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Bien pudiera ( Cultura y Frontera )Por: José Ruiz Mercado.
Bien pudiera iniciarse el problema de la cultura como un acto social. Un acto que corresponde a un lenguaje ejercido como una convención. Somos en relación con el otro. En cada acto verbal -escribe Ernst Cassirer-, en toda creación artística encontramos una estructura teleológica definida. El actor de un drama ejecuta realmente su parte; cada manifestación individual es una parte de un todo estructural coherente. El acento y el ritmo de sus palabras, la modulación de su voz, las expresiones de su rostro y los ademanes de su cuerpo tienden al mismo fin: encarnar un carácter humano. El lenguaje de la frontera norte responde a una condición histórica, a una condición de la geografía política. A un cruce de lenguas, pero sobre todo, a una actitud, a una visión del mundo emanada de un pasado poco estudiado, y por lo tanto no comprendido. Se ha escrito hasta el cansancio de nuestra cercanía con Estados Unidos. Sin embargo también hermanamos frontera con Guatemala y nadie quiere sentirse guatemalteco. Se habla de falta de oportunidades por la ausencia de una economía pero también se escucha aunque sea de barrendero en Estados Unidos que de gerente en México. Los ejemplos se multiplican hasta el nivel de la ideologización. En 1980, aparece una antología de estudiosos de la cultura México Estados Unidos, a cargo de Tino Villanueva, editada por el Fondo de Cultura Económica, en donde se hace referencia a un acontecimiento histórico en lo político y militar. Cuando la invasión del general Hugh McLeod a Nuevo México en el período del gobernador Manuel Armijo por el año de 1836, sus habitantes más ricos, en la creencia de su origen caucasiano, argüían ante los anglosajones: A ustedes no les gustan los mexicanos, y a nosotros tampoco nos gustan, pero nosotros somos hispanoamericanos, no mexicanos. El criollismo como cultura dominante ha sido desde el nacimiento de México como nación la carta de presentación tanto de los gobiernos democráticamente electos como impuestos hasta la fecha legitimados por los grupos hegemónicos y la implantación ideológica en el gusto popular una visión del mundo acorde a intereses particulares. La historia no puede detenerse en el momento de la venta de la mitad del territorio sino desde antes, cuando el virreinato se impuso en un maniqueísmo como gobierno. Sólo una parte de la población se vio identificada, pero, en su mayoría se encerró en la cultura de sus ancestros y otra, quedó a la deriva. Si nos vamos a la proveniencia de la palabra criollo, que era como se llamaba a los hijos de los peninsulares nacidos en México, nos encontramos conque se les decía criolles a los esclavos negros que pretendían semejarse con sus amos blancos. Con los años, a los hijos de los mexicanos nacidos en Estados Unidos se les adjetivó como pochos, y después chicanos. Los años posteriores hicieron nacer una frase con todo el peso del racismo: No me hagas una chicaneada. Resulta interesante saber el papel ejercido por el servicio consular mexicano. En 1977, apareció un artículo de Juan Gómez Quiñónes, investigador de origen méxico americano, doctor en historia por la Universidad californiana de Los Ángeles (UCLA) en una revista editada por el Centro Regional de Investigaciones Socioeconómicas (CRISE A. C.) de la ciudad de Guadalajara, hoy ya desaparecido: Controversia, en su número 3 (Relaciones chicano-mexicanas y los consulados mexicanos 1900- 1920 . Páginas 81/ 108) Ahí inicia Gómez Quiñónes afirmando: ...los mexicanos pertenecientes a la burguesía y a la pequeña burguesía tienen desprecio por los chicanos; sin embargo, no hay que ser demasiado susceptible al respecto, ya que estos sectores tienen un desprecio similar por sus trabajadores, campesinos e indios. Los consulados del Sur, posteriores a la anexión de dicho territorio por los Estados Unidos, desempeñaron una función política para el Gobierno de México. En el periodo de Porfirio Díaz la actitud estuvo dividida. Al inicio amigable, pero conforme se agudizaban los conflictos, la política consular también. Entre 1906 y 1911 una minoría de mexicanos y chicanos se adhirieron a la actividad