¿Por qué la sabiduría convencional falló en
convencer a los jóvenes para que no se envenenen con drogas? ¿Qué
ofrecen las drogas? ¿Qué necesidad cubren las mismas que nuestro mundo
moderno falla en proporcionar? "Sólo di no" puede parecer bueno
como eslogan, pero ¿funciona?
Los últimos tres años han visto una doble
multiplicación en el uso de marihuana entre alumnos de octavo año y un
aumento del 38 por ciento entre personas mayores. Al mismo tiempo, la
actitud de los jovencitos hacia su uso está cambiando. Se alejan cada vez
más de la idea de que las drogas suaves como la marihuana son dañinas o
malas.
Durante aproximadamente una década no habíamos oído
hablar mucho acerca de drogas. Cuando finalmente lo hicimos, era
relacionado a pandillas peligrosas o a los carteles de droga colombianos.
Quizá simplemente estábamos "negando" la crisis que se veía
venir, pero las drogas han regresado ahora a nuestra conciencia con una
venganza: Ya no es sólo un segmento marginal aislado de la población el
que se encuentra afectado.
La batalla por legalizar la marihuana ha avanzado con
la aprobación de la Proposición 215 de California. La ley federal
técnicamente prohíbe todavía fumar marihuana para el dolor de cabeza,
pero como Michael Kinsley del Time escribió respecto a la marihuana
legalizada: "Guste o no, esto parece ser sólo el comienzo". Con
el tiempo, indudablemente otras drogas seguirán la lista.
Los activistas Anti-droga sostienen estadísticas
admirables relacionadas a la salud y la sociedad. Dejan poco espacio para
la discusión sobre los malos efectos de las drogas, incluso las
"apacibles" como la marihuana. Los esfuerzos por presentar
estudios que sugieren que narcóticos como el LSD tomado bajo las
condiciones correctas no tiene malos efectos duraderos también se
confrontan fácilmente con la experiencia cotidiana que puede convencer a
cualquiera.
Para impedir que los chicos quieran drogas, nuestras
explicaciones tienen que ser un poco mejores que el simple
prohibicionismo. Es indudablemente necesario evitar su contacto con las
substancias, dado que a partir de un libertinaje semejante al de ciudades
como Amsterdam los resultados son justamente que las drogas marchan
triunfantes. Sin embargo, de la rebeldía adolescente imperante en los
últimos años sería mucho esperar que se quedaran tranquilos con la
simple negación. Es necesario encontrar la forma de que el indudable
atractivo que las drogas ejercen sobre los jóvenes, deje de cautivarlos.
Cuando las drogas se convirtieron en un
problema
mayor, Estados Unidos era el país más industrializado. La urbanización
había alcanzado un ápice, la producción en las fábricas se había
vuelto despersonalizada, resultando en una deficiencia de cumplimiento
profesional. Al mismo tiempo, una ola de prosperidad material rompió
sobre América del Norte. Esta prosperidad proveyó las necesidades
básicas del hombre como nunca antes lo había hecho, pero vino
acompañada de un utilitarismo extremo.
El edificio escolar dónde los niños gastaron su
juventud estaba formado por paredes desnudas y cuartos de clase cuadrados,
decorados a lo sumo con un reloj. Los tubos fluorescentes proporcionaban
una luz fría que se filtrada en el mejor de los casos a través de
anaqueles de aluminio que protegían los tubos de los ataques de
jovenzuelos frustrados. Las fábricas y oficinas no eran muy diferentes.
Las ciudades distanciaron cada vez más a sus
habitantes de la naturaleza. En el campo, la granja familiar dio lugar a
la agroindustria, mecanizada, masificada e inorgánica. Aun cuando uno
pudiera ver el campo, era desde una autopista de cuatro vías con suerte a
60 kilómetros por hora.
El mundo se convirtió en una combinación de ambiente
utilitario y el universo se plegó dentro de la pequeña caja en el centro
del comedor. A esta situación, siguió una reacción mal encaminada.
Una reacción mal encaminada
Por los años sesenta, los adolescentes se pusieron al
día en el
movimiento contra-cultural experimentando con drogas alucinógenas y
fumando marihuana. Ellos se rebelaron así contra una generación seria de
mayores percibida como una sociedad opresiva que ahogaba su creatividad.
