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Chirapa, Cuychi(El arco iris) Entre los Incas el Arco Iris, al que llamaban Chirapa o Cuychi o Yaya carui o Turu manya era muy temido pues lo consideraban símbolo o anuncio de muerte, desastres o enfermedades. Decían que provenía del Sol. En su honor tenía un recinto en Qoricancha.Fray Martín de Murua nos dice del Chirapa ó Cuychi: El arco del cielo, a quien llamaban chirapa, les fue siempre cosa horrenda y espantable, y temían por lo que les parecía las más veces para morir o venirles algún mal. Reverenciábanlo y no osaban alzar los ojos hacia él. Si lo miraban no se atrevían a señalarlo con el dedo, entendiendo que se morirían o que se les entraría en la barriga, y tomaban tierra y untábanse con ella la cara y la parte y lugar donde les parecía que caía el pie del arco; le tenían por cosa temerosa, y que allí había alguna huaca u otra cosa digna de reverencia. Otros decían que salía el arco de algún manantial o fuente y que si pasaba por algun indio, moriría o le sucederían desastres y enfermedades. [Fray Martín de Murua, Historia general del Perú, origen y descendencia de los Incas (1600)], Madrid: Editor Manuel Ballesteros, 1986, p.438-9]. CondenadosSon seres del otro mundo. Cuando alguien muere de buena manera, su alma, antes de morir, recorre los lugares donde sufrió o donde fue feliz. Lo hace vestida de una túnica blanca y sin poner los pies en el suelo. Recién cinco días después sube al cielo, y por eso en esa fecha se lava su ropa —la necesita limpia para subir al cielo— y se le llora. El entierro mismo no sólo no tiene llanto, sino que es más bien festivo: en algunos casos incluye abundante aguardiente, comida y orquesta.La situación no es la misma cuando alguien muere de manera trágica, suicidio o accidente, o cuando aún no ha limpiado sus culpas antes de morir. En estos casos es rechazado por Dios y entonces debe purgar sus culpas «viviendo» una temporada entre nosotros como condenado.Una razón posible para llegar a condenado es el incesto, pero también puede ser algún crimen, o la avaricia, o la mentira. Se ha encontrado una versión destinada a los niños donde alguien se condena por jalarle los cabellos a su mamá. En el caso de condenados que han dejado dinero escondido, regresan para decir dónde se encuentra el tapado, lo que hemos visto también en las «almas en pena» de la cosmogonía criolla. Y es que, en general, esconder plata es un acto antisocial, que llega al colmo cuando la persona muere sin dejarlo dicho. Según sea el caso su «castigo» será distinto. Los suicidas por amor, por ejemplo, no son recibidos en el cielo hasta que llega la hora en que estaba programado que mueran. Mientras tanto, deben seguir cumpliendo con su familia acá en la tierra. Los que han robado no serán aceptados en el cielo hasta que devuelvan lo que es ajeno. Pero los más terribles son los que han muerto con violencia. En ellos la violencia se seguirá repitiendo hasta que consigan su salvación. Estos últimos condenados normalmente viven en cuevas, o al lado del cementerio. Desde ahí lanzan gritos y lamentos terribles, ya que los diablos los azotan o los cuelgan de noche con cadenas. Su aspecto varía mucho pero la cadena parece ser un rasgo permanente. Suelen tomar la forma de animal, pero también aparecen como personas vestidas con un hábito de monje o de negro, o con túnica blanca como en la versión occidental. A veces usa botas rojas, de fuego. Cuando aparecen en las ciudades se presentan frecuentemente en procesión, pero muchas veces se muestran solos, escondiendo el rostro (que es una calavera) para no ser reconocidos. Es por esa razón que se le describe a veces como un bulto. El condenado busca llevarse alguien con él, comerse a quienes están salvos. En especial agarrar su alma, forma en que encuentra su salvación, cambia su suerte. Cuando ha sido incestuoso busca llevarse a su pareja. En otros casos busca comer la cabeza o los sesos de su víctima, ya que ahí está la sede del alma. Uno puede librarse del condenado que lo quiere llevar de varias maneras. Así, es posible protegerse con oraciones, agarrando un crucifijo y pronunciando el nombre de Jesús, o con una intervención directa de la Virgen. También con algunos objetos como la lana de llama, las fajas de colores, los panes, la sal, el jabon, la música del «cacho» (corneta de cuerno) y también los niños. Inclusive cuentan que en algunas oportunidades se les ha prendido fuego o se les ha destrozado a hachazos, logrando que salgan en libertad —convertidas en palomas— las almas que había tragado. Pero es muy importante tener la iniciativa. Cuando uno le sorprende y lo ve primero puede vencerlo o escaparse; en caso contrario, es él el que nos tiene en su poder (cf. una creencia semejante referida, ya en la Antigüedad, al lobo. Ahora, si lo que uno quiere es propiciar la salvación del propio condenado, esto también es posible haciendo celebrar misas por su alma. Había una mujer que vivía sola, hilando día y noche para ganarse el sustento. En una de esas noches que hilaba, a eso de las 12 de la noche, tocaron su puerta y ella salió presurosa a ver quien era y al abrir se topó con un hombre que le dijo: —Señora, hágame