revolucionaria, primero con los magonistas, y posteriormente con los maderistas. Con la llegada de Ricardo Flores Magón, en 1905, los ánimos se aceleraron. De ese año a 1911 el compromiso chicano se hizo firme. El periodismo fue clave, la persecución inmediata en contubernio de los consulados mexicanos y la policía norteamericana. Roosevelt ordenó ir hasta el límite máximo. Gómez Quiñónez enfatiza en este punto: El secuestro de Juan Sarabia, organizador del PLM, por agentes mexicanos fue tan turbio y tan lleno de trampas que el resultado final fue muy embarazoso para el gobierno mexicano, aunque demostró que los agentes consulares estaban dispuestos a fabricar evidencias, sobornar a las autoridades estaunidenses, asaltar y hasta detener físicamente a los opositores políticos. Incluso el cordial Demócrata Fronterizo calificó el secuestro de extraño y alarmante (julio 20,1907), y hasta el jurado de acusaciones de Tucson presentó cargos de carácter criminal nada menos que contra el Cónsul Antonio Maza, el alguacil J. H. Shapshire, el oficial de policía Sam Hayhurst y el carcelero Lee Thomson. Para Francisco Indalecio Madero su breve exilio en el suroeste norteamericano fue relativamente más fácil, y posteriormente, ya durante su gobierno, la persecución a los magonistas más fuerte. Quitó cónsules y en su entrevista con el asistente de justicia W. H. H. Llewellyn para recomendarle se les procesara, a los magonistas, sobre la base de las acusaciones de carácter criminal pendientes, más enfático que el propio Díaz. Los cónsules mexicanos realizaron una campaña en su contra en el territorio de California. En ambos grupos, maderistas y magonistas, grupos chicanos participaron activamente, no sólo como miembros, sino incluso en lo económico. Al peso de la herencia de la conquista el México, ya no de la posmodernidad, sino del espacio cibernético y la realidad virtual le siguen arrastrando los conflictos de identidad, en donde, por una parte sostiene una actitud eurocéntrica avalada por una educación formal, y por otra niega, en la idealización su pasado indígena, olvidándose de lo que le corresponde de africano pero escucha y baila el danzón, la cumbia y el cha-cha-chá, sin olvidarse del són y le pide milagros al Santo Niño de Atocha. Si nos quedamos sólo con el economicismo en el asunto de la migración al norte de México dejamos de lado muchos otros aspectos, los cuales, por una parte nos pueden dar luz sobre el aspecto de la cultura al interior del país y por lo tanto de la multiplicidad étnica, pero sobre todo en el terreno administrativo, dejar los modelos simplistas de encontrar modelos en el exterior sin atender lo propio. Los modelos de Porfirio Díaz se fundamentaron en dejar abierto a los capitales extranjeros la inversión en el país dejando al campo en el olvido. Benito Juárez propuso una educación bajo el modelo francés del positivismo dejando en el olvido la experiencia de los grupos étnicos. Hoy continuamos con los modelos desarrollistas en el neoliberalismo económico. Conocer la historia nos lleva a comprender nuestro presente inmediato para construir nuestro ya pasado futuro. De otra manera continuaremos idealizando lo actual sin percatarnos de la tierra donde aramos nuestro existir. La depresión económica de 1929 en Estados Unidos dio pauta a una política xenofóbica. En 1930, setenta mil mexicanos fueron obligados a abandonar los Estados Unidos - escribe Humberto Monteón González en su libro CHINOS Y ANTICHINOS EN MÉXICO, publicado en 1988 por la editorial del Gobierno del Estado de Jalisco (UNED), en 1931 la cifra ascendió hasta los 125 mil y, a partir de 1932 esta repatriación comenzó a decrecer con 80 mil y 36 mil en 1933... Las puertas del empleo al primero que se le cerraban era al mexicano. Todos empezaron a señalarlo como el causante de la crisis, el advenedizo extranjero que venía a quitar un empleo a un blanco. Así fue que en la cresta de la campaña anti-mexicana, proliferaron los anuncios de del tipo Sólo hay trabajo para blancos y No se permiten negros, perros ni mexicanos. México a su vez hacia lo mismo con los chinos en Sonora, prohibiendo incluso la boda entre estos y mexicanos. En 1933 el Gobierno de Estados Unidos hizo una demanda al Gobierno de México