El Culto a la muerte

                

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El culto a la muerte

Por: Jesús Cruz Flores.

 

 

Ella. La cubierta del velo vaporoso de la oscuridad. La Santa Muerte, la blanca, la geometría perfecta de la luz. La odiada y de tan odiada amada. La presentida. La temida, la siempre esperada, la democrática con todo lo que implica la democracia y algo más. La conclusora de los tiempos para el sistema aristocrático judeo-cristiano.

La necesidad de una demarcación territorial es notoria en la cultura occidental judeo-cristiana. El espacio de pertenencia a la tierra esta delimitado por la muerte. Se cruza la frontera para ir al estatismo ideal. El cielo, el infierno, el limbo. Tres espacios territoriales distintos, pero a los cuales sólo se accede por la garita de la muerte.

Tres estadías como tres figuras totémicas unificadas. El triunvirato romano que unifica en un emperador el poder. Tronos, Potestades y Dominaciones. Padre, Hijo y Espíritu Santo. El logro de Jesús según la teología fue haber roto el poder de la muerte y ser eterno. La eternidad que al ser humano como tal le esta prohibida. Por ser privatida de los dioses.

Los dioses y los semidioses de la cultura greco-romana están presentes en las ortodoxias cristianas. De ahí que el hijo del hombre tenga que pasar por la muerte para purificarse y redimir (nobleza obliga) Para ser el dios con mayúsculas.

El sistema monarcal esta presente en la mitología greco-romana y en la judeo-cristiana. Jesús el cristo pertenece a la casa de David, es rey y es hijo del hombre y de su padre (Zeus, Deum, Deos, Dios.) Tiene una estirpe humana procedente de un rey y por ende posee una estirpe divina.

La subida al trono eterno (junto al padre y en él.) de Jesús va a ser determinada por su muerte. El costo de la fama dirían hoy en día. Nobleza obliga sería la frase de los nacidos en cuna de oro y no en un pesebre. Su ascendencia aristócrata lo lleva a enfrentar el martirio como posibilidad de redimir al género humano. Redimirse en el acto de la muerte. Vencer a Tanatos. Vencer a la muerte. Para la visión occidental la redención a partir del cordero de dios fue la apertura a la posibilidad real de salvación.

Si tomamos salvar como lograr el paso a través de un acto intermedio. Tendríamos a la figura de Jesus-cristo como aquel que sirve de intermediario para acceder del mundo cambiante y angustiante ( el valle de lágrimas ) al lugar estático que el individuo como tal se merece. Ya sea la salvación con su intermediarios (el purgatorio) o el fuego eterno.En el caso del cielo se toma como goce sublime por toda una eternidad, en el de infierno como dolor por un siempre.

Los polos del Eros y Tanatos son separados definitivamente en la división territorial final. Existiendo no bien una garita intermedia. El purgatorio donde se acaban de expiar las culpas. Una cárcel de readaptación efectiva y quién sale por el favor del rezo de los fieles o por cumplir su condena se incorpora a la gloria eterna.

Una dialéctica tomista la de separar discursivamente los contrarios pero también la de aplicarlos de manera metódica en maridaje. Una tesis, una antitesis y una síntesis.

El alma en el purgatorio paga sus pecados ( delitos) y/o culpas; para llegar al bien se le aplica en su cuerpo etéreo un mal ( mal en el entendido de lo que es el ser perjudicado en los propios intereses) que lo purifica y con el ello se obtiene al ser libre de impurezas. Diría un paradigma de la homeopatía, el mal con el mal se cura ( lo similar con lo similar se cura), o diría la ley del Talión "ojo por ojo y diente por diente". Aunque para el cristianismo el perdón es fundamento ( "La misericordia del Señor es grande y su bondad es infinita" nos recuerda una consigna.)

Los mecanismos de control del cristianismo moderno y de otras ramas del judeo-cristianismo se basan en la contraposición del Eros con Tanatos. No en la unidad indisolubles de Tanatos con Eros (la muerte es vida y la vida es muerte.) De ahí la división territorial del universo de los muertos y el de los vivos. Pero también de ahí la negación a ver la muerte como una continuidad. Asumida la muerte como un rompimiento con orden judicial expresa por los delitos cometidos en la vida. El ser humano es encuadrado con alambre de culpas y temores. El ego es frenado en sus deseos y el súper yo logra ponerle el yugo a su personalidad. Ya sea que este se asuma en rebeldía "sin causa" o agache la cabeza y doble la rodilla ante la presencia del ser divino o divinizado.

