Los ‘alarmismos psicoterroristas’ han protegido siempre los excesos que pretenden denunciar. Porque la exageración patente y adulterada desarma la reacción saludable hacia lo que queremos evitar o defender. Y es que lo patético alerta y relaja sucesivamente hasta anestesiar o desviar la atención gracias al natural mecanismo de jerarquización de lo importante: "eso es una exageración... observe lo que dice y vea cómo es exagerado, una locura" Luego, cada vez que se escucha algo relacionado con el tema se unifica mentalmente con el exceso psicoterrorista y se descarta de la atención y cuidado. La historia está poblada de lamentables desastres engendrados por este fenómeno de la psicología humana.
Es dentro de este fenómeno donde se sitúa la biotecnología, la ingeniería genética.
En sus inicios el problema fue reducido a un simple juego de etiquetas tales como ‘alarmismo’ o ‘suposiciones hipotéticas’ o en una fervorosa ‘esperanza de la humanidad’
Ausente el problema profundo del análisis desapasionado de las posibles consecuencias últimas que podría tener este nuevo conocimiento, como herramienta y concepto así como de regulación firme y justa para poder permitir su desarrollo, la nueva criatura creció sin cuidados ni directivas claras. Al menos no eficientemente.
El público ha recibido una lluvia de información carente de sentido crítico. Predomina el tono entusiasta, optimista, esperanzador. Por otra parte, el terrorismo verde contrario a toda forma de civilización y desarrollo nos pinta un cuadro aterrador.
Los dueños del juego
La teología moral nos enseña que el instrumento es indiferente por sí mismo: un cuchillo puede servir para trozar el pan o para matar, así como un rifle puede servir para cazar y procurarnos alimento o para atentar contra la vida de alguien. Lo mismo ocurre con la biotecnología: ¿quién controla la herramienta? ¿Acaso los científicos que investigan y que dependen del financiamiento, del capital que posibilita su trabajo? ¿O será el financista anónimo que veleidosamente decide a quién favorecer con su gracia creadora?
Evidentemente, predomina la economía. De hecho, todas las moratorias solicitadas por los científicos respecto a la aplicación práctica de esta nueva ciencia, han sido apagadas por el interés lucrativo.
Pero no es sólo el problema económico el que pesa. También debemos contar con las malas inclinaciones, los instintos perversos, la lujuria del poder y del dominio. En suma, el pecado. Porque si no consideramos la inclinación del hombre por el pecado, como fruto de la caída original, no podemos comprender el desarrollo que toma cada proceso de la historia de la humanidad.
La visión de un experto
Jeremy Rifkin (autor de catorce libros sobre materias económicas y cuestiones relacionadas con la ciencia, la tecnología y la cultura, es actualmente presidente de la Foundation on Economic Trends en Washington DC) en su documentado libro "El siglo de la biotecnología" (Ed. Crítica, Barcelona, 1999), escribe lo siguiente:
"Es probable que sean más fundamentales los cambios de nuestra forma de vida en las próximas décadas que en los mil años anteriores. Hacia el año 2025 viviremos, nosotros y nuestros hijos, en un mundo sumamente diferente de lo que todos los seres humanos hayan experimentado en el pasado.
(...) Puede que muchas viejas prácticas relativas a la sexualidad, la reproducción, el nacimiento y la paternidad, se abandonen en parte. También es probable que las ideas sobre igualdad y democracia, o las que nos hacemos sobre el significado de expresiones como "libre albedrío" y "progreso", se redefinan. Seguramente cambiará la percepción que tenemos de nuestra identidad y de la sociedad igual que el espíritu del primer Renacimiento modificó la de la Europa Medieval hace más de 700 años.
(...) Los científicos empiezan a reorganizar la vida a nivel genético. Los nuevos instrumentos de la biología abren oportunidades para la remodelación de la vida en la tierra a la vez que clausuran opciones que han existido a lo largo de milenios.
(...)He aquí unos ejemplos de lo que podría suceder en los próximos 25 años:
Un puñado de empresas multinacionales, institutos de investigación y gobiernos podría poseer las patentes de prácticamente cada uno de los 100.000 genes que constituyen los planos del género humano y de las células, órganos y tejidos que el cuerpo humano comprende. Igualmente podrían tener patentes similares de las decenas de millares de microorganismos, plantas y animales que existen, de tal modo que poseerían el poder sin precedentes de dictar cómo viviríamos, nosotros y las generaciones futuras, nuestras vidas.
