga en marcha, sea llevado a la práctica por el realismo técnico".
La atención de la salud, como la educación, tiene que ser conducida por el Estado para que llegue a todos en forma igualitaria y permanente, en todos lados y con la misma calidad. Así como hay escuelas dispersas a lo ancho y a lo largo del territorio nacional, es de justicia que también existan centros que dispensen en forma contínua a cada vecindario todas las prestaciones concernientes a la atención primaria de salud. De ahí la necesidad de crear el Servicio Nacional de Salud Integral, único capaz de hacer realidad el enunciado -hasta ahora mantenido en teoría- de que "la inversión en salud es una inversión en favor del desarrollo nacional".
Hoy, cuando la solidaridad debiera ser más que un reclamo generalizado, no parece legítimo admitir que cada ciudadano resuelva sus problemas de salud según los medios de que disponga. De esa forma se establecen desigualdades sociales inadmisibles. Por ende, tampoco resulta aceptable considerar que la salud de una parte de la población es atendida en carácter de obra de caridad. En cambio, un servicio de salud financiado por un Seguro Nacional de Salud que cuente, entre otros recursos, con el aporte porcentual de cada uno de los beneficiarios (excepto indigentes), es algo mucho más positivo que la disyuntiva actual: seguros médicos privados/asistencia hospitalaria.
Por otra parte, si es que la salud ha de quedar "íntimamente incorporada a la calidad de vida", según aspiración del doctor Mahler, no cabe considerar en forma aislada los problemas atinentes a la misma.
Han de ser considerados conjuntamente con otros problemas ajenos a su esfera específica, como las cuestiones sociales, en particular los demás factores que hacen a la calidad de vida, y las preocupaciones de la comunidad. En una conferencia internacional se puso de relieve la conveniencia de mejorar la comunicación entre administradores de la salud, médicos y personal de salud y dirigentes de la comunidad. Se expresó la seguridad de que "cuando todos los interesados tienen plena conciencia de los aspectos médicos, sociales y administrativos de su acción, es más fácil que se establezca una cooperación mutua en el logro de los objetivos comunes".
Este aspecto de la cuestión resulta también contemplado en un Servicio Nacional de Salud, tal como el que había proyectado el doctor Pablo Purriel. Parece llegado el momento de considerar la realización de un estudio a fondo de este proyecto, sin duda perfectible, pero que fue redactado con el convencimiento de que con él se daría satisfacción a esos dos elementos que no pueden faltar en un país de libertad: la justicia social y la solidaridad humana.
Por esa meta debemos trabajar con empeño todos: gobernantes y gobernados.
El Agro Informatizado
En 1980, editado en forma simultánea en quince países, comenzó a circular por el mundo un libro de Jean-Jacques Servan-Schreiber, titulado "El dilema mundial". Se trata de una obra que ofrece al lector el interés fundamental de introducirle de golpe en el mundo del futuro.
En un mundo que no es de ciencia ficción sino que está avalado -principalmente en lo que respecta a los adelantos tecnológicos y al preponderante papel que asumió Japón en su manejo y creatividad- por lo que es dable observar en el presente, diecinueve años más tarde.
Como expresa Servan-Schreiber, la humanidad debe disponer el espíritu para el paso de la sociedad industrial, consumidora exponencial de los recursos naturales, a la sociedad informatizada, creadora exponencial de bienes materiales y del desarrollo de las facultades humanas. Se pasará, así, de la guerra comercial alrededor de mercados estrechos, a un sistema mundial de producción y comunicación. Es el anuncio de un cambio de época, de un "renacimiento".
Y tal cambio se basaría, fundamentalmente, en el cumplimiento de los propósitos iniciales de los países productores y exportadores de petróleo -integrantes, luego, de la OPEP-, que incluían una pretensión en apariencia desmesurada: lograr la transferencia permanente de tecnología a todos los países en vías de desarrollo, a cambio del suministro asegurado de petróleo a los países industrializados. Mediante esta estrategia, al Tercer Mundo le sería posible saltear la etapa de la industrialización clásica para entrar directamente al mundo de la informática, de las computado-ras y las comunicaciones.