el favor de guardarme estas ceritas —entregándole un paquete de ceras—; mañana a esta misma hora voy a volver a recogerlas. —Muy bien, señor —respondió ella, recibiendo las ceras y despidiendo al desconocido. Pero grande fue su sorpresa cuando a la luz del candil las ceras se trocaron en huesos. Más asustada de lo que se puede imaginar uno tiró los huesos a un rincón y se pasó toda la noche muy preocupada sin tirar una pestañeada. Al día siguiente apenas amaneció fue en busca del cura de la parroquia, a quien le contó lo sucedido. El cura le dijo que había hecho mal en abrir la puerta a esa hora y que ahora no había más remedio que esperar a que volviera el condenado para devolverle los huesos; pero cuando volviese, no abriría la puerta sola, sino acompañada de seis niños, tres niños y tres niñas. La señora prometió que así sucedería. A la noche siguiente, cuando la mujer estaba en su casa acompañada de sus vecinas y los seis niños, tocaron la puerta como en la noche anterior. Entonces ella, tomando a los niños, uno a la espalda, uno al frente, uno a cada costado salió a contestar al condenado y le entregó los huesos con la mano izquierda. El condenado hablando con la nariz le dijo: —¡Ajá! Sabías, ¿no? Considera a esos niños, porque si no te hubiera comido. Y desapareció en el acto. [Informante: Juana Claudio, Paucarbamba, 46 años. Recopiló: Pedro Monge]. GatosComo en otros espantos andinos, el gato es parte de la asociación del concepto cristiano de muerte y condenación con las concepciones mágico religiosas de los aborígenes, en una reelaboración cuyo proceso aún continúa. Los cuentos de gatos, especialmente los gatos negros, pero también los romanos (plomos), son frecuentes en la zona andina. En ellos se presenta a estos animales como demonios que vienen a llevarse a los condenados; o como agentes del diablo que con sus maldades hacen pelear los mejores matrimonios; o como individuo vinculado a los poderes ocultos de la naturaleza.Cuando uno tiene un gato en casa, ningún condenado se atreverá a atacar. Por eso se dice que el gato es el demonio a quien el alma respeta. Pero hay que tener mucho cuidado, porque el propio gato puede ser el interesado en llevarte a los infiernos. Ha habido muchos casos en que el gato ha matado a sus dueños. Cuando el gato mata a alguien, se lleva su cadáver, vuelve y sigue matando a todos los que viven en esa casa. Pero si no se puede llevar el cadáver, es el gato el que desaparece. Para evitar que el gato mate a sus dueños o un demonio se apodere de él, lo mejor es bautizarlo. Para bautizarlo hay que cortarle, cuando todavía es cachorro, la punta del rabo y de las orejas. El gato negro es el más peligroso. El gato negro, cuando lo maltrata su dueño, se transforma en candela a las doce de la noche y al caminar deja en sus huellas chispas de fuego. Se dice que nunca muere en casa de su dueño, sino que va a dejar sus restos en lugares apartados, como son las cuevas, las quebradas, etc. Cuando se va este animal, nadie lo ve porque va a unirse con el diablo y su alma vuelve cada 15 días, durante los cuales el dueño está fastidiado porque en la noche ve candelas en la casa. Tiene que pedirle protección a San Honorato cara de gato. A los gatos les gusta practicar «funerales»: Uno de ellos se hace el muerto y el resto lo carga. Esta acción de los gatos es de mal agüero, por lo que es necesario hacer el «chique» para contrarestar. «Chique» viene del verbo «chiquiar», que significa dejar sin efecto la intención maligna. Para lograrlo hay que matar a los gatos que han estado practicando el funeral, o por lo menos a uno. Si no se logra, algún conocido será el que muera. Se le presenta también muy a menudo celebrando asambleas con el diablo. En casa de una familia había muerto un gato romano. Nadie pensaba en darle sepultura, sino que lo botaron al techo. Pero en la noche, cuando todos dormían, en la casa se escuchó una orquesta en el techo.Impulsados por la curiosidad se levantaron a esa hora y salieron a ver lo que ocurría y vieron que en el techo había muchos gatos que tocaban sus instrumentos alrededor del gato muerto. Éste empezó a revivir, moviendo primero la cola, luego alzó la cabeza y por último se levantó y se fue bailando al son de la música. Se dice que estos gatos fueron diablos. (Informante: Pedro Montes, Chinchiwasi. Recopilación: W. Castilla-Yance). Jarjaria (Qarqacha)El jarjaria tiene algunos puntos en común con la uma: es un ser de este mundo, es antisocial, se transforma de noche. Pero los relatos de brujas apuntan sobre todo a mostrar en acción un ser ligado a las fuerzas ocultas de la naturaleza mientras que el jarjaria está generalmente ligado al incesto. Ha tenido relaciones sexuales con un pariente o puede ser también el cura que tiene relaciones con su sirvienta. Son pues castigados de «esta vida», personas castigadas por Dios durante la vida y que de noche se convierten en animal y asustan a la gente. Generalmente se convierten en llama, aunque también pueden convertirse en algún otro animal domestico (con exepción del cordero, ya que este es un «animal puro»), o en alguna deformación zoológica: burro con cuernos, llama con dos cabezas, mitad hombre mitad