HOJA SAGRADA

La coca florece en los valles subtropicales de los Andes orientales en América del Sur, y por miles de años ha sido un elemento fundamental en la vida cotidiana y los rituales religiosos de muchas de las culturas originarias de Sudamérica. La planta de coca (Erythroxylum coca) es un arbusto de hojas ovaladas similar al laurel, alcanza una altura aproximada de 1 a 2 m, con ramas rectas y hojas parecidas a las del té. Masticadas con cal ó ceniza (tok'ra), que sirve como catalizador, estas hojas liberan una leve dosis de alcaloide de cocaína, adormeciendo los sentidos, mitigando el hambre y el dolor e incluso abasteciendo algunas vitaminas de otra manera ausentes en la dieta del habitante de las alturas.

La palabra "coca" proviene del vocablo aymara q'oka, que significa "alimento para trabajadores". Aunque se desconoce su origen exacto, algunos etnobiólogos estiman que la coca se ha cultivado en los Andes a lo largo de por lo menos cuatro mil años. En Perú y Bolivia, las vasijas de cerámica figurativa del Período Chavín y los vasos de madera de Tiahuanaco muestran claramente a hombres, probablemente sacerdotes, masticando coca.
Cualquiera sea su verdadero origen, el tradicional consumo de coca se mantiene como un importante símbolo de identidad étnica para la población indígena del altiplano sudamericano (Cabieses, F. 1980).

Existen muchas historias acerca del origen de la coca y una de ellas es una leyenda peruana que cuenta la historia de Mama Killa, la diosa de la luna, que esparció el arbusto sagrado en lugares cálidos por órdenes del Sol, Inti, de tal manera que sus hojas pudieran aliviar la fatiga y el hambre de su pueblo elegido y les diera fuerza.

Durante el incario el uso de la coca estaba restringido a las ceremonias que tenían que ver con la nobleza y el sacerdocio y, después de la conquista, los españoles promovieron el uso indiscriminado entre los mitayos de las minas de Huancavelica y Potosí.

Bajo el gobierno de los incas, la coca era reverenciada como un regalo de los dioses, y su producción y distribución eran controladas estrictamente por el Estado. Fue solamente con la conquista española y la caída del imperio incaico que la hoja sagrada fue comercializada comenzando a incentivar su consumo astutamente.

Producción e intercambio

El cultivo de la coca exigía cuidados y ambientes especiales para su prosperidad, los terrenos aptos para su crecimiento debían ser húmedos y con alto grado de nutrientes, combinado con clima cálido. Por otra parte demandaba gran cantidad de tiempo y personas a su cuidado en su cultivo para lograr una buena cosecha. Una vez cosechadas las hojas eran llevadas a zonas frías para completar su secado y se conservaran por varios meses secas, verdes y sin gusanos.
Esta tarea productiva necesariamente implicaba un grado de organización sociopolítica que manejara la producción a gran escala, situación que los Incas con su Estado pudieron llevar con provecho.

La coca fue uno de los principales indicadores de intercambio y movilidad a corta y larga distancia. Sin embargo, su comercio implicó un proceso de desarrollo el cual se inició en épocas tempranas hasta llegar a complejizarse posteriormente. Se realizaba mediante caravanas de llamas, tradición todavía presente en los Andes.

El uso tradicional en el mundo andino

El cultivo de la planta de coca continúa realizándose en los Andes con fines de uso tradicional, sobre todo en Perú, Bolivia y Colombia. El masticar coca se identifica principalmente con situaciones de trabajo, rituales y prácticas religiosas. La coca es considerada además una expresión de relaciones sociales en prácticas ceremoniales, siendo incorporadas en las festividades religiosas católicas actuales. En la medicina tradicional tiene un papel fundamental, ya que los conceptos de buena salud, enfermedad y muerte, están siempre asociados a su utilización como medios para lograr cualquiera de esos fines. Otra forma actual del uso tradicional de la coca es como “pago” a manera de tributo en acción de gracias a la naturaleza y también es empleada por algunos adivinos como elemento predictivo. Por lo tanto la coca continúa jugando un rol importante en el sistema social, cultural y de creencias de los pueblos tradicionales de los Andes.

La coca, hoja sagrada de los incas. Estas hojas entre otros elementos rituales, han quedado preservadas para la humanidad como silentes testigos de una cosmovisión propia de los Andes, cuyas raíces se hunden en la profundidad de los tiempos.

El caso Argentino

En el Noroeste Argentino, pese a no ser una zona propicia para el cultivo, su consumo es uno de los más popularizados en los Andes. En las provincias de Salta y Jujuy su comercialización y consumo han sido legalizados, no existiendo restricciones al respecto a diferencia del resto del país. Es común ver en las calles y comercios, a personas de las más diversas extracciones sociales, hombres y mujeres consumiéndolas, por ello el uso de las hojas de coca en estas provincias es casi masivo y no existen diferencias sociales ni de género que lo limiten, hecho que lo diferencia del resto de los países andinos donde su consumo está circunscrito a las poblaciones campesinas, connotando una diferenciación social muy acentuada en el uso.

La coca en nuestros días

En 1860, el químico austriaco Albert Niemann refinó la hoja para producir cocaína pura, que subsecuentemente se comercializó como cura para la adicción al opio, anestésico local, tónico y un remedio para el dolor de cabeza; en Estados Unidos a parte de esa receta, con sucesivas adaptaciones, quitándole el alcohol y añadiéndole cola (tipo de nuez africana que contiene cafeína) y jarabe-caramelo, se obtuvo la fórmula de la Coca Cola: y es este el caso más clamoroso de uso alimentario de las hojas de la coca que han sido descocainizadas antes del uso. Pero ni siquiera esto ha impedido que en 1961, en la Convención de la ONU en New York, Estados Unidos incluyera la hoja de la coca, y no la cocaína, como uno de los estupefacientes más dañinos. Producir cocaína de la coca no es simple. Son necesarios decenas de elementos químicos y laboratorios especializados.


Para la década de los setenta del siglo pasado, la cocaína se había convertido en un gran negocio, financiando movimientos guerrilleros enteros y creando fortunas de billones. Pretexto aprovechado por EE UU para justificar su intervención militar en los países productores (Perú, Bolivia y Colombia) a través de la DEA (Drug Enforcement Administration) para erradicar nuestra sagrada planta. La erradicación de la coca, que conlleva la penetración profunda de EE.UU. en todos los niveles de la policía, fuerzas armadas y el sistema político latinoamericano es un pretexto para el control a largo plazo y a gran escala por el USSOUTHCOM (Comando Sur) de todo el aparato del estado latinoamericano.

Hoy, a pesar de la distorsión de su función social originada por sus años de mal uso como instrumento de manipulación colonial, y, más recientemente, su producción masiva y refinamiento en cocaína, la hoja de coca sigue jugando un importante papel etnobiológico en las vidas de los indígenas del Perú y Bolivia. 

Intercambiada, regalada o compartida, el acto de masticar coca es, intrínsecamente, una importante forma de contacto social. Y esta inocua y pequeña hoja puede aplacar el hambre y la fatiga de un día de trabajo, aliviar los efectos de la altura, así como de muchas otras dolencias, ayudar a adivinar el futuro, o apaciguar a la Madre Tierra en ceremonias tan antiguas como las culturas que las han cobijado tan celosamente a través de los siglos. 

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