El conocido escritor francés Jean-Francois Revel, quien realizó un comentario del libro que nos ocupa a poco de su aparición, opinó que la tesis anterior -a la cual califica como «la más audaz y más estimulante» de «El desafío mundial»- sería realista si viviéramos en un universo racional, pero lo es mucho menos enfrentada al "mundo lleno de ruido y furor y,además, de miedo, estupidez y mentira" en que vivimos.
En la última parte de su libro, Servan-Schreiber formula una propuesta destinada a encaminar y "organizar" a las sociedades rurales poco evolucionadas. Ante todo, el autor aboga -citando la opinión de dos expertos en cuestiones del Tercer Mundo, uno francés y el otro egipcio- por una "descentralización" que derribe todos los mecanismos de "concentración" que bloquean el desarrollo. Afirma que resultaron equivocadas las estrategias empleadas para resolver los problemas del subdesarrollo: tratando de industrializar a los países pobres esos problemas se agravaron, salvo raras excepciones.
Los campesinos se desarraigaron, «abandonaron unas tierras que podían alimentarlos, para ir a llenar ciudades que ya no pueden dar trabajo».
Espigamos otros conceptos del mismo capítulo: Es urgente frenar el éxodo rural, luchar contra la urbanización, fecundar la tierra...; descentralizar a toda costa las decisiones, trasladándolas a los pueblos rurales, donde reside la vida real del campo...; hay que transformar al pueblo en verdadera empresa de desarrollo, en centro de decisión y de gestión..., responsabilizar a los hombres en vez de reclutarlos.
La informática -asegura Servan-Schreiber- ayudará a alcanzar estos objetivos poniendo a disposición de los trabajadores del agro todos los datos y conocimientos necesarios para "organizar" las labores agrícolas y mejorar la calidad de vida de las familias rurales, enfatizándose en los aspectos educativos como medio indispensable para que los campesinos lleguen a regir su destino y a alcanzar su propio desarrollo. Conquistas estas que serán posibles gracias a la acción de unos pocos intermediarios, los "consejeros de progreso", que trasladarán a las comunidades locales las ventajas de la informática a través de grupos de vecinos jóvenes, quienes se encargarán de trasmitir a los lugareños los mensajes de aquellos.
Ahora, supongamos por un momento que nuestro Uruguay estuviera hoy poblándose cada vez más de unidades cooperarias, aquella creación de Epimenio Bachini que fuera conocida como "el milagro uruguayo", utopía llevada a realización gracias al esfuerzo indeclinable de un grupo de idealistas y al apoyo decisivo de gobernantes comprensivos y progresitas.
Y recordemos el pensamiento que alentó en esa creación: "No pretendemos traer el pasado al presente, convirtiendo a éste en trampolín para que aquel se proyecte y perpetúe en el futuro; como en toda creación, donde siempre hay descubrimientos y revelaciones, pretendemos traer el futuro al presente, el cómo debemos vivir para hacer fecundo el único tiempo real: el presente".
¿Puede dudarse que una creación tal sería capaz de admitir inmediatamente las nuevas tecnologías y propiciar el advenimiento, en el propio medio rural, de la "sociedad informatizada" de que habla "El desafío mundial"?
¿Habremos, definitivamente, perdido la oportunidad?
Existen, sin embargo, diversas circunstancias que han contribuido a producir esta frustración: la aparición y difusión fulminante del SIDA en casi todo el mundo (así como de otras enfermedades de menor expansión pero de igualmente terribles consecuencias: el ébola, el dengue hemorrágico, la especie asiática del cólera, el hantavirus, etc.); el rebrote de otras enfermedades que se suponía en vías de extinción, como la tuberculosis; la persistencia de las enfermedades de trasmisión sexual, de la hepatitis B -y una reciente variedad: la C-, el cáncer, la lepra, la diabetes, las enfermedades mentales, parasitarias y otras causadas por nuevas cepas microbianas altamente virulentas y resistentes a los antibióticos.
Pero, además, como se sabe, la salud no es independiente de los otros componentes de lo que se denomina "calidad de vida"; por el contrario, tiene una relación de interdependencia con los demás (alimentación, vivienda, trabajo, educación, vestimenta, seguridad social, libertades humanas, recreación, medio ambiente), factores estos últimos cuyo logro y efectividad suele verse grandemente influido por las disponibilidades económicas, la política y las prioridades de cada gobierno.