Los grupos pares suplantaron a la familia que ellos vieron como
disfuncionales. En el grupo,
la promiscuidad sexual y el rock 'n' roll se
volvieron sinónimos de amor. Pero allí faltaba una experiencia mística.
La religión y la moralidad parecían estructuras platónicas e
irrelevantes que proveían de un set de rituales que no tenían
significado en sus vidas.
La aparición de las drogas pareció satisfacer la
necesidad de una experiencia más directa de "la divinidad." No
olvidemos que en ese período fue cuando "casualmente" surgió
el interés por las creencias orientales que empezaron a ser importadas
hacia occidente como pan caliente. En ese contexto, poco importaba el
cumplimiento de los deberes. Todo el interés pasaba a la experimentación
de la divinidad interna y externa, la pan-divinidad gnóstica oriental.
Las drogas eran el "sacramento" a través del cual, como Aldous
Huxley dijo en "Puertas de Percepción" uno podría experimentar
"lo qué los teólogos católicos llaman ‘una gracia
gratuita'". Eran algo nuevo y excitante, contra lo acartonado de la
conducta de sus padres y, por lo tanto (en su extrapolación no racional
sino mas bien sentimental) de la religión católica. Las drogas
prometían el cielo en la tierra, y al principio todo era muy 'natural'.
Leary y Hofmann
El
señuelo de la marihuana fue solo el principio. Pronto siguieron los
alucinógenos. Los dos extremos de su uso son quizás mejor tipificados
por Alberto Hofmann, el padre de LSD, y por Timothy Leary, su apóstol.
Hofmann, el frío y analítico científico, siguió su agenda científica
obstinadamente. Leary, rebelde y egocéntrico, montó a las olas de la
revolución cultural. Ambos defendieron el uso del LSD. Hofmann con
reservas, Leary, sin ninguna. Los dos tenían experiencia de primera mano
con el LSD. Hofmann por casualidad al principio, pero luego planeando
"experimentos personales"; Leary para
"investigación", que terminó en orgías que rápidamente
ocasionaron su despido como profesor de psiquiatría de Harvard y después
lo instalaron en la cárcel.
Criado como católico, Leary se convirtió en cadete de
West Point pero salió después de ser castigado por posesión de alcohol.
Se unió igualmente al ejército y después de la Segunda Guerra Mundial
entró en la psiquiatría. La idea central de sus creencias era que las
drogas podían proporcionar las mismas experiencias místicas registradas
por adherentes de otras religiones, con una diferencia: las drogas
producirían el efecto inmediata y fácilmente. Para Leary, la vida era un
juego; su propósito era divertirse, especialmente con refuerzos químicos
incorporados. Nada era serio, incluyendo al final incluso a la misma
muerte.
Hinduismo y ciberespacio
Después de su expulsión de Harvard, Leary fundó una
agrupación de i
nvestigación
psicodélica en México, pero los mexicanos lo echaron también mas tarde.
Entonces abrazó el Hinduismo en un viaje a India y fundó la Liga para el
Descubrimiento Espiritual o LSD (League for Spiritual Discovery). Leary se
hizo notorio una vez más en 1996 cuando anunció que se moriría en un
suicidio espectacular en Internet. Él dijo: "En los años sesenta
nosotros hicimos el gran descubrimiento de que la tecnología de la
química orgánica puede ayudar a cambiar tu mente. Y ahora estamos
descubriendo que los electrones y las pantallas pueden hacer los cambios
en lugar de los polvos y substancias fumables" (Entrevista con
Timothy Leary, el 4 de abril de 1996, High Times). La experiencia del
ciberespacio reemplazaría la experiencia de la droga. Leary nunca
consiguió morirse en el ciberespacio, sino que su cáncer lo llevó
primero, pero se mantiene vivo en Internet.
¿Qué pasa en un viaje?
Leary y otros defensores de la inducción de drogas
prometieron que ésta da una llamarada pseudo-mística que puede durar
horas al usuario. Después de una dosis de LSD, el usuario empieza a
percibir las cosas diferentes. Los colores y formas asumen mayor
vitalidad; se ven los sonidos, se oyen los colores. Cuando la droga hace
efecto, es como "un extraterrestre, un demonio, que toma posesión de
uno mismo ' (Alberto Hofmann, LSD, My Problem Child), y el usuario se
extraña de su ambiente y de él mismo.
