
- PABLO VI.Las encíclicas del mundo moderno: Humanae Vitae Ed. Bruguera, Barcelona, 1969.
- MARCUSE, Herbert. Eros y civilización. Ed. Sarpe, Madrid, 1985.
- Mural. Publicación diaria, Guadalajara. Varios.
- Ocho Columnas. Publicación diaria, Guadalajara. Varios.
- Semanario. Publicación semanal, Guadalajara. Varios.
El aborto es bueno. El aborto es malo. Maternidad responsable y libre. Asesinato de seres indefensos. Un derecho. Un pecado. Ideas de esta clase giran en torno a este tema, expuestas por toda clase de políticos, grillos, líderes de opinión, derechistas, gente moral y religiosos. Pero ¿alguno de ellos tiene la razón?
En este artículo pretendo dar elementos de juicio para suponer que la postura de la jerarquía católica de Guadalajara, México, y al mismo tiempo de toda la Iglesia Católica con respecto al aborto (y en general para toda la anticoncepción, pues la Iglesia no hace ninguna distinción) tiene bases endebles y no puede ser completamente válida. Uso como ejemplo a la Arquidiócesis de Guadalajara por ser ésta bastante conservadora y por motivar un pequeño escándalo en este país, el cual explico en el primer inciso de este trabajo. Luego procedo a desarrollar, uno por uno, los argumentos fundamentales de la jerarquía para decir que el aborto es malo. Al final de este trabajo desarrollo un punto interesante que la jerarquía tiene a su favor.
Debo aclarar que en ningún momento pretendo dar un juicio moral sobre el aborto. Mi investigación me llevó a ciertos aspectos de los grupos pro-aborto que me hacen pensar que ellos tampoco tienen toda la razón. Este tema quizá aparezca en el futuro.
Antecedentes. Puntos del arzobispado
El asunto que me inspiró a escribir estas notas fue la tentativa de la Secretaría de Salud de México de modificar la norma de salud reproductiva NOM-005-SSA2-1993, que establece el inicio del embarazo. Para ello, reunió, a mediados de septiembre de 1999, a 40 expertos en la materia, quienes determinaron que el embarazo, oficialmente, inicia(ría) en el momento en el que el cigoto se implantara en el útero, esto es unos 6 o 7 días después de la fecundación. El objeto de la modificación es el de abrir paso a la legalización en México de los anticonceptivos de emergencia, como la píldora RU-486, que impide la anidación del cigoto en el útero.
El día 20 de ese mismo mes, el grupo Provida denuncia el fin antinatalista de la modificación de la norma. El mismo día, el Cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, envió una carta de protesta a la Secretaría de Salud, donde expone todo el rollo al que la jerarquía católica nos tiene acostumbrados cuando hablan de anticoncepción y aborto. Reproduzco el cuerpo de la carta, esto es sin membretes ni otras formalidades:
Al enterarme de que Uds. se han propuesto modificar la definición de embarazo, envío esta protesta, atenta pero enérgica, en contra de tal medida.
La Iglesia desde siempre y la verdadera ciencia médica actual, enseñan que el embarazo comienza con la fecundación del óvulo femenino; desde entonces están dadas las características esenciales del individuo, que es único e irrepetible.
Definir el embarazo a partir de la implantación del óvulo fecundado en el útero, es una falsedad y una medida tendiente a dejar un resquicio al uso no sólo de anticonceptivos sino también de abortivos. La medida tiene a todas luces la intención de seguir por el camino del antinatalismo sin importar los medios, aunque éstos sean abortivos.
La sociedad no puede edificarse sobre lo que es falso. Una sana política de regulación de la población deberá atenerse a los datos de la ciencia y sobre ellos, con un concepto correcto de la moral y una actitud de respeto a la vida humana, se podrá formular una política poblacional digna y respetuosa.
Dos días después, en Guadalajara, el Cardenal, en rueda de prensa, asevera que su protesta "no es lucha de fuerzas, sino apego a la verdad". Declara que la modificación a la norma "es una actitud enfermiza de gente inmoral, de gente que ha perdido totalmente el rumbo y los valores fundamentales de la existencia". Dice que las autoridades presentan cifras adulteradas sobre los abortos clandestinos para promover la modificación; que es ilícito legalizar el aborto para evitar abortos clandestinos, es decir, no se puede hacer un mal para evitar otro mal; que la norma no puede ser fundamento de políticas sanas para el pueblo mexicano; y que espera que los católicos del país se unan en su rechazo.
