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LA TRADICIÓN DE K'ORIWAYTA Y RUMIMAKI

Este hecho ocurrió en la región de Paltamarca del Mantaro, departamento de Huancavelica, Perú; en tiempos en que este poderoso país dejaba de ser independiente (fines de la primera mitad del siglo XVI). La región tenía como sede de gobernación a la comarca de Paltamarca, condición que habría mantenido desde tiempos en que formaba parte de la nación Wanka (siglo XIII-XIV); tomando mayor importancia durante el incanato; hasta la llegada de los españoles y posterior colonización del Tawantinsuyo, quienes con el fin de facilitarse el control y gobierno colonial; mantuvieron las formas de administración local y regional prehispánicas en manos de los caciques. Después de esta breve ubicación histórica, geográfica y política de los acontecimientos, nos adentraremos en el asunto en sí inmediatamente.

En efecto, en aquellos tiempos la gobernación de la comarca estaba en manos del cacique K'oriñawi; poseedor de muchas riquezas, propiedades y sobre todo de su bellísima hija K'oriwayta (Flor Dorada); la más bella de la región según se refiere, por la que muchos hombres "perdieran la cabeza". Pero, para desgracia de aquellos, el corazón de la joven ya poseía dueño: el afortunado era Rumimaki (Mano de Piedra), un joven y bravo militar que había luchado a las órdenes del Inca, contra los españoles. Aquí va la descripción de la joven en cuestión: Pues se dice que era una doncella dotada de una extraordinaria belleza, de rostro angelical, tez ambarina, de preciosos ojos capulí, cabellera de ébano, flexible como el junco, libre, viva, desenvuelta, y de un talle que hacía enloquecer a cualquier mortal que se precie de varón. Es seguro, que de haber nacido décadas antes habría sido destinada y enviada al Acllawasi principal del Cuzco (tal como sucediera con las bellísimas jóvenes antecesoras a ella). Muchos pretendientes prendados con la deslumbrante belleza; no dejaban ocasión sin cortejarla, pero ella entre cortejo y cortejo, rechazaba a los pretendientes con la energía que solo el verdadero amor inspira. Pues ella solo prefería el cariño de su joven comarcano.

Para estos tiempos, un grupo de las huestes de Pizarro se habían internado en esta región, con el firme propósito de fijar los dominios de las futuras gobernaciones, así como de afianzarlo sus controles. Llegados a Paltamarca, tuvieron una recepción por parte del cacique; ocasión en que el Capitánla tradición no ha mantenido el nombre de este joven castellano–  que encabezaba la comitiva conoce a la bella K'oriwayta; se cuenta que desde el primer instante cae rendido ante la hermosura de la joven e inicia sus galanteos y cortejos, corriendo la suerte de los anteriores, no en una sino en varias ocasiones. El bravo español al verse desairado, sin más argumentos que su obsesión por la joven, coacciona al anciano cacique; obligando a que le entregue la mano de su hija en calidad de esposa; en caso de una negativa la comarca seria destruida. El cacique viéndose imposibilitado de hacerle frente y con el dolor de su corazón, cede ante el chantaje.

K'oriwayta, al enterarse de que su padre el cacique, había convenido en entregarle en condición de esposa al Capitán español; rompe en llanto desconsolado y sumida en profunda tristeza va desesperadamente donde su amado Rumimaki para darle la ingrata noticia; éste, enterado no atina a pronunciar palabra alguna, sus ideas comienzan a desvanecerse, su corazón se arremolina y siente que se le cae a pedazos. Recuperado ya del impacto, se le va aclarando la razón, camina de un lado a otro, tratando de encontrar solución a su desdicha, en esos instantes surge la idea de huir y así se lo hace saber enseguida a su amada. Ella sorprendida por la idea atina a decir ¡huir!, pero pronto la idea va tomando forma; ella aun se muestra titubeante algún instante, se le pasa por la mente la familia, su pueblo; pero más puede el amor, exaltada hasta enloquecer imaginando fácil la fuga, acepta embarcarse en la aventura. 