A estas alturas viene la experiencia esencial común a
los alucinógenos. A medida que el efecto de la droga avanza, la noción
de ser se retira. La voluntad se marchita. La distinción entre una
persona y otra se deteriora. Finalmente, la distinción entre la persona y
todo lo demás desaparece. El usuario normalmente se dirige a un estado
"religioso filosófico" donde tiene obsesiones sobre la vida, la
muerte, y la naturaleza. Dirá cosas como las que un artista dijo:
"Yo había experimentado la gracia de Dios. ¿Pero cómo era posible
que estuviera radiando hacia mí, particularmente desde de una pantalla de
lámpara barata? Entonces la voz interna contestó: Dios es todo" (Ibid.).
Un mal viaje
Claro, el mal viaje siempre puede ocurrir. Pero los
promotores de drogas son perspicaces al señalar que esos malos viajes
pueden tener efectos positivos bajo condiciones controladas. Ellos incluso
claman que los alucinógenos podrían tomarse en el lecho de muerte
dónde, "libres del dolor en el éxtasis de LSD y reconciliados con
su destino, enfrentaron su muerte terrenal intrépidamente y en paz"
(Ibid.). Uno se pregunta desde un punto de vista católico con qué
destino particular reconcilia al paciente el LSD.
Peyote
Aldous
Huxley también defendió las drogas. Él se enfocó en el altamente
potente alucinógeno del peyote y su ingrediente activo, la mescalina. Un
hecho desconocido para muchos es que la Iglesia Americana Nativa, un grupo
que exige representar la religión de los Americanos Nativos, tiene
protección Constitucional total para consumir peyote. Los efectos de esta
droga en la conciencia son similares a los del LSD. Huxley asemejó su
viaje del peyote a la "comprensión" que un novicio budista
supuestamente tiene cuando su maestro le dice que el "Dharma-Cuerpo",
el vacío, el todo y nada del Buda, es "el seto vivo al fondo del
jardín".
El peyote reduce los azúcares de la sangre en el
cerebro, debilitando la voluntad. El conocimiento de sí mismo se marchita
con la voluntad. Esto libera a la persona de sí misma, creando así la
ilusión de que el/ella es alguna clase de substancia inseparable de lo
que le rodea. Huxley creía que el cerebro es un obstáculo para la mente.
Esta declaración aparentemente contradictoria sólo puede entenderse
aproximándose a la comprensión del gnosticismo, el cual impregnaba lo
que él pensaba sobre la psicología y sobre la religión, y donde las
drogas pudieron entrar sin problemas, dado que para ellos no importa el
medio (amoral) sino el fin de comprender su propia divinidad. Huxley y
otros como él piensan que la razón del hombre es un bloque que lo
mantiene alejado del contacto con una mente todo-abarcante y por eso
necesitamos liberarnos de este bloque. En pocas palabras y como ya hemos
dicho: gnosis.
Envenenar nuestros cerebros con las drogas psicho-activas
es
una manera de lograr esto. Es la senda rápida a dondequiera que uno va
con la meditación budista, los rituales de los chamanes y, ahora, la
pseudo-religión de la Nueva Era. Bajo la influencia de las drogas,
"en la fase final de la eliminación del ego hay un ‘conocimiento
oscuro ' de que Todo está en todos, que Todo es en realidad cada
uno" (Huxley, Puertas de Percepción).
Una mala concepción de vida y religión
Contra una promesa de una intensa experiencia
religiosa, sólo el cumplimiento religioso real puede servir. Si las
drogas prometen una experiencia directa de Dios, aunque sea una promesa
falsa, una verdadera comprensión de Dios, Su verdadera religión, y los
medios de Su Gracia desinflarán la promesa de satisfacción inmediata
ofrecida por las drogas.
Pero la mera instrucción no va muy lejos. Las palabras
pueden mover a las personas, pero los ejemplos las marcan.
