LII
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán;
pero aquellas que el vuelo refrenaban,
tu hermosura y mi dicha al contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
ésas...¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
sus flores se abrirán;
pero aquellas cuajadas del rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día
ésas...¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de su profundo sueño
tal vez despertará;
pero mundo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido...desengáñate,
¡así no te querrán!
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Anacreontica
Toma la lira, toma
la de cuerdas doradas
y dame la que alegres
las flores engalanan,
en la que Anacreonte,
con gresca y algazara,
en tiempo del dios Baco
los néctares cantaba.
Corre, muchacho, corre;
de traérmela acaba,
que ya espero impaciente
la hora de pulsarla;
ve corre, y presuroso
Flérida me llamas,
la de los ojos negros,
la de la linda cara
y dile que con ella
se vengan las muchachas
amigas, que tejiendo
con flores mil guirnaldas
en torno de mi frente
las ceñían ufanas,
al par que me provoquen
con sus legeras danzas.
También bajo los olmos
que prestan sombra grata,
y donde con sonoras
voces las aves cantan
ponme, ponme un mesa
al par cómoda y ancha,
y en ella me colocas
la copa venerada
por todos los amigos
del néctar de las parras,
aquélla en que la historia
de Baco está grabada,
sus valerosos hechos,
sus ínclitas hazañas;
aquélla que las vides
la tienen enredada,
la que en mejores tiempos
El pino me donara:
Elpino, el más famoso
de los que en la comarca
grabaron con destreza
las copas delicadas.
Corre, muchacho, corre,
de disponerlo acaba;
que ya espero impaciente,
la hora de tomarla,
y cumplir de las musas
las órdenes sagradas.
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A Casta
Tu aliento es el aliento de las flores;
tu voz es de los cisnes la armonía;
es tu mirada el esplendor del día,
y el color de la rosa es tu color.
Tu prestas nueva vida y esperanza
a un corazón para el amor ya muerto;
tú creces de mi vida en el desierto
como crece en un páramo la flor.
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Es un Sueño la Vida
Es un sueño la vida.
Pero un sueño febril que dura un punto;
cuando de él se despierta,
se ve que todo es vanidad y humo...
¡Ojalá es un sueño
muy largo y muy profundo;
un sueño que durará hasta la muerte...!
Yo soñaría con mi amor y el tuyo.
¡ Las dos !
( juguete romántico )
Silenciosa está la noche,
apenas suspira el viento,
solo algún perdido acento
turba su calma y quietud.
Serena por es espacio,
callada la luna sube,
platea la blanca nube
su tibio rayo de luz.
Sorda y con lento compás,
en una iglesia lejana
suena una triste campana
y da una hora: las dos.
¡ Las dos ! hora misteriosa
de fantasmas y hechiceras,
de espectros y de quimeras
que nos inspiran terror;
en que el sepulcro abandonan,
por las magas evocados
y en un velo rebozados
los que dejaron de ser.
Hora que si en el hogar,
cuando narra una conseja,
le escucha crédula vieja,
se la ve palidecer.
En la que gime en las torres
el cárabo lastimero
y ensaya el búho agorero
su fatídico graznar.
El gallo canta, y susurra
melancólica la fuente,
escuchándose doliente
el ronco aullido del can.
¡ Las dos !. Quizás esta hora
una virgen anhelante
cuenta, esperando al amante
que se tarda en acudir.
Tal vez en su calabozo
marca esa hora perdida
una menos de su vida
el reo que va a morir.
Tal vez algún asesino
las dos estaba esperando
con impaciencia, probando
la punta de su puñal.
Y ese reloj impasible,
con su vibración sonora,
anuncia la infausta hora
de la muerte al criminal.
¡ Las dos !. Quizás el sonido
funeral de esa campana
espera la cortesana
para una cita de amor.
Quizá será la postrera
que, antes de partir del mundo,
oye triste el moribundo
en su lecho de dolor.
Tal vez vuelan a esta hora
las brujas con algazara,
que Belcebú convocara
a un diabólico festín.
Y al pasar cerca del lecho
donde duerme un ángel puro,
lanzar horrible conjuro
con maldiciones sin fin.
Que es hora en que el temerario
con asombro se estremece,
y aterrado palidece
sin acertar el porqué.
En que las Wils misteriosas
que a los mortales encantan,
de la tierra se levantan
por un oculto poder.
Hora extraña que parece
de más tarda vibración
de más fantástico son
y otro diverso compás.
Mas que, a pesar de los sueños
con que la adorna la mente,
es completa, exactamente
lo mismo que las demás.
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Amor Eterno:
Podrá nublarse el sol eternamente;
podrá secarse en un instante el mar;
podrá romperse el eje de la tierra
como un débil cristal.
¡Todo sucederá! Podrá la muerte
cubrirme con su fúnebre crespón;
pero jamás en mi podrá apagarse
la llama de tu amor.
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La Gota de Roció
La gota de rocío que en el cáliz
duerme de la blanquísima azucena,
es el palacio de cristal donde
vive el genio feliz de la pureza.
El le da su misterio y poesía;
él, su aroma balsámico le presta.
¡Hay de la flor, si de la luz al beso
se evapora esa perla!
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XVII
Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
hoy llega al fondo de mi alma el sol;
hoy la he visto..., la he visto y me ha mirado...
(Hoy creo en Dios!
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XX
Sabe, si alguna vez tus labios rojos
quema invisible atmósfera abrasada,
que el alma que hablar puede con los ojos,
también puede besar con la mirada.
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XXI
-¡Qué es poesía?- dices mientras clavas
en mi pupila en tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.
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XLI
Tú eras el huracán, yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!...
¡No pudo ser!
Tú eras el Océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡tenías que romperte o que arrancarme!...
¡No pudo ser!
Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados
una a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque...
¡No pudo ser!
XLIV
Como en un libro abierto
leo de tus pupilas en el fondo;
¿ a qué fingir el labio
risas que se desmienten en los ojos ?
¡Llora! No te avergüences
de confesar que me quisiste un poco.
¡Llora! Nadie nos mira.
Ya ves: yo soy un hombre... ¡y también lloro!
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LII
Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre las sábanas de espumas,
¡llevadme con vosotras!
Ráfagas de huracán, que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!
Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las desprendidas orlas,
arrebatado entre niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!
Llevadme, por piedad, adonde el vértigo
con la razón me arranque la memoria...
¡Por piedad!... ¡Tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!