Atrapado el creyente en una paradoja de existencia entre el deseo y el deber. La culpa y el castigo. Asume que pese al libre albedrío propuesto como libertad del hacer tiene a su vez que resguardarse de no contravenir la voluntad divina. Algo así cómo la permisividad del padre de familia que mira al hijo hacer de las suyas en la casa del algún vecino "hazlo, es tu decisión", pero llegando a la casa ya veremos lo que te espera por transgredir los parámetros impuestos. Un doble juego entre la permisividad y lo no permitido domina un escenario donde la conciencia regula las acciones. Sirviendo la conciencia como instrumento tortura y de control según se acomode la ocasión. De ahí la necesidad de un instrumento mediador, el perdón divino condicionado a la rectificación hacia la senda del bien. Una violencia ejercida desde el establecimientos de linderos morales-psicosociales.

El Imperio de la fe sin embargo requiere de una suavización de las formas de control hegemónico en la tierra. El amor como el puntal del ideal cristiano. Pero no el amor del deseo ( que este amor pagano siendo más acorde al impulso humano le llamamos querer), no el amor del encuentro y del desencuentro entre las sábanas o en similares "ab libidum". Hablo del amor judeo-cristiano. Por qué vivir en el amor es estar en el camino correcto. Pertenecer a la comunidad implica la sumisión del deseo en aras del deber. Deber estar, deber ser, deber unificar, deber estatizarse en el punto de anclaje permitible. ¿Será por eso que todos los caminos llevan a Roma? ¿Por qué roma es el ideal de imperio, como Jerusalén es la ciudad simbólica?

Cambiemos el orden de los factores, intercambiemos los fonemas. Amor es Roma. Y el amar es el establecer dependencias con el gran árbol de la fe. El amor es ciego, no razona, sólo acata, Amar es rama (diría un personaje Joséruizmarquiano "Amar palabra rara. Similar a rama") En este juego simple de palabras podemos encontrar de una manera resumida el pensar del periodo esclavista y del posterior régimen feudal. Dios es amor, amor es Roma. El imperio de las armas es sustituido por el de la Fe. De ahí las discrepancias de los cristianos primitivos que no concebían que el punto de anclaje fuera trasladado de Jerusalén a Roma.

Quién ama tiene posibilidad de ser conducido y la masa es conducible dirían los expertos en propaganda. La lucha del judeo-cristianismo fue la del predominio. El señor de los cielos sobre los de la tierra. Y de estos transformados en emisarios o representantes de un dios, pero también en predestinados para ser los que controlen los caminos del pueblo.

El imperio de la fe usa como sistema de propagación un instrumento; el amor. Quién perdona concesiona y por tanto el perdonado es el dominado. En este juego simbólico el que cede lo hace para encumbrarse. En este ludismo entre el que ama y el amado, en este accionar, se va sustantivando el maniqueísmo que sustenta al judeo-cristianismo y a muchos cultos religiosos y seculares. En este amar el Amo se constituye en aristócrata y el pueblo en sirviente. El hombre sujeto a los designios del señor. Del Papa, del Rey, del Gobernante designado desde el cielo o envestido por otros designados. Nada se mueve sin la voluntad del Señor dice un adagio.

Un sistema vertical. Inamovible que busca el imponerse y/o mantenerse en un espacio. "La maquinaria de la iglesia es lenta pero segura" esa frase la escuché hace unos años de labios de un misionero franciscano. En el caso de la religión ortodoxa cristiana-católica se diseñaron en siglos anteriores estrategias carcelarias que con la puesta en marcha de los estados republicanos se vino a desbaratar en la América. Benito Juárez y Plutarco Elías Calles, en México y en diferentes etapas, contribuyeron en esta latitud a sofrenar los movimientos represivos de la iglesia católica. Facilitando con ello la pluralidad de credos en la república, siendo notorio en el gobierno de Calles la formación de la Iglesia la luz del mundo, cuyo sistema corresponde al sistema republicano, teniendo en vez de monarca un presidente y respetando el principio de la iglesia nacional, que no nacionalista.

Ante la imposibilidad de tener una iglesia Católica Mexicana* ( y no una apostólica y romana.) Se facilita la generación de una religión que reconociera el estado civil en el que tenía su feligresía. La luz del mundo logra una coherencia simbólica y significativa en un lugar y un tiempo donde predominaba la extrema derecha pre-falangista mexicana. La ciudad de Guadalajara, que en los años del franquismo sería un bastión del pensamiento fascista. Aarón y su feligresía surgen con el aislamiento propio de una doctrina naciente de manera subalterna. La hegemonía cristiana católica los mantendría en su hermosa provincia a manera de guetto. La propaganda negra corrió muchas veces y seguirá corriendo cuando la ocasión lo amerite. Pero las celebraciones del dios vivo se dan año con año. No las del dios resucitado, sino del que continua vivo.

