El Quetzal - Documento 15
Por última vez, no soy brujo
Página principal

Envíe un correo

Vínculos

Estimado lector:

Esta página no recibe muchas visitas. Por lo mismo, el buzón dedicado a esta página tampoco recibe grandes volúmenes de correspondencia a lo largo del tiempo. Sin embargo, la aplastante mayoría de los correos destaca por una temática: peticiones de ayuda mágica.
        En los próximos días crearé un bonito banner animado que dice "¿Necesita ayuda espiritual? Haga clic aquí", pero por mientras tengo un vínculo de texto que hace lo mismo. Esto es el propósito de tal vínculo. Escribí este artículo de opinión pensando específicamente en usted, apreciado lector, que hizo clic en ese vínculo con intenciones serias, esto es, con el fin de obtener "verdadera" ayuda espiritual. Si usted llegó a este documento con otras intenciones, puede leerlo para divertirse un rato o aprovechar mejor su tiempo en otro lado. Si usted llegó a este documento deseando que le resuelva algún problema con magia, debe entender que ESTO es su ayuda espiritual y no un error, y por lo tanto DEBE leerlo.
        Usted, lector con problemas, seguramente tiene planeado escribirme un correo con alguno de los siguientes contenidos:

  • Era próspero, saludable o feliz hasta que, inexplicablemente, todo se le vino abajo y cree que le hicieron un "trabajo"
  • Tiene mala suerte en el amor, en el dinero o en cualquier cosa
  • Hay ruidos extraños, aparecidos o cualquier fenómeno inusual en su casa
  • Tiene algún problema particular
  • O de plano, pretende que le lea el futuro sin saber otra cosa que su fecha de nacimiento y su signo zodiacal (por cierto, diré que dar ambos datos no habla muy bien de usted: cualquier tonto armado con un instrumento tan místico como una Vanidades puede determinar el signo zodiacal de quien sea a partir de su fecha de nacimiento: en una palabra, es redundante e innecesario)
        Pues bien, si en su desesperación no ha revisado de qué trata toda esta página, le haré notar que mi filosofía personal está orientada al librepensamiento, el escepticismo y la racionalidad científica. Como consecuencia, la línea editorial de El Quetzal es independiente, escéptica, científica y racional. Ahora ponga atención.
        Como escéptico, científico y racional que soy, me opongo terminante y decididamente al pensamiento y a los ritos mágicos en todas sus formas. Considero que la magia es un conjunto de prácticas supersticiosas sin ninguna utilidad. Es mi firme convicción que la magia es una práctica fatua que pretende tener control sobre fuerzas ciegas, carentes de inteligencia, voluntad y personalidad como lo son los diferentes elementos de la naturaleza. Estoy plenamente convencido de que la magia explota, consciente o inconscientemente, las emociones y necesidades humanas para beneficio de sus practicantes. Pienso que la magia es un irreflexivo collage de corrientes religiosas que desvirtúa el mensaje original de todas ellas. En definitiva, para mí la magia es un producto de la ignorancia, es algo total y completamente inservible, todos los que la practican son unos estafadores o unos estúpidos, y todos los que creen en ella... En una palabra, yo NO soy un brujo, ni un adivino, ni nada parecido.
        Después de esta aclaración, podrá comprender mi reacción. Usted, que me escribe para pedirme que lo ayude con magia, me parece una persona descuidadamente distraída, en el mejor de los casos, o desconsoladoramente idiota, en el peor. (A pesar de que un punto neurálgico de mi filosofía de la vida dice que el ser humano es una entidad fundamentalmente tonta, me gusta pensar lo mejor de las personas.) Debo decir que apenas soy capaz de concebir cuál fue el retorcido, obtuso e ilógico camino que su mente siguió para llegar a la conclusión de que yo, un escéptico racionalista, era ni más ni menos que el farsante mejor conocido como el Brujo Mayor de México, Antonio Vázquez Alba, a quien he criticado con saña en más de dos ocasiones. Y por lo mismo, tengo una capacidad y un interés bastante reducidos para resolver los prosaicos problemas producto de lo que a mi juicio es su incapacidad para enfrentar las situaciones de crisis.
        Espero que este texto lo haya desanimado de escribirme pidiendo que cure a su perro del mal de ojo, le diga si su hija pasará el examen de admisión de la UdeG, si su esposa lo engaña con su compadre, o qué debe mezclar para que le den empleo. Sin embargo, si a pesar de todo decide escribirme, mejor no lo haga porque le diré lo siguiente: usted no es descuidadamente distraído, sino desconsoladoramente idiota. Creo haber sido muy claro en este texto como para que usted desperdicie mi precioso espacio en buzón electrónico en esas sandeces.
        Por última vez, NO soy brujo. No quiero ni pretendo serlo. No lo seré nunca. Y por favor, madure.
        Que tenga un buen día.
Ir al inicio