


vamos las Bandas ... y cada vez fueron más y cada vez "la lógica" quedó más de costado. ¿Cómo hacer todo lo políticamente incorrecto y seguir de pie? ¿Cómo sentir el calor de las tropas infernales debajo del escenario y seguir siendo fiel a sí mismo? ¿Qué alquimia temeraria convirtió a Los Redonditos en Los Redondos?
Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota son únicos
desde varios puntos de vista. Las Bandas también. Según Carlos "El
Indio" Solari, "las Bandas son chicos de barrios desangelados, que no saben
de discotecas para modelos y estrellas de rock, ni de autos locos ni de navidades
artificiales..."
El estadio está completo, faltan segundos para que las luces revienten desde los
parlantes. Las Bandas ya están en la gramilla para jugar su juego, el juego de
incondicional apoyo a los veteranos de la contracultura. Abajo, escenas robadas del
infierno dantesco: una damita se toma del cabello con otra vaya uno a saber por qué,
cantitos, banderas que se agitan, algunos golpes que lastimaran caras, llegarán los
últimos, llegarán los bravos, los que no tienen problema en arruinarlo todo; un pibe se
cree potrillo y, con un verdadero Mambo Criminal, entra al galope abriéndose
paso con una bengala en la mano para aterrorizar sin valentía y abrir un tajo entre el
público que le permita llegar adelante de todo; no tiene derecho, pero se lo hace a la
fuerza, no importa que todos los que están allí estén para lo mismo, él cree que Vamos
las Bandas es un grito de guerra, y su cabeza no esta en tiempos de razonar.
El Indio y sus muchachos ya venían transpirando desde antes de la fecha de
nacimiento que pueden acusar muchos de los que hoy saltan y gritan ahí abajo. El tipo es
un ser pensante, un crítico sólido, un border sobrio, un personaje a que las Bandas le
entienden la mitad de los conceptos y el resto se lo imaginan. Por un lado, la marcha
incansable de un tal Patricio Rey y sus Redonditos, por el otro: el resto.
Cuenta la leyenda que de La Cofradía de la Flor Solar, los músicos de
una comunidad contrahegemónica que andaba por La Plata
(Argentina) a fines de
los '60, salió una banda que esquivaría con privilegiada cintura todos los preceptos del
gran lugar común llamado "mercado musical". Fueron y vinieron varios por
sus filas pero Solari y Bellingson serían los de siempre..
El quinteto llega a Gulp!, su primera placa, después de seis años de
nacidos. Entre 1976 y 1982 (año en que sale Gulp!) la visión era clara:
autogestión, independencia, fidelidad a los ideales, no transar con el
"sistema", como dijera el Indio (Carlos Solari): el
rock & roll como un pensamiento crítico bailado. La llegada de Gulp!
corrobora que no estaban dispuestos a lo "políticamente correcto". Una
discográfica independiente y desconocida (Del Cielito Records) los ponía en las
bateas.
En los primeros tiempo los espectáculos Ricoteros eran verdaderas
teatralizaciones, mucha gente sobre el escenario, mucho olor a humedad en los sótanos
como el Centro de Artes y Música, mucha cosa rara con mezcla cabaretera de arte
parisino y bodegón digno del Di Tella. Las ilustraciones del Mono Cohen
"Rocambole" se convertirían en un clásico.
Y el paisaje fue cambiando, y de las vanguardias porteñas, el sonido fue llegando más y
más lejos. Los de Ricota parecían el camino recto; nombres que serían sólo
anécdotas se acercarían y partirían de sus filas con destinos de invitados al banquete:
Las Bay Biscuits (Fabiana Cantilo, Isabel de Sebatian, Vivi Tellas), Daniel
Melero, Willy Crook y muchos otros.
"Ser under no es una meta sino una circunstancia [...] no creo que alguien
tenga la meta de ser under, porque sería pretender cierto elitismo". Con
frases como estas El Indio gambeteaba las posibles transformaciones que convertirían a
"los vanguardistas de Ricota" en "Los Redondos populares".
Quedaban atrás lugares como Zero, Bambalinas, el
Parakultural, la Esquina del Sol;
Oktubre salía en 1986 para entusiasmar a la crítica y a los
fanáticos. Siempre creciendo, siempre como al margen de todo apunte. Su público
realizó una metamorfosis multiplicadora y sorprendente. "Los Redondos, es un
sentimiento no puedo parar...". En 1987 salía Un Baión para el
Ojo Idiota y en 1989 Bang! Bang! Estás Liquidado.