llama, etc.El grito del jarjaria es aterrador. Se parece a una risa que queda expresada con la onomatopeya jar-jar-jar, de donde viene el nombre. Los perros reaccionan aullando, ladrando o bien atacando valientemente, mientras que los hombres se aterrorizan y a veces se ponen a rezar. Para atacar al jarjaria hay que hacerlo en grupo y lacearlo con una cuerda, generalmente hecha de lana de llama. El crucifijo es una gran protección, lo mismo que todo objeto de metal como las hachas, picos, barretas. El grupo intentara coger al jarjaria y esperar que tome en el día su forma original para conocerlo y hacerle pasar vergüenza. Muchas veces ofrecen riquezas a cambio de que los suelten, ya que ellos también conocen los subsuelos. La historia de los jarjaria tiene un mensaje moral evidente: evitar el incesto. Sin embargo, hay que entenderlo dentro de las relaciones de reciprocidad propias de la comunidad andina; no hay que entenderlo en el sentido de una moral puritana individual; es porque las relaciones sexuales entre parientes cercanos amenazan el orden social, son peligrosas y producen espanto y repudio. En efecto, la organización de la comunidad sobre la base de las relaciones de reciprocidad supone que las leyes de parentesco y alianzas posibles entre familias sean perfectamente definidas y respetadas. Jarjaria es el nombre más castellanizado, que se le da en el valle del Mantaro (Paltamarca del Mantaro,Tayacaja y Huancayo). El Tesoro Oculto (“Paka”)Se cuenta que en estas regiones del Perú, existen muchos tesoros ocultos -“Paka”– (vasijas, pendientes, utensilios estatuillas, k'eros ceremoniales, collares; todos de oro puro y plata) que fueron ocultados por los españoles como por los kurakas, en lugares alejados y poco accesibles (cuevas y riscos de las quebradas) de los poblados de la región de Paltamarca del Mantaro, en tiempos de la conquista y colonización del Perú.Los españoles enterraban los tesoros producto de sus robos y saqueos a los templos y wakas inkas, en baúles de cuero; entre tanto los kurakas escondían en mantas hechas de pellejo de llama a los objetos más preciados, que habían ocultado a los españoles durante el sacrilegio y destrucción de los templos inkas –contado entre los más valiosos– El ocultamiento se había realizado para evitar: que otros hombres codiciosos se adueñaran del botín, que cayesen en manos sacrílegas respectivamente. A posterioridad, superado ya los tiempos de convulsión, los conocedores de su existencia emprendieron su búsqueda y recuperación, pero los resultados fueron tan insatisfactorios que los desafortunados buscadores afirmaban que “la tierra se los había tragado”. Pues se dice que existía una ceremonia petitoria que se hacia en honor a los apus mediante un estricto protocolo, con el fin de pedir permiso para recuperarlos. Estos protocolos eran muy confidenciales que únicamente sacerdotes y kurakas de aquellos tiempos conocían a detalle. A la muerte de aquellos hombres, también los secretos se fueron con ellos, de la misma manera que hicieran sus pares en otras regiones, llevándose muchos secretos de la grandeza del Tawantinsuyo. Afirman que en los lugares donde se ubican estos “Pakas”, se ha visto encenderse una luz incandescente a la media noche de luna nueva. Personas entendidas en estos eventos han tratado de recuperar los tesoros; después de localizarlos según lo dicho anteriormente y con algún pequeño ceremonial, pero siempre con resultados nada halagadores. Estos tesoros rodeados de una aureola de misterio se muestran muy esquivos, es como si alguna fuerza misteriosa de los apus le diera la facultad de reocultarse en las entrañas de sus dominios; para nunca más ser profanados por manos sacrílegas. [ Recogido en Paltamarca del Mantaro, Dpto. de Huancavelica por M. Teodosio Castilla Ramos (1970). Publicado por el Ing. W. Castilla-Yance M. (2001)] 1.- Paka: (Voz quechua). Oculto. 2.- Kuraka: (Voz quechua). Gobernador regional prehispánico. 3.- Apu: (Voz quechua). Sagrado y poderoso. Pishtaco (Nakak', Degollador)El tema de los pishtacos es tradición muy antigua en el mundo andino, que por otro lado es conocida en toda la sierra peruana, aunque en algunos lugares tome otros nombres. En el quechua del sur se le conoce como nakak' y se cree que pishtaco es su traducción al castellano. Esta creencia viene seguramente de que la sierra central ha sufrido un mayor mestizaje y de que es más fácil de rastrear el origen quechua de nakak'. Según el cronista Blas Valera, Nakak' se llamaba a los carniceros o desolladores de animales para sacrificios (Cit. en Morote 1952). Sin embargo, Arguedas sostiene, con justa razón, que: No se llama nakak' a los carniceros en los pueblos de Ayacucho y Apurímac donde he vivido, asi como no se llama pishtacu a los de ese mismo oficio en Jauja. nakak' o pishtacu son los degolladores de seres humanos (Arguedas 1953). Aunque dotado, según muchos, de poderes mágicos, no es un condenado ni un ser de la otra vida, pues aparece como un hombre de carne y hueso que tiene como «oficio» matar a las personas, extaerles la grasa y venderla. La grasa humana, según las épocas y lugares, sirve para fabricar campanas (los españoles eran grandes constructores de