La agricultura de todo el planeta podría verse en medio de una gran transición de la historia mundial, con un volumen creciente de alimentos y fibra cultivados en interiores, en gigantescos baños bacterianos, a un precio que sería una fracción de lo que cuesta cultivar en la tierra. (...) La agricultura de interiores podría suponer precios más baratos y una oferta de alimentos superabundante, pero millones de campesinos, tanto del mundo desarrollado como de los países en vías de desarrollo, serían quizá arrancados de sus tierras; se desencadenaría una de las grandes perturbaciones sociales de la historia.
Podrían liberarse en el medio ambiente decenas de miles de nuevos virus, bacterias, plantas y animales transgénicos con fines comerciales, de la "biodepuración" a la producción de combustibles alternativos. Pero algunas de estas sueltas podrían sembrar la desolación en la biósfera del planeta y diseminar una contaminación genética desestabilizadora, letal incluso, por el mundo. Los usos militares de la nueva tecnología podrían igualmente tener efectos devastadores sobre la Tierra y sus habitantes. Los agentes de guerra biológica creados mediante ingeniería genética podrían suponer en el siglo que viene una amenaza tan seria a la seguridad mundial como las armas nucleares en la actualidad.
La clonación de animales y seres humanos podría llegar a ser algo corriente, y la "replicación" reemplazaría en parte a la "reproducción" por vez primera en la historia. Podrían emplearse clones de animales, diseñados genéticamente por encargo y producidos en serie, como fábricas químicas que segreguen -en su sangre y leche- volúmenes grandes de abaratadas substancias químicas y fármacos de uso humano. Podríamos incluso ver la creación de una gama de nuevos animales quiméricos, incluidos híbridos de animal y persona. Podría, por ejemplo, llegar a ser realidad un ser chimpumano, medio chimpancé, medio ser humano. Podrían utilizarse ampliamente los híbridos de animal y de ser humano como sujetos experimentales en las investigaciones médicas y como "donantes" de órganos para xenotrasplantes. La creación artificial y la propagación de animales clonados, quiméricos y transgénicos podría suponer el fin de la vida salvaje, sustituida por un mundo bioindustrial.
Habrá padres que prefieran concebir sus hijos en tubos de ensayo y gestarlos en vientres artificiales, fuera del cuerpo humano, para librarse de las molestias del embarazo y garantizar un entorno seguro, transparente, donde pueda vigilarse el desarrollo de su hijo antes de nacer. Se podrían hacer cambios genéticos en los fetos humanos dentro del seno materno para corregir anomalías y enfermedades mortales, y para mejorar el carácter, la conducta, la inteligencia y los rasgos físicos. Los padres podrían diseñar algunas características de sus hijos, alterando decisivamente la noción de paternidad. Los niños "a gusto del cliente" prepararían el camino al nacimiento de una sociedad eugenésica en el siglo XXI.
Millones de personas podrían obtener una lectura genética detallada de sí mismas, y así vislumbrarían su futuro biológico. La información genética les daría el poder de predecir y planificar sus vidas de acuerdo con unas pautas que nunca antes han sido posibles. Pero escuelas, patrones, compañías de seguros y gobiernos podrían usar esa misma "información genética" para determinar el curso de la educación de una persona y sus perspectivas de empleo, cuotas de seguros y vencimientos; se generaría una nueva forma de discriminación, basada en el perfil genético. Podrían transformarse nuestras nociones de sociabilidad y equidad. La meritocracia daría paso a la genetocracia, donde individuos, grupos étnicos y razas serían clasificados y encasillados, cada vez más, conforme a su genotipo, impulsando en todo el mundo un sistema informal de castas biológicas."
Sin embargo, esto no es aún más que una serie de suposiciones. Hablemos un poco de lo que hoy día ocurre en estos campos para ver por qué se proyecta semejante escenario:
"Hoy, cientos de nuevas empresas de bioingeniería marcan el ritmo de la revolución biotecnológica. (...) Casi en cada campo de las ciencias de la vida se están estableciendo pautas de desarrollo, se acelera la modernización del equipamiento, se contrata nuevo personal, con un frenesí por introducir el nuevo comercio genético en la economía y preparar a la civilización para que deguste los primeros frutos de la era biotecnológica.