Como si se tratara de un fanatismo por un equipo de fútbol, la pasión por el grupo
llegó a insospechados límites de exclusividad y fidelidad. Las Bandas se embarcaban en
auténticas peregrinaciones cada vez más convocantes. Para los medios, el fenómeno Patricio
Rey y sus Redonditos de Ricota comenzó a hacerse notable. Ellos miraban de
costado, no a los reportajes, no a la T.V., no a la difusión paga, no a la discográfica
sin rostro, no y no. Sólo recitales que se convertían en templos religiosos
dónde El Padre era un calvo extraordinario al que le salen sermones que los
feligreses traducían para entrar en trance. A nadie le sonaba a frase de elite
intelectual ese estribillo: "No lo soñé, se enderezó y brindó a tu suerte
..." El Margarita Xirgu, Cemento, Palladium, Prix' D'Ami, Skylab, Pinar
de Rocha y otros míticos lugares de antaño empezaron a ser recuerdo:
Obras se hizo
necesario por más resistencia que al gran templo del Rock le tuvieran, en cierto aspecto,
los muchachos de Solari. El 2 de diciembre de 1989 Los Redondos
serían locales en Obras: sigue la marcha, la fidelidad, la crítica, el compromiso
social, todo vestido de rima, de poesía subcultural de la cual Solari queda
exento de todo cuestionamiento con un "Los chicos entienden". Pero ¿Qué
es lo que entienden? Entienden que los Redondos son un sentimiento y
ahí, superlógico, entramos en el terreno de lo inexplicable. Los Redondos no
prometieron nada que no hayan cumplido. Los Redondos no prometen nada. Están ahí,
piensan así, se suben al escenario y chau. Vencedores Vencidos, Masacre en el
Puticlub, La Parabellum del Buen Psicópata, Todo Preso es Político, Ñam Fri Frufi Fali
Fru, La Vaca Cubana, y más y más y Las Bandas aplauden y dejan los
pulmones cantando y abajo pasa de todo.
La
clave de la música Ricotera no es ni más ni menos que no una apertura excepcional donde
los estigmas que quizás tengan lugar entre el público no lo tienen entre los músicos.
Es pop sin vergüenza, con ráfagas de oscuridades dignas de algún british
ignorado por los barrios, son melodías sinceras, en algunos casos son trabajos casi
semióticos de búsqueda del límite lingüístico, en fin: Las Bandas escuchan, por venir
de la mesa Ricotera, lo que nunca hubieran escuchados sentados a otra mesa. La virulencia,
la fuerza, lo contestatario, lo rebelde, lo visceral, no pasa por la velocidad, el
machaque, el grito, el estruendo o la pose, pasa por lo que flota en el aire cada vez que
la historia de las huestes de Patricio Rey suman otro eslabón al mito.
Nunca quedo atras ese revanchismo que alguna vez "Los Públicos"
inventaron Soda vs. Redondos y viceversa. Pese a que Soda tomó sus monedas y se retiró
con la cabeza gacha de
la arena, Los Redondos siguen y siguen como un
caballo alado cuyas orejeras no les permite distracciones dignas del show mercantil.
Un cartón de vino salta vacío desde un auto que en su vidrio trasero muestra todos los
lugares de Argentina y las fechas a dónde el que lo conduce viajó para ver al grupo. Él
no leyó ni uno de los libros que leyó Solari, no escuchó ni a uno de los
grupos que escucharon Skay Beilingson (guitarra), Semilla Bucarelli
(bajo) o alguno de los otros jinetes. Pero él estuvo allí, en la ruta, siguiéndolos a
todas partes; sabiendo, como muchos, más de Los Redondos, que Los Redondos
mismos.