aludiendo a una violación del derecho internacional. La rebelión se inicia. Nace el pachuco. Con él una manera de hablar. De vestir. De caminar. Nace el pachuco como una identidad. Nace Tin Tan a la conciencia nacional. Salvador Novo, en 1944, escribe una nota inteligente a la idiosincrasia nacional: Tin Tan cuando nos molesta, nos molesta porque encarna la culpable conciencia de nuestro voluntario o pasivo descastamiento. Carlos Monsivais escribió en la revista Intermedios en 1992, hoy ya desaparecida: Tin Tan se hace cargo de un monólogo opuesto al conocido. Él es el pachuco, vocablo que en la capital oscila entre la ironía amistosa y el insulto. De los motines de Los Ángeles a los salones de baile de la ciudad de México hay un salto considerable y los pachuchos capitalinos que no agreden al otro, al norteamericano, sino al otro, el hombre de respeto, le apuestan todo a la personalidad que da la intrepidez en el vestir y la conversión del reto del inmigrante en fantasía urbana. Una estructura lingüística nace para el idioma. Góngora hizo lo propio con el latín en el Siglo de Oro Español y crea una forma especial de escribir, el culteranismo, sin el cual Sor Juana no hubiera sido. Y nuestro aludido hace lo propio: Orejas, sabe que estaba chompeta... me falta un poquetín... y su guaifo ¿cómo está por ahí? Usa muy buena garra. Fijón ¡Qué mené carnalita qué mené! No, no, no jainita. De esos años cuarenta a la fecha han sucedido muchas cosas. La cultura chicana tiene una propuesta al mundo. El pachuco se confirma y trasforma, pero aún más, la búsqueda de un lenguaje de pertenencia se afirma cuando el nivel expresivo se refleja en un serio compromiso comunitario. Pedro Rodríguez, artista visual nacido en Texas y profesor en la Washington State University, escribe un artículo el año de 1980 en la revista Metamorfosis publicada por el Centro de Estudios Chicanos de la University of Washington, Seattle, Washington: Arte como expresión del pueblo, en donde confirma la situación de la visión, tanto estética como política del chicano. It is time that the artistas, poetas, and intellectuals in general set aside their fears of the stigma of politics, for politics is the fabric of life. Economics and politics are fundamental to culture, and only those who recognize this and are fundamental to culture, and only those who recognize this and are determined to study political theory and define for themselves a clear ideology will create the best expressions of our culture. Why should artistas not make explicit their political ideology? Why shouldn’t the artista grapple with political and economic analysis? If we take the example of our antecesores, the Mexican muralist, we can see that the great ones were not political neophytes. On the other hand, commitment to the highest values needs no recognition or reward. A estas alturas quiero retomar la frase de Novo sobre nuestro descastamiento y sobre ella preguntar en estos tiempos de la realidad virtual ¿Acaso no se puede hablar de los migrantes virtuales? O ¿Cómo llamar a quien se la pasa desvalorizando lo propio sin salir de su terruño? El problema de la migración desde el punto de vista de lo mexicano se ha tomado, la mayoría de los casos, en una justificación idealizada, en una posición de victima sin responsabilidad típica de programa para tele auditorio a la talk show manera. ¿La migración es económica o ideológica? O aún más ¿Las fronteras políticas responden a la realidad cultural? Y en los otros territorios ¿qué? Enrique Mijares en su libro La realidad virtual del teatro mexicano, publicado el año de 1999, en la ciudad de Durango, nos dice: La estética del fin del milenio es la adrenalina, el horror psicoecológico, lo transexual, la zoofilia, el travestismo, la trasgresión de la palabra, el arte público y púbico, como el CD-Karma Sutra y los confesionarismos 1-800 que gritan: Si la utopía no la tengo en la calle, por lo menos por teléfono y a través de la computadora sí... no es la conflictiva del binarismo maniqueo, ni siquiera en la displicencia ninguneadora de la otredad, sino a caballo de la propia línea que marca la frontera oscilante entre dos o más razas... esa línea donde hoy más que nunca se da cita la diversidad