Hay ya 1.300 empresas biotécnicas sólo en Estados Unidos, con un total de casi 13.000 millones de dólares de ingresos anuales y más de 100.000 empleados
(...) En la minería, los investigadores están desarrollando nuevos microorganismos que pueden reemplazar al minero y sus máquinas en la extracción de los minerales. Ya en los años ochenta se realizaron pruebas con organismos que consumen metales, el cobalto, el hierro, el níquel, el manganeso.
(...) Las empresas productoras de energía empiezan a experimentar con recursos renovables como sustitutos del carbón, el petróleo y el gas natural. Los científicos esperan mejorar los cultivos existentes, la caña de azúcar por ejemplo, que ya producen combustible para los automóviles.
(...) Los científicos de la industria química hablan de sustituir el petróleo, que durante años ha sido la materia prima básica para la producción del plástico, con recursos renovables producidos por microorganismos y plantas.
(...) Se experimenta con maneras aún más exóticas de crear fibras y materiales de envasados nuevos. El ejército de Estados Unidos inserta en bacterias genes similares a los que las arañas de tela orbicular usan para hacer seda. La seda de las arañas es una de las fibras más fuertes conocidas. Los científicos esperan cultivar bacterias que lleven los genes productores de seda en cubas industriales, y recogerla para utilizar tanto en la aeronáutica como en chalecos antibala.
(...)Las empresas madereras también han puesto la vista en la nueva ciencia con la esperanza de encontrar genes que puedan insertarse en los árboles y aceleran su desarrollo, sean más resistentes a la enfermedad y más capaces de soportar el frío, el calor y la sequía.
(...) Los primeros cultivos comerciales comestibles de frutos de empalme génico se plantaron en 1996. Más de tres cuartas partes de la cosecha de algodón de Alabama habían sido sometidas a la ingeniería genética para matar insectos. En 1997 los agricultores plantaron soja transformada genéticamente en más de 3 millones de hectáreas y maíz tratado también así en alrededor de 1 ½ millón de hectáreas en Estados Unidos. (...) Mientras, el primer insecto fruto de la ingeniería genética, un ácaro depredador, se soltó en Florida en 1996. Unos investigadores de la Universidad de Florida esperan que coma otros ácaros que dañan las fresas y otros cultivos. En la Universidad de California en Riverside están insertando un gen letal en el gusano rosáceo del algodón, oruga que causa millones de dólares de pérdidas anuales en los campos de algodón de Estados Unidos. El gen asesino se activa en la descendencia y mata las orugas jóvenes antes de que puedan dañar el algodón, se apareen y reproduzcan. (...) Se espera que la descendencia contendrá el gen letal y morirá en masa como consecuencia de esta nueva forma de control de plagas.
(...) La vainilla es el sazonador más difundido en Estados Unidos. La tercera parte de los helados que se venden allí son de vainilla. Pero es cara producirla. La planta poliniza a mano y requiere una atención especial cuando se cosecha y cura. Ahora, gracias a las nuevas técnicas del empalme génico, los investigadores pueden producir volúmenes comerciales de vainilla en cubas de laboratorio y eliminar semilla, planta, tierra, cultivo, cosecha y agricultor.
También se han desarrollado vesículas de naranja y de limón a partir de un cultivo tisular, y algunos analistas industriales creen que no está lejos el día en el que el zumo de naranja se "cultive" en cubas y, por lo tanto, dejen de ser necesarios los huertos de naranjos.
(...) Los cambios que se producen en la agricultura van acompañados por cambios revolucionario en la ganadería. Se están creando "superanimales" mediante ingeniería genética: sus características están potenciadas en lo que se refiere a la producción de alimentos. Se están creando también animales transgénicos que son utilizados como "factorías químicas" productoras de fármacos y como "donantes" de órganos que se transplantan en seres humanos. En la Universidad de Adelaida, en Australia, se ha creado una nueva raza de cerdos mediante la ingeniería genética; rinden un 30% más y pueden llevarse al mercado siete semanas antes que los normales. La Australian Commonwealth Scientific and Industrial Organization ha producido con ingeniería genética una oveja que crece un 30% más deprisa que las normales, y ahora está trasplantando genes a las ovejas para que la lana crezca más deprisa.
En la Universidad de Wisconsin se han alterado genéticamente pavas cluecas para que produzcan más. Las cluecas ponen de un cuarto a un tercio de huevos menos que las que no lo son. Como el 20%, en una granja media, son cluecas, los investigadores ansiaban cortar "el instinto empollador", ya que "empollar perturba la producción y cuesta mucho dinero a los productores". Bloqueando el gen que produce la hormona prolactina, los biólogos pudieron eliminar el instinto natural de empollar de las pavas. La nueva raza creada mediante la ingeniería genética ya no exhibe el instinto maternal, pero produce más huevos.