Sin lugar a dudas, la carta del Cardenal tuvo eco. Al día siguiente, el DIF (Desarrollo Integral de la Familia, dependencia federal de labor social) de Jalisco declaró que apoyaban al Cardenal y a Provida en su rechazo a la modificación del aborto y a su defensa de la vida. Y el 28 de septiembre, el proyecto de modificación de la norma fue mandado a revisión para "revisar los puntos controvertidos del texto". Con esto, la norma se suspende. El 3 de octubre, Semanario, el periódico del Arzobispado de Guadalajara, defiende la postura del Cardenal en su editorial. En mi opinión, un editorial redundante. Ya el Arzobispado había ganado.
Y, por lo que sé, esto es todo. De las declaraciones del Cardenal y el Arzobispado, podemos reducir los argumentos a los siguientes:
- La Iglesia y la ciencia enseñan que el embarazo y la vida humana comienzan desde el instante mismo de la concepción
- La norma es inmoral porque da lugar a la anticoncepción, la contraconcepción, manipulaciones genéticas y comerciales
- El Estado debe limitarse a implementar programas de paternidad responsable y no de planificación familiar
- Se deben respetar la vida y las leyes de la naturaleza
El comienzo del embarazo
Éste es el argumento mejor sustentado que la jerarquía tiene. Pero no lo sustentan tan bien como pudieran. En el primer párrafo de la carta del Cardenal Sandoval, leemos que "la Iglesia desde siempre y la verdadera ciencia médica actual enseñan que el embarazo comienza con la fecundación del óvulo femenino". Empecemos con este "siempre". Podemos interpretarlo como dos cosas: o el Cardenal está algo perdido en sus conocimientos de historia de la ciencia o nunca se deben interpretar los "siempres" eclesiásticos literalmente, porque la cultura cristiana primitiva de finales del Imperio Romano nunca se interesó en la ciencia ni en el mundo natural sino como una enorme alegoría moral. De cualquier forma, en la Baja Edad Media, san Alberto Magno decía que la hembra proporcionaba una semilla que era materia y alimento para el futuro embrión, y que el "calor vital" del macho era la responsable de la diferenciación sexual. Es decir, podemos afirmar que la cultura cristiana medieval reconocía la fecundación del elemento femenino (sea lo que sea) como origen de la vida.
Dejémonos de argumentos de poco valor y poco contexto (debo ser el primero en reconocerlo). La jerarquía tiene razón al fin y al cabo. El consenso general entre las ciencias de la vida es afirmar que la gestación comprende todo el periodo entre la fecundación del gameto femenino y el parto. Un argumento que también usan mucho es que el cigoto es un ser humano desde el momento de la fecundación porque ya tiene el conjunto cromosómico humano completo. De aquí tenemos dos observaciones:
- Esta afirmación debilita en parte la posición en contra de ciertos tipos de "aborto" que nosotros los comunes conocemos como anticoncepción. La jerarquía considera como aborto todo intento exitoso de impedir la fecundación y/o la implantación del óvulo en el útero. De esta forma, la jerarquía no puede decir que la anticoncepción es un asesinato puesto que los gametos sólo tienen 23 cromosomas, la mitad de los de un humano.
- Si dicen eso, entonces tal vez deberíamos considerar como seres humanos a todas y cada una de las células del cuerpo (excepto los gametos) por tener todas y cada una de ellas 46 cromosomas. ¿Que no son humanos porque no se multiplican como el cigoto? Pues entonces debemos considerar como seres humanos a los cabellos, a la sangre y a los tejidos cancerosos.
Pero claro, todos esas razones pueden parecer sofismas. Recordemos que el cigoto goza de cierto privilegio: a largo plazo, se convierte en una persona. Entonces, debemos determinar cuándo la célula es un individuo, y a partir de ahí, fijar todos los criterios al respecto.
La inmoralidad del aborto
La jerarquía hace mucho énfasis en el aspecto moral de esta norma. Según ellos, es inmoral porque permite la anticoncepción, el aborto, la experimentación y el comercio, que a su vez son inmorales. Para saber por qué dicen eso, vamos a la fuente, la encíclica Humanae Vitae:
Los hombres rectos podrán convencerse todavía más de la consistencia de la doctrina de la Iglesia en este campo si reflexionan sobre las consecuencias de los métodos de la regulación artificial de la natalidad. Consideren antes que nada el camino fácil y amplio que se abriría a la infidelidad conyugal y a la degradación general de la moralidad. [1]
Entonces, la jerarquía dice que la norma es inmoral porque da puerta al aborto, que es inmoral porque da puerta al sexo desenfrenado, que es inmoral porque... Según entiendo, es inmoral porque nosotros, hijos de Dios, no podemos rebajarnos a obedecer a nuestros instintos como las bestias (al respecto, léase Respeto a la ley natural, en este mismo artículo) en menoscabo de nuestra alma inmortal. Los laicos ajenos a la jerarquía llamamos a esto racionalización y decimos otras cosas.
