El absurdo del mes - Diciembre de 2000

Velasco Arzac y la religión en las escuelas


Este mes, fue muy difícil nombrar a un ganador. Diciembre exacerba los sentimientos píos de los creyentes y los poderes premonitorios de los psíquicos. De todas formas, por la elevada densidad de cretinismo, ganó el señor José Manuel Velasco Arzac, presidente de la Federación de Escuelas Particulares del Distrito Federal. A este personaje le acreditamos no una, sino dos perlas. Puede encontrar muchas más en el artículo del periódico La Jornada de la ciudad de México, de donde salieron éstas. La primera:

"Si se retoman los valores de la fe católica en la educación, México saldrá del bache"

Y la segunda:

"El haber prescindido totalmente de Dios en las escuelas nos hizo muchísimo daño y estamos pagando las consecuencias en las calles, donde operan la ley del más fuerte, el individualismo exacerbado. Aquello de que yo me haga rico aunque se mueran los otros. La exclusión de los pobres, total, yo ya tengo con qué vivir"

Para ser presidente de una asociación de escuelas, Velasco Arzac muestra una ignorancia enciclopédica sobre Historia de México. La mayoría de los historiadores coincide en señalar que el peor periodo de México fueron los primeros años de independencia, entre 1821 y 1855. En esos años, no había Benito Juárez molestando al clero, por lo que la Iglesia católica era virtual ama y señora de lo que ocurría en México. En esos años, asimismo, el país se estaba desgastando en guerras civiles (que la Iglesia no ayudó a detener, sino todo lo contrario, ya que en ellas estaban en juego los fueros económicos, políticos y sociales de la Iglesia), en las cuales, como ocurre en toda guerra civil, la economía se derrumbó de una forma tal que la situación actual es Jauja; la cultura se estancó fuera de algunos periodicuchos; la educación era virtualmente inexistente (y toda era cortesía de la Iglesia); como no había economía, el bienestar social era nulo, así que el campo estaba lleno de crimen y maldad; y, sólo como curiosidad, los gobernantes, los únicos que tenían acceso a la educación católica con Dios, se declaraban profundamente guadalupanos (ergo, católicos). En pocas palabras, el periodo más oscuro del México independiente fue el que vio el mayor esplendor de la Iglesia mundana.

Eso fue lo que ocurrió la última vez que dejaron a Dios en las escuelas. El análisis puede parecer tendencioso, pero, a manera de epílogo, recuerde que fueron los liberales y los socialistas ateos quienes le refrescaron la memoria a los clérigos acerca de su deber de ayudar al pobre y al desvalido.

Por otro lado, los gobiernos que siguieron a uno que intentó prescindir de Dios, al gobierno de Lázaro Cárdenas, quizá el mejor presidente salido de la Revolución Mexicana, fueron los responsables del desarrollo económico que llevó a México de ser una nación feudal a principios de siglo a una nación del Alto Tercer Mundo a fines de siglo. Nada tuvo que ver la Jerarquía católica.


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