Y pasaron los años y la sangre se fue renovando, los primeros cincuenta vanguardistas de
las primeras épocas deben andar bordeando la edad del Indio y la mayoría vio
como ese público se fue transformando en miles. Miles que ahora se uniforman para
convertirse casi en una secta, una de las más numerosas del país y a la vez, de las más
intransigentes. Y mientras la poesía sigue siendo la misma, el ambiente se vuelve más
áspero. Del escenario bajan metáforas herméticas, lujosas muestras de ingenio
artístico orillero, y la respuesta es la devoción. La Banda está cada día
más ilustrada, Las Bandas apenas se manejan con cuatro o cinco términos: aguante,
loco, aguante, Redondos y aguante. Y Solari sostiene: Los
pibes entienden...
Pero ¿Qué entienden los pibes? Los Redondos no piden navajas,
ni bengalas para quemar al de al lado, ni piñas, ni bardo. Los Redondos piden
libertad, piden que piensen y disfruten del Rock del País. ¿Qué
entienden algunos de esos pibes?
Tocar en la Capital se hizo cada vez más complicado, en 1990 sale La Mosca y La
Sopa, ese año, cada 45 días: Obras lleno. En abril del '91 Walter
Bulacio moría en una ambulancia después de haber sido detenido por la policía
en
las cercanías del estadio. La Banda no dijo más que lo que se podía esperar, Las
Bandas tomaron el hecho casi como estandarte, y en los rituales se empezó a
escuchar: "Vamos Redondos, pongan huevo. Vayan al frente, que se los pide toda la
gente. Una bandera que diga Che Guevara, un par de rocanroles y un porro pa' fumar. Matar
un rati para vengar a Walter y en la Argentina empieza el carnaval". Pero la
brecha comunicacional entre La Banda y Las Bandas se
abre más y más; en el ´92 graban En Directo, con el fondo de las 38
mil personas que presenciaron aquel recital en el Centro Municipal de Exposiciones.
En el año ´93 sale Lobo Suelto Cordero Atado (doble). Los medios
hablan de violencia, algunos la sufren, los dardos van y vienen. Contra toda
respuesta Solari sostiene que violencia es mentir. Violencia es mentir, pero
durante los conciertos del '94 en la cancha de Huracán la cosa no terminó en muerte de
casualidad; las patotas que sembraron terror no eran ni policías ni mentirosos, eran los
que usando a "Las Bandas" como escudo y a "la locura" como bandera,
mal entendieron el mensaje.
El Bondi debió pegar un giro. Carmen Castro "La Negra Poly" (manager
del grupo), Skay, El Indio y su gente, pensaron que lo mejor era salir
un poco del hervidero. Y empezaron a girar por Argentina: Buenos
Aires, Córdoba, Mar
del Plata, Santiago del Estero, Tucumán,
Salta y Las Bandas
viajando detrás de ellos. Las anécdotas se contaban por miles: pibes que ahorraban para
el micro, autos de Ricota cargados con banderas, vino y gaseosa, los campings cercanos se
saturaban de grabadores donde sonaba la voz gruesa de "Patricio Rey".
La alternativa los llevó a rodar y rodar: 130 mil personas por aquí, 150 mil por allá.
Rosario, Villa María
y hasta pueblos más tranquilos y alejados eran invadidos
por la fiebre Ricotera que se convertía en tribu nómade. No eran locales los que
llenaban los lugares, el gran porcentaje eran los pibes que, en algunos casos, salían dos
días antes de la fecha del recital para llegar sobre la hora.
Los Redondos seguían independientes: su compañía "Del Cielito
Records" grababa los discos y a la calle los sacaba DBN. A
diferencia del resto, ellos se quedan con las cintas originales (en la mayoría de los
casos los grupos ceden los derechos a las discográficas) conservando la propiedad y la
decisión de cantidad de copias. En síntesis: ellos la cocinan y ellos la comen. Pero no
están solos los del escenario. Unas 200 personas trabajan para que Los de Ricota
se presenten como la banda que es. Eso sí, hacen lo que quieren y cuando quieren.
Las entradas tienen hoy el valor de un concierto internacional, no tienen más
exclusividad que con ellos mismos y el dinero invertido en publicidad es casi anecdótico.
El boca a boca no se paga con nada y esa es la mayor publicidad para la banda.
La relación entre La Banda y Las Bandas es extraña. Ya
existen familias enteras que hablan de tres generaciones de Ricoteros, hoy al Indio se le
perdona todo, esta más allá de la crítica, intocable, es casi una figura bíblica para
los adeptos al rock del país.