La teoría que más me convence es la explicación freudiana del sexo como algo malo: los sistemas morales imperantes dentro de la cultura prohíben la actividad sexual no regulada porque ésta no permitiría que los individuos dedicaran sus energías al trabajo y a la construcción de la cultura. Algo más mordaz, otro pensamiento es que la Iglesia necesita muchos miserables para conservar su poder temporal. Para tener muchos miserables, enseña que la regulación por métodos químicos es mala, y en su lugar propone el uso de "respetuosos" pero falibles métodos como el Billings o el Ogino-Knaus, que fomentan muchos nacimientos no solicitados pero gustosamente aceptados. Como son muchos, y los recursos siguen siendo los mismos, a todos les toca una pequeña parte que apenas si alcanza para sus necesidades. Conclusión: más miserables, más poder.
Pero hay un argumento más poderoso contra la inmoralidad del aborto, tal y como es concebida por la Iglesia: la jerarquía, por enésima vez, incurre en su gran error histórico-universal (y no sólo de ella, sino de todos los cultos de raíces judaicas): "yo, Iglesia Católica, soy la única depositaria de la verdad moral y religiosa". Por supuesto, hay principios éticos universales como no matar; pero de ahí en fuera, todas las morales varían en función de factores geográficos, históricos y económicos, todas igualmente justificadas e igualmente válidas. En otras palabras, por más fundada por Cristo que sea, la Iglesia Católica no tiene ninguna autoridad para imponer su a veces torcida visión moral del universo.
Con todo, a los críticos de la Iglesia muchas veces se nos olvida una cosa: que el más efectivo método anticonceptivo, y el más efectivo contra las enfermedades de transmisión sexual, ha sido promovido por estos autoproclamados representantes de Dios. Piense cuál es, y verá que tienen razón...
El deber del Estado
Según la jerarquía y Humanae Vitae, hay una diferencia entre los conceptos de "planificación familiar" y "paternidad responsable", que para todos nosotros son lo mismo. Mientras que "planificación familiar" se refiere al uso indiscriminado de métodos anticonceptivos contrarios a la ley natural (en el siguiente inciso hablaré más de esta perogrullada), la "paternidad responsable" abarca tres cosas:
- Conocimiento y respeto de las funciones del cuerpo
- "Dominio necesario" que sobre las pasiones deben ejercer la razón y la voluntad
- "Deliberación ponderada y generosa" de tener una familia numerosa respetando la naturaleza (otra vez) y la moral, o bien, si los motivos lo ameritan, de no tener prole por un largo tiempo
Recuérdese que el Cardenal Sandoval pedía estas cosas en su misiva al Secretario de Salud. Según él, el Estado debe impulsar todas las medidas cargadas de moralina de la paternidad responsable y no la pecaminosa implementación de anticonceptivos y abortivos. Es más: desde finales de la década de 1960, el tiempo de Humanae Vitae, la Iglesia siempre se opuso al control gubernamental en la materia, alegando sobre
el arma peligrosa que de este modo se llegaría a poner en las manos de autoridades públicas despreocupadas de las exigencias morales. ¿Quién podría reprochar a la solución de los problemas de la colectividad lo que hubiera sido reconocido lícito a los cónyuges para la solución de un problema familiar? ¿Quién impediría a los gobernantes favorecer y hasta imponer a sus pueblos, si así lo consideran necesario, el método anticonceptivo que ellos juzgaren más eficaz? En tal modo, los hombres, queriendo evitar las dificultades individuales, familiares o sociales, que se encuentran en el cumplimiento de la ley divina, llegarían a dejar a merced de la intervención de las autoridades públicas el sector más personal y más reservado de la intimidad conyugal.[2]
Hasta los hombres rectos pueden darse cuenta del monstruoso cinismo de este párrafo. La jerarquía, mediante esta encíclica, asegura que el Estado no debe meterse en anticoncepción ni aborto porque la paternidad responsable (llamémosle así) es algo que sólo le interesa a la pareja. ¿Y qué es lo que están haciendo con el párrafo citado? ¡Lo mismo que denuncian! ¡Están interviniendo en "el sector más personal y más reservado de la intimidad conyugal"! O tal vez la Iglesia no se considere una autoridad pública sólo por su imaginaria exclusividad sobre las almas.
Un aspecto notable de los alegatos del Arzobispado es su aseveración de que la modificación de la Norma responde a los intereses de las multinacionales de las naciones desarrolladas. Este punto amerita mucha atención, y se desarrollará más en las conclusiones.