iglesias, sólo en Ayacucho hay 33); hacer remedios; lubricar máquinas sofisticadas o, últimamente, pagar la deuda externa. El pishtaco prehispánico Cuenta Guaman Poma 1613: A estos hechizeros dizen los quales tomauan una olla nueva que llaman ari manca, que lo cuesen sin cosa nenguna y toma sebo de persona y mays y zanco y plumas y coca y plata, oro y todas las comidas. Dizen que le echan dentro de la olla y los quema muy mucho y con ello habla el hechizero, que de dentro de la olla hablan los demonios (...) Estos dichos pontifizes de los Yngas hazían serimonias con carneros y conejos y con carne humana, lo que les dauan los Yngas. Toman sebo y sangre y con aquello soplaban a los ydolos y uacas y los hacian hablar a sus uacas y demonios. El pishtaco hispánico En el mito de Inkarri (sobre la decapitación del Inca por obra de su hermano Españarri y su proxima reintegración) recogido por Ortiz Rescanierre en Huamanga, se relaciona la aparición de los degolladores con la conquista: La tierra tembló y la cabeza de Inkarri la escondió su hermano. Desde entonces surgieron los degolladores (Ortiz Rescaniere 1973) Cuenta Cristóbal de Molina, el Cuzqueño: El año de setenta y uno [1571], tras de haber tenido y creído por los indios, que de España habían enviado a este Reino por cuenta de los indios, para sanar cierta enfermedad, que no se hallaba para ella medicina sino el unto [grasa humana]; a cuya causa, en aquellos tiempos andaban los indios muy recatados, y se extrañaban de los españoles, en tanto grado, que la leña, yerba y otras cosas no las querian llevar a casa de español; por decir no los matasen alli dentro, para sacarles el unto. (Molina 1574). Los pishtacos de hoy En versiones modernas, la grasa extraída sirve para fabricar remedios (recordando la versión de Molina), o se usa en la fabricación de campanas (que así suenan mejor y más lejos) o para hacer funcionar máquinas. Los pishtacos o nakak' viven normalmente en las laderas o montañas lejanas y poco pobladas; sin embargo, en septiembre de 1987 llego a Ayacucho la «noticia» de que estaban en la ciudad. Alan García habría decidido convertir la región en una especie de coto de presas humanas para pagar con la grasa de ahí extraida la deuda externa. Estos «nuevos» pishtacos incluyen, en combinación que no respeta limites, características del extranjero, el antropólogo, el militar y el terrorista. Según un artículo que Abilio Vergara y Freddy Ferrúa publicaron en una revista de actualidad: Son altos, blancos, de cabello rubio, algunos con barbas, su hablar tiene dejo de gringo; visten con un abrigo hasta las rodillas, con botas, tienen cuchillo, pistola y en otros casos se menciona que llevan metralletas. En algunas versiones visten con blue jean y gorro de lana. (Vergara y Ferrúa 1987). El 9 de septiembre de ese año se produjo el linchamiento de un nakak': pobladores de un pueblo joven de Ayacucho encontraron un nakak' (que es la denominación regional), lo lincharon y quisieron hacer lo mismo con sus acompañantes. Cuando lo llevaban, el joven trató de convencerlos de que no era nakak': soy humilde como ustedes, mis padres son humildes como ustedes, decía. La respuesta fue: si eres como nosotros, a ver, habla en quechua. «No sé quechua porque soy huancaíno, pero soy un trabajador como ustedes» fueron sus últimas palabras antes de ser linchado. (Diario La República 11/9/87). A diferencia de lo ocurrido en los linchamientos de sacaojos en Lima, el del pishtaco sí prosperó. Esto haría recordar la gran matanza de españoles propiciada por Tupac Amaru, que además insistía en que no los enterrasen: son unos excomulgados y también unos demonios, de suerte que el privilegio de sepultura eclesiástico solamente lo gozaban los indios (1983). En el gobierno del presidente Prado, estos hombres eran pagados por el gobierno. No eran, pues, cualquier hombre, sino eran ellos fuertes, macetas, altos y blancos; incluso eran cuidados por el clero y bautizados para ese trabajo. Allá en ese cerro Cuchihuaycco y al frente en Cutuipata, en la subida del Watatas [río] están esos lugares donde vivían los pishtacos. A cualquiera que pasaba por ahí lo descuartizaba, llevando a un inmenso penacho donde tenía preparado el lugar de su matanza. Una vez que lo descuartizaba lo colgaba en unos eslabones, como un carnero cortado por el largo de todo el pecho. Dicen, pues, que goteaba el aceite humano y éstos recogían en grandes vasijas para luego llevarlo al gobierno y lo exportaban al extranjero a buenos precios. En estos tiempos estaban surgiendo las grandes máquinas en los países adelantados y mejor funcionaba con el aceite humano. Todo ese trabajo de sacar aceite lo hacían de día a pleno sol. (Relato presentado por Herminia Alcarraz Curi en 1981 como parte de un curso de la Universidad San Cristobal de Huamanga. El informante MPQ tiene 37 años y vive en la comunidad de Guayacondo de donde es originario. Publicado por Ansión 1989: 174). Una interesante variante del mito, con rasgos de sincretismo, es la del Niño Naqaq: Se trata de una efigie del niño Jesús representado con un puñal en la mano para matar. Cuando se desea la muerte rapida de personas enfermas con larga agonía llevan la efigie