Escribe: Prof. Marlene
Ferreira de Machado
El hombre desdd el principio de los tiempos, trabajó y modeló la piedra y la madera, elementos nobles que la naturaleza le brindó y le brinda para múltiples usos.
Pero aquí se trata específicamente de comentarles (e invitarles a concurrir), a la exhibición de una serie de magníficas esculturas en madera, en su mayoría de cedro, exquisitamente trabajadas a punta de gubia, formón y lija.
Valioso aporte a nuestra cultura esta exposición de figuras abstractas y simbólicas, donde las formas y los espacios se abrazan para que el espectador de rienda suelta a su imaginación. Observamos la exposición atentamente y la coherencia de la misma nos lleva a meditar sobre esa ubicación creadora, en la cuidadosa estructuración de la sintaxis formal, proponiendo el tema desde lo pequeño y hermosamente humano, al acto creador, por momentos místico, fundado en la ternura y projimidad solidaria, pronunciándose con una sencilla y prudente alegría; todo es levemente sinuoso y cálido en las entrañables estructuraciones compositivas, sustentadas en la placidez y la pureza, creando un clima que parece respirar en plenitud, captando la atención de quien las contempla.
Aún hay tiempo para ver el estilo personalísimo de ese emergente talento.
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Limpieza serrana (reflexión)
Hace un tiempo tuve el privilegio de gozar de uno de los lugares de mayor belleza de este bendito país, mi país, la Sierra de las Ánimas, y un lugar llamado "La Laguna", enclavado allí.
Todo lo que se diga de tal paraje, en cuanto a su desmesurada belleza, es poco. Los tiernos azules de ese cielo que aún llevo en la retina, los verdes profundos de los montes autóctonos, los ocres agrisados de su suelo arrugado con blanquecinas elevaciones, las más altas de este hermoso país, tan profundas y conmovedoras como las arrugas de una abuela queridísima. Y, a pesar de la paliza del viaje, a través de cerros y hondonadas, aquello me gustó.
Sin embargo, con tantísima fiesta de luz y color como ofrece ese lugar, lo que a mí me dejó con los pulsos perdidos y el corazón en maravilloso suspenso, fue el silencio y la limpieza. Decir que allí se puede intuir cómo fue nuestro maltrecho planeta, al poco tiempo de su creación, no es utópico. En los primeros minutos de avance por los caminos de pedrusco, crees que te has metido en un cuento de hadas: ni bocinas, ni rugidos de motores, ni siquiera la voz humana... Nada: el viento y algunos trinos de pájaros de vez en cuando. Y lo más grande y milagroso: ¡ni un maldito papel, ni una herrumbrosa lata de refresco, ni un condenado plástico! Los humanos, pocos, que habitan ese edén, aún lo respetan. Que dure...
Creo que el solaz que proporciona al alma la visión de las abigarradas sierras y sus pequeños valles tiene que ver con nuestras ansias de retornar al Paraíso perdido, con el hambre de verdad y belleza que nunca saciamos. Porque resulta que, de un modo u otro, acudimos cotidianamente a la búsqueda de lugares vírgenes que nos refresquen la sequedad interior...
Quiero decir que cuando, por ejemplo, intentamos disfrutar de la música, de la lectura, del arte, lo que deseamos es hallar un espacio inmaterial de solaz y reposo, donde el alma y la cabeza puedan esponjarse sin miedos.
Pero no sé qué pasa en nuestro tiempo, que es casi imposible dar con la limpieza que soñamos en eso: en la literatura, en el cine, en la televisión, en los periódicos, en las revistas, en la pintura... En cuanto te descuidas, aparece la contaminación: un comentario soez; un chiste tórridamente erótico, con deslizamiento decidido hacia la pornografía; una imagen triste, fea, violenta...
"Así es la vida", te dirán... "Las artes, la información, no hacen más que reflejar fielmente lo que nos rodea", te comentarán... "¡No te pases de puritanismos!", te reprocharán... "Acepta la sexualidad desmesurada, la violencia, la irreverencia y hasta la blasfemia como algo que nos tiene que acompañar, en este siglo, de la cuna a la tumba"... te insistirán. ¿En serio? ¡¡¡Al diablo!!!
Si uno ha sido alumno mínimamente aprovechado en la enseñanza académica, recordará sin demasiado esfuerzo lo básico de la Historia del Arte y de la Literatura, y comprobará que hubo épocas muy largas épocas- en las que el buen gusto, la delicadeza, el respeto a la dignidad propia y ajena, imperaron en la creación, sin cursilerías.
Entonces, ¿de qué vamos nosotros? ¿Qué nos ocurre? ¿Somos incapaces de escribir, hablar, filmar, pintar, o emitir limpiamente, sin contaminación? A mí me sirvió, como respuesta a todo esto, un artículo de la periodista Pilar Cambra que citaba una reflexión del antropólogo Juan Luis Sorda: "Muchos opinan que lo espiritual no existe y que todos sus fenómenos cultura, arte, religión, pensamiento, relaciones interpersonales- son materiales", y la materia, si no está animada por el espíritu que la afina y ennoblece, es grosera, basta; en el mejor de los casos, bellamente fría y muerta.
Supongo que el trabajito de descontaminar esos ámbitos, que nos hemos acostumbrado a ver chorreando inmundicia, no va a ser fácil, amigos míos; devolver al cine, los libros, la televisión o la prensa una especie de limpieza serrana. Pero digo yo de intentarlo un poquito... Aunque solo sea para dejarnos tranquilos a unos cuantos locos que pensamos que la pureza del Paraíso es difícil de hallar, pero no está perdida para siempre.