Respeto a la ley natural
"Respeto a la naturaleza". Esa frase se me antoja tan carente de sentido, tan disparatada, tan idiota... Uno no puede respetar a la naturaleza. La naturaleza se hace respetar. Cumplimos con las leyes naturales aunque uno no quiera. Es más: si hay personas culpables de haber violado la ley natural, son precisamente todos esos profetitas y santitos que la jerarquía, mediante la Biblia y la tradición, nos ha metido en las cabezas por siglos, empezando por el taumaturgo que todo lo comenzó.
El alegato más obvio que se le puede hacer a la jerarquía por su defensa de lo natural sería: "¿qué la Iglesia pretende que vaguemos por los bosques, desnudos, enfermos y comiendo carne cruda?". Pero no iré por ese camino. Empecemos por definir el concepto de "natural". En el más burdo significado, natural significa todo aquello que ocurre de acuerdo con los principios matemáticos, físicos, químicos y biológicos del universo. En otras palabras, es natural que un objeto caiga con aceleración constante; es natural que si caliento agua termine por evaporarse; es natural que los polímeros artificiales tengan las propiedades que tienen; es natural que los químicos de la RU-486 induzcan el aborto.
Claro está que la jerarquía se refiere a la acepción común de "natural": todo lo que es sin la intervención humana. Este concepto es una falacia porque cree que lo humano es ajeno a lo natural. ¡Mentira! El ser humano es parte integral de la naturaleza. La crisis del medio ambiente que ahora vivimos nos debería haber convencido a todos de ello. Véase que en nuestra cultura, esa noción de lo natural viene del Génesis.
Una observación final: ¿no les parece curioso que la Iglesia Católica, una institución con orígenes sobrenaturales, objetivos sobrenaturales, procesos sobrenaturales y destino sobrenatural sea precisamente tan acérrima defensora de lo natural?
Consideraciones finales
Ya hemos visto que todo lo que el Arzobispado de Guadalajara, y en general toda la jerarquía católica, argumentan para censurar el aborto (o en el particular caso de Guadalajara, para impedir la modificación de la norma sobre planificación familiar) no tienen fundamentos sólidos. En lo único que se basan son criterios morales y religiosos. El único criterio científico que usan es bastante ambiguo. Pero en El deber del Estado hago mención de algo particularmente interesante, que desarrollaré a continuación.
La jerarquía tapatía dice que el gobierno mexicano, al pretender modificar la norma de planificación familiar, responde a los intereses de las naciones desarrolladas. Una evidencia que presenta la jerarquía, junto con varios grupos de derecha, es el Memorándum de Estudio de Seguridad Nacional 200, mejor conocido como el informe Kissinger (por Henry Kissinger, secretario de Estado en ese entonces, y a quien se le ha vinculado con Pinochet). Este documento, escrito en 1974 y dado a conocer hasta 1989, delinea una serie de políticas del gobierno de los Estados Unidos con respecto a la regulación poblacional de los países en desarrollo.
A continuación resumiré algunos fragmentos de este extenso documento (si desea verlo completo, busque en los Vínculos). Según el informe, el crecimiento poblacional de las naciones subdesarrolladas puede obstaculizar el desarrollo de los Estados Unidos. Para evitarlo, el gobierno estadounidense debe implementar programas de regulación poblacional en naciones subdesarrolladas, haciendo énfasis en una docena de países que en América Latina incluyen México, Colombia y Brasil. En los métodos para lograrlo, destacan la intervención de asociaciones no gubernamentales y de asistencia financiera y técnica e instituciones privadas, en algunos casos financiadas con los propios recursos del país involucrado (el informe pone de ejemplo a Indonesia). Estas asociaciones se encargarían de implementar métodos baratos de planificación familiar a regiones que no los tengan y desarrollar su efectividad. Y no sólo eso: el gobierno estadounidense debe cuidar que sus políticas no parezcan una nueva forma de imperialismo contra las naciones subdesarrolladas, lo cual podría hacer fracasar todo el proyecto, para lo que se encargarían de inculcar la importancia de tener una familia pequeña y la relación entre sobrepoblación y pobreza.
A riesgo de sonar como propaganda para los Protocolos de los Sabios de Sión o las Centurias de Nostradamus, lo que dice el informe está para dar miedo porque se ajusta bastante a la realidad. Pero eso no significa que la jerarquía católica sea la buena del cuento. ¿Qué nos garantiza que, en realidad, la polémica por el aborto no sea sino una lucha de poder entre Washington y la Santa Sede?
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