El lobo,
celoso, a quien no se le permitía el acceso a estos selectos sitios nocturnos, asistía a
ellos y desde afuera tocaba con gran fuerza espantosas notas con su trompeta. Así trataba
de derribar el local de turno, sin lograrlo. El Palace Mourmet, el Moe's Club,
el Flamingo, el Go Go's, el Virginia, eran habituales lugares
de performances del trío porcino. Allí iba el lobo, sin tener éxito. Y los tres
cerditos se burlaban de él.
La furia del lobo era cada vez mayor, y ni siquiera hurgar en las faldas de la hermosa
Caperucita Roja podía tranquilizarlo y hacerlo olvidar.
Una noche asistió al Gran Royal Casino, donde tocaban los tres cerditos.
Desde afuera, el lobo sopló y sopló su destemplado instrumento sin conseguir nada, salvo
que un antiguo edificio abandonado se desplomara y cayera sobre él. Esto, naturalmente,
terminó con la desdichada vida del lobo. Pero no del todo, porque su espíritu, luego de
subir al cielo y descender a los infiernos, decidió regresar al Royal Casino
a tocar con los tres cerditos una genial versión de "Boogie Bumper",
una de sus preferidas. Esta vez, los cerditos se compadecieron de él, y lo aceptaron de
buen agrado. Y el lobo... y el lobo por fin aprendió a tocar... en el Royal
Casino. |