El Quetzal - Documento 12
La patrona

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El 12 de agosto de 2000, un dibujo a lápiz fue destruido por dos hombres motivados por su fe. Decidí buscar alguna digitalización de ese dibujo para mi uso. He decidido ponerla en este rincón del Web olvidado de Dios (si usted fuera Dios, ¿no me mandaría a la goma? Yo sí) para compartirla con el mundo y narrar su historia. El dibujo está al final.
        Repito la advertencia: si usted está convencido de que la Virgen María y no la mujer que lo parió y lo crió es su madre; va a misa todos los domingos; afirma conocer, representar y defender conceptos como "la moral y las buenas costumbres" o "el sentir mayoritario del pueblo"; es enemigo de la pornografía, siendo ésta cualquier cosa al menos tan impúdica como la exhibición discreta de una nalga o un seno; es muy sensible con respecto a sus convicciones; se considera una persona políticamente correcta y/o es un niño pequeño sin más guía en el mundo que sus padres, su profesor(a) y la tele, no siga. Esto es sólo adecuado para ateos, aficionados a la blasfemia, gente que duda de los sacerdotes, artistas liberales, defensores de la libertad de expresión y los derechos civiles, gente que no se ofende con facilidad y adultos muy adultos de muy amplio criterio.
        ¿Sigue aquí? Bueno, a partir de ahora, cualquier cosa que piense, sienta, diga o haga con respecto al contenido de este texto es su responsabilidad (no me malinterpreten: acepto gustoso cualquier mentada de madre relativa al caso). Hecha la advertencia, ¡disfrútelo!
La historia
        Todo este cuento comenzó cuando el Museo José Luis Cuevas de la ciudad de México decidió hacer la exposición Homenaje al lápiz en el Museo de Periodismo de Guadalajara. Como sugiere el título, la gran mayoría de las obras eran dibujos hechos con lápiz. La directora del museo tapatío, Yolanda Carvajal, decidió cancelar 13 dibujos por considerarlos obscenos y cargados con un alto contenido erótico "no apto para adolescentes". Entre ellos, La patrona, del dibujante Manuel Ahumada.
        Después de que la comunidad pensante local protestó e hizo presión, la exposición se mostró completa. (Después de ver la noticia en los periódicos, decidí hacer un viajecito al museo. Francamente, no hallo motivo de tanto escándalo.)
        El sábado 12 de agosto (un día después de que fui a ver la exposición. Ustedes dirán si fue suerte), dos hombres decidieron ir al museo, según declararon, primero a ver, después a destruir, precisamente, la obra de la que trata este artículo. Intentaron destruirla con ácido, pero después de un forcejeo con el guardia de seguridad, simplemente la rompieron. Los agresores fueron detenidos, pero salieron libres porque Ahumada, el autor, no ratificó la denuncia.
        Como antes fue el intento de censurarla, la destrucción de La patrona se llevó el rechazo de la comunidad intelectual y la alabanza del Arzobispado de Guadalajara. Esto armó un gran debate a nivel local sobre la libertad de expresión y el respeto a las creencias. Los intelectuales clamaron que el hecho fue un acto de intolerancia y represión, que auguraba el regreso de las fuerzas ultraderechistas con la llegada de Vicente Fox a la presidencia; el arzobispo Juan Sandoval Íñiguez (tal vez lo recuerde de Aborto y arzobispado) dijo que era un insulto a las creencias católicas de la mayoría de los mexicanos. Hasta se ofreció a pagar la fianza de los improvisados críticos y guerreros de la fe.
        El breve comentario: a mí me insulta casi cada cosa que dice el Cardenal Sandoval. Pero no por eso voy a prenderle fuego a la Catedral o voy a asesinarlo. El problema es que para que un insulto sea insulto, debe insultar (¡Guau! ¡Qué razonamiento! ¡Por eso los mexicanos estamos como estamos!), y para ello, alguien debe sentirse insultado. Si alguien no se entera del insulto, no se siente insultado, y eso fue justamente lo que sucedió con La patrona. Sólo pudieron enterarse de la censura y la destrucción las personas que leemos periódicos y nos interesa aunque sea mínimamente la cultura y el arte. No el gran público que lee una TeleGuía sólo por casualidad y devora con emoción cada episodio de Hasta en las mejores familias. Por eso, el dibujo de Ahumada no representa un insulto más que para los sectores conservadores cultos: porque fueron los únicos que se enteraron.
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El dibujo
        Habrán notado que, en ninguna parte, he dado una descripción del dibujo. Eso fue con el fin de disminuir cualquier juicio adelantado. Hela aquí:
'La patrona', de Ahumada. (1990)
        ¿Se ofendió? No puede decir que no se lo advertí.
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