(...) Millones de personas están usando ya fármacos generados por la ingeniería genética para tratar dolencias cardíacas, cáncer, sida y apoplejías. En 1995 se ensayaron más de 284 nuevas medicinas creadas mediante empalme génico, un aumento del 20% respecto al año anterior.
(...) Poco después del nacimiento de Dolly, Wilmut y un equipo de investigadores dirigido por el Dr. Keith Campbell, de PPL Therapeutics, comunicaron el nacimiento de una segunda oveja clonada, Polly, que contiene en su código biológico un gen humano codificado. (...)Gracias a la conjunción de la manipulación génica y la clonación los científicos transformarán a la carta y producirán en masa animales, y lo harán con unos criterios cuantificables de medida, predecibilidad y eficacia que hasta ahora sólo se habían aplicado a la transformación de la materia inanimada y la energía en bienes materiales. Las empresas agropecuarias, farmacéuticas y químicas planean producir en masa animales clonados y por encargo que se serán fábricas químicas secretoras de una serie de fármacos. La industria cárnica también está interesada en la clonación. (...) Los clones de animales se usarán también para recolectar órganos que se transplantarán en seres humanos". Etc., etc.
La perspectiva del católico
La lista de aplicaciones de la biotecnología es interminable, y aquí sólo queríamos dar unos cuantos ejemplos para ilustrar al lector sobre lo que pretendemos abordar.
Evidentemente, el panorama futuro es desolador. Pero veamos. ¿Cuál es el fondo de todo esto? ¿Se trata de algo bueno o no? ¿Qué debemos pensar al respecto?
Para empezar, recordemos lo que al comienzo del artículo mencionábamos sobre el uso que se da a las herramientas. Dentro de la gama de utilizaciones posibles de la ingeniería genética, nos hemos encontrado con algunas que en principio no parecen tener nada de malo, como podría ser el desarrollo e implementación de combustibles o ciertas mejoras agrícolas, por ejemplo. Pero al tratar temas muchísimo más delicados, como la producción masiva de animales para la utilización de sus órganos en implantes, o los posibles desequilibrios del ecosistema que pueden surgir en base al afán de eliminación de todo "peligro" para la economía de los productores con poco ortodoxos métodos pesticidas, o desvíos en la conducta de los animales para que rindan más, etc., entramos en un campo de mayor seriedad.
El mundo actual se debate entre numerosos males. Mientras la moralidad, la religión y el pensamiento se van debilitando, se robustece todo lo relacionado con lo material, lo sensorial, lo animal. Si antes era importante obedecer, ahora es visto como una represión que debe ser aniquilada, si eran importantes los valores, ahora lo es una buena figura física, si interesaba el estar bien con Dios, ahora interesan las sensacioncitas "espirituales", si preponderaba la razón, ahora lo hace la experimentación, y así en adelante, nos encontramos frente a una humanidad cada día más deteriorada.
Dentro de este planteo, podemos observar que estas prácticas están tan encaminadas a lo material inmediato ("no quiero morir cueste lo que cueste", "no quiero perder ni un centavo cueste lo que cueste", "quiero ser bello cueste lo que cueste", etc.) que evidentemente, perdidas de vista la ética y un sentido trascendente a nuestras existencias y al sentido que éstas tienen, sólo queda el autoconservadurismo (y no la preservación natural que corresponde que poseamos sino la permanencia como sea y para lo que sea), valga la redundancia, "cueste lo que cueste". Así, por ejemplo, mientras cuidamos sobrevivir a costa de lo que haga falta (incluidos órganos de cerdo en nuestro propio cuerpo de ser necesario), matamos a los retoños de la humanidad "porque ya somos demasiados".
¿Por qué el hombre actual quiere tanto dinero, tanta vida, tanto control sobre todo lo que lo rodea? Ese es el tema primordial en que debemos pensar. Estudios serios que nos demuestran el desequilibrio que estas prácticas están ocasionando hay muchos. Por eso, lo importante es saber... ¿cómo debo plantearme yo frente a estas cuestiones? Y, sobre todo... ¿por qué y de dónde salen este tipo de afanes?