Los defensores de las drogas trabajaron la proyección
personal de una imagen despreocupada, descuidada. Cuando esto no se pudo
seguir sosteniendo, la revuelta extrema contra la naturaleza, representada
por la "muerte artística" de una sobredosis de droga, fue la
alternativa. Incluso esto tuvo su apelación. El hedonismo llevado a su
extremo de auto-inmolación por éxtasis inducido con drogas que llevan a
la muerte, tiene el "halo de un martirio místico".
La simple repetición de mandatos morales y las
estadísticas mostrando que las drogas "fríen tu cerebro" no
convence a los jóvenes. Ellos probablemente continuarán esperando que
amigos de similar pensamiento los lleven a incursionar en el mundo de las
drogas. El mero Catolicismo de domingo no alcanza, aunque ayuda. El chico
que piensa así necesita algo tan radicalmente bueno y poderoso como
radicalmente malo era Timothy Leary, por dar un ejemplo.
El católico hoy
Los católicos actuales, en su gran mayoría, tienden a
hacer un acercamiento "minimalista" a su religión. Muchos
aspectos de la fe son considerados no esenciales y simplemente olvidados.
Entramos entonces en la común retórica secularista cuando se trata de
problemas sociales y psicológicos. Y tendemos a ignorar los ejemplos de
los grandes santos. Las grandes batallas espirituales que ellos
emprendieron y ganaron son a menudo desconocidas.
El chico anhela algo más de la vida que la triste
rutina diaria que la escuela le acerca. Él necesita un ideal, y no hay
ningún campo de su vida que se lo proporcione. No le preocupa la salud,
el confort, y seguridad en la vejez. Él está intentando satisfacer los
impulsos más altos dados por Dios, esto es, la búsqueda de una
experiencia religiosa. Aún cuando ni siquiera pueda imaginarse que este
es uno de los motivos de su accionar, junto a la imitación grupal, el
anhelo de descubrimientos, la tirana creencia general de que la rutina es
mala y la destrucción de todo el pasado que él ve como nocivo. Si no
prima la mente sino el sentimiento, y el joven no sabe a dónde
dirigirse... cuando sus amigos le ofrecen "una salida" en una
fiesta nocturna, ¿nos sorprende el resultado?
Contra el demoníaco artificio de las drogas, los
medios católicos usuales como el catecismo, la abstinencia, la caridad,
los buenos pares y, sobre todo, la gracia de Dios sin la cual nada bueno
es posible, son absolutamente esenciales. El heroísmo proporciona los
elementos sin los cuales el mal parece más atractivo. Por eso la Iglesia
nos propone el ejemplo de las vidas de los santos. Debe conocerse la
santidad para comprender su atractivo, y los santos nos muestran lo
necesario. En gran parte, la miseria de hoy puede reducirse a la falta de
santidad en el mundo.
Sin embargo, ya estamos ante los hechos y hay que hacer
algo. Obviamente, la educación es parte esencial de la formación de la
futura virtud en el mundo. Por ello la eliminación de colegios
religiosos, la poca base con que los chicos hacen su primera comunión y
el poco sentido de transcendencia que tiene ese paso en sus vidas, entre
otros muchos factores, son un problema muy grave con el que debemos luchar
cuando los hijos todavía son pequeños.
Igual nos enfrentamos a un verdadero problema con
quienes ya han recibido su educación primaria y están ahora
adentrándose o ya metidos completamente en lo que hoy se llama
"adolescencia". Para tales casos es importante que la
explicación, es decir el proceso de razonamiento en ellos tome mas lugar
en sus vidas, moviendo la frontera de la emocionalidad y sensualidad
exacerbadas que vivimos en la actualidad. Por otro lado, casi sobra
comentar que la liberalización en materia de drogas (y en cualquier otro
campo que implique la desbandada de las pasiones) es completamente
negativa. No existe, como puede verse en Holanda, una especie de
"regulación natural" en estos asuntos. Todo lo malo, lo
perverso, lo que se aleja de Dios, debe invariablemente ser definido como
tal, juzgado como lo que es y eliminado en la mayor medida posible de la
vida de todo el mundo y mas que nadie de quienes todavía (por edad y
desgraciadamente por preparación) no pueden comprender por sí mismos
todo el abismo de horror al que se enfrentan y en el que gnósticos,
satanistas, liberales y demonios se glorían ampliamente.