Los confabulados se apertrechan secretamente; ella recoge algunas prendas de vestir, su fiambre; él toma su arco y algunos enseres para su cometido. Ella solo esperaba el momento de huir y refugiarse con su prometido, muy lejos de su comarca. Llegado el momento, se apartan de la comarca a primeras horas de la madrugada apoyados por el horizonte nocturno por los caminos de los pastores, descendieron las quebradas de Loma de Medios, llegando a Lukumawayk'o cruzan el río Paltamarca, pasando por Manchilen el camino completaban el plan de evasión se internaron por debajo de K'oripata. El plan consistía en ascender hacia las montañas de Wichk'ana, despues de cruzar el Mantaro; desde donde procederían hacia la Yunkaselva alta, el objetivo final; en aquellas tierras tenían planeado establecerse, lejos del alcance del Capitán.

Muy pronto, en el campamento español corrió la noticia de la huida. Más, pasado el momento de consternado estupor, la persecución de los servidores del Capitán español, fue tenaz y activa con la prisa por la captura y lo incierto del rumbo de los fugitivos; mientras unos ascendían remontando montañas, otros se adentraban hacia Manchil con la ayuda de algunos perros, logrando rastrear las huellas de los fugitivos y enseguida envían un mensajero al Capitán, indicando que ya se había establecido la ruta de escape, además que ellos estaban en pos de darles alcance. El Capitán con algunos de sus hombres se interna enseguida por K'oripata, para darles auxilio a sus colaboradores y capturar a los fugitivos. A punto de amanecer, los adelantados habían logrado dar alcance al joven Rumimaki y a su bella amada K'oriwayta, en el instante en que se aprestaban a cruzar el Waro (puente colgante) sobre el caudaloso Mantaro.

Cuando se oyó el grito de los primeros perseguidores, se detuvo llevaba este joven un arco, de flechas con arpones de agudo pedernal echó al hombro la amplia yakolla que vestía, puso a su amada a sus espaldas para cubrirla de los tiros y comenzó a defenderse con gran ferocidad. Su misma compañera le ayudaba con el carcaj. Cayeron algunos asaltantes por los riscos; enseguida llegaba el Capitán y otros pretendiendo al principio coger vivos a los fugitivos; pero al verse repelidos con tanto encarnizamiento, le enviaron una lluvia de proyectiles. El bravo paltamarquino les daba frente y combatía con el coraje de desesperación. Tapó con su cuerpo, el de su amada; y al fin se desplomaba herido; pero antes de caer en manos de sus captores, prefirieron caer en las frías aguas del caudaloso río; con los ojos llenos de lágrimas, contemplaron por última vez las alboradas del amanecer de este mundo, abrazados uno al otro se dejaron caer para perderse en las bravías aguas del rio; sin que el Capitán pudiera hacer algo. El español después de haber contemplado este infeliz desenlace; dejó caer algunas lágrimas, lágrimas de impotencia talvez del revés sufrido por la derrota en el intento de hacerse suya de la bella K'oriwayta inflingido por el bravo paltamarquino que se había marchado de este mundo con su bella amada, sin que él tuviera la posibilidad de impedírselo.

Regresando inmediatamente a Paltamarca, como buen caballero reconocería la valentía del paltamarquino. Y después de dar los cumplimientos de pésame, el Capitán abreviaba su estancia en estas tierras para marcharse hacia Cuzco, con el ingrato recuerdo de haberse involucrado directamente en un episodio amoroso de trágico desenlace; recuerdos que por cierto habrían de ocasionarle al Capitán muchos problemas posteriores.

[Publicado por el Ing. W. Castilla-Yance M. (2001)]
1. Acllawasi: Casa de las escogidas durante la época incaica.
2. Loma de Medios: Gran loma de la familia Yance, ubicada entre Lukumawayk'o y Chillkapata.
3. Lukumawayk'o: Actualmente huerta de la familia Yance, ubicada a orillas del rio Paltamarca.
4. Manchil: Paraje a una hora de Paltamarca.
5. K'oripata: Al nivel de Manchil, próxima al cauce del Mantaro.
6. Wichk'ana: Cerro, cumbre situado a 30 Km del río Mantaro.
7. Yunka: Entiéndase yunga fluvial.
8. Waro: Puente colgante, hecha de fibras de maguey.
9. Yakolla: Manto militar que utilizaron los oficiales del ejército quechua.