El interés en mejorar y progresar ha existido desde que el hombre es hombre. Sin embargo, en la actualidad se pone todo el énfasis en lo exterior. Ya no importa tener o no defectos ("soy así y me tienen que aguantar"), no interesa tampoco la belleza de las obras, o el crecimiento encaminado a agradar a Dios. En cambio, prepondera el interés por lo práctico, lo que facilita la vida, lo que elimina cualquier tipo de barrera entre lo que quiero y su consecución. Es decir, todo converge en el logro de nuestros deseos (que cada día son más básicos puesto que ya no se apoyan en la razón sino en la emoción y las pasiones) y nada hay de sacrificio, ni de abnegación, ni de trascendencia en cada acto que se lleva a cabo.
A un planeta cada día más vacío desde lo interno, se lo tiene que llenar de algo. Desgraciadamente, ese excipiente suele ser totalmente material, apoyado de una espiritualidad plástica y una emocionalidad exacerbada. Y es comprensible (aunque no disculpable, ni tampoco como debemos seguir) que en este estado de cosas proliferen todo tipo de sustitutos físicos, económicos, entretenedores, y demás.
Donde no hay Teocentrismo, hay egocentrismo. Donde no hay valores, hay deseos brutos. Donde falta la trascendencia, hay el consumo despiadado de cada instante ("porque después que me muera no voy a poder disfrutar más"). A esto, a este triste panorama... corresponden los excesos alocados que recién conocimos a través de las palabras de Jeremy Rifkin.
Entonces, ¿hacia dónde nos dirigimos?
La aplicación del ejercicio de pensamiento elemental que consiste en llevar cada cosa hasta las últimas consecuencias y corroborar con la realidad, resulta vital para resolver los enigmas que se presentan.
La Biotecnología nos presenta, de hecho, problemas éticos incontestables. Por ejemplo, la vida es patentada por productores industriales, quienes ‘etiquetan’ y se apropian de las nuevas formas de vida, o de características genéticas constitutivas de muchos seres. No deja de sorprender que una persona o empresa pueda ser ‘dueña’ de un tipo humano o de una raza de patatas, de lechugas o de cerdos.
En sus implicaciones humanas, hemos visto en los últimos años la posibilidad de querellas judiciales contra médicos y hospitales nada menos que por... "vida por negligencia" o "nacimiento por negligencia". Hablando en buen cristiano, los médicos e instituciones de salud son demandadas por haber sido negligentes por permitir un nacimiento. El fundamento de los demandantes se basa en que gracias a los avances científicos se pudo haber impedido esa vida o nacimiento, si es que no se considera que, además, se pudieron haber alterado las características del bebé, como el color de piel, de pelo, de expectativa de vida, de salud, de fortaleza o capacidad craneana, en resumen, por haberse opuesto a la nueva eugenesia biotecnológica.
La incorporación de elementos (enzimas, proteínas, porciones de ADN, etc) a nuestros cuerpos o a los de los fabricados mutantes en un factor riesgoso. Nunca antes convivimos con algo semejante ni esas porciones de naturaleza se fusionaron con características propias de otros seres. Papas con genes del pollo, plagas aportando elementos a las hortalizas... monos con genes humanos... el panorama es desolador.
La primera aproximación nos recuerda la promesa de Satanás en el paraíso: "seréis como dioses" Y los nuevos adanes y las nuevas evas comen de una manzana transgénica.
La segunda es visualizar cómo esto se propone a modo de eliminación de las consecuencias del pecado original. Es una promesa falaz, una mentira escalofriante.
¿Hacia donde nos lleva? Hacia la supresión de toda barrera moral, de toda reserva ética. Al endiosamiento de la materia, a la soberbia enloquecida de seres dueños y comerciantes de la vida.
"Sirve al orden y el orden te servirá a ti", nos recuerda San Agustín. Servir el orden y no trasgredirlo. Perfeccionarlo, no inventarlo.
Finalmente la naturaleza habla y restablece sus leyes eternas fijadas por el creador.
Mientras contemplamos este proceso, elevamos nuestros corazones a María Santísima y rezamos con el Salmista, ardiendo de esperanza y fervor : "A Ti levantamos nuestros ojos, tú que habitas en el cielo; míralos, como los ojos de los siervos en la mano de sus señores. Como los ojos de la sierva en la mano de su señora, así nuestros ojos en la Virgen Madre de Dios, hasta que se apiade de nosotros"