del Niño junto al lecho del paciente para orar y pedirle que lo recoja rapido, es una especie de eutanasia ritual. La fiesta del Niño Naqaq había perdido vigencia, pero segun Juan José García Miranda se ha revitalizado «a consecuencia de la crisis generada por la violencia político-social» (García Miranda 1993) El pishtaco tiene tanta importancia en la mitología andina que Mario Vargas Llosa ha tenido que introducir su propia versión cuando hizo una novela sobre el fenomeno terrorista en la sierra sur peruana: Lituma entrecerró los ojos. Ahí estaba. Foráneo. Medio gringo. A simple vista no se le reconocía, pues era igualito a cualquier cristiano de este mundo. Vivía en cuevas y perpetraba sus fechorías al anochecer. Apostado en los caminos, detrás de las rocas, encogido entre pajonales o debajo de los puentes, aguardaba a los viajeros solitarios. Se les acercaba con mañas, amigándose. Tenía preparados sus polvitos de hueso de muerto y, al primer descuido, se los aventaba a la cara. Podía, entonces, chuparles la grasa. Después, los dejaba irse, vacíos, pellejo y hueso, condenados a consumirse en horas o días. Esos eran los benignos. Buscaban manteca humana para que las campanas de las iglesias cantaran mejor, los tractores rodaran suavecito, y, ahora último, hasta para que el gobierno pagara con ella la deuda externa. Los malignos eran peores. Además de degollar, desenlojaban a su víctima como res, carnero o chancho y se lo comían. La desangraban gota a gota, se emborrachaban con sangre. Los serruchos creían esas cosas, puta madre. ¿Será cierto que la bruja de doña Adriana había matado a un pishtaco?(Vargas Llosa 1993: Lituma en los Andes). La versión que Vargas Llosa nos ofrece a lo largo de su novela tiene muchas diferencias con respecto a las recogidas de la tradición oral. Las más saltantes en la cita son el uso de polvos mágicos para adormecer a sus víctimas y la existencia de dos clases de pishtacos, una de las cuales deja vivas a sus víctimas a pesar de sacarles toda la grasa del cuerpo (¿se podrá?). PuquialesLos puquiales u ojos de agua son sitios desde donde afloran las aguas subterráneas, en muchos casos el inicio de un río. Pero son mucho más. Como son un espacio privilegiado para que aflore el mundo de abajo, a las 4 de la tarde se vuelven espacio del demonio. Desde esa hora, nadie se atreve a acercarse por ahí, ya que de seguro el diablo te atraparía y te llevaría debajo de la tierra. Para eso se disfraza de mil formas. Si quiere atrapar a un varón se convertirá en sirena; si a un niño, en un muñeco bailarín o en un lindo corderito.Una vez que te atrapa, te lleva a sus dominios subterráneos, donde hay un mundo de riquezas, pero también otros animales y personas. Sólo los animales más fuertes, como el toro por ejemplo, pueden salir por sus propios medios. Si uno quiere salir de ahí, tendrá que hacerlo agarrado de la cola del toro. Si alguien se cae en un puquial, aunque sea de día, se enfermará, le dara el chacho. Es una enfermedad por la cual el cuerpo se seca totalmente y sin remedio. Ningún médico occidental sabe curar de chacho. Tiene que curarte un «curioso» o «entendido» (personas con conocimientos) dándole un «pago» a la Pachamama, al que llaman kutichi, y que consiste en enterrar, ofrecer a la tierra, alimentos y bebidas. Si el chacho es muy grave, el curioso debe ir acompañado de «cantoras». (Testimonio de Magaly Vera). Uma o Bruja (Quequi)La Uma es una mujer joven, que sale a pasear con la cabeza separada de su cuerpo. La bruja se divide en dos: la cabeza voladora, donde se concentra toda su vida, y el cuerpo, que permanece inerte mientras dura el hechizo, pero mantiene una vida latente que se manifiesta en el burbujeo que hace la sangre en el cuello. Sus salidas son siempre de noche, para algunos las noches de luna llena, para otros algunos días especiales (viernes, martes, jueves).Su grito más frecuente es waq...waq..., parecido al pato. Come excrementos humanos que confunde con manzanas. Tiene los cabellos largos y enredados. Normalmente en sus salidas encuentra a un hombre solo, comenzando un verdadero combate en el que cada cual utiliza las puntos débiles del contendor para obtener ventaja. El hombre puede atacar a la cabeza o al cuerpo, que están separados. Si ataca el cuerpo inerte de la bruja —que entonces no se puede defender— lo podrá matar poniéndole sal o cenizas en el cuello, donde la sangre hierve. Si la bruja logra pasar por entre las piernas del hombre, lo mata. Si la bruja constata que ya no puede pegarse a su propio cuerpo (porque su cuello tiene ceniza), vuelve al ataque buscando prenderse del hombro del hombre, apropiándose así de su cuerpo, que tendrá en adelante dos cabezas. Contra la uma en vuelo el hombre tiene un arma fundamental: las espinas, con las cuales se recubre los hombros y la entrepierna para protegerse, o que utiliza como arma para atrapar la cabeza. Existe también la posibilidad de esconderse o escapar, pero entonces la cabeza tiene las posibilidades de ganar, porque es muy rápida y tiene buen olfato. Quien tiene la uma sobre sus hombros se verá obligado a esconderse, por vergüenza. Pero como la uma debe alimentarse, tendrá que dejar al hombre en libertad