En este aspecto la iglesia la luz del mundo refleja el sentir de un pueblo y su cosmogonía y de ahí el crecimiento de sus fieles. En la frontera del absurdo.La muerte en el catolicismo popular. El antropológo José Luis González M. plantea que la muerte para la cosmogonía latinoamericana es una continuidad que conlleva la transformación de la condición humana y redifine la red comunitaria. Oponiéndose lo anterior con la cultura occidental que plantea a la muerte como un tabú y por ende se plantea una ruptura entre el Eros y Tanatos. José Luis González hace un estudio de la muerte a partir de los antiguos imperios representativos de América. El Méxica y el Inca.

La memoria colectiva pese a las transformaciones socio-históricas-políticas en los territorios mencionados logró conservar algunas formas ancestrales de percibir a la muerte y esto queda de manifiesto en los rituales y la percepción que de ella queda pese al cristianismo, y su medios de control y eliminación de lo que no puede absorber de manera oficial para incluirlo en sus ritos e iconos. Quedando algunos al margen del reconocimiento oficial pero "tolerados" en lo qué se conoce como catolicismo popular.

En el caso de los altares de muerto esta costumbre prehispánica sobrevive adaptada al catolicismo en México y conlleva la convivencia entre muertos y vivos. Dónde el difunto es venerado y se le reconoce su estar entre nosotros. La muerte es vida y la vida muerte. Los alimentos son colocados para que el difunto comparta con la familia su estancia. La frontera no existe en la cosmovisión indígena. El más allá del punto cero era una creencia latinoamericana y de algunos pueblos orientales. El cero a la izquierda que sería la base del sistema binario era un fundamento medular en la cosmovisión prehispánica y ha permanecido a través de los siglos en el culto a la muerte y otras manifestaciones culturales. En el sistema occidental el cero a la izquierda no tiene valía, eso se refleja desde el planteamiento de la diestra y la siniestra. La derecha y la izquierda. Los salvos quedarán a la diestra del señor, los condenados (las ovejas descarriadas o pérdidas) a la siniestra. La división entre bueno y malo. Plantea de inicio una territoriedad. El judeo-cristiano le teme a la nada, de ahí la necesidad de la generación de un espacio de asentamiento, el cielo, el infierno, el limbo, el purgatorio, el paraíso.

El judeo-cristianismo niega el vacío pero lo implementa en la estructura como instrumento de dominación. La cultura indígena se reconoce en el vacío, gravita en el espacio, se reconoce parte de la tierra y reconoce a esta como elemento de un universo a venerarse. Una diferencia sustancial. Si bien el culto católico plantea el polvo eres y en polvo te convertirás** lo hace desde la perspectiva de reafirmar la conclusión de un ciclo terminal y en esa conclusión se establece una ruptura con el mundo terrenal y con ello ofrece posibilidad de ir a cualquiera de las demarcaciones, recuerda la existencia terrenal como un mal necesario para acceder tras el rompimiento con la carne al sitio ganado. Es un viaje sin retorno. Lo que para el ser del Americano pre-hispánico y pre-anglo-franco-sajón solamente es una transformación de la vida humana. Llegado en el caso del Perú a establecerse la procesión de los difuntos en donde la convivencia con los miembros de la comunidad no se rompe con la muerte. El status del individuo en la comunidad no se disuelve, se le continuaba con las reverencias del qué era objeto en su otro estado, permaneciendo entre su pueblo con el disfrute de sus bienes. Geoffrey W. Conrad y Arthur A. Demarest en religión e imperio (1) escriben al respecto.

Tras la muerte de un emperador Inca (el Sapa Inca, o <>), el derecho a gobernar, a declarar guerras y a imponer impuestos en el reino se transmitía a uno de sus hijos, que era su sucesor y heredero principal. Los cronistas empero, insistentemente, que el nuevo gobernante no recibía la herencia material de su predecesor. Los palacios del emperador difunto en el Cuzco y en la campiña, los sirvientes, los bienes muebles y otras posesiones seguían recibiendo el trato de propiedades suyas y eran confiadas a su panaca, una colectividad social que incluía a todos sus descendientes por línea masculina, con excepción de su sucesor. Estos herederos secundarios no poseían realmente los objetos antes citados, sino que la propiedad seguía perteneciendo al difunto rey. Los miembros de la panaca recibían parte de su sustento gracias a la <> de su antepasado -redistribución ceremonial de parte de sus continuas rentas-. El resto provenía de las posesiones propias que pudiera tener.