El hambre ha sido hasta el presente un flagelo incontrolable, que deja graves secuelas en los pueblos que lo padecen e, incluso, en la siguiente generación. La terrible hambruna de Etiopía, que hace unos quince años conmovió a Occidente a través de las impactantes imágenes de la televisión, señaló el punto culminante de una situación de crónica penuria alimentaria sufrida por ese y otros estados africanos. Los países del Tercer Mundo, en general, tienen grandes manchas de su población sumidas en la pobreza y el hambre o la subalimentación, viviendo en construcciones precarias, sin agua potable, saneamiento ni electricidad.
La drogadicción, el tabaquismo y el alcoholismo, por su parte, continúan causando estragos sobre la salud de vastos contingentes de pobladores del planeta.
Pero, aparte de estas situaciones que ensombrecen las perspectivas sanitarias para el año 2000 -algunas de ellas absolutamente imprevisibles-, no ha existido una firme disposición por parte de muchos gobiernos de países en desarrollo de aplicar el conjunto de recomendaciones que la OMS había formulado para el cumplimiento de aquel objetivo. La base de "salud para todos" está constituida, según explicó el Director General del organismo mundial, por la atención primaria de salud, "que forma parte integrante, tanto del sistema nacional de salud, del que constituye la función central y el núcleo principal, como del desarrollo social y económico global de la comunidad. Representa el primer nivel de contacto de los individuos, la familia y la comunidad con el sistema nacional de salud, llevando lo más cerca posible la atención de salud al lugar donde residen y trabajan las personas, y constituye el primer elemento de un proceso permanente de asistencia sanitaria". ..."la salud para todos en el año 2000 no pasará de ser un espejismo mientras los servicios de salud no sean accesibles para todos y cada uno de los miembros de la comunidad".
A la vez, estos servicios tendrán escasa eficacia entre aquellos sectores ciudadanos que sufran carencias o insuficiencia de los elementos constituyentes de la calidad de vida, antes mencionados: "la asistencia médica no puede, por sí sola, llevar la salud a una población hambrienta que vive en tugurios".
La participación de la comunidad es otro elemento al cual no se le ha concedido la importancia que la OMS le asigna, especialmente en lo que respecta al espíritu de responsabilidad -individual, familiar, comunitario y nacional-, cuyo desarrollo efectivo es otro de los requisitos indispensables de la estrategia orientada al logro de la salud para todos. La educación sanitaria debe conducir a la comprensión de los problemas que atañen a la salud, del significado de ésta y lo que puede hacer el individuo para conservarla o recuperarla, sabiendo que la mala salud no es inevitable. Todo este proceso requiere poner en movimiento diversos factores de naturaleza política, económica, social, ambiental y biológica.
En cuanto a las acciones de orden estrictamente médico-asistenciales que la OMS consideraba fundamentales para el éxito de su propuesta, incluían: los centros de atención primaria, como primer nivel de un sistema nacional de salud (ya citados); el establecimiento de una tecnología médica apropiada, de valor probado para los fines buscados y de costo proporcionado a los recursos disponibles; el alcance nacional de los programas sanitarios que se propongan, es decir, que abarquen no sólo las grandes ciudades y las áreas suburbanas pobres, sino también el medio rural; la introducción de ciertas modificaciones en las escuelas de medicina, porque "la mayoría de ellas, en todo el mundo, preparan a sus alumnos, no para atender la salud de la población, sino para dedicarse a una práctica médica incapaz de ver nada más que la enfermedad y la tecnología que permite abordarla" (aquello que decía el Dr. William Osler: "es más importante conocer qué persona tiene una enfermedad que qué enfermedad tiene esa persona"); la adopción del programa de medicamentos esenciales recomendado por el organismo mundial.
Todo hace suponer que el año 2000 encontrará a la humanidad luchando a brazo partido "contra" la enfermedad; no todavía, "en favor" de la salud...
