![]() |
![]() |
![]() |
||
| Página de
inicio
Documentos históricos de Villette.
|
Homenaje a Jesús
González Dávila.*
Por: Alejandro Ostoa. Que el vivir sea un doloso amor.
El epígrafe utilizado parece premonitorio , constante de las criaturas dramatúrgicas de Jesús González Dávila, hechura de sus entrañas, de la madre mexicana con la que viene cohabitando, lo mismo en el asfalto, en la arcilla y en la aridez de los desiertos; en las atarjeas y coladeras llega a lo más recóndito del útero, sin hacer a un lado los labios y clitoris para dejar huella placentera antes que los concebidos resusrgiten frente a los miasmas de la sociedad, la familia y el poder. Los personajes de Jesús González Dávila no nacen con rencores, se amamantan con ellos, con la leche materna...pero también con la paterna. Techoreo, parecen decirle a quien intenta castrarlos. La infancia, aquella que no encontró cobijo maternal se encuentra, muy tangible, por lo menos en cinco de sus obras: La fábrica de juguetes; Polo, Pelota Amarilla; Los niños prohibidos; la verdadera historia del pájaro Caricápota; y, de la Calle. Agresiones que por la costumbre se vuelven juegos o viceversa, vulneración de la sensibilidad, golpes físicos y sicológicos, sordidez, infinita letanía, devastación en pasarela.
En las otras obras también se recuerda la infancia, se percibe, se añora, se hace verbo, se convierte en acción. recurrí a esta primera época porque va a ser la que formará a los personajes. Recordemos el nacimiento: un cinco de mayo: Tal vez por eso desenvaine el machete, el cual le servirá para cortarles el cordón umbilical a sus personajes y se rasquen con sus propias uñas, o con sus propias garras. Jesús es una alegoría de los zacapoaxtlas, a quien no amedrenta ni los franceses ni las armas. Él empuña la pluma machete y la clava donde duele; no tira a matar, hiere, castra, exhibe las heridas que no cicatrizan; las virulentas del alma. Pero, contrario a muchos dramaturgos no se regodea con sus personajes, no hace leña del árbol caído, quienes los convierten en astillas son los otros, los que danza a su alrededor, los que utilizan como mondadientes. Quiere tanto a sus criaturas, hablo de González Dávila, que las lleva a otras obras. De cuerpo presente, en ambas acepciones, o de presencia o de diálogo, y aún así, las ausentes se manifiestan, tienen pesos escénico. Las atmósferas y el lugar de acción son los idóneos, ahí se dan las circunstancias, la trama que no se deja que se le enmarañe porque sabe manejar bien los hilos, ya sean de medias, de calzones o tangas. Son varias las obras dentro de cuatro muros, como si fueran los puntos cardinales, la brújula tercermundista pero precisa. ALgunos personajes se orientan, otros se quedarán norteados. Las paredes no impiden que vean desde las azoteas, como buscando al cielo, como deseando que las nubes los lleven a soñar, se sumerjan momentáneamente en ellos, para que después la lluvia los regrese a su realidad cotidiana. Familia y entorno social son detonadores en diversas obras para el conflicto. González Dávila escribe realismo, que va del mágico al poético, transitando por el simbolismo hasta llegar al hiper. Ha necesitado salir de las cuatro paredes donde el desierto lleva a la insolación , dónde también encontramos la desolación, pero incluso ahí está la acción, la existencia del teatro. Si sus personajes están encerrados en los muros, también lo hacen en ellos mismos, pero incluso ahí la calle no los deja en paz. Rumores, agresiones, violencia y podredumbre se aparecen como sombras inseparables, la intimidad les esta casi vedada. En ocasiones el odio los lleva a lo que sucede afuera, en otras es la vista; alguna ventana, persiana entrecerrada, hendidura o resquicio, sirve para qque en las obras sus personajes poresencien el sucedáneo callejero o al vouyerista que todos llevamos dentro. Su teatro sucede entre sombras, penumbras o con una lucesita que se cuela, pero cuando se hace la luz es de a deveras, enceguecedora. *Nota: Tras la publicación de la presente (una semana después) muere el dramaturgo Jesús González Dávila. La presente se publicó en la revista Villette Ensayo en su edición de Aniversario. Noviembre/diciembre de 1999. |
|