El propósito primordial de la panaca consistía en servir de corte al rey muerto, mantener su momia y perpetuar su culto. Los miembros de la panaca cumplían con estos deberes por medio de una serie de rituales tan ajenos a una mente europea que maravillaron a los conquistadores. Los cronistas han preservado algunos de estos ritos con vividos detalles.

Estos señores tenían por ley y costumbre que el Señor que dellos moría le embalsamaban y le tenían envuelto en muchas ropas delgadas, y a estos Señores les dejaban todo el servicio que habían tenido en vida para que les sirviesen en la muerte a estos bultos como sí estuvieran vivos. (Pizarro.)

Cuando había necesidad de agua para los sembrados, lo solía sacar en procesión (el cuerpo del Inca Roca ) ricamente vestido y cubierto el rostro, y llevarlo por los campos y punas; y tenían creído que era gran parte para que lloviera (Cobo.)

Sacábanlos de allí muy acompañados a todas sus fiestas solemnes, y si no lo eran tanto sacaban en su lugar sus guáuques, y en la plaza los asentaban todos en riglera conforme su antigüedad, y allí comían y bebían los criados que los guardaban; y para los muertos encendían lumbre delante dellos de cierta leña que tenían labrada y cortada muy pareja, y en ella quemaban la comida que a los cuerpos muertos habían puesto para que comiesen, que era de lo que ellos mismos comían. Tenían también delante de los muertos unos vasos grandes como canjilones, llamados Vilques, hechos de oro y plata, y en ellos echaban la chicha con que brindaban a los muertos, mostrándosela primero; y solían brindarse unos muertos a otros, y los muertos a los vivos, y al contrario; lo cual hacían en nombre dellos sus ministros. En estado llenos estos vilques, los derramaban en una piedra redonda que tenían por ídolo en mitad de la plaza, alrededor de la cual estaba hecha una alberca pequeña, donde se resolvía la chicha por ciertos sumideros y caños ocultos que tenía... Era mucho lo que continuamente les ofrecían sus descendientes, no sólo en los frecuentes sacrificios que les hacían de todas las cosas que ofrecían a sus dioses, sino en las ofrendas que daban de mantenimientos ordinarios para sustento de los dichos cuerpos y que comiesen sus ánimas... (Pizarro)

Sí querían ir a holgar a casas de otros muertos, decían que los muertos querían lo mesmo porque así lo tenían de costumbre y irse a visitar los muertos unos a otros y hacían grandes bailes y borracheras, y algunas veces iban también a casa de los vivos, y los vivos a las suyas. (Pizarro.)

La amatoriedad del Eros con Tanatos. Era recurrente en la cosmovisión del Inca Una visión imposible de conciliar con la postura medieval del judeo-cristianismo que veía en el amor carnal y en el goce terrenal una imposibilidad para la trascendencia del espíritu.

Y solían esos bultos ponerse en la plaza del Cuzco, cuando se hacían las fiestas y celebraciones... porque el demonio debía de hablar en aquellos bultos, pues que esto por ellos se usaba. (Cieza.)

Una postura que en los grupos fundamentalistas judeo-cristianos continua hasta hoy en día. Basta recordar que en el siglo pasado ( nuestro siglo XX) Sigmund Freud era lectura sancionada con la excomunión de la feligresía católica. La negación a la otredad. El Sentimiento de las cruzadas, la imposición de una doctrina única y universal sin el reconocimiento de que el universo tiene una multiplicidad de planetas de soles y de lunas. Donde descansan los hijos de sus dioses.

*Una iglesia nacional conlleva a un acercamiento a las formas identitarias del pueblo al que se pretende representar: Identificada la luz del mundo como un culto realizado en el país mexicano se enviste con la bandera nacional. Al punto de que es frecuente ver la bandera original del país donde se ejerce el culto. En el caso del catolicismo nacionalista falange-sinarquista. La bandera es alterada con la virgen de Guadalupe u otros símbolos de los cristeros.

** Una aptitud medieval que coincide con la visión de la hoguera y del fuego como purificador. Además del planteamiento de desaparecer como cuerpo, desintegrarse = ser parte de la nada. Si bien algunos judeo-cristianos asumen una reincorporación del alma al cuerpo para el juicio final. La nada no esta asumida y con ello el vacío sigue siendo negado.

Bibliografía.

(1) CONRAD, Geoffrey W. / DEMAREST, Arthur A. Religión e Imperio. Alianza Editorial Mexicana/ CONACULTA/ INBA. Colección los noventas tomo 10. México. 1990.

Jesús Cruz Flores

 

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