Una reflexión sobre los conceptos que anteceden aplicados al caso de Uruguay (que ha avanzado bastante en el terreno asistencial y algo menos en el preventivo y de promoción de la salud y en otros aspectos de las recomendaciones de la OMS), habilitan a reconocer que hemos perdido lastimosamente el tiempo al no recoger, en 1972, el noble desafío lanzado por el Dr. Pablo Purriel con su anteproyecto de Servicio Nacional de Salud, que mostraba evidentes semejanzas conceptuales y programáticas con aquellas propuestas. El trabajo de Purriel fue desestimado, pero nadie ofreció una alternativa mejor. Ahora, empero, cabe mantener cierta esperanza ante la iniciativa pública de uno de los directores del BPS, el señor Colotuzzo, de efectuar una revisión de los proyectos de Sistema Nacional de Salud elaborados en años anteriores y que él considera valiosos para una mayor aproximación a la tan anhelada Justicia Social.
No parece sensato conmemorar con demasiado optimismo un nuevo Día Mundial de la Salud. Debería hacerse, sí, contrayendo en la fecha un solemne compromiso: el de luchar en adelante todos juntos, gobiernos y pueblos, con tesón y sinceridad, en pro de la salud, ese inapreciable bien cuya posesión, en el cabal significado moderno del término, permite a los hombres el goce pleno de la vida.
Contra el Hambre Los textos enciclopédicos proporcionan dos definiciones del hambre. La primera, la más común, describe en qué consiste la sensación que se conoce como hambre, la forma en que el organismo humano la denota y cómo afecta a este último; es lo que podría llamarse la "fisiología" del hambre. La segunda enfoca aspectos más vastos del fenómeno "sociológicos", cabría decir-, los cuales son los que interesan a la presente nota. Por ejemplo, la enciclopedia Grijalbo (ed. 1975), en este segundo aspecto, da la siguiente explicación: "Estado de un ser humano insuficientemente alimentado. Se da, principalmente, en los países subdesarrollados, y afecta actualmente a cerca de dos tercios de la humanidad. Se refiere tanto a una carencia cuantitativa (alimentación deficitaria en calorías) como cualitativa (alimentación deficitaria en proteínas, vitaminas). En algunos casos, este estado puede no ir acompañado de la sensación subjetiva de hambre, ni llegar a grados extremos de inanición, pero comporta una disminución de talla y peso, acorta la duración media de la vida, disminuye la resistencia a las enfermedades y la capacidad de trabajo, y produce apatía y necesidad de excitantes (alcohol, tabaco), y drogas estupefacientes".Pero las referencias al hambre no se encuentran sólo en las enciclopedias o libros de estudio, ni en los agobiantes informes de las agencias internacionales. En la novela "Maluco", de Napoleón Baccino, que narra las tremendas peripecias del viaje de Magallanes, el autor pone en boca del bufón Juanillo Ponce las muy atinadas reflexiones que siguen, dirigidas al rey Carlos I de España: "Porque tú, don Carlos, no sabes nada acerca del hambre. Nada. Tú te preocupas más de alimentar de pólvora tus cañones que de llenar las tripas de tu pueblo. Y es lástima grande, Majestad, el que ignoréis tal cosa...Porque un monarca puede ignorarlo todo, menos eso que un poco inocentemente llamamos hambre. El más temible de los enemigos. Contra el que no pueden cañones ni decretos, porque él se mofa de todos y a todos vence con sus apremios. El es quien diezma tus ejércitos. Hunde tus naves. Llena de criminales las noches y de pícaros las plazas. Da crédito y poder a los clérigos. Prostituye a las mujeres. Hace viejos a los niños. El, que es el padre de todos los vicios. Que engendra la adulación. Promueve la traición. Atrae al juego. Somete al vino. Mete los dedos en la bolsa ajena. El puñal en el vientre. El pescuezo en el yugo. Tan grande es su poder que al mismísimo Dios se iguala. Porque él da la vida o la quita. Decide la suerte de las almas. Hace las guerras. Crea las victorias y las derrotas. Destruye reinos. Descubre continentes. Somete pueblos. Todo lo puede".