JUAN EL OSO: Hijo del “Ukumari”

Según se dice, antes había un “Ukumari” que vivía en los barrancos de la Yunka, cerca a la cordillera. En una ocasión, el “Ukumari” raptó a una muchacha mientras pastaba a sus animales. Según la gente mayor, él cargó a la muchacha a su cueva en los barrancos y ahí la dejó aislada de sus parientes. 
Con el paso del tiempo, el “Ukumari” y la muchacha se juntaron, y él le llevaba carne cruda para alimentarla. Pero ella rechazaba la carne cruda, porque siendo cristiana, sólo estaba acostumbrada a comer carne cocida. Por eso, la muchacha pidió que le traiga una olla para cocinar. Con el tiempo, la muchacha se embarazó y tuvo luego un hijo para el “Ukumari”, a quien llamó Juan el Osito. Según pasaban los días, el niño crecía rápidamente, inclusive le salían pelos como a su padre “Ukumari” y, conforme a su tamaño, fue desarrollando también su fuerza e inteligencia. 
Cuando observó que él y su madre estaban aislados del resto del mundo, le preguntó:
-¿Por qué estamos aquí en la cueva? 
Ella, llorando, le relató cómo había sido raptada por el “Ukumari” y que no podía escapar porque los barrancos eran altos y peligrosos.

Lleno de coraje, Juan el Osito le dijo a su madre que la iba a ayudar y decidió luchar contra su padre. Preparó un palo y, esperando el momento oportuno, golpeó al “Ukumari” en la cabeza. Luego construyó unas escaleras para poder bajar a su madre de la cueva y, después de bajar de los barrancos, Juan y su madre huyeron donde los familiares de ésta.

Cuando Juan el Osito fue a vivir con sus familiares, comía mucho y su fuerza crecía y se tornaba aún más incontrolable, destrozaba las cosas de la casa de sus parientes. Al saber esto, la madre lo envió donde el cura para servirle de sacristán y además aprender algo de él. Así, obedeciendo a su madre se fue a vivir a la iglesia. En una ocasión, el cura pidió a Juan el Osito que arregle el campanario de la iglesia, éste obedeció, pero cuando subió a la torre, debido a su fuerza incontrolable, derribó el campanario y con él la campana. Cuando el Cura vio esto, muy enojado, quiso deshacerse de él. Para esto, le ordenó ir a traer leña del monte y dispuso que varios lo acompañaran; asimismo le dio varias llamas y burros para traer las cargas de leña, todo esto para ya no verlo jamás. 
El hijo del “Ukumari” se internó en lo más profundo de los bosques que hay allí. Una noche, mientras todos dormían y las llamas y burros estaban amarrados, algunos felinos aprovecharon el descanso de los hombres y se comieron a los burros y llamas. Al día siguiente, cuando despertaron, los hombres no encontraron ningún animal vivo y temieron entonces el escarmiento del Cura. Enseguida, Juan el Osito, enfurecido, fue a buscar a los felinos aunque, en sus encuentros con éstos, perdió a varios hombres; después de duras batallas, logró dominar a los pumas hasta domesticarlos y volverlos dóciles. Al disponerse a retornar donde el Cura, decidió llevar las cargas de leña en los lomos de aquellos y, con este propósito, usó varias sogas para amarrarlas. 
Cuando se acercaba a la casa del Cura, mucha gente se admiraba de su llegada, pues traía las pieles de puma como traje y pumas vivos que traían leña. Pero cuando el Cura vio la llegada de Juan el Osito y los pumas, se asustó mucho y, en lugar de darle la bienvenida, lo botó de la iglesia: 

-¡Ándate! ¡No vuelvas más!
Juan el Osito se resignó y le dijo:
-Me voy, Tayta Cura, pero cuando me vaya tu vas a sonar a la campanita Chililin y me iré como el viento, y cuando vuelva, vendré como la lluvia y todos van a decir Waphuy. 
Después Juan el Osito se fue a un pueblo donde un condenado estaba devorando a la gente y nadie podía hacerle frente. Cuando llegó, peleó con el condenado y lo hizo pedazos desgarrándolo. Luego de esta lucha, se dice que la gente le apreciaba mucho por su hazaña. 
Posteriormente, se marchó a pelear con otros enemigos. Dicen que Juan el Osito fue a luchar también a la Guerra del Pacífico y que en los combates, las balas rebotaban de su cuerpo, pues era muy fuerte y valiente. Esta historia no se acaba aquí, pues, según las versiones de los comuneros, Juan el Osito aún sigue luchando en los combates de las guerras actuales, en cualquier rincón del mundo.

1.- Yunka: (Voz quechua). Entiéndase Yunga fluvial ó ceja de Selva.
2.- Ukumari: (Voz quechua). Oso de anteojos andino, alcanza una estatura de 2m y un peso de 175Kg, combate en posición bípeda.


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