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En la Virtualidad
La visión de Vico







Hablo de Sura. 
Cuando los rodillos transforman la materia en signos. Cuando el universo comienza a ser la recurrencia más común y no por ello una desventura de los sentidos. Ah. La pluma, esa prisionera sublevada, la de constante tesón. Esa manchadora de las hojas caídas en las manos de un creador de abstracciones. Ella. La forjadora de grafías. La pluma. Sí.... La pluma ágil en la finitud del espacio. La llenadora de texturas en el amanecer del texto literario (hoy diríamos los pixeles van memoria arriba para dibujar ensueños en tesitura virtual) que en su devenir en medio impreso traspasa las fronteras. La universalidad de la obra como un factor medular. Maples Arce lo propone en México y en coincidencia de momentos históricos Federico García Lorca lo afirma con su propuesta en canto Jondo; lo universal parte de lo regional. ¿Y en el ahora? Sura de Inma Arrabal. Nos da un motivo para soltar al aire una paráfrasis joseruizmarquiana Me duele la ciudad cuando camino ¿y si la cargará?* ¿Cómo decir una jarya de Juda Leví sin pensar en su espacio-temporal? ¿Sin pensar en el amor en desamor? ¿Cómo decir Sura sin Inma Arrabal? ¿Cómo hablar de el amar y el desamar? ¿Cómo descorrer la rama para llegar a la raíz?

La propuesta de Inma tiene la fuerza para llegar al ojo de este extranjero y decirle; mira, descúbrete el sombrero. También la tiene para decirle a Sura; pasa maja, que yo te miró desde la cercanía de la pulpa transformada en torrentes de poesía. 
Y llueve en Sura propiciando la nostalgia.
¡Sura...! 

Un grito. Melancolía tornasolada en sincopas de soledad en las rúas de la existencia atada en doble vinculo. Del odio al amor solo hay un paso -dice la sabiduría popular-. La ansiedad de saberse en ella, la lejanía fatal grillete, ancladora, poseedora, inquisidora de si misma. Cadena, similar a cuerda, a hilo, a cosa no dejada, tal vez arrastrada, sí, pero al fin atada a sí. Porqué siempre hay un hilo que no acaba de romperse y en cada estirón se nos desgarra el alma. Sura. Bella mujer caderas de ciudad. Femenina tesitura. Mujer madre, Mujer hermana. Tal vez oveja negra. Negada tal vez. Porque el odio es la negación del amor, porque ante el dolor se odia lo querido, porque el odio es una especie arraigada al desamor. 

Permanece escondida en el recuerdo 
como una culpa que debe permanecer oculta.

Sigmund Freud asoma la testa para marcar al deseo como elemento del amor y el desamor cuando en el siglo XXI todo parece superado y el fetiche es cosa ajena, tan ajena como nuestras son las playas del sol inalcanzable. Inma Arrabal explora con su obra desde las calles vueltas conductoras de la angustia hasta la memoria colectiva donde brotan los fantasmas. Las sombras deambulates en la noche en plenilunio. El arraigo a la tierra.

La mortesina luz de sus calles,
Espejismo miserable de mi conciencia, 
me persigue cuando me alejo de ella. 
Arida, reseca, 
Pero también suave, planeadora. 
Canción de amor y desamor.


Una obra de revisión del ayer vuelto ahora con recurrencia al mañana. Toda duda plantea un mañana, toda duda lleva en si misma la ansiedad del devenir con el amor detrás. El destino. Ese cancionero de lo prohibido. Lo más deseado. Lo más odiado. Lo más negado.

Porque el mundo gira y observa, desdeñoso, 
como pasa la historia 
a toda velocidad.

He aquí la propuesta de una autora cuya pluma tiene la madurez requerida para el libre tránsito por la autopista de las letras internacionales y doy fe de ello desde este México Profundo donde los volcanes afloran en las mañanas de un ahora entre las brumas. 

Sempiterno regodeo,
Alarido de quien ama y mata
Al mismo tiempo.

Van por ello mis felicitaciones en un gran abrazo fraternal. Inma Arrabal compañera de viaje en estas lides literarias, cuando octubre todavía nos ofrece ilusiones. 

Jesús Cruz Flores.

Madrugada del 29 de septiembre del 2001.
Guadalajara, Xalixco. México.

*Ruiz, Mercado José. "Y nunca ha estado en New York". Editorial Tinta. México 1981. 


José Ruiz Mercado, escribe:
La visión de Vico



Teófilo Guerrero,
escribe:


Jesús Cruz Flores,
escribe:


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