para buscar, no la reconciliación ni la armonía, tampoco la alternancia como sinónimo de democracia, sino el insoslayable conocimiento mutuo, múltiple, y la fusión inaplazable. El problema de la frontera vista hacia ambas partes. La migración, no como un fenómeno sino como lo concreto. No en la abstracción de la fenomenología sino en la concreción que nos lleva a la metáfora, un nuevo lenguaje, el de las maquiladoras en el norte como lo esgrime Carlos Fuentes en La frontera de cristal con una Malinche obrera, soñadora de la libertad de su pueblo, y no en ese esquema patriarcal en donde se le ha asumido. Bajo el mismo esquema patriarcal se ha manejado más este problema desde el aspecto de la familia. No desde el ángulo del individuo sino como rompimiento a un esquema económico. El núcleo familiar es el sostén patrimonial, el cual, al romperse corrompe la continuidad. En el esquema economicista el hombre es el objeto económico y la mujer el objeto administrador. Al emigrar la mujer se convierte en administrador, pero además en objeto económico, en dónde, al no estar preparada para la cadena productiva entra al trabajo doméstico, pero este fenómeno no sólo se da en la emigración al norte, sino además en la dada del campo a la ciudad. El hombre es el jardinero de la casa grande y la mujer en doméstica. La explotación y la dependencia. Una minimización de la personalidad. En De acá, de este lado, (1986), Guillermo Sergio Alanís Ocaña, nos muestra perfectamente este cuadro. El hijo mayor de una familia sin padre se va a trabajar al otro lado. A falta de padre, el hijo mayor toma su lugar y se convierte, por lo tanto, en objeto económico. La familia de esta obra consta de cuatro miembros: La madre, el hijo, la hija y quien se fue. La historia inicia en el momento de saber la nueva. Logró cruzar. De ahí en adelante no saben de él. La madre enloquece, piensa que ahora será rica. La obra trascurre entre una religiosidad extrema y el matriarcado. No es lo mismo con Hotel Frontera(2001) de Sandra Mendoza. Ahí el personaje femenino toma una determinación. La obra trascurre en un rompimiento de tiempos. Con un lenguaje poético, con la más fina tradición de la literatura y el rico acontecimiento de lo virtual. Un teatro de frontera. De lenguajes tan diversos como la lengua misma. Un teatro que ha logrado cuestionar el hecho en el centro del país y que se inicia con el TEATRO CAMPESINO de Luis Valdez, en la lucha de los trabajadores agrícolas liderado en un principio por César Chávez. A partir de Chicano, Zoot Suit y otras obras, de los años de la guerra en Viet- Nam, un lenguaje teatral ha ido madurando, consolidándose a uno y otro lado de la frontera hasta la actualidad, en donde la organización se consolida en Teatro del Norte, A. C., a partir de la propuesta de Hugo Salcedo con El Viaje de los Cantores, obra de análisis en una estructura que llevó al autor, nacido en Ciudad Guzmán, Jalisco, a ganar el Premio Tirso de Molina. Escribe Enrique Mijares en el libro antes mencionado: Leída, la obra inicia con un epígrafe de Jacques Lacan que advierte a los lectores acerca de la confusión existente entre la realidad y el sueño, aunque en rigor nos previene respecto a los imperativos de la virtualidad. Una realidad virtual que nos rodea de manera inmisericorde y en la cual es fácil equivocarse, porque las apariencias no sólo engañan nuestros sentidos, sino que los suplantan: Nada es menos real que la propia realidad, diría la pintora norteamericana Georgia O’Keeffe, que vivió en los desiertos de Texas. Una cultura de migración. De trasgresión. De cuestionamiento. Una cultura en donde la contemplación es caducamente extrema. Una cultura en donde el pasado y el futuro se saludan como una vieja canción de Café Tacuba, sin contemplación, irónica, o como un poema de Cleo Gold, la poeta de Whittier, California: Recognition: Lost in the maze of Who I am,
I look for the gate to my future self
Knowing that she who stand on the other side
Will be no stranger.
José Ruiz Mercado
Septiembre de 2003
Revista Villette Ensayo. Versiones impresa y Virtual. Apartado Postal 1-2244. C.P.44900.Guadalajara, Jalisco. México. revista_villette@latinmail.com
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