Antes, el hambre era considerada como uno de los tantos flagelos que azotaban a los humanos; en ocasiones se la tomaba como una consecuencia ineludible -y ante la que no cabía sino resignarse- de uno de aquellos azotes: las grandes pestes, las interminables sequías, las guerras devastadoras, las invasiones de voraces langostas...
En los últimos decenios comenzó a considerarse con temor el tremendo peligro que el hambre supone para el futuro de la humanidad. Por ejemplo, el ex Primer Ministro británico Harold Wilson (en "Guerra a la pobreza universal") estimaba que constituía el problema mundial de urgencia mayor, superando a la guerra, al comunismo, el costo de la vida, los impuestos... Para Josué de Castro, ex Director de la FAO (opinión que era también sostenida por U Thant, recordado Secretario General de las Naciones Unidas- , el hambre encierra "tan explosiva carga de peligros y amenazas para la civilización como las armas nucleares de destrucción masiva".
Dicho peligro entró a advertirse cuando los medios modernos de información comenzaron a descubrir para el mundo los países subdesarrollados, en especial- realidades como la existencia de los "manchones" geográficos del hambre, que hasta entonces eran ignorados, mismo, por los propios países que padecían el flagelo. Así fue que Nehru, ex compañero de Gandhi y Primer Ministro de la India, pudo asegurar que "lo nuevo en la India no es el hambre ni la miseria, es la conciencia que el pueblo hindú tiene hoy de esa hambre y de esa miseria".
Esa toma de conciencia, pues, junto con la presunción de que el hambre y la miseria que los pueblos empobrecidos padecían eran males innecesarios que la solidaridad internacional podía subsanar, constituyen los fundamentos de aquel temor; el temor de que algún día, al rebosarse el cáliz al parecer incapaz de ser colmado de los pobres, estalle una violenta reacción reivindicatoria capaz de trastornar profundamente la marcha de esta civilización materialista, indiferente y egoísta en que vivimos.
La FAO, creada en 1945 por las Naciones Unidas para luchar contra estos males, también advirtió el peligro y, contando con el voto unánime de los delegados de ochenta naciones reunidos en Roma, en 1968, creó la "Campaña mundial contra el hambre"; sería esta una verdadera cruzada a escala universal, cuya finalidad era nivelar las diferencias que separaban a las naciones ricas de las subdesarrolladas. Es evidente que la campaña no alcanzó sus fines: hoy se habla de "abismo" cuando se ponderan las "diferencias" entre países ricos y pobres...
En 1984 el mundo industrializado al cual llegaron en primer lugar las imágenes televisadas con toda su crudeza- se sintió sacudido ante la evidencia de la terrible hambruna padecida por millones y millones de personas en Etiopía. La ayuda internacional se movilizó de inmediato pero, como fue luego en el caso de Somalia, encontró dificultades para la distribución de los alimentos. La causa del hambre no residía sólo en la persistente inexistencia de lluvias; también en la prolongación de una sangrienta guerra civil, con el desplazamiento obligado de poblaciones enteras y reparto seleccionado, preferencial de víveres cuando estos llegaban, así como en la carencia de buenos caminos y de medios de transporte.
Poco tiempo después otras naciones africanas se vieron también envueltas en sanguinarias luchas internas, con masivas migraciones y la hambruna consiguientes, situaciones contra las cuales poco pudieron hacer los organismos internacionales. El hambre llegó también al Vietnam comunista, a la vieja Rusia, aunque lejos de alcanzar la gravedad de la tragedia africana mostrada sin tapujos por los grandes medios de comunicación. Las fotografías conocidas gracias a las agencias noticiosas resultaron más que elocuentes: trágicas, desgarradoras. Niños que parecen viejos, viejos que parecen momias. Hombres y mujeres reducidos a la mínima expresión vital compatible con la vida. Es el horror máximo del hambre, repetido en una cantidad de naciones africanas y al cual tampoco nuestra América es totalmente ajena.
Un mundo que se vanagloria por el adelanto tecnológico que ha alcanzado y que sigue conquistando, no puede tolerar más la afrenta que supone el hambre. Los miles y miles de millones de dólares consumidos por el armamentismo y la frivolidad, deben destinarse a su urgente erradicación. Entonces sí que habrá motivo para creer que es la nuestra una civilización realmente "avanzada"...