para que vaya a recoger frutos, porque de otro modo se enredaría en las espinas. Es posible que en ese momento se confunda y suba sobre el cuello de un venado que escapará hacia un bosque o hacia la selva. Para el hombre lo que está en juego es su libertad. Cuando él toma la iniciativa y logra protegerse, busca también obtener riquezas prometiendo a la uma liberarla. Ella conoce los sitios donde se esconden los tesoros minerales de la tierra, de los cuales es dueña y los puede regalar. La uma pertenece a esta vida, es una mujer mala, castigada por Dios de esa manera. [Texto: W. Castilla-Yance. Recopiló: M. Teodosio Castilla Ramos] Una vez un joven se había comprometido con una linda doncella. Pero ella le decía que no la visite los días viernes y martes porque tenía compromiso, pero los meses pasaban y él se hacía una pregunta: «¿Por qué no quiere que la visite los días viernes y martes?» El joven se ponía impaciente cada vez más y decidio visitarla un día martes. Llegó el día martes y el joven se dirigió a la casa de su comprometida, la cual, la doncella, era una bruja, esos dias se sacaba la cabeza, comenzaba a deambular por las calles, mientras su cuerpo se quedaba postrado en la cama haciendo unos chillidos horribles.El joven vio por uno de los agujeros de la puerta y se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, se metió al cuarto envalentándose, al cuello de la chica le puso abundante ceniza y se metió debajo de la cama esperando que llegara. Por fin entró la cabeza al cuarto queriendo regresar a su estado normal, pero no podía pegarse porque su cuello estaba con ceniza. El joven no pudo soportar y se puso a reír y la bruja, como no podía introducir su cabeza, de inmediato se lanzó al hombro del joven pegándosele. Asustado, éste comenzó a correr por el campo donde se producía abundantes tunales. El joven le decía:—Quiero comer tunas, te voy a coger unas cuantas tunas para que puedas comer. Pero la bruja no quería. Ya de mucha insistencia, la bruja le dijo que cogiera tunas; el joven tendió su poncho para que pueda esperarle mientras cogía. El joven aprovechó esa oportunidad y comenzó a correr asustado sin rumbo. Por donde estaba la bruja pasó una taruca, la bruja se lanzó al cuerpo del animal, entonces comenzó a correr asustado por entre las pencas de tunales, donde había bastante espina. El pelo de la bruja se enredó en los tunales y murió. La taruca siguió corriendo asustada por entre las pencas (Recogido por Wenceslao Sierra Arbayza, Ayacucho. Publicado por Ansión 1987:145-53). La Uma es conocida en Huaraz (sierra norperuana) como Quequi, según dicen por un sonido que produce la cabeza cuando vuela. Ahí va un relato. Una quequi es una mujer que convive con su compadre. Dicen que la cabeza de tal mujer se separa de su cuerpo y sale. Un hombre se fue al bosque y estaba defecando. De repente oyó la voz de una mujer. Entonces el hombre se asustó y levantándose miraba por todas partes, pero sin ver nada. Como no había nada otra vez se sentó de cuclillas. Entonces otra vez la voz le dijo: «Que feo trasero blanco tienes». El hombre apresuradamente terminó su ocupación y miró alrededor. De repente vio en un cacto una cabeza prendida del cabello. Entonces la cabeza suplicó al hombre «suelta mi cabello con cuidado» y le suplicó que no avisara a nadie. «Yo te voy a pagar una buena suma y además te regalaré una vaca». Después le dio su nombre y dirección. Al día siguiente el hombre fue para cobrar. Al momento que lo soltó del cacto fue volando y repitiendo quequec, quequec, quequec. Una vez esta mujer dijo a su enamorado «No vengas viernes en la noche. Estaré ausente. No voy a estar aqui». Pero ese hombre fue de todos modos esa noche y encontró a la mujer sin cabeza. Observando bien el hombre metió una coronta de maíz en la traquea de la mujer. Despues subió cuidadosamente a la qollqa. Cuando la cabeza aterrizó a la puerta lloró: Quequec, quequec. Después entró adentro y saltó a ese cuello. Pero no pudo colocarse. La cabeza demoró largo rato, después salió afuera. El hombre bajó de arriba y sacó la coronta. Escondiéndose furtivamente salió afuera. En ese momento otra vez la cabeza volvió, dio un salto y se colocó. Al día siguiente el hombre fue muy temprano a visitarla y la encontró con la cabeza amarrada quejándose de sus dolores, pues se sentía muy cansada. Ese día estaba completamente deshecha. De esa manera descubrió que su mujer era una quequi. Notas de Daniel Mathews: * qollqa = cuarto pequeño debajo del techo, usado como depósito. ** salió afuera, bajó de arriba, etc., son expresiones muy comunes en un castellano quechuizado como el peruano. Urk'o (Monte, Cerro)Preámbulo Un origen y dos destinos.La antigua Grecia y Los Andes de todas las épocas, dos lugares elegidos por los dioses para unirse con las hijas de los hombres. Seducidos a veces por la belleza femenina, que ejerce en ellos similar atracción que en el común de los mortales, y otras, impulsados por el afán de propagar la estirpe, aunque siempre confundidos en las brumas de la embriaguez sensual, encuentran en tales uniones el medio ideal para atenuar el tedio de su perenne existencia. Pero qué efectos tan disímiles presentan los