¿Y sí se le va de las manos? Esa sensación es permanente. Pero
Solari
no tiene problemas en enfrentar desde arriba del escenario a los que se creen que
entienden y no entienden nada; cuando se da cuenta que abajo pasan cosas que no deberían
pasar, no duda en culparlos: si los Redondos dejan de existir un día, va a ser por ellos;
por esos que en lugar de escuchar rock van a desbocar una violencia imbécil, inútil,
lamentable. El Indio va de frente, no cabe duda, no mide, es su público y el
diálogo siempre fue con ellos y sólo con ellos. Si de algo se puede jactar la troup
de Patricio Rey es de no ser demagogos y de no sentirse atados a nada. El ´96 será
el año de Luzbelito y todo queda demostrado una vez más. Ni siquiera a
las exigencias o expectativas que puedan crear sus Bandas, Los Redondos a la hora
de componer también son independientes. El mejor ejemplo de esto se llama Último
Bondi a Finisterre (1998). ¿Tecno, cajas
rítmicas, sonidos secuenciados? El estúpido dualismo reductivista de los rockers habla
de pecado; Los Redondos hicieron los que quisieron, un disco que como siempre,
aunque nadie lo reconozca, ubicaba a la banda en los tiempos que corren. Privarse de algo
sin razón no es digna teoría para los muchachos que conservan su espíritu de vanguardia
más allá de ser hoy por hoy una de las bandas más populares. Los nuevos
"viejos" Ricoteros se sorprendieron y sintieron vahídos al escuchar
ese Último Bondi. En la tapa aparecían por primera vez los músicos (aunque
dibujados) y el contenido era tan raro como el diseño de tapa. ¿Raro para La
Banda?, no, raro para Las Bandas. Con él volvían a Capital. El estadio de Racing
se llenó (siempre solos y de noche, como siempre), la conclusión: un show espectacular,
pantallas, luces, los clásicos y los últimos temas que el público recibió como
estudiando y tratando de comprender. Banderas de clubes de fútbol, algunas piñas, pero
en general todo tranquilo. El Último Bondi se había presentado y La Banda
jugó otra vez su juego. La cabeza de la gente se fue un poco más abierta. "Si
lo quisieron así, por algo será" se podía escuchar a los que dejaban en manos
de La Banda la responsabilidad de todo. Como quien habla de Dios cuando el
destino los supera, muchos se vieron superados por Último Bondi, pero después
de todo "era la palabra de dios" (del dios Redondo).
Al fin y al cabo, el Indio y su gente no hizo más que demostrar que artistas y
público no deben basarse en una relación de dependencia.
Walter invade la tierra! Dice el tema que abre el último disco. Homenaje a Bulacio,
imaginaron los más devotos. No. Patricio Rey no es de usar golpes bajos en pos
de una demagogia roquera. La brecha entre Lo que los Redondos dicen y lo que
Las Bandas creen escuchar cada vez es más grande. Quemarse la cabeza con
vino barato y pastillitas de colores, descontrolarse como un mono con navaja, correr por
un camping con una 22 tirando a mansalva, golpearse hasta morir, matarse por las banderas
de algún equipo no tiene nada que ver con El Rock del País.
Al fin de cuentas Los Redondos son únicos. Nadie los conoce fuera de las
fronteras de Argentina, pero como locales son una de las bandas más viejas,
la más convocante, más interesantes y más conocida. Siguen fieles a las ideas que los
mantienen marginales y tan independientes como masivos. Aparecieron por el costado, por un
camino que parecía imposible, renunciando a toda tentación mediática. Hoy ya son una de
las partes más importantes en lo que a la historia del rock nacional se refiere.
Demostraron que el sueño de "no transar" es posible. Demostraron que la
inteligencia y el rock son una mezcla
infalible.
Para algunos ignorantes y poco
conosedores del tema, Los Redondos son una banda seguida por desclasados izquierdosos,
pibes drogones y violentos, orilleros del terror adeptos a una música decadente y
grasienta que sólo da para justificar el bardo. Para otros "Los Redondos son la
vida". Lo más justo, sería decir que Patricio Rey y Sus
Redonditos de Ricota fueron y son: una auténtica banda alternativa que salió
victoriosa de su lucha contra la hegemonía. Hizo lo Políticamente
Incorrecto siempre, y siempre: le salió bien.