retoños híbridos de un sitio respecto al otro. Mientras los de la Hélade se hacen llamar semidioses y héroes, van por playas de dorada arena, vanagloriándose de su origen y su belleza, privilegios que explotan en beneficio propio, en cambio, sus semejantes de Los Andes, considerados parias por detractores espontáneos, recorren cabizbajos los extramuros, ocultando a la gente normal los estigmas que señalan su condición mixta. En Grecia, las Musas se ocupan en musicalizar las correrías de sus compatriotas. Las llaman gestas heroicas y las inscriben en el libro de oro de la Mitología, difundiéndolas pomposamente a través de los siglos. En los Andes, la maledicencia de sus crueles paisanos se ufana en descalificar hasta sus episodios más insignes. Allá, los benévolos progenitores dotan de áureos cabellos a sus vástagos, que los llevan orgullosos en hermoso desorden, despertando admiración y envidia en las multitudes. Aquí, la perversidad paterna no concede sino espantosos atributos físicos a sus críos. Nacen estos desdichados adornados el rostro de manchas escarlatas, labio leporino o enormes verrugas, cuando no con alguna deformidad en la parte más notoria de su anatomía. Estas marcas, que sólo inspiran repulsión y temor en los demás, constituyen para ellos la marca por el cual la sociedad les excluye. Y qué curioso resulta observar los diferentes procedimientos usados por los divinos personajes para acercarse a la dama elegida. En la vieja Grecia, cuando no pueden seducir, valiéndose de medios convencionales, no vacilaban en adoptar la forma de algún animal, asegurándose así el éxito. Por su parte, los dioses afincados en Los Andes, menos ingeniosos y astutos que sus colegas, pero tan bribones como ellos, recurren a estratagemas verdaderamente ruines para obtener el mismo fin. ¡Cuidado con el Urk'o! Estos personajes, nada corteses y amigos de vivir solos y a su manera, sin las trabas de las exigencias sociales, buscan permanecer siempre aislados. Cada uno, por separado, toma posesión del URK'O de su preferencia en cuyo seno establece su residencia definitiva. Por cierto, de ningún modo al estilo de un inquilino con respecto a la casa que habita, sino como el alma o espíritu que infunde vida e inteligencia a la inerte materia de éste. Adopta su nombre, anteponiendo a él el título de TAITA (padre), o de MAMA (madre), según le convenga. Y exige, a quienes habitan sus inmediaciones, ceremonioso trato. De manera que todos deberán nombrarlo cumplidamente: Taita Tak'ak'-Apu, Mama Antak'aj'a, Taita Wichk'ana, etc., de acuerdo al Urk'o del cual se trata. Nadie que se precie de amante de la naturaleza y que tenga el privilegio de contemplar una gráfica de un paisaje andino, es capaz de permanecer indiferente a su deslumbrante belleza. A medida que examina sus colinas y valles esmaltados de esmeralda, sus gaseosas cascadas y rumorosos ríos y, más aún, sus Urk'os, vestidos de albo poncho, recortándose sobre el límpido azul del cielo, siente cobijarse el alma por candorosas emociones. De pronto, se ve influido por un embeleso capaz de conservarse incólume aun cuando el paisaje se le ha vuelto familiar. Desde luego, si tan sólo la imagen virtual de estos colosos constituye un regalo para la vista y un transporte para el alma, es fácil colegir qué placenteras sensaciones despertarían su estado real. ¡Mirarlos desde todos los ángulos, aspirar a toda hora la brisa que desciende por sus laderas, empapada en el perfume de sus flores, sería sin duda un deleite superlativo! ¡Oh!... ¿Quién no desearía tanta satisfacción para sus sentidos?. Sin embargo, para los campesinos andinos no constituye precisamente motivo de felicidad el ver transcurrir su existencia cerca de un majestuoso Urk'o, sabiéndose por él aguaitados permanentemente en cada uno de sus actos con la atención de un amo despiadado, en procura de beneficiarse del menor desliz o descuido incurridos por aquellos. Nada de lo que se dice o se hace en la localidad, aunque sea en sueños, pasa desapercibido al tiránico vigilante, que tiene la facultad de aparecer en el lugar y en el momento que a él le plazca. Para ello no precisa mimetizarse entre las cosas de su entorno, como lo haría un brujo experto en disimular su auténtica personalidad, convirtiéndose en cualquier instrumento, si se hallare dentro de una casa, o en pájaro, mariposa o planta, si estuviere fuera de ella. Su categoría de Dios le exige conservar a toda hora su aspecto de apuesto y joven caballero, que es como se permite él dejarse ver por los sumisos campiranos, sobre todo, cuando se encuentran éstos en estado onírico. Como todos los dioses o demonios, un Urk'o —de acuerdo con las tradiciones orales recogidas— no duerme ni se descuida jamás. Situado muy cerca del cielo, se mantiene atento siempre a todo cuanto acaece en derredor suyo, esperando con avidez la oportunidad de entrar en acción con el fin de menguar la hiel de su tedio gracias a la miel de la distracción, o simplemente a la espera de recordar al feudo quién es su amo y señor. Con tal propósito malogra a veces las cosechas, soplando desde sus cumbres vientos helados y tormentas de granizo. También gusta de ocupar el tiempo en hurtar parte del ganado de las fincas, ocultándolas en lo más intricado de los barrancos y riscos que entrecruzan sus empinadas laderas. Días después, durante el sueño de los perjudicados, ya se presentará para exigirles rescate por la devolución de las reses. Tal obligación consiste casi siempre en una gallina negra, un par de velas o una botella de anís del mono, que deberán dejarlos a medianoche en un determinado sitio. Ciertamente, la conducta de un Urk'o no es mejor que la de un auténtico pillo de siete suelas. Con todo, no son éstas las peores fechorías que comete un Urk'o. Semejantes actos de pillaje son nada más que inocentes travesuras con las que se recrea el Señor de la Montaña, aunque debido a ellas habrá de lamentar mucha gente. Sin duda, el peor de los males para la comunidad surge cuando a él se le da por convertirse en amante de alguna mujer. Con tal de conseguir su objetivo, le tiene sin cuidado si quien ha de compartir su aventura amorosa fuese soltera o casada, ya que en su código de ética no consta la obligación de guardar respeto ni siquiera a una dama en situación de gravidez, mucho menos a una comprometida únicamente. Seguro de la impunidad de sus desafueros y carente de escrúpulos, no desdeña a nadie. No obstante, es indudable su predilección por las vírgenes, en quienes dejará traumas emocionales y huellas tangibles e indelebles.No existe nada que se lo pueda atribuir al Urk'o como descargo de sus tropelías. Ni siquiera el hecho de que nunca va más allá de sus dominios para sorprender a su efímera pareja, ya que de obrar de otra manera le significaría querellarse con sus vecinos, que imponen para sí iguales restricciones. Tampoco es digno de tomar en cuenta su modo de proceder similar al del sarampión, que no ataca dos veces a la misma persona. Pero ¿acaso no le basta a una dama ser deshonrada una sola vez para quedar marcada de por vida?. Impaciente y amigo de llegar a la meta fijada por la vía más expedita, detesta los circunloquios que, debido a su torpeza, le harían perder tiempo innecesariamente. Sabedor que en esos aldeas es la representante del bello sexo la encargada de acudir al monte en busca de leña o de agua, su táctica estriba en ocultarse en el pajonal o el chaparral y esperar a que alguna mujer, empujada por la casualidad, se le acerque. Entonces, adoptando la naturaleza del aura, se desliza hasta ella para envolver en su tenue aliento, que es deliciosa caricia y narcótico fulminante a la vez. Sin transición, la agraciada por el Dios (o demonio) de la montaña desciende al más dulce de los sueños que hubiese experimentado jamás y, una vez en las mansiones oníricas, donde percibe complacida que todo es color de rosa, se ve idolatrada por un hermoso mancebo que finalmente se une íntimamente a ella. Al despertar, nada queda del paraíso que ella visitó instantes antes gracias a la magia del sueño. Tampoco nota el menor vestigio de su hermoso amante. Ni siquiera es capaz de descubrir las huellas de sus caricias. La realidad, con inhumana crudeza, ha ocultado todo bajo el ominoso manto de la desilusión. De pronto se ve junto al mismo agreste paraje de antes, que, por añadidura, parece abrigar hostilidad hacia ella, como si quisiera expulsarla de allí. La infeliz se siente desconcertada y, sin saber por qué, compara la hipotética actitud del Urk'o con la de alguno de sus vecinos en plan de repudiar a su molesta esposa. Siempre sucede así. Tanto solteras como casadas que han corrido esta suerte tienen la misma versión acerca de los acontecimientos. Y, por lo que se asegura, cuando ocurre una concepción del resultado de estas uniones entre seres tan diferentes, su fruto es un auténtico monstruo, un insulto a la estética y una ofensa para la vista. Nace este desventurado provisto de una o más jorobas y albino, a la imagen y semejaza de todo Urk'o, aunque su estatura, en su máximo desarrollo, no rebase a la de un enano. Tiene los ojos saltones y la nariz remangada, como apuntando continuamente al cielo, presintiendo, quizá, que de aquella dirección llegara su padre. En vez de llevar cinco dedos en cada una de sus extremidades los trae apenas tres. El engendro, consciente de que su fealdad imbuye repulsión en los demás, se torna misántropo y evita todo contacto con ellos, retribuyéndoles con ciego rencor. Prefiere la soledad del páramo, donde encuentra acogida en el hábitat las bestias cerriles. En el caso de una mujer embarazada que llega a tener este tipo de contactos sexuales, el hijo de ésta tampoco sale bien librado del percance. Aunque no con las mismas taras del anterior, vendrá al mundo al menos con un estigma que le acreditará su vínculo con el Urk'o. Una mancha escarlata cubriéndola la mejilla, un labio leporino, una verruga peluda en la barbilla o una pierna más corta que la otra, es el signo inequívoco de su infortunio prenatal. Para agraciarse con el Urk'o de la localidad, es muy frecuente que los montañeses viesen la necesitad de sobornarlo con obsequios de animales menores y lo florido de sus cosechas. Mas el rato de los ratos, comprueban con desilusión que con semejante pillo todo sacrificio es echar en saco roto. [Enviado por Carlos Marín]
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